Tema 3. Psicopatologia del comportamiento delictivo (2015)

Apunte Español
Universidad Universidad Autónoma de Madrid (UAM)
Grado Psicología - 3º curso
Asignatura Psicología Forense y Criminología
Año del apunte 2015
Páginas 6
Fecha de subida 22/07/2017
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Tema 3. Psicopatología del comportamiento delictivo De los rasgos de personalidad a los trastornos psicopatológicos Cuando son bajos en g son una joya: son tontos de baba y se les pilla en seguida También son bajos en g La diferencia entre ambos es la Extraversión: en la vulnerabilidad al comportamiento antisocial no psicótico es positiva y en la vulnerabilidad al comportamiento antisocial psicótico es negativa.
El Trastorno Antisocial de Personalidad (TAP) ¿De qué comportamiento delictivo trataremos? No trataremos la conducta delictiva puntual, o la conducta psicótica, sino que lo que nos interesa es la conducta como tipo de comportamiento relativamente estable en la delictividad. El T.A.P. (Trastorno Antisocial de Personalidad) es un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás, que comienza en la infancia o el principio de la adolescencia y continúa durante la etapa adulta. No obstante, aunque las personas que se incluyen en la categoría TAP del DSM-IV son muy heterogéneas, constituyen un grupo socialmente importante, puesto que son ellos los que dan lugar a que cerremos con llave la puerta de los hogares, no se ande de noche por las calles oscuras, no se vaya a las grandes ciudades a ciertas horas, y se envíe a los niños a determinados colegios. A continuación veremos estos dos grandes tipos o categorías de personas, no desde el punto de vista de sus acciones, sino desde un enfoque científico basado en su caracterización psicológica:  El psicópata es la persona en la que no ha surtido efecto el proceso de socialización encaminado a controlar los impulsos antisociales. Su dificultad de temperamento lleva a complicar mucho el proceso de socialización, y dicha dificultad parece tener una base biológica.
 El sociópata es la persona cuyo carácter antisocial se debe atribuir no tanto a una disposición temperamental inherente de base biológica, sino más bien al fracaso de los padres al instaurar hábitos de conducta prosocial y a la influencia nociva ejercida por el grupo o grupos de referencia en cuyo seno se aprenden los tipos de comportamiento social.
El estudio de estos tipos de personalidad es muy importante dentro del campo de la criminalidad. El caso puro de psicópata es relativamente raro. Sin embargo, aquellos a los que se denomina sociópatas, que son tan peligrosos como los psicópatas, incrementan su número de año en año en la cultura occidental, especialmente en las grandes ciudades.
Uno de los principales problemas para estos casos es que, por el momento, no se conoce ningún sistema que cure estas alteraciones antisociales de la personalidad. Este panorama desalentador debe llevarnos a conocer cada vez mejor los mecanismos de desarrollo de tales rasgos de personalidad, si queremos avanzar en su diagnóstico temprano y en su tratamiento. La clave parece estar en el conocimiento de la naturaleza de su dificultad de temperamento, que los hace tan difíciles de socializar. En segundo lugar, también resulta clave que conozcamos con profundidad los mecanismos de la socialización, así como los diferentes estilos de crianza mediante los que se produce, de forma que podamos prevenir e incluso tratar los casos de sociopatías. Las diferencias en propensión a la dificultad de temperamento (diátesis) y las diferencias en procedimientos de crianza (desarrollo) forman el modelo de vulnerabilidad que veremos a continuación.
