Tema 13 2/2 (2016)

Resumen Español
Universidad Universidad de Barcelona (UB)
Grado Criminología - 2º curso
Asignatura Tipologías penales
Año del apunte 2016
Páginas 5
Fecha de subida 27/04/2016
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II. ROBO CON FUERZA Arts. 237–241 CP Cuestiones generales a los robos Si en el hurto hay actuación sin la voluntad del sujeto pasivo, aquí se actúa contra su voluntad. Se configura el robo a partir de la estructura básica del hurto (objeto material, conducta típica nuclear, tipo subjetivo), empleando especiales medios comisivos para obtener el objeto material o garantizar su consumación: violencia o intimidación contra las personas, o fuerza en las cosas.
En el robo no existen delitos leves ya que, junto al patrimonio, se afecta a la libertad o integridad física (carácter pluriofensivo), y ello con independencia del valor de lo sustraído.
Se acepta apreciar la reincidencia entre el robo con fuerza en las cosas y el robo con violencia e intimidación, por considerarse ambos de la misma naturaleza delictiva, siempre que concurran los demás elementos necesarios para su apreciación. Si en un supuesto concurren circunstancias que permitirían calificar el hecho como robo con fuerza, con intimidación y con violencia, se califica como robo con violencia.
Tipo básico con fuerza Art. 237, 238, 239 CP Sólo se justifica la mayor penalidad del robo con fuerza respecto del hurto, y su carácter de delito autónomo, si el sujeto activo demuestra una “mayor energía criminal” al realizar una conducta tendente a eliminar la voluntad exteriorizada por la víctima de protección de los bienes, siempre que tenga cabida en los elementos normativos del concepto de fuerza. Ese mayor contenido de antijuridicidad es la esencia de esta figura, y lo que justifica que no exista un delito leve de robo con fuerza.
El robo con fuerza tiene la misma estructura del hurto, utilizando especiales medios comisivos “para acceder” al lugar en que se encuentra el objeto material o para acceder al objeto también “para abandonar el lugar donde estas se encuentran”. El robo con fuerza sigue viniendo definido por un concepto normativo de fuerza y dos elementos teleológicos alternativos: la fuerza tiene que ejercerse para acceder a la cosa o para abandonar el lugar en el que se encuentra la cosa, lo que implica que el legislador parte del hecho que el objeto de apoderamiento está “en lugar o espacio cerrado”. Consecuencias de esta estructura: a) sólo quedan consumidos los daños que están en relación medio-fin con el apoderamiento y ahora también con el abandono del lugar; b) típica es la fuerza para acceder a la cosa y no la “fuerza sobre las propias cosas sustraídas” son ajenos a la tipicidad del robo y deben calificarse como daños; c) los casos de fuerza subsequens (fuerza posterior al acto de apoderamiento) o de evidente desproporción (excesos) se castigarán separadamente.
El concepto “fuerza” es normativo, y se tiene que concretar en alguna de las cinco circunstancias previstas en el art. 238, pero siempre que en el caso concreto se demuestre la mayor energía criminal propia del robo. La fuerza tiene que ser anterior a la sustracción para acceder a la cosa y tiene que ser el medio para el apoderamiento. La fuerza también puede ser posterior a un apoderamiento previo (sin fuerza) para abandonar el lugar donde las cosas sustraídas se encuentran, y se aplicará a todos los supuestos de fuerza contemplados en este precepto.
El escalamiento permite diversas interpretaciones: a) entrada por cualquier vía no destinada al efecto, interpretación que requiere que la entrada exija una destreza o esfuerzo de alguna importancia; b) trepar, ascender o subir; c) acceso a cosas que se encuentran fuera del alcance de su mano empleando cualquier medio de ayuda; d) doc. may.: realiza una interpretación teleológica equiparando esta conducta con el quebrantamiento defensas que ha puesto el propietario para proteger el objeto, siempre que se exteriorice una energía criminal comparable a la que caracteriza a la fuerza en las cosas.
- Rompimiento de pared, techo o suelo, o fractura de puerta o ventana (fractura exterior).
Fractura de armarios, arcas u otra clase de muebles u objetos cerrados o sellados, o forzamiento de sus cerraduras o descubrimiento de sus claves para sustraer su contenido, sea en el lugar del robo o fuera del mismo (fractura interior).
