Apuntes de Didáctica de la Lengua Castellana (2015)

Apunte Español
Universidad Universidad de Málaga
Grado Educación Primaria - 2º curso
Asignatura Didáctica de la Lengua Castellana
Año del apunte 2015
Páginas 15
Fecha de subida 10/01/2015
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Apuntes proporcionados por la profesora María Isabel Plaza del Río.

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Tema 1: 1.1 El afecto y la ecolalia: El afecto es importante para el desarrollo intelectual del niño. Con el afecto se aprende a entrar en el circuito comunicativo y se aprende a interpretar el significado de las palabras, a estructurarlas en frases.
A los 3 meses el niño aprende a pronunciar los primeros sonidos vocálicos /a/ /e/ /i/ con una ligera aspiración al final como ejercicio bucal. Aprende también la ecolalia, esto es, emite sonidos vocálicos, los escucha y se asombra de lo que es capaz, dado que el niño ya escucha su eco y no sólo los sonidos producidos por terceros. A esto se le denomina ejercicios prelingüísticos (al igual que lo son los balbuceos). La ecolalia produce una sensación de placer al niño y por eso repite muchas veces el mismo sonido. De paso, aprende a controlar el flujo del aire.
Primero el bebé emite las vocales y luego las consonantes. La primera será la 'p', que irá combinando con todas las vocales, y la siguiente será la 'm'. Cuando los niños dicen 'pa pa' o 'ma ma' no es una señal de su inteligencia sino que están practicando, dado que aún no son capaces de atribuir un sentido a 'ma' ni a 'ma ma'. Las consonantes vibrantes múltiples (como la 'r') son las últimas en ser aprendidas.
1.2. El lenguaje y su importancia en el desarrollo infantil: El lenguaje es un sistema de códigos con ayuda de los cuales podemos comunicarnos. Es un elemento esencial en el desarrollo infantil y clave en el proceso de socialización, así como un instrumento fundamental en la transmisión de la historia de la humanidad y, por tanto, un medio insustituible en la evolución del pensamiento. Lo estudiaremos desde una doble dimensión: 1. Como un instrumento de representación de la realidad.
2. Como un instrumento de comunicación.
Como instrumento de representación, es un proceso individual mediante el cual el organismo humano estructura su conocimiento a partir del medio ambiente que le rodea, utilizando sustitutos o representaciones que pueden ser internas (imágenes mentales) o externas (palabras o signos lingüísticos).
La comunicación constituye un intercambio entre dos o más personas, y de ello se deriva su dimensión funcional (hablando y escuchando).
El lenguaje es ante todo comunicación de pensamiento. Es obvio que el lenguaje se desarrolla en un marco más amplio que el escolar, es más, se inicia en ámbitos no escolares, es decir, en el seno familiar. Justamente por su importancia la escuela debe abordarlo como uno de los contenidos esenciales y una de las materias básicas. En la escuela se habla la lengua castellana y se estudia el lenguaje, ambos aspectos generan el desarrollo lingüístico del hablante y ello le confiere un carácter diferente al de las demás materias.
Por otra parte, el conocimiento que tiene el niño del lenguaje es muy distinto del que tiene el adulto. Antes de los 7 años conocer la lengua equivale a adquirir los elementos básicos, esto es, asimilar el sistema fonológico, desarrollar el léxico o vocabulario y aprender las estructuras morfosintácticas fundamentales.
A partir de esta edad el sujeto ya ha adquirido los mecanismos básicos de su lengua y empieza a ser capaz de realizar una reflexión sobre esta y a enriquecer su propio uso.
Los planteamientos didácticos del lenguaje en la escuela deben tener en cuenta todas estas peculiaridades, deben tener presente el momento evolutivo del niño. Se evitarían muchos fracasos escolares, muchos esfuerzos y se ganaría mucho tiempo si se pusiera la voluntad en adaptar las programaciones didácticas a las secuencias naturales del desarrollo lingüístico infantil. El maestro debe conocer cuál es el desarrollo lingüístico de cada etapa, debe conocer también cuál es el desarrollo del ámbito sociocultural en el que se desenvuelve el niño fuera del aula. De esa forma planificar las tareas escolares correctamente, definir los objetivos y proponer las estrategias adecuadas al desarrollo del niño, teniendo siempre presentes sus circunstancias personales.
Partimos de la base de que el lenguaje es el instrumento de comunicación más importante creado por el hombre. Favorece la comunicación y participa activamente en el funcionamiento del pensamiento. Creado en el origen de los tiempos, es reconstruido de nuevo por cada niño. En efecto, cada niño tiene que aprender a reconocer los sonidos de su lengua y reproducirlos, tiene que aprender a combinarlos de forma que constituyan palabras y a organizar las palabras en frases según las reglas propias de cada lengua.
Hablar un idioma no es solamente reconocer y reproducir un cierto número de palabras (alrededor de 10.000), sino también hay que conocer las reglas de sus combinaciones. Estas reglas, además de los sonidos y las palabras, deben ser descubiertas por cada niño. Se trata de un importante descubrimiento, pensemos que estas reglas no son directamente enseñadas en ningún momento. En este sentido es en el que se habla de la construcción del lenguaje por el niño, pero el desarrollo del lenguaje está igualmente ligado al aprendizaje comunicativo. Comunicar es reconocer la existencia de otros, es poner cosas en común e intercambiar y, en una etapa más avanzada, es también tomar en consideración el punto de vista del otro.
A lo largo del primer año aparecen las primeras palabras, al principio del segundo año siguen apareciendo palabras nuevas cada día que han sido precedidas por muchos millares de episodios comunicativos a través de gestos, mímica, sonrisas, pequeños gritos, balbuceos... que se producen entre el niño y su entorno.