Modelo de vulnerabilidad Tanto el psicópata como el sociópata son los extremos de un continuo, en el que las dificultades temperamentales corresponden al psicópata, y la crianza inadecuada y/o la adquisición de hábitos de socialización inadecuados corresponde al sociópata. En ambos casos influye tanto el ambiente como la naturaleza de las personas. El recurso más fácil es pensar que el ambiente es determinante. Sin embargo, nos encontramos con que algunas personas criadas en familias problemáticas y ambientes deteriorados no necesariamente desarrollan un comportamiento altamente conflictivo y, por el contrario se convierten en individuos adaptados y cumplidores de normas sociales. En otro extremo, individuos criados en familiar nada problemáticas y que viven en ambientes orientados al cumplimiento de las normas sociales, pueden llegar a convertirse en delincuentes agresivos. Los modelos de vulnerabilidad plantean que unos individuos son más propensos que otros a desarrollar comportamientos antisociales. Técnicamente, estos modelos son los denominados de diátesis-desarrollo.
 Por diátesis se entiende la propensión a la dificultad de temperamento, que es fundamentalmente de origen genético.
 Por desarrollo se entiende la adquisición (de origen fundamentalmente ambiental) de las pautas de crianza y de educación (tanto formal como informal) que conducen al proceso de socialización.
Sin embargo, la clave más importante de este modelo es el guion que se establece entre el parámetro de diátesis y el del desarrollo, y que indica fundamentalmente la interacción entre los mismos.
Así, las diferencias en la propensión a la dificultad de temperamento (diátesis) en interacción con los diferentes procedimientos de crianza y educación (desarrollo) constituyen un modelo de vulnerabilidad al comportamiento antisocial, explicativo del desarrollo de la criminalidad en psicópatas y sociópatas.
Unos niños son más fáciles de socializar que otros, y la dificultad temperamental es una propensión cuyo origen hunde las raíces en la genética. Esto no quiere decir que una persona con tal propensión se vea abocada necesariamente al comportamiento delictivo. Lo que indica una propensión a la dificultad temperamental, dependiendo de lo fuerte que ésta sea, es que estos niños o niñas serán más difíciles de socializar, exigiendo mucho más tiempo y esfuerzo. Es decir, las diferencias en propensión a la dificultad de temperamento (diátesis), en interacción con los diferentes ambientes, procedimientos de crianza y educación (desarrollo), forman el modelo de vulnerabilidad al comportamiento delictivo.
Orígenes de las diferencias individuales en criminalidad Las diferencias entre las personas en criminalidad (Vt ) pueden deberse, por una parte, a sus diferencias genéticas (Vg), y por otra, a las diferencias entre los ambientes en los que se han criado (Va). Vistas así las cosas, dichas diferencias podrían expresarse como: Vt = Vg + Va , donde la Vt representa la varianza total, o diferencias entre las personas; V g representa la varianza genética y Va la varianza ambiental. Sin embargo, si realizáramos la operación veríamos que la suma de las diferencias debidas a la genética más las diferencias debidas a la exposición a los diferentes ambientes no es igual a las diferencias totales. Esto es debido al efecto multiplicador que tiene el ambiente cuando interactúa con la genética. Este efecto multiplicador se expresa como una interacción entre genética y el ambiente para dar cuenta de las diferencias entre las personas (Vg · a). Así pues, las diferencias entre las personas en su criminalidad las podríamos expresar así: Vt = Vg + Va + Vg · a . Lógicamente, para ser completa esta ecuación, tendríamos que añadirle el error de medida que siempre está presente (Ve). Vamos a dar un paso más. ¿Qué tipos de ambientes pueden influir en nuestra propensión al comportamiento delictivo? Cuando se considera la influencia del ambiente en las diferencias que observamos entre las personas tomamos en cuenta dos tipos fundamentales de influencia ambiental:  Por influencia ambiental común entendemos aquella que nos hace semejantes. Este tipo de influencia también se denomina familiar o compartida. Por ejemplo, si cuando estudiamos parejas de niños cuyos padres naturales son distintos y que han sido adoptados por una misma familia, les pasamos un test de personalidad y obtenemos una correlación entre ellos de, por ejemplo, 0.32, esto nos indica que esos niños se parecen en personalidad. ¿A qué se debe esa correlación o semejanza entre sus puntuaciones? Lógicamente no puede ser debida a la herencia porque cada uno tiene padres naturales distintos. Lo único que puede explicar esas semejanzas es el ambiente familiar común en el que viven, ya que ambos comparten una misma familia y ninguno de ellos es hijo natural de esos padres. El tipo de variables característico de la influencia ambiental común o familiar son, el patrón educativo de los padres, el nivel socioeconómico, el nivel cultural, el tipo de barrio, etc.
