Tema 6 (parte III). Técnicas derivadas del condicionamiento operante (2015)

Apunte Español
Universidad Universidad Autónoma de Madrid (UAM)
Grado Psicología - 4º curso
Asignatura Tecnicas de Intervención Psicológica
Año del apunte 2015
Páginas 12
Fecha de subida 02/08/2017
Descargas 0
Subido por

Vista previa del texto

Técnicas de Intervención y Tratamiento Psicológico deseable sería la siguiente: cargar el cubierto de comida, ponerse la comida en la boca, bajar el cubierto, masticar la comida, tragar, esperar tres segundos, rellenar el cubierto y así sucesivamente. En otras palabras, en la cadena disfuncional la persona se prepara para ingerir el siguiente bocado antes de haber terminado el anterior. Una cadena más deseable separa estos componentes e introduce pequeñas demoras.
Pautas para el uso efectivo del encadenamiento conductual Es conveniente tener en cuenta las siguientes reglas a la hora de aplicar cadenas conductuales: 1.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
Hacer un análisis de la tarea. Identificar las unidades de la cadena que sean lo suficientemente simples como para poder ensayarlas sin mucha dificultad.
Considerar estrategias para la presentación independiente de señales, por ejemplo, el uso de dibujos.
Si es necesario, hacer un ensayo preliminar con alguien que sirva de modelo.
Enseñar las unidades en el orden adecuado. De otra forma, se desarrollará un control del estímulo pobre y cuando se complete un paso, no constituirá un estímulo discriminativo para el siguiente paso, sino para cualquier otro (como cuando un niño aprende a contar incorrectamente: 1, 2, 4, 3).
Para agilizar el aprendizaje, usar un procedimiento de desvanecimiento que reduzca la ayuda adicional que haya sido precisa en algunos pasos.
Si se está aplicando un encadenamiento hacia atrás o hacia delante, hay que asegurarse de repetir en cada ensayo el conjunto completo de componentes aprendidos hasta ese punto.
Al principio del entrenamiento, dispensar abundante reforzamiento para la realización completa de los pasos individuales. Reducir gradualmente este reforzamiento a medida que los aprendices avanzan.
Asegurarse de que la gratificación proporcionada al final de la cadena se ajusta a las pautas para la aplicación efectiva del reforzamiento positivo. Cuanto más efectivo sea el reforzamiento, más estable será la cadena de respuestas. Esto no significa, no obstante, que una vez que una cadena se ha desarrollado deba reforzarse en cada ocasión para que se mantenga. Después de aprenderla, puede abordarse como una única respuesta, que podría someterse, si se desea, a un programa de reforzamiento intermitente.
Eliminar la conducta inapropiada mediante el castigo Un castigo es un suceso que presentado inmediatamente después de una conducta hace que se reduzca la frecuencia de la misma. Los castigos también se denominan estímulos aversivos. Una vez que se determina que un suceso actúa como castigo para una conducta concreta de una persona en una situación específica, podemos usar este mismo suceso para reducir la frecuencia de otras conductas de la misma persona en otras situaciones. Asociado a este concepto está el principio del castigo: si en una situación determinada, una persona hace algo que es inmediatamente seguido de un estímulo punitivo, es menos probable que la persona repita la misma acción cuando se encuentre en una situación parecida.
Hay que destacar que el significado del término «castigo» en el ámbito de la modificación de conducta es muy específico y distinto al que pueda tener para la mayoría de las personas ajenas a la Psicología en el contexto de nuestra cultura.
Pensemos, por ejemplo, en alguien que ingresa en prisión como castigo por haber cometido algún delito. Sin embargo, para los modificadores de conducta, «castigo» no es más que un término técnico que se refiere a la aplicación de una consecuencia inmediatamente después de que una persona emita una conducta, lo cual tiene como efecto la reducción de la probabilidad de la aparición futura de esa conducta en esa persona.
Tipos de castigos Muchos tipos de sucesos, cuando se presentan como una consecuencia de la conducta, encajan en nuestra definición previa de estímulo punitivo y pueden clasificarse conforme a las siguientes categorías:  Castigos que producen dolor Los castigos que producen dolor suelen ser castigos físicos e incluyen todo tipo de estímulo punitivo que active los receptores del dolor u otros receptores sensoriales que habitualmente provocan sensaciones de malestar. Algunos ejemplos de esta categoría son bofetadas, pellizcos, descargas eléctricas, inhalaciones de amoniaco, baños de agua fría, sonidos muy altos o muy agudos, etc. Estos estímulos o sucesos se denominan castigos incondicionados porque resultan punitivos sin que se haya producido ningún aprendizaje ni condicionamiento previo.
Técnicas de Intervención y Tratamiento Psicológico  Reprimendas Las reprimendas son verbalizaciones negativas inmediatamente contingentes con la conducta inadecuada, que suelen acompañarse de miradas fijas y a veces de un apretón en el brazo. Ya comentamos que un estímulo asociado a un castigo se convierte también en un castigo y entonces se denomina castigo condicionado. Es probable que el componente verbal de la reprimenda sea un castigo condicionado, en tanto que el apretón de brazo sea un castigo incondicionado. En algunos casos, la eficacia de las riñas aumenta si se emparejan con otros castigos.
 Tiempo fuera El tiempo fuera implica trasladar a una persona desde una situación reforzante a otra que lo es menos, inmediatamente después de que ha llevado a cabo una conducta específica, por lo que puede interpretarse como una reducción en las oportunidades para obtener refuerzos. Existen dos tipos de procedimiento de tiempo fuera: exclusivo y no exclusivo.
Un tiempo fuera exclusivo consiste en apartar a la persona durante un periodo de tiempo breve, por ejemplo, cinco minutos, de la situación en que se está produciendo el refuerzo. A menudo, se dispone de una habitación especial al efecto, que se denomina sala de tiempo fuera, y que carece de cualquier objeto que pudiera servir como reforzador, además de estar frecuentemente acolchada para minimizar comportamientos auto-lesivos. El tiempo de permanencia en la sala no debe ser prolongado, y son varios los estudios que señalan que cinco minutos es un periodo adecuado.
El tiempo fuera no exclusivo consiste en introducir en la situación un estímulo que está asociado a un refuerzo menor.
Un ejemplo pertinente es el procedimiento de Foxx y Shapiro (1978) en que los alumnos de una clase llevaban un cinturón, del que se les privaba durante un rato si no se portaban bien. Mientras no llevaban el cinturón, no podían participar en las actividades del aula y eran ignorados por el profesor.