Las raíces del lenguaje surgen de la relación del pequeño con sus padres. Normalmente, cuando esta relación no tiene lugar los trastornos suelen aparecer. Una vez adquirido el lenguaje, este viene a enriquecer y diversificar de una manera extraordinaria la comunicación entre las personas. El lenguaje como tal aparece durante el primer año, cuando el niño emite sus primeras palabras. El periodo comprendido entre los 12 y los 18 meses es importantísimo para el desarrollo del lenguaje infantil, pero ha sido este a su vez precedido de acontecimientos prelingüísticos que constituyen la base del desarrollo lingüístico posterior.
Lo podemos resumir en cinco apartados: a) El niño aprende del adulto los mecanismos básicos de la comunicación y la conversación a un nivel no verbal.
b) El niño pasa progresivamente de una forma global a comunicarse con el entorno mediante gritos, llantos, movimientos corporales y expresiones faciales. De ahí evoluciona a una forma mucho más especializada de comunicación consistente en el empleo de palabras.
c) Concierne esta etapa a los conocimientos que el pequeño acumula acerca de su entorno. El niño deduce que las personas de su entorno y los objetos están dotados de cierta estabilidad, los encuentra semejantes de un día a otro y tiene conciencia de que el universo está hecho de entidades relativamente permanentes.
Habitualmente, entre los 7 y los 12 meses está mentalmente dispuesto a interesarse por las etiquetas verbales tales como los nombres que los adultos asignan a las personas, objetos, animales o acontecimientos.
d) Hacia el final del primer año el niño es capaz de comprender un cierto número de palabras, mucho antes de ser capaz de pronunciarlas (por ejemplo: mamá o papá), sin embargo es necesario que estas palabras se pronuncien de forma clara en el contexto apropiado y sólo así serán comprendidas por el niño.
e) El balbuceo aparece espontáneamente en los primeros meses de vida, precedido del llanto y los gritos, y se irá transformando gradualmente en una actividad articulatoria controlada que va a permitir al niño, a partir del segundo año de vida, intentar reproducir o repetir las palabras que oye a su alrededor, y especialmente aquellas de las que ya tiene un principio de comprensión.
1.3. De la comunicación total a la palabra: El bebé, desde que nace, está bien equipado para entrar en el circuito comunicativo. Escucha los sonidos y los ruidos producidos a su alrededor y, principalmente, la voz humana (que es precisamente el sonido que más le gusta). Cuando la percibe gira la cabeza hacia la fuente sonora y entonces emite sonidos en los que están implicados la lengua y los labios. Para el desarrollo del lenguaje es necesaria la estructuración del entorno y la actitud interpretativa y acogedora del adulto. El bebé establece rápidamente puntos de referencia en sus rutinas cotidianas y empieza a comunicarse con el entorno, de manera que se dirige al adulto cuando ríe o llora porque quiere comunicarse con él, pues es su objetivo. Otras veces se comunica con el adulto cuando quiere obtener algo de este.
A partir del quinto mes, cada vez que el adulto habla en su presencia el bebé asocia lo que dice el adulto con el objeto o acontecimiento al que el adulto dirige la mirada, esto es, una forma de comunicación se destaca gradualmente sobre este telón de fondo que es la comunicación por medio de palabras. A partir de aquí el modo vocal toma la iniciativa en la comunicación ayudado por el gesto.
A partir del octavo mes da un nuevo paso adelante en el análisis de los mensajes sonoros (presta atención a la melodía de la voz y a los gestos) y se hace capaz de distinguir las buenas melodías de las no tan buenas.
Las buenas melodías anuncian acontecimientos agradables y las no tan buenas lo contrario, por eso es a través de la curva de la melodía o entonación como va comprendiendo el significado del lenguaje. La melodía es muy importante para el niño y lo seguirá siendo durante mucho tiempo. Se sirve de la entonación para hacerse entender y para que comprendamos si sus palabras se deben entender como una orden, una pregunta, una petición, un ruego, etcétera. Así, una sola palabra 'papá' pronunciada como una afirmación o pregunta quiere decir que está preguntando si ha llegado su papá. He aquí la economía del lenguaje.
El niño posee un inicio de comprensión de las características melódicas del lenguaje y sus progresos siguientes van a permitirle sobrepasar esta aproximación global en beneficio de una comprensión acertada de palabras que oye con frecuencia a su alrededor y que está en disposición de repetir.
1.4. Evolución del balbuceo: Las vocalizaciones producidas por el bebé durante los primeros meses consisten principalmente en llantos, gritos y diversos sonidos realizados por casualidad mientras el bebé, succiona y deglute o traga. Estas vocalizaciones están poco diferenciadas y son en su mayor parte de naturaleza indistinta y refleja. Se dan también en el niño sordo profundo de nacimiento que, por tanto, no puede oírse.
Desde el tercer mes, el adulto que lo cuida es capaz de distinguir en los llantos y en los gritos la razón que los determina (hambre, dolor, malestar). Llorar y gritar es importante para los niños pequeños porque el llanto les permite sentir el flujo de aire a través de sus gargantas, su boca y su nariz. Además, llorar con fuerza exige una coordinación de la respiración que prepara directamente para la producción de sonidos.
Descubre el niño los efectos que el cambio de posición de los órganos bucales y de la faringe tienen sobre los sonidos, especialmente en lo que concierne a altura e intensidad del sonido. Aprende a mover la lengua hacia delante, hacia arriba y hacia abajo. Entre el tercer y cuarto mes empieza a producir sonidos que se parecen a las vocales y a las consonantes: ha alcanzado la etapa del balbuceo.