 Por influencia ambiental específica entendemos aquella que nos hace diferentes unos de otros. También se denomina influencia ambiental no compartida. Volvamos al ejemplo anterior: sabemos que lo que relaciona a ambos niños es el ambiente familiar donde se están criando; pero, ¿qué los diferencia? Fundamentalmente dos cosas: que tienen genes distintos (ya que sus padres naturales son distintos) y que reciben influencias ambientales que les afecta a cada uno de una forma distinta. Si sabemos que la influencia ambiental común es de 0.32 y si averiguamos que la relación con sus padres naturales, de los que han sido separados al nacer, es de, por ejemplo, 0.30; el resto hasta la puntuación total en el test de personalidad sería lo que deben a la influencia del ambiente específico.
Finalmente, averiguaremos los tipos de influencia debida a la interacción (herencia x ambiente) que nos podemos encontrar. En primer lugar, recordemos que esta interacción refleja el efecto multiplicador que ejerce el ambiente sobre la propensión genética. Pues bien, este efecto puede ser potenciador o reductor. Así por ejemplo, niños que tengan una propensión genética a la timidez, si son criados en un ambiente familiar donde los padres muestren mucha precaución ante los extraños, o los eviten, o den consejos para que sus hijos los eviten; los niños serán más tímidos de lo que sería de esperar por la mera influencia genética. En este caso, el ambiente actúa potenciando la timidez y la correlación GxA que obtengamos será de signo positivo. Sin embargo, imaginemos el polo opuesto. Ante el mismo tip o de niños, si los padres se muestran abiertos a conocer gente nueva, realizan fiestas con niños en su casa, los animan a relacionarse con otros niños, entonces nos encontraremos que esos niños serán menos tímidos de los que sería esperable por la mera influencia genética. En este caso, el efecto de la interacción es reductora de la influencia genética y es de esperar, por tanto, que nos encontremos una correlación GxA de signo negativo.
Fuentes de diferencias individuales en criminalidad Como primer paso para profundizar en la naturaleza de las diferencias en el comportamiento delictivo que se dan entre las personas, nos preguntaremos hasta qué punto la criminalidad se debe al ambiente familiar, a la herencia, o a la interacción entre ambas. La mayor parte de los estudios destinados a responder a estas preguntas provienen de diseños familiares en los que se analiza el grado de parentesco. El argumento fundamental en los estudios familiares es que entre los miembros de una familia se comparten diversos grados de constitución genética. Esto es, a mayor grado de relación biológica, mayor grado de relación genética. Por tanto, si la delincuencia presenta algún grado de influencia genética, entonces las familias de delincuentes tenderán a producir niños que se conviertan en delincuentes –lógicamente aquí se encuentran mezclados los posibles factores genéticos y los factores ambientales de crianza; únicamente el diseño de adopción permitiría separar ambos factores. Los estudios de adopción permiten separar la influencia genética de los padres naturales de la influencia ambiental familiar proporcionada por los padres adoptivos. El estudio típico consiste en localizar a los padres naturales de niños adoptivos y comparar índices de su conducta delictiva. Si la conducta de los niños es más parecida a la de sus padres naturales que a la de sus padres adoptivos, entonces la hipótesis genética gana cierta relevancia. Existe un parentesco genético entre los padres y sus hijos naturales, mientras que esto no sucede con los padres adoptivos y sus hijos adoptados. Sin embargo, son los padres adoptivos quienes aportan el ambiente de crianza y la educación familiar. De este modo, si el ambiente de crianza es la clave del desarrollo de la conducta delictiva, su influencia en la varianza debería ser mucho mayor que la varianza debida al parentesco genético.