 Coste de la respuesta El procedimiento de coste de la respuesta implica la retirada de una cantidad predeterminada de reforzador inmediatamente después de que se haya producido un comportamiento específico. Este tipo de castigo se emplea a veces en los programas de modificación de conducta en que los participantes obtienen fichas como reforzadores. Por ejemplo, Sullivan y O’Leary (1990) mostraron que en un entorno escolar, la pérdida de fichas (cada una de las cuales podía cambiarse por un minuto de recreo) tenía éxito a la hora de reducir comportamientos ajenos a la tarea. Observará que a diferencia de lo que ocurría en el tiempo fuera, en el coste de respuesta no se modifican las contingencias de administración del refuerzo. No hay que confundir este procedimiento con la extinción, en que se deja de administrar el refuerzo inmediatamente después de una respuesta que era previamente reforzada; en tanto que aquí, la respuesta tiene un coste porque se retira un reforzador después de que se produce una respuesta inaceptable.
El efecto de acción directa del castigo es el descenso en la frecuencia de la respuesta debido a las consecuencias punitivas inmediatas que se producen aproximadamente durante los primeros 30 segundos. El efecto de acción indirecta del castigo es el debilitamiento de una respuesta que es seguida con retraso de un estímulo punitivo. Supongamos que un conductor acelera en un cruce, pero la cámara del radar registra la fotografía y por tanto recibe la multa por correo transcurrida una semana. Aunque mediante este procedimiento, en el futuro el conductor no vuelva a superar los límites de velocidad, no podemos afirmar que el principio aplicado sea simplemente el del castigo. Los castigos diferidos afectan al comportamiento debido a las instrucciones que han guiado la conducta, a las auto-instrucciones o «pensamientos» que intervienen desde el momento en que se produce la conducta hasta que aparece el estímulo punitivo, o debido a la presencia de castigos condicionados inmediatos que actúan entre la conducta y la llegada del castigo de apoyo. Sería inadecuado presentar el castigo como una explicación, sin duda exageradamente simplificada, de la reducción de una conducta cuando ésta no es inmediatamente seguida del estímulo punitivo.
Factores que influyen en la eficacia del castigo 1.
Optimizar las condiciones para conseguir una respuesta alternativa deseable Al disminuir una respuesta no deseada, lograremos máxima eficacia si aumentamos simultáneamente la frecuencia de otras respuestas alternativas deseables que compitan con la que queremos eliminar. Hay que intentar identificar estímulos discriminativos que controlen adecuadamente la conducta deseada y presentarlos para aumentar la probabilidad de que se produzca. Además, con el fin de mantener la conducta deseada, hay que contar con reforzadores positivos eficaces distribuidos conforme a un programa adecuado.
Técnicas de Intervención y Tratamiento Psicológico Siempre que nos consultan acerca de la posibilidad de aplicar un procedimiento de castigo para eliminar una conducta inadecuada, recomendamos que en primer lugar se diseñe un programa de control de los estímulos y de refuerzo positivo de comportamientos alternativos aceptables.
2.
Minimizar la causa de la respuesta que se quiere castigar Cualquiera que intente aplicar un programa de castigo y quiera optimizar la probabilidad de que se produzca la conducta alternativa deseable, tendrá antes que minimizar las causas de la conducta inaceptable, lo cual implica dos aspectos. Hay que intentar identificar, en primer lugar, los estímulos que actualmente controlan la conducta no deseada y en segundo lugar, los reforzadores que la están manteniendo, ya que si se está produciendo, es probable que haya reforzadores intermitentes que la mantengan. Se denomina análisis funcional de la conducta a esta evaluación de antecedentes y consecuencias. Es importante subrayar que frecuentemente el castigo no es necesario, ya que minimizar las causas de los comportamientos inaceptables, a la vez que optimizar las condiciones para que se produzcan los comportamientos aceptables, suele ser suficiente para que estos últimos compitan con los primeros hasta el punto de suprimirlos.
3.
La elección del castigo Si se va a utilizar un castigo, hay que asegurarse de que será eficaz. En general, cuanto más fuerte o intenso es el estímulo punitivo, mayor es su eficacia para la reducción del comportamiento no deseado. Sin embargo, la intensidad con que haya que aplicar el castigo dependerá del éxito que tengamos en minimizar las causas de los comportamientos inadecuados, a la vez que optimizamos las condiciones para que se produzcan los alternativos adecuados. Incluso un castigo leve, como es una reprimenda, es eficaz siempre que deje de reforzarse la aparición de la conducta inaceptable y se premie un comportamiento alternativo aceptable mediante una recompensa importante.
También hay que tener presente que algunos estímulos parecen castigos aunque de hecho no lo son. Por ejemplo, si los cuidadores dicen, «¡No, niño malo, no hagas eso!» a quien está enfrascado en una conducta inadecuada, es posible que deje de hacerla inmediatamente y realice otra más adecuada que será premiada con la atención por parte de los adultos.
Éstos podrían llegar a la conclusión de que la reprimenda ha funcionado como castigo eficaz y sin embargo, para estar seguros tendrían que hacer un seguimiento de la frecuencia con que aparece la conducta desagradable en el futuro, porque el comentario verbal bien pudiera resultar reforzante. Es posible que el niño haya interrumpido la conducta porque, ahora que ya ha logrado la atención de los adultos, puede llevar a cabo otra conducta que mantenga esa atención, al menos durante algún tiempo. Es decir, la reprimenda podría funcionar como estímulo discriminativo de la conducta posterior agradable del niño, y no tener efecto realmente, ni como castigo ni como refuerzo, de su conducta previa desagradable. Son varios los estudios que han indicado que las reprimendas pueden funcionar como reforzadores positivos y por tanto es probable que a largo plazo la frecuencia de la conducta no deseada que las evoca aumente. No por ello hay que pensar que las riñas o las amenazas nunca constituyan castigos ya que de hecho, son muchas las situaciones en que demuestran su eficacia.
En general, hay que castigar de manera que no pueda emparejarse con el refuerzo positivo, pero este requisito es de difícil cumplimiento cuando quien aplica el castigo es una persona adulta y quien lo recibe suele estar privado de atención. Si los niños reciben la atención cariñosa de los adultos durante un periodo de tiempo previo a la aparición del comportamiento no deseado, y éste es seguido inmediatamente de una clara reprimenda verbal por parte de la persona adulta, es más probable que la riña funcione como castigo. Sin embargo, si la reprimenda es la única atención que los niños van a recibir de los adultos durante un periodo de tiempo prolongado, es obvio que probablemente resultará reforzante.
4.