Los sonidos vocálicos más o menos prolongados son los más numerosos al principio porque son los más fáciles de pronunciar, ya que las consonantes necesitan movimientos finos de lengua y labios. Luego aparecen los primeros sonidos que se parecen a las consonantes en unas raras combinaciones. A los siete u ocho meses empieza a combinar consonantes con vocales, obteniendo sílabas pero pronunciadas de forma muy imprecisa. Aunque podemos reconocer algunos sonidos de nuestra lengua (la 'p', la 'b', la 'k', la 'g') el balbuceo del niño contiene también una serie de sonidos que no tienen nada que ver con la lengua que se habla a su alrededor. Se ha constatado también que el niño produce sonidos a la vez que inspira aire por la boca, mientras que los sonidos en todas las lenguas del mundo se producen únicamente mediante las espiraciones. Se dice también que en esta etapa el niño es un políglota en potencia en el sentido de que es posible encontrar en su balbuceo cualquier tipo de sonido. En estos momentos no se siente afectado en absoluto por la lengua que se habla a su alrededor, la ignora completamente. El balbuceo es para él una especie de gimnasia bucal que le permite explorar todas las posibilidades del aparato articulatorio. Al mismo tiempo se ejercita su oído en distinguir los distintos sonidos que produce, sin embargo el verdadero aprendizaje de los sonidos característicos de una lengua, es decir, vocales y consonantes y sus distintas combinaciones, no comienza hasta la producción de las primeras palabras. Hacia los siete u ocho meses y hasta el final del primer año el balbuceo gana en claridad y precisión y entonces son más fáciles de identificar las series de sonidos producidos. Las vocalizaciones son más cortas y más numerosas, el control de la respiración es mejor y se empiezan a escuchar las primeras repeticiones intencionadas. Esta es una nueva e importante etapa, el niño puede repetirse a sí mismo, esto quiere decir que el oído y los órganos de articulación trabajan conjuntamente. El niño produce sonidos, algunos le agradan particularmente y entonces intenta imitarlos o repetirlos, y generalmente triunfa. A este fenómeno lo llamamos ecolalia. Otra actividad observada a esta edad es la de producir o realizar una especie de escalas articulatorias tipo 'pa, pe, pi, po, pu', en la que mantiene la consonante constante y cambia las vocales, o a la inversa: cambia las consonantes y mantiene la vocal. Hay que recordar, por último, que es el momento en que empieza a reproducir las entonaciones características de las conversaciones de los adultos. A partir de este momento la aparición de la primera palabra está muy cerca.
1.5. Comprensión y producción de palabras: Cada uno de los sonidos que componen las palabras y cada una de las palabras que constituyen el vocabulario de nuestra lengua y de todas las demás lenguas, está compuesta por unas secuencias de sonidos, es decir, una serie de sonidos producidos o pronunciados en un orden determinado que permiten remitirnos a un trozo de la realidad y a la idea que nosotros tenemos de esa realidad. Por ejemplo, la palabra 'camino' está formada por los siguientes sonidos: la consonante 'c', la vocal 'a', la consonante 'm', la vocal 'i', la consonante 'n' y la vocal 'o'.
El orden el que los sonidos se suceden es muy importante. Así, si cambiamos el orden, las palabras 'minoca', 'nomica' o 'canomi' no remiten en ningún momento al concepto 'franja de terreno que sirve para ir de un lugar a otro'. Por eso para comprender el sentido de una palabra es necesario reconocer la secuencia de sonidos sin confundirla con otra y comprender el nexo que existe entre esta secuencia de sonidos y la idea o concepto.
Para producir o pronunciar la primera palabra comprendiendo su significado hay que realizar este proceso en sentido inverso, es decir, partir de la idea o concepto 'franja de terreno que sirve para ir de un lugar a otro', y luego activar la secuencia de sonido 'camino' y pronunciarla.
A partir del momento en que el niño aprecia en las personas y objetos de su entorno una cierta estabilidad el proceso está ya preparado porque puede captar el enlace que existe entre secuencias de sonido pronunciadas a menudo en su presencia como 'mamá', 'papá', 'niño' o 'mesa' y los objetos en realidad. La comprensión que el niño tiene sobre estas primeras palabras es todavía muy simple, no se puede comparar con la que tiene el adulto, pero es cierto que a finales del primer año comprende muchísimas palabras, mucho antes de decirlas.
Lo único que falta es adiestrar sus órganos de articulación: laringe, faringe, velo del paladar, lengua y labios, sin olvidar la movilización de la bomba de aire que constituyen los pulmones y los músculos de la respiración, que ya había estado ejercitando durante el balbuceo.
1.6. Capacidad de simbolización: Toda la actividad lingüística está basada en la posibilidad de sustituir fenómenos de la realidad por sus símbolos verbales adecuados. El niño tiene que comprender la correlación que se establece entre una persona, animal o cosa determinada y el nombre con que se denomina.
En el desarrollo de esta capacidad simbólica consiste la maduración lingüística del niño. Sólo entonces realizará un esfuerzo para entrar a formar parte de la comunidad ligústica a la que pertenece.
El aprendizaje ligústico se desarrolla paralelamente al de muchas otras funciones psíquicas e intelectuales, pero considerando que estas otras funciones son muy importantes, la capacidad lingüística no lo es menos.
La mente infantil se va desarrollando en todos los aspectos. La diferencia fundamental entre las otras funciones y la adaptación verbal reside precisamente en que la verbal va acompañada de la capacidad simbólica.
En sus primeras etapas del desarrollo, el lenguaje infantil se encuentra vinculado al aquí y al ahora, no existen referencias del pasado (o bien muy pocas) y no existe ninguna referencia del futuro, pues no los comprende. Sí se apoya en el contexto inmediato de lo que dice, es decir las cosas que se hayan físicamente presentes.
Poco a poco las palabras se irán desvinculando del estímulo original y el niño será capaz de solicitar objetos que estén ausentes. Así, por ejemplo, un niño que decía 'leche' sólo si veía el biberón delante, más tarde dirá 'leche' mientras señala a la nevera, y más tarde pedirá leche mientras juega en el parque.
El niño progresa extendiendo sus primeras palabras a objetos que sólo guardan una semejanza parcial con el objeto original. Por ejemplo, a la edad de 18 meses emprende la modalidad simbólica como un juego.
Mediante este juego hace que un objeto represente a otro, del mismo modo que las palabras representan objetos; por ejemplo: un niño coge un dedal y hacer como que bebe de él, como si se tratara de un vaso.
La mayoría de las primeras conversaciones entre la madre, el padre y el niño, tiene lugar dentro del contexto familiar y se refieren a objetos muy conocidos.