- Uso de llaves falsas. La llave puede ser de cualquier material y cualquiera que sea el mecanismo de apertura o cierre, exigiéndose simplemente que sirva para abrir o cerrar tal mecanismo sin producir rotura. Se consideran llaves falsas: a) Ganzúa.
b) Llaves legítimas perdidas u obtenidas ilícitamente.
c) Cualquier llave no destinada por el propietario para abrir la cerradura violentada: duplicados, copias realizadas por el cerrajero de forma no autorizada… d) Se considera llave a las tarjetas magnéticas o perforadas y mandos o instrumentos de apertura a distancia (telemandos).
e) También son llaves falsas los “instrumentos tecnológicos de eficacia simi- lar” en el sentido de que también serán llaves cualquier instrumento que permita, por la vía tecnológica que sea, abrir una cerradura o acceder a un lugar.
- Inutilización de sistemas específicos de alarma o guarda.
Se consuma el robo en los mismos casos que en el hurto, pero además debe concurrir el perfeccionamiento de los elementos objetivos integrantes del concepto de fuerza. Existe tentativa cuando se inicien las conductas de “fuerza”. En casos de tentativa porque no exista disponibilidad del objeto, se castigará normalmente por el delito ya consumado: allanamiento de morada, daños… El principal problema concursal es la relación que media con el allanamiento de morada y el allanamiento de domicilio de persona jurídica. El robo, incluso en la modalidad agravada del art. 241, absorbe el allanamiento de morada para la jur. may., porque “el ánimo de lucro absorbe el dolo de allanar”, salvo que concurra el ánimo de atentar contra la intimidad puesto que si el ataque a la privacidad va más allá del necesario para cometer el robo, estamos ante concurso de delitos entre robo y allanamiento de local abierto al público.
Tipos agravados Arts. 240–241 CP Fundamento de la agravación específica del 241 es el riesgo para la vida o integridad de las personas que eventualmente puedan encontrarse en el lugar en que se efectúa el robo.
La casa habitada viene definida normativamente a partir del elemento “morada”. Si se acreditase que el sujeto activo se aseguró de que no había nadie al cometer el robo autor, no tendría justificación material su aplicación.
Las dependencias de casa habitada también vienen definidas en el propio precepto y se ha aceptado a casos de terrazas, balcones, garajes de entrada limitada y no de libre acceso, y trasteros, debiendo existir una unidad funcional entre la morada o edificio o local abierto al público y las dependencias de éstos.
Se entiende por edificio o local abierto al público aquel cuyo acceso no está limitado a determinadas personas sino que se encuentre libre para que pueda entrar quien lo desee.
El principal problema práctico que existía hasta la reforma LO 1/2015 era el de si se podía aplicar la agravación sólo en los intervalos de tiempo en que se permite el acceso libre a cualquier persona (horario de apertura), o en cualquier caso. Existían resoluciones en ambos sentidos: a favor de la aplicación sin restricción, en base a “una interpretación sistemática con la regulación del allanamiento de domicilio de personas jurídicas hace que haya que aplicar la agravante tanto en los casos en que esté abierto como cerrado”. LO 1/2015 zanja la discusión creando un tipo de gravedad intermedia para castigar los supuestos de realización de robo con fuerza en las cosas en establecimiento abierto al público, o en sus dependencias, pero fuera de la hora de apertura al público. Y ello con independencia de que existan o no existan personas de servicio en el establecimiento.
La apreciación de la agravación hace que no sea aplicable el concurso con los allanamientos de morada para evitar el bis in idem. Para jur. may. “el ánimo de lucro excluiría el allanamiento de morada”, salvo que se pruebe que la finalidad era lesionar específicamente un ámbito de privacidad más allá de la invasión inherente al robo con fuerza.
Se introducen dos agravaciones: a) Cuando el robo cometido en casa habitada, edifico o local abiertos al público, o en cualquier de sus dependencias (sea en horas de apertura o fuera de ese horario) revista especial gravedad atendiendo a la forma de comisión del robo o a los perjuicios ocasionados. b) Cuando concurra en el robo con fuerza alguna de las agravantes del art. 235.
III. ROBO CON VIOLENCIA O INTIMIDACIÓN Arts. 237–242 CP Tipo básico Arts. 237, 242.1 CP La estructura típica de la modalidad básica del robo con violencia y del robo con intimidación parte de la tipicidad objetiva y subjetiva del hurto, pero utilizándose la violencia o intimidación como medio para conseguir o garantizar el apoderamiento del objeto material o su disponibilidad. Mientras la violencia se desarrolla para lesionar la capacidad de actuación del sujeto pasivo en defensa del objeto material, la intimidación se desarrolla para lesionar la capacidad de decisión del sujeto pasivo de actuar en defensa del bien mueble que se pretende sustraer. Si concurre violencia e intimidación únicamente se aprecia un robo con violencia que consume la intimidación.