Añadir antecedentes, incluidas normas, para el castigo El estímulo discriminativo se presenta en la situación en que la respuesta va a ser reforzada, en tanto que el estímulo discriminativo punitivo (EDp) es aquel en cuya presencia la respuesta va a ser castigada. Por ejemplo, muchos aprendimos durante la infancia que pedir concesiones especiales a los adultos cuando estaban de mal humor solía conducir a una reprimenda. Las conductas típicas de los progenitores «cuando están de mal humor» funcionaban como estímulos discriminativos punitivos. Aunque no existe mucha investigación al respecto, sí hay algunos datos que señalan que si el castigo sigue habitualmente a la aparición de una respuesta en presencia del estímulo discriminativo punitivo, es menos probable que ésta vuelva a ocurrir cuando aparezca este estímulo.
5.
Administrar el castigo El castigo es más eficaz cuando el estímulo punitivo se presenta siempre inmediatamente después de la conducta no deseada. Si el castigo se retrasa, podría producirse otro comportamiento aceptable antes de su administración y entonces Técnicas de Intervención y Tratamiento Psicológico sería éste el que estaríamos suprimiendo. Un ejemplo clásico es el de la madre que pide al padre que al llegar a casa castigue al niño porque se ha portado mal anteriormente. Esta petición es inadecuada por dos razones: el niño recibe el castigo aunque ahora se esté portando bien y además, se castiga al padre por volver a casa después del trabajo. Esto no significa que el castigo diferido sea siempre ineficaz, porque al presentar el comportamiento regido por normas, la mayoría de los seres humanos establecemos conexiones entre acciones y consecuencias aunque haya transcurrido mucho tiempo. No obstante, el castigo inmediato suele ser más eficaz que el castigo diferido.
El castigo ocasional no es tan eficaz como el castigo que se produce después de todas las apariciones de la conducta inaceptable, lo cual implica que si no podemos detectar la mayoría de las ocasiones en que se presenta el comportamiento inadecuado, debiéramos cuestionar la validez de optar por un procedimiento punitivo. Ya hemos mencionado que no hay que conectar en modo alguno la administración del castigo con la del refuerzo positivo, porque esta coincidencia debilitaría el procedimiento. Además, la persona que administra el castigo ha de mostrarse tranquila, ya que manifestar enfado o ira podría reforzar comportamientos no deseados y alterar la estabilidad o intensidad del castigo. Un abordaje sereno, de hechos consumados, garantiza que el programa se va aplicar siempre de forma adecuada.
¿Debe usarse el castigo? Algunos profesionales argumentan que aplicar métodos no aversivos para eliminar comportamientos inaceptables siempre es, al menos, tan eficaz como castigar y por tanto, nunca existe justificación para infligir castigos que produzcan dolor.
Ningún ser humano creería que es ético provocar dolor si existen métodos no aversivos igualmente eficaces; sin embargo, parece que hay algunos casos en que las conductas extremadamente peligrosas sólo logran suprimirse mediante castigos que producen dolor.
Se han descrito métodos, como la docencia amable, que pretenden reemplazar eficazmente todas las formas de control aversivo. Aunque estos autores proporcionan muchos ejemplos interesantes de alternativas que habría que probar antes de aplicar los métodos aversivos, no está claro que sus propuestas puedan sustituirlos en todos los casos, y son varios los autores que han señalado serias limitaciones en este enfoque. Lo que sí está claro es que la decisión respecto de la adecuación de métodos aversivos o no en cada situación concreta requiere mucha pericia y entrenamiento profesional considerable, por lo que no debiera ser responsabilidad de personas sin las cualificaciones pertinentes. Así pues, el tratamiento de problemas comportamentales graves, los únicos para los que se debe considerar el uso del castigo aversivo, habría de quedar reservado para profesionales cualificados pertenecientes a organizaciones acreditadas.
Buena parte de la controversia se centra en el castigo que provoca dolor, pero también se critican otros tipos de castigo, y pocos autores argumentarían a favor de la eliminación de todo tipo de castigo. Sin embargo, resulta extremadamente difícil especificar el grado exacto de castigo que convendría administrar en una situación determinada. Más bien parece que la preocupación de Meyer y Evans, que compartimos plenamente, radica en el uso degradante o humillante, que por supuesto siempre hay que evitar, del castigo. Con independencia de la naturaleza de las limitaciones de una persona y de lo poco apropiada que resulte su conducta, siempre hay que tratarla con el respeto que merece todo ser humano.
La utilización del castigo es controvertida porque queda claro que puede provocar efectos dañinos: 1) Comportamientos agresivos. El castigo tiende a provocar comportamientos agresivos. De ahí que no pueda causarnos sorpresa que algunas personas ataquen a otras después de ser castigadas.
2) Comportamientos emocionales. El castigo produce efectos secundarios emocionales, tales como llorar y experimentar miedo generalizado. Estas consecuencias no sólo son desagradables para las personas implicadas, sino que a menudo interfieren con la conducta deseable, sobre todo si ésta es de naturaleza compleja.
3) Comportamientos de escape y evitación. El castigo puede producir que la situación y las personas relacionadas con los estímulos aversivos se conviertan en castigos condicionados. Por ejemplo, si al enseñar a los alumnos a leer, les castigamos cuando se equivocan, cualquier aspecto de la situación, se convertirán también en estímulos punitivos. Los estudiantes podrían entonces intentar evitar o escapar de estos estímulos, con lo que en vez de ayudarles a aprender, estaríamos alejándoles de todo lo relacionado con las situación académica.
4) No hay comportamientos nuevos. El castigo no establece ninguna conducta deseable nueva, sólo suprime el comportamiento anterior, en otras palabras, no enseña a la persona qué hacer y, en el mejor de los casos, sólo le enseña qué no hacer.
Técnicas de Intervención y Tratamiento Psicológico 5) Imitar el castigo. Los niños suelen imitar a los adultos y por tanto, si les castigan, es más probable que los pequeños hagan lo mismo a otros. De ahí que quizá al castigar a los niños estemos sin querer sirviendo de modelo sobre cómo presentar estímulos aversivos a los demás.
6) El uso continuado del castigo. Dado que el castigo tiene como resultado la supresión rápida del comportamiento inaceptable, podría resultar tentador seguir usándolo en vez de reforzar positivamente los comportamientos alternativos satisfactorios. Sin embargo, las conductas desagradables podrían reaparecer tras una supresión meramente transitoria o incluso producirse otros comportamientos desagradables, con lo cual, quien administra el castigo tendría que recurrir a dosis cada vez mayores, creando así un círculo vicioso de efectos desastrosos.