Por todo esto se saca como conclusión que el papel de la imitación no es tan importante como en un principio de pensaba. Es cierto que al principio imitan estructuras fonológicas y frases enteras, esto hay que considerarlo como un ejercicio de ecolalia.
Por último, la lengua adulta es el modelo al que el niño pretende llegar, pero los aspectos más importantes de la lengua son los puramente lingüísticos y estos no son fruto de una actividad imitativa, sino de un proceso más complejo, ya que el pequeño aporta su propia personalidad en el proceso de aprendizaje, resultando en la mayoría de los caso que el niño llega a superar el modelo imitado.
Tema 2: Desarrollo fonológico 2.1. Secuencia de adquisición de fonemas según Jakobson: ¿Cómo adquiere el niño el repertorio de sonidos característicos de su lengua, es decir, los fonemas? Estos sonidos guardan entre sí un cierto número de relaciones, por ejemplo, las consonantes 'p', 't' y 'k' tienen varias características articulatorias en común: las tres son oclusivas sordas, esto es, su articulación implica una oclusión o cerrazón del canal bucal (labios), mientras que su pronunciación no se acompaña de vibraciones de las cuerdas vocales (de ahí que sean sordas). En cambio, se distinguen por el punto en que tiene lugar la oclusión, los labios en el caso de la 'p', el ápice de la lengua y los incisivos superiores para la 't', y el dorso de la lengua y el paladar duro para la 'k'. El lingüista Roman Jakobson ha formulado una hipótesis según la cual los fonemas de una lengua se pronuncian siguiendo un orden que va desde los fonemas más contrastados a los menos contrastados. Así, la 'a' aparece como primera vocal, mientras que una oclusiva labial (casi siempre la 'p' y algunas veces la 'm') inicia las consonantes, lo que permite las primeras combinaciones consonante-vocal ('pa', 'ap'). Dichas series se obtienen por el fenómeno de redoblamiento en serie característico de las producciones infantiles (como vimos en el balbuceo). El contraste articulatorio y acústico es máximo entre la 'a' y la 'p'. La vocal 'a' se obtiene mediante una amplia abertura de la boca, vibración de las cuerdas vocales sin límite de (?) y bastante energía acústica concentrada. Mientras que las características articulatorias y acústicas de la 't' son totalmente inversas, por tanto, la diferenciación de fonemas procede desde los más contrastados hasta los menos contrastados.
Se suceden a continuación las otras vocales ('e' y 'o'). Acto seguido aparecen las consonantes oclusivas sonoras (son sonoras porque sí se pronuncian con vibración de las cuerdas vocales, y son la 'b', la 'd' y la 'g'). Luego las consonantes nasales ('m', 'n' y 'ñ'). A continuación las fricativas (se llaman así por el roce del aire o estrechamiento del canal bucal a la salida de ese aire sin llegar nunca a cerrar la boca, y son la 'f', 'c', 'z', 'ch', [?]). Después siguen las laterales ('l' y 'll') y en esta secuencia las últimas serán las vibrantes sencillas y múltiples ('r' y 'rr', respectivamente). Este aprendizaje o desarrollo se inicia a final del primer año y se extiende o dura hasta los cinco años en dos fases: una fase rápida que termina a los dos años y una fase lenta que continúa su desarrollo hasta los cinco años. No obstante, algunas de las últimas consonantes pueden no ser articuladas correctamente hasta los ocho años.
Esta hipótesis de Jakobson se ha aceptado internacionalmente como correcta porque la secuencia de adquisición de fonemas así descrita se corresponde al orden de dificultad relativa de los fonemas desde el punto de vista articulatorio, y ello puede considerarse una comprobación lógica de la hipótesis. Se sabe que desde los primeros meses el niño es capaz de percibir la diferencia entre ciertos sonidos, como por ejemplo entre las oclusivas sordas y las sonoras. En cuanto a la percepción de sonidos combinados, es decir, formando palabras, muchos lingüistas opinan que precede a la producción de sonidos y que es prácticamente correcta desde los pocos meses. Otros lingüistas, por contra, afirman que no es correcta antes de los tres años. Por último, decir que las relaciones entre la etapa del balbuceo y el siguiente desarrollo fonológico no están claras. Jakobson considera el balbuceo como una simple gimnasia bucal sin incidencia en el desarrollo lingüístico posterior.
Hoy en día esta posición parece demasiado radical ya que se ha observado que el balbuceo del niño tiende a reproducir ciertos contornos de entonación del lenguaje adulto, por ejemplo: elevación de la voz al final de la frase (que en el lenguaje adulto significa una pregunta). Podemos ver por tanto que el balbuceo no está desligado del lenguaje adulto y que tiene un efecto potencial sobre la continuación del desarrollo lingüístico.
2.2. Retrasos en la articulación: Hay retrasos en la articulación cuando el niño no puede dominar o pronunciar los diferentes sonidos de la lengua en el tiempo requerido o cuando se empeña en simplificar de forma acusada las palabras pronunciadas más allá del periodo habitual, es decir, de lo que es normal. Hemos visto que entre los sonidos de la lengua las vocales son más fáciles de producir y de identificar auditivamente que las consonantes.
Hemos visto que entre las consonantes las oclusivas que implican un bloqueo del paso del aire en el canal de la boca son más fáciles de articular que las fricativas. Estas últimas se producen mediante un estrechamiento del canal de la boca al paso del aire que produce un ruido de fricción. Aparentemente es más fácil bloquear el paso del aire que estrechar y que el aire salga lentamente. Hemos visto que las consonantes sonoras que hacen intervenir las cuerdas vocales son más delicadas para producirlas que las consonantes sordas, que no implican ninguna participación de las cuerdas vocales, por eso a veces las sordas tienden a sustituir a las sonoras. Finalmente, las consonantes dobles ('tr', 'br', 'cr', 'pl', 'dr' o 'fl') son más difíciles de producir que las consonantes simples.