Padres Adoptivos Delincuentes No delincuentes Padres biológicos Delincuentes No delincuentes 24.5% 14.7% 20% 13.5% Esto lleva a la conclusión de que, si bien el componente genético parece importante, existe un efecto conjunto del ambiente y del genotipo Los estudios realizados con diseños familiares sugieren que los factores genéticos parecen jugar un papel relevante en la conducta delictiva. En cualquier caso, hay que considerar que los factores genéticos no predeterminan: son necesarias ciertas condiciones ambientales para que se actualicen las predisposiciones genéticas. Uno de los elementos más importantes al dar cuenta de las diferencias individuales en criminalidad es la interacción que se produce entre la influencia ambiental y las tendencias que vienen dadas por la genética.
Tamaño familiar Crianza del niño Supervisión Una vez realizado el análisis, la estimación de los parámetros del modelo indicó que el ambiente familiar apenas contribuye directamente a la criminalidad de los hijos. Sin embargo, la criminalidad de los padres contribuye tanto al ambiente familiar como a la criminalidad de los hijos. La siguiente tabla especifica los resultados: Variable ambiental Tamaño de la familia Supervisión Crianza del hijo a b c 0.49 0.48 0.51 0.21 0.37 0.23 0.07 0.09 0.07 GxA G A Por lo tanto, es la criminalidad familiar (a y b) la que contribuye a la criminalidad de los niños de la misma familia, pero no así las variables ambientales de la familia (c) en sí mismas. Por lo tanto, se deduce que un ambiente familiar delictivo, caracterizado por la ruptura de normas sociales, ejerce un efecto potenciador sobre las tendencias genéticas aportadas por los padres, potenciando así la criminalidad de los hijos.
Diátesis: la dificultad de temperamento No existe un gen de la criminalidad; genéticamente no estamos determinados a ella. Sin embargo, la heredabilidad que se ha mostrado en la vulnerabilidad hacia el comportamiento delictivo aparentemente contradice estas afirmaciones. No es así; no heredamos la criminalidad, lo que sí heredamos son unos rasgos de temperamentales de personalidad que nos hacen más o menos vulnerables a cometer actos delictivos cuando confluyen determinadas condiciones ambientales .
Así pues, el parámetro diátesis del modelo de vulnerabilidad lo constituiría, potencialmente, la propensión individua l, con marcada influencia genética, a la dificultad de temperamento. Diversas investigaciones han mostrado que el rasgo dificultad de temperamento no es un rasgo de personalidad fuente o unitario, sino más bien multifacético y complejo, aunque pueda presentarse como una unidad factorial. Así, los rasgos temperamentales que se encuentran más asociados con la dificultad de socialización ligada a la dificultad de temperamento son la ausencia de miedo, la agresividad, la impulsividad y la búsqueda de sensaciones.
No todos los niños que proceden de hogares y/o entornos deteriorados cometen actos violentos. Haber crecido en un entorno familiar y/o social no garantiza el comportamiento no violento. La dificultad temperamental es una propensión (diátesis) de “origen” genético (herencia).
100 Heredabilidad Ambientalidad 1 Estabilidad Inestabilidad 90 80 70 57 60 51 44 70 0,8 0,36 0,46 0,45 0,41 0,54 0,55 0,59 0,6 50 40 0,4 30 20 10 43 49 0,64 56 30 0 0,2 0 Heredabilidad de los rasgos Estabilidad de los rasgos En resumen, la dificultad de temperamento (bajo miedo, impulsividad, agresividad, búsqueda de sensaciones) tiende a estar medianamente influida por la genética (44%). Por otra parte, el componente de estabilidad del rasgo se encuentra influido en buena parte por la genética (77%), pero lo fundamental es la interacción.
La dificultad de socialización El segundo parámetro del modelo de vulnerabilidad al comportamiento criminal lo constituyen los fallos en el proceso de socialización que se dan durante el desarrollo. Por socialización se entiende el conjunto de hábitos adquiridos por una persona según las reglas y expectativas de la sociedad en la que vive. La socialización incluye tres componentes fundamentales.