Los modificadores de conducta y los programas de castigo Vamos a reconsiderar la cuestión, ¿se debe usar el castigo? Dado que es demasiado fácil abusar de ellos y que su aplicación tiene efectos secundarios potencialmente perjudiciales, recomendamos que el castigo, en el sentido conductual del término, sea siempre el último recurso. Los profesionales de la modificación de conducta sólo debieran considerar el diseño de programas de castigo, ya sea para escuelas, instituciones, personas con retrasos cognitivos o cualquier otro caso, si:       Se han tomado medidas para garantizar la optimización de las condiciones para que se produzcan conductas alternativas deseables y para minimizar las causas de las respuestas que se van a castigar.
La conducta es inadaptativa y la defensa de los intereses del cliente implica lograr un cambio rápido de la misma.
El cliente (o sus responsables legales) dan el consentimiento.
La intervención cumple con la normativa de principios éticos.
El castigo se aplica conforme a directrices claramente explicitadas.
El programa incluye salvaguardas para proteger los derechos del cliente.
Errores en la aplicación del castigo Son muchas las ocasiones en que las personas aplican castigos sin darse cuenta de que lo están haciendo. Un ejemplo muy habitual es la crítica o ridiculización de alguien que emite un comportamiento inadecuado, ya que obviamente la burla es punitiva y es probable que elimine la conducta en el futuro, pero también es probable que aleje a la persona de quien le castiga. No obstante, el comportamiento inadecuado ridiculizado podría constituir una aproximación a una conducta más adecuada y su eliminación habrá dañado las oportunidades posteriores de alcanzar el comportamiento adaptativo mediante moldeado. En términos cotidianos, la persona se desanima, se rinde y abandona los intentos de desarrollar el comportamiento pertinente; además, como intentará evitar y escapar de la persona que le administra la crítica y la burla, ésta habrá perdido buena parte de su potencial eficacia como refuerzo.
Otro ejemplo de uso inapropiado del castigo son los comentarios del tipo, «eso está bien, pero...». Sobre la base de lo expuesto al respecto, es probable que encuentre formas más agradables y eficaces de agradecer a los adolescentes su ayuda en las tareas domésticas que decirles, «Gracias por la ayuda, pero la próxima vez no seas tan lento». Estamos convencidos de que el castigo sólo debe aplicarse junto al refuerzo positivo de una conducta deseable y sólo con el propósito de suprimir comportamientos no deseados que no pueden reducirse de otra forma.
Directrices para una aplicación adecuada del castigo Es probable que las normas para el uso eficaz del castigo se incumplan más a menudo que las de cualquier otro principio.
Por lo tanto, si vamos a usar un procedimiento de castigo, aunque sea leve, es un deber tanto para con nosotros mismos como para con la persona castigada, hacerlo bien, especificando claramente por escrito las condiciones de aplicación que seguiremos específicamente.
1) Elegir una respuesta. El castigo es más eficaz cuando se elige una conducta específica, como saltar sobre el brazo de la silla, en vez de una categoría general de comportamiento, como maltratar los muebles.
2) Optimizar las condiciones para conseguir una respuesta alternativa deseable (no castigada) a) Elegir un comportamiento alternativo deseable que se pueda reforzar y que compita con el comportamiento a castigar. Siempre que sea posible, hay que elegir una conducta que se mantenga en el entorno cuando termine el programa de refuerzo.
b) Presentar señales que inciten claramente a aumentar la frecuencia con que ocurre la conducta deseable.
c) Reforzar el comportamiento deseable mediante reforzadores potentes aplicados mediante un programa adecuado Técnicas de Intervención y Tratamiento Psicológico 3) Minimizar las causas de la respuesta que se quiere castigar a) Intentar identificar y eliminar todos los estímulos discriminativos de la conducta inapropiada, sobre todo durante las primeras fases de la intervención.
b) Intentar eliminar cualquier refuerzo potencial de la conducta no deseada 4) La elección de un castigo eficaz a) Elegir un castigo eficaz que pueda aplicarse inmediatamente después de la aparición de la conducta inadecuada b) Quien imparte el castigo ha de ser alguien que de ninguna manera se empareje con el reforzamiento positivo de la conducta inapropiada c) Elegir un castigo que pueda presentarse inmediatamente después de cualquier aparición de la conducta inadaptativa 5) Presentar estímulos discriminativos punitivos claros a) Explicar a los aprendices el programa antes de comenzar.
b) Dar señales de «aviso» o «recordatorios»; por ejemplo, «tienes que esperar a mamá antes de cruzar» 6) Administrar el castigo a) Administrar el castigo inmediatamente después de todos los casos en que aparezca la respuesta a eliminar b) Administrar el castigo de manera tranquila y desapasionada c) Tener la precaución de no emparejar el castigo de la conducta no deseable con el refuerzo de la misma 7) Registrar los datos. En todos los programas de intervención con castigo, hay que llevar a cabo un registro minucioso de datos para estimar los efectos del mismo Establecer conductas deseables mediante condicionamiento de escape y de evitación Condicionamiento de escape El principio del condicionamiento de escape establece que existen determinados estímulos cuya desaparición inmediatamente después de la ocurrencia de una respuesta incrementará la probabilidad de esa respuesta. El condicionamiento de escape se parece al castigo porque ambos implican un estímulo aversivo o castigo, pero difieren en el procedimiento en términos, tanto de los antecedentes, como de las consecuencias de la conducta. En relación con los antecedentes, en el condicionamiento de escape, el estímulo aversivo debe presentarse antes de la respuesta de escape, mientras que el estímulo aversivo no está presente antes de la respuesta que se castiga. En relación a las consecuencias, en el condicionamiento de escape el estímulo aversivo se elimina inmediatamente después de la respuesta, mientras que en el castigo, el estímulo aversivo se presenta inmediatamente después de la respuesta. En términos de resultados, con el procedimiento del castigo la probabilidad de la respuesta objetivo decrece, mientras que en el procedimiento de condicionamiento de escape, la probabilidad de la respuesta objetivo se incrementa.
Otro término para denominar al condicionamiento de escape sería reforzamiento negativo. El término reforzamiento indica que es análogo al reforzamiento positivo, ya que en que en ambos casos se fortalecen respuestas. El término negativo indica que el efecto de fortalecimiento ocurre porque la respuesta lleva a la eliminación de un estímulo aversivo. El condicionamiento de escape es habitual en la vida cotidiana. En presencia de un destello brillante, hemos aprendido a escapar de la intensidad de esa luz cerrando los ojos o frunciendo el ceño. Cuando una habitación es muy fría, escapamos poniéndonos un abrigo. Cuando hace mucho calor escapamos del mismo encendiendo el ventilador o el aire acondicionado.
Si hay obras en la calle debajo de casa cerraríamos las ventanas para escapar del ruido.