Dejando a un lado las consonantes dobles, es entre las fricativas y las vibrantes donde se encuentran los sonidos más tardíos en aparecer y en los cuales es susceptible que existan retrasos en la articulación. Se trata sobre todo de las consonantes 'ch', 'j', 's', 'z', 'c' y, en menor medida, la 'f' y la 'v'. En algunos casos la 'l' y la 'r' pueden constituir un problema. El desarrollo normal de estos sonidos no está totalmente acabado antes de los 6 o 7 años para una gran mayoría de niños, por eso, respecto a estos sonidos complejos, no se debería de hablar de retrasos en la articulación antes de esa edad. Hay retrasos en la articulación realmente cuando un niño no puede articular correctamente los diferentes sonidos de su lengua mientras que la gran mayoría de los niños sí puede. Así, por ejemplo, un niño de 5 años que pronuncia 'méquido' por 'médico' o 'colomotora' por 'locomotora' presenta lo que los especialistas llaman un retraso en el habla. Este retraso o trastorno del habla concierne no a la pronunciación de un sonido aislado, sino a la pronunciación de palabras con sus diferentes sílabas situadas en el orden correcto.
2.3. Mecanismos de simplificación fonética - Parte I: El sistema fonológico del niño no termina de formarse, como hemos visto, hasta los 6 o 7 años aproximadamente. Mientras tanto, el pequeño utiliza una serie de mecanismos de simplificación que es necesario conocer. Estos mecanismos han sido clasificados por el lingüista Ingram, que los divide en cuatro grandes grupos: a) Mecanismos relativos a la estructura de la sílaba.
b) Procesos de asimilación.
c) Procesos de omisión.
d) Procesos de sustitución.
A estos grupos añadiríamos un quinto, a voluntad de la profesora: e) Procesos múltiples.
El interés principal de este lingüista se sitúa en estrategias individuales para el aprendizaje. La idea subyacente es que, si bien las palabras pueden dividirse en unidades menores (sonidos o fonemas) y estos, a su vez, pueden reconsiderarse en función de sus rasgos distintivos, lo que el niño aprende son los sonidos en contexto: uno junto a otro, formando palabras, y no uno tras otro, aislados. Las estrategias de simplificación fonética más utilizadas por todos los niños son: a) Procesos relativos a la estructura de la sílaba. Se trata de la reducción de la sílaba al esquema más simple (consonante + vocal) y también en la reducción del número de sílabas de una palabra. Este proceso puede manifestarse de tres formas: 1. Supresión de consonantes finales. Este fenómeno se da sobre todo en sílabas que presentan el esquema 'Consonante + Vocal + Consonante', como ocurre con 'nariz' ('narí'). Desaparece del lenguaje del niño en torno a los tres años según la lingüista Laura Bosch.
2. Simplificación de grupos consonánticos reducidos a una sola consonante, por ejemplo 'libo' por 'libro' o 'compar' por 'comprar', 'pastilina' por 'plastilina' o 'bujo' en lugar de 'brujo'.
3. Omisión de sílabas átonas, sobre todo al principio de palabra, como ocurre con 'escopeta' ('copeta') o 'bicicleta' ('cicleta').
b) Procesos de asimilación.
2.4. Mecanismos de simplificación fonética - Parte II: b) Procesos de asimilación. En estos procesos se hace referencia a la influencia que un sonido ejerce sobre otro dentro de la misma palabra, produciéndose una asimilación o semejanza de un sonido con respecto a otro. La asimilación suele ser contigua, es decir, que el elemento que la causa se halla junto al fonema afectado, por ejemplo: 'leló' (reloj) o 'bobo' (globo). También puede ser no contigua, esto es, el fonema que causa la asimilación no se halla junto al fonema afectado: 'totora' (locomotora). La asimilación puede ser también progresiva o regresiva, siendo regresiva cuando el segmento afectado es anterior al que ejerce su influencia (como ocurre con reloj y globo), y progresiva cuando el segmento afectado es posterior, como ocurre con 'papata' (patata).
c) Procesos de sustitución. Son cambios de fonemas no condicionados por proximidad que afectan a grupos de sonidos siendo normal la generalización del proceso: 1. Ensordecimiento: ha ensordecido un fonema sonoro por uno sordo. Ocurre con 'popa' (sopa) o 'teto' (dedo).
2. Rotacismo: sustitución de 'r' por 'd' o por 'g'. Ocurre con 'peddo' (perro), 'macaddones' (macarrones), 'cadamelo' (caramelo) o 'peggo' (perro). La lingüista Laura Bosch estudia este fenómeno e indica que a los tres años se observa en el 50% de los niños, y de 4 a 6 años sólo en el 10%.
3. Sigmatismo: sustitución de fricativas por oclusivas. Ocurre con 'tapo' (sapo), 'tapato' (zapato).
4. Lambacismo: sustitución de 'l' por 'd'. Ocurre con 'data' (lata).
5. Lateralización: sustitución del fonema 'r' por 'l'. Ocurre con 'lata' (rata) o 'calacol' (caracol). A los tres años el 40 ó 50% de los niños sufren este fenómeno y a los cuatro sólo el 10%.
d) Procesos de omisión. Son los más simples y, normalmente, los primeros de que disponen los niños.
Consiste en omitir la sílaba o fonema que ofrece alguna dificultad. Así, en lugar de plato se dice 'pato', en lugar de ropa se dice 'opa' y en vez de abre se dice 'abe'.
e) Procesos múltiples. En muchas ocasiones suelen darse conjuntamente varios de los procesos anteriores dentro de la misma palabra, por ejemplo: 'iblo' (libro). Aquí se da un proceso que afecta a la estructura de la sílaba y un proceso de lateralización.
Alteraciones fonológicas: Epéntesis: introducción de un fonema dentro de una palabra. Ocurre con 'toballa' (toalla), 'muncho' (mucho) o 'asquí' (aquí).
Coalescencia: consiste en añadir un fonema al principio de palabra. Ocurre con 'arradio' (radio), 'amoto' (moto) o 'estijeras' (tijeras).