Intimidación es el anuncio de un mal inmediato, grave y posible, susceptible de inspirar miedo, que no se limita sólo al empleo de medios físicos o uso de armas, sino que bastan palabras o actitudes conminatorias o amenazantes, idóneas, según las circunstancias de la persona intimidada. La diferencia con las amenazas condicionales radica en la verificación inmediata del mal y en la exigencia de inmediatez en la entrega de la cosa.
Violencia es cualquier acto de fuerza o acometimiento físico (violencia propia): golpes, malos tratos, sujeción o inmovilización de la víctima, incluyendo la jur. may. los actos de “violencia impropia”: uso de narcóticos, sustancias químicas o medios hipnóticos como medio para conseguir la desposesión patrimonial.
Tanto la intimidación como la violencia deben tener una entidad mínima (valoración intersubjetiva ex ante) y ser suficiente, y objetivamente idónea para doblegar la voluntad del sujeto pasivo.
La violencia sobrevenida es una estructura jurisprudencial que se aplica a supuestos en los que, encontrándonos inicialmente ante una tentativa de hurto, antes de que se produzca la consumación, se efectúa por el sujeto activo un acto de violencia normalmente para garantizar su huida.
La intimidación o la violencia tienen que estar en relación de medio a fin con el acto de apoderamiento patrimonial, o con la disponibilidad del bien (en los casos de “violencia sobrevenida”), y ser anteriores a la consumación delictiva. Esa intimidación o violencia mínimas ya se subsumen en el castigo del robo en tanto que elemento típico, como todo atentado contra la libertad e integridad necesario para la consumación y que opere como medio para obtener la cosa que se sustrae. Si la violencia o intimidación son posteriores a la consumación patrimonial estaremos ante concursos reales.
La consumación se produce con el perfeccionamiento de los elementos objetivos de la violencia o de la intimidación y el ataque patrimonial. Sólo cuando se extrae la cosa del ámbito de control del propietario hay consumación: sólo cuando se rebasan los medios de control.
Las situaciones concursales más frecuentes son: a) Allanamiento de mora- da; b) Tenencia de armas, existirá concurso ideal o real, según los casos; c) Concurso real o ideal con la detención ilegal, según ésta exceda o no en duración o intensidad a la que es inherente a la dinámica comisiva del apoderamiento violento o intimidatorio.
Tipo agravado: robo en casa habitada o sus dependencias Art. 242.2 CP Sobre el contenido y la extensión de la “casa habitada” y de sus “dependencias” habrá que estar a la definición ofrecida para el robo con fuerza en las cosas.
La LO 1/2015 ha introducido la referencia al “edificio o local abiertos al público” en esta agravación, para hacerla equivalente a los supuestos agravatorios en el robo con fuerza en las cosas.
Agravaciones comunes al tipo básico y al tipo agravado: uso de armas u otros medios peligroso Art. 242.3 CP En los casos en que se hiciera uso de armas o medios peligrosos se aplicará la agravación prevista en el tercer párrafo. El fundamento se encuentra en la susceptibilidad de aumentar la capacidad agresiva del autor y crear un riesgo adicional para el asaltado. Se aplica la agravación cuando ese uso se emplee, bien para apoderarse de las cosas muebles ajenas, bien para proteger la huida.
Concepto de arma y medios peligrosos: no es preciso que se trate de “armas” a los efectos del delito de tenencia o que se trate de un “arma”, bastando con que exista potencialidad para poner en peligro la vida o la integridad física que es lo que justifica su fundamento material.
Para jur.may. lo determinante es que el arma o medio peligroso debe ser un instrumento objetivamente peligroso susceptible de producir daño a la vida, a la integridad o a la salud del sujeto que recibe la intimidación, aumentando el riesgo y la capacidad agresiva del autor al tiempo que trata de impedir las posibilidades de defensa del perjudicado. Este peligro se constata por: a) la naturaleza objetiva del arma o medio, que deben ser peligrosos en sí mismos; b) su utilización, aceptándose la mera llevanza, pues debe crear o potenciar una situación de riesgo para la vida, la integridad y la salud; y c) la existencia de una relación de medio a fin con el desapoderamiento de un bien mueble.
En los casos de agresiones con armas simuladas o inutilizadas, si se trata de armas contundentes, elaboradas con materiales compactos y duros que, utilizados a modos de maza son idóneos para producir efectivos daños a la vida o a la integridad, estamos ante los “medios peligrosos” ya que se puede golpear con ellos y lesionar.
Tipo atenuado: menor entidad de la violencia o intimidación Art. 242.4 CP El fundamento de la atenuación es permitir un margen judicial ante la desproporción de la pena en los casos de menor contenido de injusto.