 Conciencia. Es la disposición general a evitar conductas antisociales. Esta evitación normalmente es el resultado del miedo al castigo (o a la ausencia de recompensa), incluyendo el castigo anticipado y auto-infligido que, en forma de culpabilidad y vergüenza, configura un mecanismo autónomo, que opera como una unidad funcional a la que llamamos conciencia. Ambos tipos de castigo se combinan con la tendencia a rechazar, sobre bases racionales de utilidad, la alternativa del crimen. Para muchos adultos, la evitación del crimen se convierte en una reacción automática, dado que la obediencia de las normas sociales se convierte en algo habitual. Una de las razones por las que los delitos son más frecuentes durante la adolescencia es que éstas reglas no están todavía suficientemente consolidadas durante este periodo del ciclo vital  Prosocialidad. Es una disposición general hacia el comportamiento prosocial. Este componente incluye todos los impulsos de cuidado nutricional y crianza, afectivos y altruistas, que se llevan a cabo a través del cultivo de la capacidad de empatía y de la participación en, y el disfrute con, las relaciones afectivas. Es el resultado del refuerzo positivo, y se actualiza mediante el cultivo de la capacidad empática, la participación y/o disfrute de las relaciones afectivas y la renuncia personal a favor del otro (altruismo, modelos positivos).
 Responsabilidad. Este tercer componente, también denominado “conciencia social”, consiste en la motivación —y las correspondientes habilidades asociadas— que se requieren para aportar el “granito de arena” personal al esfuerzo comunitario. Esto implica la adquisición de una mentalidad éticamente guiada, la aspiración de logro a través del esfuerzo personal, y la aceptación de las responsabilidades sociales y familiares. Cuando se ha adquirido este componente, la persona resuena afectivamente con los sucesos sociales; es decir, siente pena o indignación ante las desgracias de grupos de personas desconocidas o siente alegría por los logros sociales. En resumen, es la disposición a aportar el bien social y también es el resultado del refuerzo positivo.
Ninguno de estos componentes muestra influencia genética, sino que su adquisición depende de procesos educativos implícitos o explícitos. Mientras que el primer componente, la conciencia, depende del castigo o de la ausencia de recompensa; los dos restantes, prosocialidad y aceptación de responsabilidad adulta, dependen esencialmente del refuerzo. Se puede tener implantado cualquier componente de la socialización por separado ya que, por ejemplo, una persona que tiene implantada la conciencia puede no tener implantada la conciencia social. Las dos fuentes más importantes de adquisición de la socialización son la familia, que influye fundamentalmente en la adquisición de hábitos de socialización orientados a las relaciones diádicas, y el grupo de referencia, que influye sobre todo en la adquisición de pautas de comportamiento social, público, o de carácter grupal.
La familia La segunda obligación más importante de los padres, después de la de proporcionar cuidado, alimentación y seguridad a los hijos, es la socialización. Tal y como comentamos en el modelo de vulnerabilidad, la socialización es el producto de dos factores: los hábitos de crianza y las propensiones temperamentales. La crianza es una de las tareas humanas más complejas, por lo que algunos padres lo hacen mucho mejor que otros. Existen dos tipos fundamentales de estilos de crianza: estilos consistentes y estilos inconsistentes.
 El estilo autoritario castiga consistentemente las muestras de comportamiento antisocial mediante argumentos de autoridad (¡Porque yo lo mando!). Sin embargo, no refuerza afectivamente los comportamientos prosociales o el asumir responsabilidades adultas. En estos dos últimos casos, aunque el argumento resalta la responsabilidad (¡Es tu deber!), el comportamiento no se ve reforzado (afectivamente). Puede tener éxito al implantar el componente de conciencia, pero falla al instaurar el resto de los componentes de la socializac ión que dependen del refuerzo, sobre todo el de prosocialidad. Es un factor de riesgo del comportamiento antisocial.