Alteraciones fonéticas: Pueden aparecer errores motrices permanentes, como por ejemplo el ceceo (pronunciar 'Cevilla' en lugar de 'Sevilla', 'c' en vez de 's') o el seseo (pronunciar 'aseituna' en lugar de 'aceituna', 's' en lugar de 'c').
Influencias sociolectales características del dialecto andaluz: Monoptongación: sustitución del diptongo 'ue' por 'o' y supresión del diptongo 'ra'. Decir 'po' en vez de 'pues' o 'pa' en lugar de 'para'.
Conclusiones: 1. El niño configura su sistema fonético de una forma activa y no sólo imitativa, ya sea enriqueciéndolo con nuevas adquisiciones o bien mediante el proceso inverso de reducción, como defienden los partidarios de la fonología natural.
2. Existe un cierto orden en la adquisición de los fonemas de la lengua.
3. El sistema fonológico suele completarse en torno a los seis años. Hasta esta edad el niño es capaz de autocorregirse con notable facilidad, nos referimos a sus propios errores de pronunciación. De ahí la gran importancia que adquieren las actividades escolares encaminadas a favorecer tal autocorrección en esta etapa.
Tema 3: Desarrollo léxico, semántico, estructural y primer desarrollo sintáctico Todo signo lingüístico es arbitrario (se podría haber llamado de cualquier manera), convencional (acuerdo de una misma comunidad) y estable (se mantiene durante siglos).
Generalmente es a partir del año cuando el niño empieza a producir secuencias de sonidos suficientemente próximas a los elementos lexicales de la alengua adulta a los que denominamos primeras palabras. En la palabra o signo lingüístico debemos considerar dos aspectos, la secuencia de sonido o significante y el concepto de la cosa designada o significado.
La relación entre significado y significante es arbitraria, convencional y estable. Es arbitraria porque no hay ningún motivo especial para relacionar la secuencia de sonidos 'a', 'r', 'b', 'o', 'l' al concepto 'árbol'. En cada idioma es distinto. Es convencional en el sentido de que es un acuerdo tácito ente miembros de la misma comunidad lingüística, y es estable porque este acuerdo está dotado de gran estabilidad, una estabilidad no absoluta, puesto que sabemos que el léxico de una lengua se modifica con el tiempo a escala de siglos.
Por otra parte, hemos visto que la aparición de las primeras palabras, va precedida de forma fonéticamente estable, porque el niño tiene capacidad para utilizar un significante que comunique un significado.
La aparición de las primeras palabras, marca los principios del desarrollo lexical, no obstante, sería un error pensar que porque el niño emplea la mismas palabras que el adulto les está atribuyendo el mismo significado.
El proceso mediante el cual le va atribuyendo el mismo significado lo empezamos a comprender ahora, y lo ha estudiado la lingüista Eva Clark.
En el desarrollo lexical debemos distinguir entre el vocabulario de comprensión y el vocabulario de producción. El de comprensión implica palabras que el niño comprende y el de producción las palabras que realmente dice.
En lo que concierne al desarrollo del léxico, entre los 12 y 18 meses se produce un crecimiento lento del vocabulario seguido de un desarrollo rápido entre los 18 y 42 meses. Pasamos de 22 palabras a los 18 meses a 1.222 a los 42, lo que significa una o dos palabras nuevas cada día durante dos años. Después, el ritmo de crecimiento disminuye un poco y se estabiliza. Por otra parte tenemos que durante toda la existencia del ser humano persiste el crecimiento lento del léxico. Podríamos decir que el periodo que va desde los 18 hasta los 42 meses el más importante en el desarrollo lexical, y si tuviésemos que sobresaltar alguna etapa sería la segunda mitad del segundo año, por ser vertiginosa.
3.1. Teoría de los rasgos semánticos: El aspecto más interesante del desarrollo lexical concierne a las modificaciones que intervienen en los significados en función del tiempo y de las experiencias del niño.
El pequeño tiende a generalizar indebidamente la mayor parte de las palabras que utiliza. En una etapa precoz del desarrollo lexical el niño llama a todos los hombres papá y a todos los animales cuadrúpedos, 'guau guau'. Un signo lingüístico adquiere a nivel de significado una serie de rasgos semánticos que constituyen su degradación o sentido propio. Por ejemplo, los rasgos siguientes definen lo esencial del concepto perro: animado, automóvil, se desliza por el suelo, cuadrúpedo, ladra, pequeño tamaño, puede morder, doméstico, mamífero, carnívoro...
Parece ser que los rasgos semánticos de cada palabra son adquiridos uno a uno por el niño basándose en su experiencia del universo. El orden en que estos rasgos son adquiridos depende del nivel de madurez intelectual del niño. Supongamos que cuando el niño utiliza la palabra perro o 'guau guau' sólo ha identificado los primeros rasgos semánticos que integran este concepto (animado, automóvil, cuadrúpedo).
Así se explican las generalizaciones que hace de esta palabra a cantidad de animales (perro, vaca, caballo).
A medida que el niño va añadiendo nuevos rasgos semánticos al significado, va restringiendo gradualmente la extensión del significante hasta que se ajusta al del adulto. Así, al escuchar ladrar, el pequeño, excluye de su campo semántico a gatos, vacas o jirafas.
La teoría de Clark estipula que el desarrollo lexical se efectúa por la unión de rasgos semánticos hasta que llega el momento en que el niño y el adulto que utilizan las mismas palabras están hablando de las mismas cosas. El desarrollo lexical y semántico dura varios años. De este modo, el niño no define términos como 'hermano' o 'hermana', y otras relaciones complejas de parentesco, antes de los 10 años. Un ejemplo: el significante 'hermano', adopta un significado que contiene los siguientes rasgos semánticos: masculino, hijo de un mismo padre, de una misma madre, y reciprocidad. La reciprocidad es un elemento que aparece en términos como hermano o hermana y escapa a la inteligencia y a la madurez del niño.