Entre los criterios utilizados jurisprudencialmente para ponderar “las restantes circunstancias del hecho” se pueden destacar: a) la gravedad o importancia de los males con que se amenaza a la víctima; b) la mayor o menor intensidad de los sentimientos de temor o alarma provocados; c) el procedimiento empleado para exteriorizar el anuncio o la comunicación del mal, que puede ser puramente verbal, o gestual, o consistir en la exhibición del arma o medio peligroso; d) el lugar y hora de comisión delictiva; e) el número de agresores.
El ámbito natural de aplicación de la atenuación son tirones leves en los que prima la habilidad y el aprovechamiento de la situación sorpresiva, en que ni se ocasiona lesión ni se pone en peligro a la víctima por derribo o arrastre. Se viene aceptando la aplicación en casos de débil entidad de la acción y escaso valor de lo sustraído, de intimidación verbal leve.
IV. ROBO Y HURTO DE USO Art. 244 CP Cuestiones generales Este delito viene definido por dos elementos: a) el tipo subjetivo: la inexistencia de una finalidad de apropiación definitiva, la intención de utilización con finalidad temporal o animus utendi.
El legislador establece una presunción de iure que no admite prueba en contrario: toda utilización superior a las 48 horas excede el animus utendi. La restitución anterior a las 48 h. permite afirmar, si no hay otro elemento probatorio que acredite lo contrario, que la intención es de uso sin apropiación. Si se puede acreditar la intención de apropiación definitiva y se produce la detención previa a las 48 h. no concurriría este tipo subjetivo y sí el del hurto o robo; b) el objeto material: vehículo de motor o ciclomotor.
En el 244.1 se castiga el “hurto de uso” y en el 244.2 el “robo de uso”, entendiendo por tal el robo con fuerza en las cosas. Nunca se puede imponer una pena por estas figuras superior a la que eventualmente se podría imponer en casos de apropiación definitiva.
El objeto material, “vehículo a motor o ciclomotor”: vehículo provisto de motor para su propulsión (excepto ciclomotores y tranvías); teniendo el carácter de ciclomotor: a) los vehículos de dos y tres rue- das provistos de motor de combustión interna, cilindrada no superior a 50 cc. y velocidad máxima de 45km/h; b) vehículos de cuatro ruedas con masa en vacío inferior a 350 kg, con velocidad máxima de 45 km/h y motor de explosión de hasta 50 cc, o cuya potencia máxima neta no sea superior a 4kW para los demás tipos de motores.
Hurto de uso Art. 244.1 CP Las conductas típicas son “sustraer” y “utilizar”. Eran y siguen siendo atípicas las apropiaciones indebidas de uso y la estafa de uso. Son típicas las conductas de quienes conduzcan un vehículo que encuentren con evidentes signos de haber sido sustraído, aunque no se haya intervenido en la sustracción, como quienes se valgan del vehículo como pasajeros aunque no hayan intervenido en la sustracción.
La consumación se produce con la efectiva sustracción o utilización, lo que se concreta en que se haya podido conducir el vehículo.
En la actualidad, al no ser el valor del objeto material un elemento típico, no es precisa su tasación pericial, concurriendo el delito si se realiza la mera actividad de sustraerlo o utilizarlo sin autorización.
Uno de los supuestos más frecuentes de concurso se produce en los casos en que alguien comete un robo con violencia o intimidación y sustrae un vehículo para darse a la fuga, la utilización ilegítima del vehículo queda absorbida por el robo si el sujeto pasivo es idéntico en ambos casos y existe unidad de acción, porque se produce la sustracción del vehículo con finalidad exclusiva de asegurar la huida.
Robo de uso Art. 244.2 CP Apoderamiento de vehículo de motor o ciclomotor ajenos empleando fuerza en las cosas. El concepto normativo de “fuerza” en el robo de uso debe integrarse por remisión a los arts. 238-239, pero no hay unanimidad jurisprudencial en si debe dotarse de igual contenido al elemento “para acceder al lugar en el que se encuentre la cosa”.
Recordemos que la LO 1/2015 introduce un nuevo elemento teleológico al que se puede vincular la fuerza típica: “para abandonar el lugar donde estas se encuentran”, lo que hará que haya que reconsiderar la jurisprudencia tradicional, y aceptar que hoy son típicas esas conductas.
La consumación del robo de uso se produce con la efectiva sustracción o utilización del vehículo, cuando se haya conducido. Se aprecia la tentativa en casos de detención efectuando el puente; o cuando se está en un vehículo que ha sido forzado en posesión de destornilladores.
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