Condicionamiento de evitación El condicionamiento de escape tiene la desventaja de que el estímulo aversivo debe estar presente para que ocurra la respuesta deseada. El principio de condicionamiento de evitación establece que la frecuencia de una conducta aumentará si previene la ocurrencia de un estímulo aversivo. Nótese que tanto el condicionamiento de escape como el de evitación implican la presentación de un estímulo aversivo y en ambos aumenta la probabilidad de la conducta. No obstante, una respuesta de escape elimina un estímulo aversivo que ya se ha presentado, mientras que la respuesta de evitación impide que ocurra el estímulo aversivo.
El tipo de condicionamiento de evitación que incluye una señal de advertencia, que permite a la persona prepararse para el estímulo aversivo inmediato, se conoce como condicionamiento de evitación discriminada.
Técnicas de Intervención y Tratamiento Psicológico El condicionamiento de evitación también es habitual en la vida cotidiana: en muchas aulas, los niños aprenden a responder adecuadamente fundamentalmente para evitar el ridículo o las malas notas; el sistema legal se basa sobre todo en el condicionamiento de evitación; se pagan los impuestos para evitar ir a la cárcel; se mete dinero en los parquímetros para evitar las multas; se pagan las multas para evitar una citación del juzgado.
Los teóricos de la conducta han debatido acerca de la explicación teórica de la respuesta de evitación. El aumento de las respuestas reforzadas positivamente y de las respuestas de escape, y la reducción de las respuestas castigadas, se explican por las consecuencias inmediatas del estímulo. No obstante, la consecuencia de una respuesta de evitación es que el estímulo no ocurra. ¿Qué no ocurra algo puede generar la conducta? Debido a que a los teóricos no les suelen gustar estas paradojas, han reformulado la pregunta de la siguiente manera: ¿existen consecuencias inmediatas de los estímulos que pasen desapercibidas para los observadores, pero que no obstante mantengan respuestas de evitación? Existen varias explicaciones alternativas posibles. Una posibilidad en el condicionamiento de evitación es que la respuesta de evitación se fortalezca porque acaba inmediatamente con el estímulo de advertencia. Una segunda explicación del condicionamiento de evitación en algunos casos. La visión de un perro provocaba que el niño sintiera ansiedad.
Inmediatamente después de la respuesta de evitación, sentía menos ansiedad.
Posibles obstáculos en el condicionamiento de evitación Existen muchas ocasiones en que las personas aplican por desconocimiento condicionamiento de escape y de evitación, con el resultado de que conductas que no son agradables se fortalecen. Los problemas conductuales de personas con trastornos evolutivos suelen permitirles escapar de situaciones de aprendizaje, de trabajo y de tareas domésticas. Los padres y madres de los niños etiquetados como antisociales solían fortalecer las conductas agresivas de sus hijos desistiendo o rindiéndose cuando la conducta agresiva tenía lugar. Los padres y madres estarían estableciendo, sin darse cuenta, conductas verbales inadecuadas con los hijos que prometen desesperadamente, «seré buena, no volveré a hacerlo» para escapar o evitar el castigo por alguna infracción de las normas domésticas. Cuando estas súplicas tienen éxito, se fortalecen y es más probable que vuelvan a emitirse en circunstancias similares, pero el comportamiento desagradable que los progenitores intentaban castigar se verá lamentablemente muy poco afectado, o nada en absoluto. La conducta verbal con poca relación con la realidad se incrementaría, mientras que la respuesta objetivo no deseable se mantendría fuerte.
Se observa otro ejemplo en los reclusos que aprenden a responder con frases «correctas» para conseguir la libertad condicional; de ahí que los comités de libertad condicional tengan dificultades para determinar cuándo es únicamente la conducta verbal de los internos la que se ha modificado, no sus conductas antisociales.
Un segundo riesgo del escape y la evitación es el condicionamiento fortuito de estímulos como si fueran aversivos, a los que una persona responderá por tanto posteriormente huyendo o evitándolos. Por ejemplo, si un entrenador grita, critica o ridiculiza a los atletas, éstos mejorarían principalmente para evitar o escapar de la ira del entrenador, pero también es probable que eviten al entrenador, que se ha convertido en un estímulo aversivo condicionado. Y si las técnicas de entrenamiento se vuelven muy aversivas, algunos miembros del equipo podrían dejar el deporte por completo. Claramente, esta es la consecuencia más lamentable del condicionamiento de escape y de evitación.
Normas para la aplicación efectiva del condicionamiento de escape y de evitación Las reglas que presentamos a continuación puede aplicarlas cualquiera que quiera emplear el condicionamiento de escape y de evitación: 1) Si es posible elegir entre mantener una conducta mediante procedimientos de escape o de evitación, es preferible la segunda opción por dos razones. Primero, en el condicionamiento de escape el estímulo aversivo de apoyo debe estar presente antes de la respuesta objetivo, mientas que en el condicionamiento de evitación, el estímulo aversivo de apoyo sólo se aplica cuando la respuesta final no ocurre. Segundo, en el condicionamiento de escape la respuesta final no ocurre cuando el estímulo aversivo de apoyo no está presente, mientras que en el condicionamiento de evitación la respuesta decrece muy despacio cuando el estímulo aversivo de apoyo no va a volver a aparecer.
2) La conducta objetivo debería establecerse mediante condicionamiento de escape antes de incluirla en un procedimiento de evitación.
Técnicas de Intervención y Tratamiento Psicológico 3) Durante el condicionamiento de evitación, conviene que un estímulo de advertencia señale la aparición inminente del estímulo aversivo. El condicionamiento se produce más eficazmente si existe una advertencia de que un fallo en la respuesta provocará una estimulación aversiva. Un ejemplo del entorno natural es la palabra «INFRACCIÓN» impresa en un parquímetro, que indica que el conductor recibirá una multa si no mete una moneda en el parquímetro. Meter una moneda en el parquímetro elimina la señal de «INFRACCIÓN» e impide que ocurra la multa.
4) El condicionamiento de escape y de evitación, como el castigo, han de usarse con cautela porque implican estímulos aversivos que conllevan efectos secundarios nocivos como agresión, miedo y tendencia a evitar o a escapar de cualquier persona o circunstancia asociada con el procedimiento.
5) Es aconsejable emplear conjuntamente el reforzamiento positivo del objetivo con el condicionamiento de escape y de evitación, no sólo porque ayudará a fortalecer la conducta deseada, sino porque tenderá a contrarrestar los efectos secundarios disfuncionales.
6) La persona afectada debiera conocer, para su mejor comprensión, algo acerca de las contingencias que están funcionando. Sin embargo, de nuevo otra vez, al igual que sucede en todos los procedimientos que venimos comentando, no son necesarias las instrucciones para que el condicionamiento de escape y de evitación funcionen.