3.2. Enunciados de una, dos y tres palabras: Todas las producciones lingüísticas estudiadas hasta este momento sólo comprenden una palabra. La etapa que va desde los 12 a los 18 meses, al constar como consta de una sola palabra, no podemos hablar de orden y de sintaxis ya que en la sintaxis existen al menos dos palabras en el enunciado.
La producción del enunciado de dos palabras va precedida de un periodo transitorio que dura algunas semanas durante el cual el niño pronuncia indistintamente una serie de palabras aisladas sucesivas, cuyas relaciones resultan evidentes al observador. Por ejemplo: en 'papá pera' se verá al padre comiéndose una pera y todo el mundo sabrá lo que significa.
En cuanto a la forma, son palabras aisladas sucesivas emitidas con la curva entonatoria propia de un enunciado, es decir, descenso de la voz al final del enunciado y con el mismo acento de intensidad, mientras que una pausa variable interviene entre las dos palabras. La supresión de esta pausa intermedia y la pronunciación de las dos palabras envueltas en el mismo contorno entonatorio asegura el paso a la etapa de pronunciación de dos palabras.
El primer elemento de sintaxis que va a ser utilizado por el niño va a ser el orden de las palabras. El pequeño aprende, a partir del lenguaje adulto que le es dirigido, el orden correcto de las palabras sin un repertorio limitado de enunciado. Se distinguen tres fases: a) Una primera fase en el curso de la cual el niño produce indistintamente cada uno de los dos ordenes posibles. P. ej.: 'coche papá' o 'papá coche'.
b) Una segunda fase en la que se impone el orden adulto. P. ej.: 'coche papá'.
c) Una tercera y última fase, en la que la estructura de orden así aprendida es generalizada a enunciados similares. P. ej.: de 'coche aquí' se obtiene 'papá aquí' y 'mamá aquí. Esta etapa es la más importante, puesto que fundamenta la utilización productiva recursiva y creadora del lenguaje, en el que la lingüista contemporánea [?] ve una de las características esenciales de las lenguas humanas.
En este desarrollo el niño procede gradualmente, no aprende el orden correcto de una manera general y absoluta sino más bien el orden de las palabras en una serie de enunciados de uno en uno, y una vez que los ha aprendido correctamente generaliza la regla abstracta a nuevos enunciados.
A continuación aparecen los enunciados de tres palabras, que en la mayoría de los casos son expansiones de enunciados de dos palabras. La palabra nueva, la tercera palabra, es añadida al núcleo constituido por el enunciado de dos palabras (por ejemplo: 'coche papá aquí', cuyo significado sería 'El coche de papá está aquí').
3.3. El lenguaje adulto dirigido al niño: El lingüista Noan Shonky afirma que muchos niños adquieren un primer y un segundo lenguaje sin dificultad, aunque no se haya hecho ningún esfuerzo por enseñarle y no se haya prestado ninguna atención a sus progresos. Deducimos de estas palabras que los niños pequeños, cuando aprenden su lengua, participan activamente de manera innata e imperiosa en el proceso de desarrollo lingüístico, pero este aprendizaje se vería enormemente dificultados sin la colaboración o ayuda que le presta el adulto.
Efectivamente el lenguaje adulto dirigido al niño entre los 6 meses y los 10 años difiere sensiblemente del lenguaje adulto entre adultos. Las diferencias apuntan a una simplificación del primer tipo del lenguaje respecto del segundo. El lenguaje que dirige el adulto al niño contiene pocas frases ininterrumpidas, es pronunciado con mayor lentitud y comporta pausas regulares entre las frases. Se trata de un lenguaje simplificado en todos los aspectos: fonológico, lexical y semántico y estructural y sintáctico: En el sentido fonológico, las madres se expresan con una articulación o pronunciación muy cuidada, el registro tonal esta forzado a propósito hacia lo alto, para captar y mantener la atención del pequeño.
Lexicalmente, el lenguaje utilizado por el adulto es de menor complejidad, menos diverso y con un grado de abstracción menos elevado que el dirigido a otro adulto. De entre todas las alternativas lexicales disponibles escogen la más funcional y fácil.
En lo que al aspecto semántico se refiere, la mayor o menor dificultad de las relaciones semánticas varían adaptándose al nivel del niño Sintácticamente, el lenguaje materno representa una serie de características que reducen la dificultad del material lingüístico dirigido al niño. Se trata de un lenguaje muy bien construido, en la mayoría de los casos mejor construido que los intercambios verbales entre adulto, en los que abundan las interrupciones de conversación, que contribuyen a hacer menos evidente la estructura sintáctica del discurso y a complicar la tarea del interlocutor. El lenguaje materno es más corto, tiene una menor elaboración de los sintagmas, y es menos complejo (hace uso de menos proposiciones subordinadas, entre otros aspectos).
El tipo de oración más utilizada es la activa enunciativa afirmativa. Luego, poco a poco, se irán introduciendo las oraciones interrogativas directa y, finalmente, las pasivas. Los adultos no somos conscientes de estas modificaciones. La utilización de enunciados interrogativos sirve para mantener la interacción con el niño, ya que por la inmadurez intelectual y lingüística infantil resulta difícil mantener con él una conversación que no sea mediante un gran número de preguntas.
Otra característica del lenguaje adulto referido al niño es su redundancia y reiteración, pues se repiten las palabras entre un 10 y un 30%, ya sea inmediatamente o por un margen de dos o tres enunciados. Por último, cabe resaltar que la complejidad semántica y sintáctica aumenta progresiva y proporcionalmente a la capacidad lingüística del niño. Estas modificaciones que intervienen en el lenguaje materno tienen carácter de generalidad: no varían con el sexo del niño, no están restringidas a la clase sociocultural burguesa, no son específicas de la cultura occidental y no dependen de la normalidad del niño. Se ha demostrado que el lenguaje materno dirigido a niños con Síndrome de Dawn o a niños retrasados mentales medios o profundos de edades comprendidas entre los 3 y los 12 años comporta las mismas características adaptativas y dinámicas que el lenguaje materno dirigidos a niños de los niveles lingüísticos correspondientes.