 El estilo equilibrado* que, a la vez que castiga —o retira el refuerzo de— las muestras de comportamiento antisocial, refuerza los comportamientos alternativos de carácter prosocial o de asumir una responsabilidad adulta. Es un factor protector ante el comportamiento antisocial.
 El estilo permisivo supone ser encantador y afectuoso con los hijos, pero incapaz de poner límites a sus actos.
Supone un factor de riesgo para el comportamiento antisocial. La consistencia de este estilo disminuye la probabilidad de la adecuada implantación de la conciencia como reacción autónoma.
 El estilo de negligencia/rechazo supone ausencia de supervisión y de lazos afectivos. La ausencia de refuerzos y castigos puede ser interpretada como falta de afecto. Además, como la negligencia suele llevar asociada el rechazo (si bien no siempre es así), las aproximaciones afectivas de los hijos, al no verse recompensadas, tienden a extinguirse, por lo que el desarrollo de la afectividad se deteriora. Es también un factor de riesgo del comportamiento delictivo. Además de dificultar la implantación de la conciencia por la baja tasa de aprendizaje a partir del castigo, el segundo proceso de socialización, la prosocialidad, también se ve afectado debido a la escasa experiencia de afecto, nutrición, y crianza. Esto provoca la debilitación y/o deterioro de los mecanismos de empatía e identificación con el otro  ESTILO DE MAYOR RIESGO DE ANTISOCIALIDAD Dado que con frecuencia el castigo es eficaz, a menudo olvidamos lo mucho que dependemos del castigo en la socialización de los niños. Cuando el temperamento de los niños es tal que falla el método usual basado en el castigo, entonces los padres reaccionan intensificando el castigo o renunciando a él. Debido a ello, la causa aparente del comportamiento delictivo posterior de los hijos parece ser la forma en que los padres reaccionan. Muchas teorías lo aceptan así y culpabilizan a los padres. Pero la cuestión es más compleja. En efecto, la conducta de los padres es causa de la dificultad de temperamento a la vez que dicha conducta es causada por la dificultad de temperamento del niño.
Partiremos en primer lugar del genotipo fácil de temperamento y la línea curva de distribución que parte de él. Como se ve por las líneas punteadas que impactan esta curva, cuando este tipo de temperamento interactúa con una alta competencia educativa, el resultado es un nivel alto de socialización. Cuando interacciona con una competencia media, el resultante sigue siendo una socialización que tiende a ser alta. Sólo cuando interacciona con una competencia educativa baja, el nivel que se alcanza de socialización es medio. Es decir, un niño de temperamento fácil se socializa fácilmente, y difícilmente alcanzará un bajo nivel de socialización. Esto se produciría muy esporádicamente cuando todas las circunstancias educativas y ambientales se pusieran en su contra. Por tanto, este modelo explicaría por qué, ante circunstancias adversas, algunos niños se socializan; mientras que desde un modelo generalista, las circunstancias ambientales son determinantes del comportamiento delictivo y no tendrían cabida estos casos. Fijémonos ahora en el genotipo difícil de temperamento. Como puede observarse de la línea de distribución que parte de él, incluso ante una alta competencia educativa, el nivel que se alcanzará será medio, y lo más fácil es que a medida que baje la competencia educativa, la socialización resultante de estas personas sea cada vez peor. Son niños difíciles de educar, lo que no quiere decir que sea imposible. Lo que ocurre es que, además de necesitar un estilo educativo consistente y equilibrado, necesitan mucho más tiempo y esfuerzo que los demás.
En resumen, por un lado, la dificultad de temperamento dificulta la socialización. Por otra parte, las personas no socializadas socializan poco a sus hijos. Entonces podemos encontrarnos a niños con una doble desventaja: una desventaja genética (vulnerabilidad delictiva) y una desventaja de crianza, por lo que tendrán una mayor probabilidad de convertirse en delincuentes.
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