Economía de fichas Recordemos que un reforzador condicionado es un estímulo inicialmente neutro que adquiere valor reforzador tras ser emparejado apropiadamente con otros reforzadores. Algunos reforzadores condicionados, como los elogios, son breves y su aparición y desaparición ocurren casi simultáneamente. Otros reforzadores condicionados, como el dinero, duran y se pueden acumular hasta ser canjeados por reforzadores de apoyo, como el alimento. Los reforzadores condicionados de este segundo tipo se conocen como fichas. Un programa en que un grupo puede ganar fichas por emitir conductas deseables, y cambiarlas luego por reforzadores de apoyo se denomina economía de fichas.
Existen dos ventajas principales en el uso de fichas como reforzadores. En primer lugar, pueden darse inmediatamente después de que la conducta deseable tenga lugar y cambiarse más tarde por el reforzador de apoyo. Por tanto, en demoras largas funcionan como puente entre la respuesta objetivo y el reforzador de apoyo, lo cual es especialmente importante cuando es imposible entregar este último inmediatamente después de la conducta. En segundo lugar, las fichas que se emparejan con muchos tipos distintos de reforzadores de apoyo se convierten en reforzadores condicionados generalizados, y por eso su fuerza no depende de una operación de motivación específica. Esto hace más fácil la administración efectiva de los reforzadores cuando se trabaja con un grupo de personas con diferentes estados motivacionales.
Pasos iniciales en el establecimiento de un programa de economía de fichas 1.
Decisiones sobre los objetivos conductuales Las conductas meta se decidirán fundamentalmente de acuerdo con el tipo de personas con que se está trabajando, atendiendo a los objetivos que se persiguen a corto y largo plazo, y de acuerdo con los problemas conductuales específicos que interfieren con la consecución de estos objetivos.
Cuanto más homogéneo sea el grupo con el que se trabaja, más fácil será estandarizar las reglas concernientes a las actividades específicas que se reforzarán y al número de fichas que se entregarán. Desde esta perspectiva, es preferible que los integrantes de los grupos con quienes se está manejando la economía de fichas posean el mismo grado de pericia en el ámbito de interés. No obstante, incluso cuando se trabaja con grupos homogéneos, es necesario establecer reglas específicas de reforzamiento para los participantes conforme a sus necesidades específicas. Esta demanda de programas individualizados se suma a la complejidad de la administración de una economía de fichas, pero las dificultades resultantes no son tan serias si el número de aplicaciones individualizadas radicalmente diferentes que hay que manejar simultáneamente no es muy grande.
2.
El registro de las líneas base Hay que obtener los datos de la línea de base correspondientes a las actividades que se pretenden intervenir. Podría darse el caso de que los clientes ya estén rindiendo a un nivel satisfactorio y que los beneficios potenciales de iniciar un programa de economía de fichas no justifiquen el tiempo, esfuerzo y coste que acarrearían. Después de aplicar el programa, la comparación de los resultados con los datos de la línea de base permitirá determinar su eficacia.
Técnicas de Intervención y Tratamiento Psicológico 3.
La elección de los reforzadores de apoyo Los métodos para seleccionar qué se usará como reforzador de apoyo son en esencia los mismos que los manejados para elegir cualquier otro reforzador. Hay que tener en cuenta, no obstante, que un sistema de fichas permite por lo general aumentar la variedad de reforzadores ofertables, ya que no tienen que limitarse a aquéllos que puedan entregarse inmediatamente después de la respuesta deseada. Al considerar qué reforzadores dispondremos, tendremos que extremar la cautela para evitar problemas éticos.
Después de establecer cuáles van a ser los reforzadores de apoyo y cómo se van gestionar, debiera considerar el método general de entrega. Disponer de una tienda, despacho o mostrador es esencial para la mayoría de programas de economía de fichas. En una aplicación pequeña, como un aula escolar, cualquier contenedor en la mesa de los profesores u otra ubicación podría servir de tienda. Al margen del tamaño de la tienda, se debe mantener en todo momento un sistema de registro de las compras e inventario, sobre todo de los bienes muy demandados, para no exceder el presupuesto disponible.
4.
Elección del tipo de fichas Las fichas, al igual que el dinero, adoptan formas muy diferentes: cheques personales, entradas en una libreta de ahorros, marcas en una tabla en la pared o en cuadernos que lleven los clientes, pegatinas, estrellas o sellos. Éstas y otras muchas posibilidades podrían encajar en la economía de fichas concreta dependiendo fundamentalmente del tipo de usuarios con que esté trabajando.
En general, las fichas debieran ser atractivas, ligeras, transportables, perdurables, fáciles de manejar y por supuesto, difíciles de falsificar. Si se usan dispensadores automáticos de reforzadores de apoyo, hay que asegurarse de que las fichas harán funcionar la máquina. Habría que cerciorarse también de que se dispone de una cantidad suficiente fichas.
Hay que disponer también de los accesorios necesarios para manejar y almacenar las fichas.
5.
Identificación de ayuda disponible La ayuda de otras personas no es indispensable para el funcionamiento de una economía de fichas pequeña en un aula, pero es deseable, especialmente en las etapas iniciales del programa. En una aplicación institucional grande, como en el caso de una sección psiquiátrica, la colaboración es esencial. Existen muchas fuentes de las que obtener ayuda: (a) personal que ya trabaje con los clientes (p.ej., ayudantes docentes, asistentes de los enfermeros, colaboradores de los profesores); (b) voluntarios (p.ej., cuidadores, parejas jubiladas, personas mayores, miembros de organizaciones y grupos de acción comunitaria); (c) personas de la institución con un repertorio comportamental más avanzado (p.ej., alumnos de 5º asignados para ayudar en el proyecto de los alumnos de 1º); y (d) miembros de la propia economía de fichas. Después de que la economía de fichas haya empezado a funcionar, muchos de los miembros serán capaces de asumir cada vez más responsabilidades y contribuir a lograr las metas establecidas.
A la hora de decidir cómo gestionar ayudantes para manejar la economía de fichas, tendremos que considerar cómo vamos a reforzar su ayuda. La aprobación es, por supuesto, un reforzador potencial que siempre hay que distribuir generosamente. También podemos hacer entrega del permiso para seguir colaborando en la economía de fichas o la posibilidad de elegir el tipo de trabajo en que se va a participar.
6.
Elección de la localización No es imprescindible un lugar especial para poner en marcha una economía de fichas, y esto es de agradecer, ya que no siempre hay muchas opciones entre las que elegir. Sin embargo y en función del tipo de sistema que estemos desarrollando, algunos lugares son mejores que otros.
Procedimientos específicos de aplicación Antes y durante la implementación de una economía de fichas existen, como en cualquier programa nuevo, varios procedimientos entre los que elegir conforme a la siguiente clasificación: Cómo registrar los datos: a este respecto interesa concretar el tipo de hojas de datos que se va a usar, quién va a recoger los datos y cuándo se va a hacer el registro.
El agente reforzador: es importante decidir quién va a administrar el reforzamiento y para qué conductas. Además, hay que tener cuidado para asegurarse de que las fichas se conceden siempre de forma positiva y evidente, inmediatamente Técnicas de Intervención y Tratamiento Psicológico después de la emisión de una respuesta deseada. Conviene sonreír amablemente con gesto aprobador al entregar la ficha y comunicar a los participantes (al menos en las etapas iniciales) la razón por la que están recibiendo la ficha.
Número o frecuencia de las fichas que se entregan: hay varias consideraciones importantes acerca de la cantidad de fichas que hay que dar por una conducta concreta. Un aspecto a ponderar es la etapa de la economía en que nos encontramos y cuán acostumbrados están los consumidores a recibir fichas. También habrá que reflexionar sobre el valor terapéutico de la conducta que se está reforzando y la probabilidad de que los clientes la mantengan sin las fichas.
Manejo de los reforzadores de apoyo: en este punto hay que considerar con qué frecuencia estarán disponibles los reforzadores de apoyo (es decir, con qué frecuencia se va a programar el «horario de la tienda»). Al principio, la frecuencia debería ser alta e ir reduciéndola posteriormente de manera gradual. También es necesario decidir cuántas fichas equivalen al reforzador de apoyo. Además del coste monetario, que es la consideración más obvia, hay otros dos factores a tener en cuenta. Uno es la oferta y la demanda. Esto es, los objetos para los que la demanda sea más alta que la oferta tendrán precio más elevado y aquellos en que la oferta supere a la demanda costarán menos. Esto ayudará a mantener un suministro adecuado de reforzadores efectivos y a optimizar la utilización de la potencia de los reforzadores de apoyo. El otro factor a ponderar es su valor terapéutico y por ello, siempre habrá que cobrar poco por los reforzadores beneficiosos para los clientes. Lo cual además contribuirá a que éstos se familiaricen con las recompensas. Por ejemplo, si los usuarios tienen que mejorar sus habilidades sociales pagarán muy pocas fichas por la autorización para ir a una fiesta, debido al alto valor de las conductas que podría desarrollar mediante la participación en ese acontecimiento.
Posibles contingencias de castigo: el uso de fichas proporciona la posibilidad de aplicar multas como castigo por conductas inapropiadas. Desde un punto de vista ético, este tipo de castigo podría preferirse frente al castigo físico o al tiempo fuera. Como en todos los tratamientos punitivos, habría que extremar la limitación de su uso y aplicarlo sólo excepcionalmente para conductas claramente definidas. Si se multa en una economía de fichas, es necesario añadir contingencias de ensayo para enseñar a los clientes a aceptar las sanciones sin reacciones emocionales o agresivas.
Supervisión de la plantilla: los supervisores o encargados de una economía de fichas están tan sujetos a las leyes de la conducta como los clientes. Deben por tanto recibir refuerzo frecuente por conductas apropiadas y habrá que corregir las inapropiadas si queremos que la economía de fichas funcione de manera efectiva. Por tanto, explicitaremos claramente sus obligaciones y haremos un seguimiento de las actuaciones pertinentes. Por supuesto, no es posible hacer un seguimiento continuo. Por esta razón hay que emplear un muestreo temporal. El director del programa de economía de fichas tendrá que comenzar haciendo comprobaciones frecuentes y reducirlas posteriormente.
Problemas potenciales en la gestión: en el diseño de una economía de fichas, como en otros procedimientos complejos, es adecuado prever la aparición de posibles dificultades en forma de: (a) confusión, especialmente durante los primeros de aplicación de la economía de fichas; (b) la escasez de plantilla; (c) intentos de los usuarios de conseguir fichas que no se han ganado o reforzadores de apoyo para los que no tienen suficientes fichas; (d) que los clientes jueguen con las fichas o las empleen como distracción de forma indebida; (e) fracasos a la hora de comprar reforzadores de apoyo. Casi siempre podemos evitar éstas y otras complicaciones con una planificación cuidadosa desde el inicio.
Preparar un manual El paso final antes de poner en marcha un programa de economía de fichas es preparar un manual o un conjunto de reglas escritas que describan exactamente cómo va a funcionar el sistema. Este manual debe explicar en detalle qué conductas se van a reforzar, cómo se van obtener las fichas y los reforzadores de apoyo, los momentos en que estará disponible el reforzador, qué datos se van a recoger, cómo y cuándo se van a registrar, y las responsabilidades y obligaciones de cada miembro de la plantilla. Todas las normas serán no sólo razonables, sino aceptables para los usuarios y la plantilla. Cada miembro del personal recibirá una copia del manual o una versión clara y precisa de las partes concernientes a sus responsabilidades y funciones. Si es factible, todos los participantes recibirán también una versión clara y precisa de los apartados que les conciernen.
El manual debería incluir procedimientos concretos para evaluar si las reglas se están siguiendo adecuadamente y para asegurarse de que se hace así. Debería existir además la posibilidad de modificar las reglas cuando su inadecuación se haga evidente. No obstante, los participantes podrían no sentirse inclinados a seguir las reglas si son modificadas frecuente o arbitrariamente. Dado que la alteración de una regla debe darse de la manera más cómoda posible, es recomendable que el manual especifique la base sobre la que se puede hacer la revisión. Variaciones y adiciones en el manual habrán de ser explicadas, discutidas, justificadas, puestas por escrito y repartidas antes de ser puestas en práctica.
Técnicas de Intervención y Tratamiento Psicológico Programación de la generalización al entorno natural La economía de fichas se considera una forma de abordar problemas de conducta en entornos institucionales. Es su función principal, pero esta observación no debería obviar su papel más importante, el de ayudar a las personas a adaptarse al entorno natural más allá de la institución. No obstante, debido a que lo que prevalece en el entorno natural es el reforzamiento social y no las fichas, hay que diseñar la economía de fichas de manera que el reforzamiento social pueda ir sustituyendo poco a poco al reforzamiento mediante fichas.
Existen dos formas generales de independizar a los participantes de las fichas.
1.
2.
Una es eliminarlas gradualmente. La primera alternativa se aplica mediante una programación de entrega de fichas progresivamente más intermitente, reduciendo gradualmente el número de conductas con las que se ganan fichas, o aumentando poco a poco la demora entre la conducta final y el reparto de fichas.
La segunda es reducir su valor poco a poco. La segunda alternativa se puede ejecutar reduciendo poco a poco la magnitud del reforzador de apoyo que una determinada cantidad de fichas pueden comprar, o aumentando paulatinamente la demora entre la obtención de fichas y la compra de reforzadores.
Actualmente, no se puede establecer con seguridad qué método o combinación de métodos consigue mejores resultados.
Además, conviene revisar todas las consideraciones pertinentes para la programación de la generalización.
La transferencia gradual del control a los clientes, de forma que ellos mismos se organicen y administren sus propios reforzadores, es otro paso en su preparación para el entorno natural. Una persona que puede evaluar su propia conducta, decidir racionalmente qué cambios debe introducir en ella y programar efectivamente esos cambios, está en condiciones de manejarse en casi cualquier entorno.
Consideraciones éticas La economía de fichas incorpora la aplicación sistemática de las técnicas de modificación de conducta a gran escala. Por esto, las posibilidades de hacer un uso indebido de estos métodos, aunque sea de forma no intencionada, se magnifican y por ello es aconsejable tomar precauciones para evitar los abusos. Una medida podría ser abrir el sistema completamente al escrutinio público, siempre que tal apertura haya sido sometida a la aprobación de los clientes y de sus abogados.
Resumen de las consideraciones para diseñar un programa de economía de fichas 1.
2.
3.
4.
5.
6.
Revisar la bibliografía pertinente existente.
Identificar las conductas finales deseadas.
2.1. Hacer una lista de objetivos a largo y a corto plazo.
2.2. Ordenar los objetivos conforme a su prioridad.
2.3. Seleccionar aquellos objetivos que sean más importantes para los clientes y que sean prerrequisitos para otros objetivos.
2.4. Identificar varios de los objetivos prioritarios con los que empezar, haciendo hincapié sobre los que se puedan conseguir rápidamente.
2.5. Señalar un número de conductas finales para cada objetivo.
Registrar una línea de base de las conductas objetivo.
Seleccionar los reforzadores de apoyo (primarios) 4.1. Usar reforzadores habitualmente efectivos para la población de interés.
4.2. Aplicar el principio de Premack 4.3. Recoger información verbal concerniente a los reforzadores de los usuarios 4.4. Dar a los clientes catálogos que les ayuden a identificar los reforzadores útiles.
4.5. Preguntar a los participantes qué les gusta hacer en su tiempo libre, al margen del trabajo y otras obligaciones.
4.6. Identificar los reforzadores naturales que puedan ser programados.
4.7. Considerar los temas éticos y legales relacionados con los reforzadores que se pretende distribuir.
4.8. Diseñar un espacio para almacenar, exponer y repartir los reforzadores de apoyo.
Seleccionar el tipo de ficha más apropiado para los participantes Identificar personas disponibles para ayudar a gestionar los programas 6.1. Miembros del personal existente 6.2. Voluntarios Técnicas de Intervención y Tratamiento Psicológico 6.3. Estudiantes de universidad 6.4. Residentes de la institución 6.5. Los propios integrantes de la economía de fichas 7. Obtener un lugar apropiado y el equipamiento necesario 7.1. Aceptar la ubicación con más espacio 7.2. Contar con equipamiento y mobiliario que pueda moverse con comodidad.
7.3. Reordenar el entorno para que las conductas de los participantes sean detectadas fácilmente y reforzadas inmediatamente.
8. Decidir acerca de los procedimientos específicos de aplicación.
8.1. Diseñar hojas de recogida de datos apropiadas y determinar quién va a registrar los datos, cuándo y cómo.
8.2. Decidir quién va a administrar el reforzamiento, cómo lo va hacer y a cambio de qué conductas concretas.
8.3. Decidir el número de fi chas que se pueden ganar por conducta emitida y cliente en un día.
8.4. Establecer procedimientos de almacenamiento y determinar el valor en fi chas de los reforzadores de apoyo.
8.5. Prestar atención a las contingencias de castigo. Minimizar su aplicación y reservarlo para conductas claramente definidas y únicamente cuando sea éticamente justificable hacerlo.
8.6. Asegurarse de que las obligaciones del personal están claramente definidas y de que se ha puesto en marcha un programa de seguimiento, supervisión y refuerzo del personal implicado 8.7. Mantenerse alerta para abordar posibles problemas.
9. Preparar un manual de la economía de fi chas para los clientes y para el personal.
10. Iniciar el programa de economía de fichas.
11. Planear estrategias para conseguir la generalización al entorno natural.
12. Hacer un seguimiento y aplicar las pautas éticas relevantes en cada paso.
Tema 7. Técnicas derivadas del aprendizaje observacional Técnicas de modelado Introducción histórica El modelado, también llamado aprendizaje observacional, imitación o aprendizaje vicario, es una técnica basada en la teoría del aprendizaje social. En el año 1969, con la publicación del libreo de Albert Bandura “Principios de Modificación de Conducta”, se sientan las bases para operativizar en la teoría del aprendizaje social la técnica del modelado. Según Bandura, la mayor parte de la conducta humana se aprende por observación mediante modelado. El procedimiento general consiste en que el sujeto observe la conducta de un modelo y la imite a fin de:    Adquirir nuevos patrones de respuesta (efecto de adquisición) Fortalecer o debilitar respuestas (efectos inhibitorios o desinhibitorios) Facilitar la ejecución de respuestas ya existentes en el repertorio conductual (efecto de facilitación de respuestas) La observación es un procedimiento de aprendizaje presente en nuestra vida cotidiana y que influye sobre nuestra conducta.
La premisa fundamental del modelado establece que cualquier comportamiento que se pueda adquirir o modificar por medio de una experiencia directa es, en principio, susceptible de aprenderse o cambiar por la observación de la conducta de los demás y de las consecuencias que le siguen. Para Bandura, el aprendizaje vicario se produce por contigüidad entre las respuestas del modelo y del observador, quien adquiere representaciones simbólicas de la conducta modelada y no asociaciones específicas E-R. Esta mediación simbólica explica que un observador reproduzca la conducta de un modelo posteriormente a la observación y en ausencia de tal modelo.
Supuesto Premisa fundamental Mediación simbólica Procedimiento general La mayor parte de la conducta humana se aprende por observación mediante modelado Todo comportamiento que se pueda adquirir o modificar por medio de una experiencia directa es, en principio, susceptible de aprenderse o cambiar por la observación de la conducta de los demás y de las consecuencias que le siguen.
Se adquieren representaciones simbólicas de la conducta modelada y no asociaciones específicas E-R.
El sujeto observa la conducta del modelo y, como consecuencia, puede adquirir nuevos comportamientos y habilidades; desinhibir, inhibir o facilitar respuestas ya existentes en su repertorio conductual.
...

Tags:
Comprar Previsualizar