3.4. Desarrollo morfosintáctico: Entendemos por sintaxis el estudio de la jerarquía de conexión entre las piezas léxicas, es decir, entre las palabras que constituyen las frases.
La morfología se ocupa de las relaciones que se dan dentro de la palabra, entre las unidades menores que ella. Podemos decir que la morfología describe la estructura de la palabra.
La morfosintaxis es el conjunto de procedimientos que facilitan la comunicación disminuyendo la posibilidad de errores. Por tanto, es un sistema de precorrección de errores. En el transcurso del cuarto año de vida estos desarrollos, el morfológico y el sintáctico, concurren en lo que llamamos sintaxis de base, y entramos en la etapa de la oración simple. En esta podemos distinguir el grupo del nombre, o sintagma nominal, y el grupo del verbo, o sintagma verbal. Así que podemos decir que la oración está compuesta por un sintagma nominal más un sintagma verbal o predicado.
El sintagma nominal está constituido por un núcleo sustantivo, aunque a veces puede ser sustituido por un pronombre. A este sustantivo lo pueden acompañar artículos y adjetivos. En su forma más simple el sintagma nominal contendrá sólo un nombre, un nombre acompañado de un artículo o un nombre acompañado de un artículo y de un adjetivo. Con el desarrollo lingüístico del niño son posibles formas más elaboradas de sintagma nominal que comportan dos o más nombres (por ejemplo: 'Juan come', 'Juan y Pedro juegan a la pelota' o 'La casa de pedro está hecha de ladrillos'). A su vez, pueden ir acompañados de artículos y adjetivos (por ejemplo: 'Todos los chicos mayores y todas las chicas mayores juegan a la pelota').
El sustantivo es el núcleo primario de toda la construcción sintagmática, esto es, tiene categoría de rango primario nuclear. Desde el punto de vista semántico también el sustantivo tiene categoría de rango primario porque la base semántica del sustantivo es una base denominadora, contiene teóricamente un juicio apodístico 'X es X' o 'X se llama X'. En cambio, el resto de las palabras de la oración, además de tener en su base semántica un juicio apodístico, tienen un segundo valor relacionante ('y en relación con X'), por esto deben estar en relación sintáctico-semántica con una palabra que tenga la primera cualidad (por ejemplo: 'Árbol alto', 'Guillermo soñaba' o 'Lisboa antigua'). Los sustantivos no predican las palabras que predican de otras, son palabras de rango secundario como verbos y adjetivos, y estos a su vez pueden ir modificados por los adverbios (que son de rango terciario) y hacen una segunda predicación (por ejemplo: en 'Periódicos vendidos', la palabra 'periódicos' tendría rango primario y 'vendidos' rango secundario; en 'Periódicos muy vendidos', las palabras tendrían rango primario, secundario y terciario respectivamente).
La aplicación didáctica de esta enseñanza es importantísima en los primeros cursos de la enseñanza primaria. Los primeros ejemplos de sustantivos los tendremos que hacer con referentes del mundo exterior al niño y nunca con sustantivos abstractos o culturales.
Los rasgos semánticos de los sustantivos son un pequeño programa escolar de los primeros cursos (primero, segundo o tercero de Primaria) para trabajar con su clasificación (por ejemplo: comunes/propios, masculinos/femeninos, concretos/abstractos, animados/inanimados, contables/continuos, individuales/colectivos o humanos/no humanos). Es fácil trabajar con los sustantivos las relaciones semánticas fundamentales que se centran en las relaciones de tiponimia, hiponimia e inclusión (por ejemplo: 'gato' está incluido en el hiperónimo 'animal doméstico', 'plancha' está incluido en el hiperónimo 'electrodoméstico', 'azafata' en el hiperónimo 'viaje en avión'). Relación de presuposición: ante la palabra 'hijo', presuponemos 'padre' o 'madre'. Ante la palabra puerta presuponemos 'pared' o 'muro', ante la palabra 'río' presuponemos 'agua'.
Trabajar con los niños estas relaciones nos llevará a evitar contradicciones, incoherencias, hipersuposiciones inseguras o falsas. Por último, dentro de la morfología flexional el orden del tratamiento didáctico del sustantivo está claro: el primer puesto será para el sustantivo (este puesto está avalado por todo lo que se ha dicho hasta ahora) y además por el índice de frecuencia. En el diccionario de la Real Academia de la Lengua, si escogemos 5.000 palabras al azar encontraremos que 2.500 serán sustantivos, 953 serán verbos y 1.199 serán adjetivos. Las partes de la oración que quedan (pronombres, preposiciones, conjunciones, interjecciones, adverbios...) formarán el porcentaje restante.
Estas cantidades dan a los maestros una idea de cómo introducir el estudio gramatical en la escuela.
El sustantivo aparece claramente desmarcado del resto de las partes de la oración, ya que el vocabulario compuesto por múltiples partes de la oración consta de muchos más sustantivos que verbos, adjetivos y adverbios juntos. Por otra parte, es una tentación continua para el maestro centrarse mucho en los sustantivos y descuidar un poco las demás partes de la oración, hecho que hay que combatir.
Tema 4: Desarrollo lingüístico tardío Entendemos por desarrollo lingüístico tardío las adquisiciones lingüísticas que acaecen después de los 4 ó 5 años, aunque los acontecimientos lingüísticos y sus distintos desarrollos pueden variar sensiblemente de un niño a otro. Sabemos que el desarrollo lingüístico dista mucho de terminar a los 5 años. Sabemos que sigue su evolución en sus tres sectores: a) Fonológico, en la producción de ciertos sonidos o fonemas de difícil pronunciación (tales como la 'r' múltiple), b) Semántico, desde el punto de vista cuantitativo o de producción de palabras, y desde el punto de vista cualitativo o de la comprensión.
c) Sintáctico.
El niño pequeño es capaz de pronunciar o expresar conjuntos semánticos de cierta complejidad mediante la simple yuxtaposición de elementos lexicales. Una niña de 2 años dijo la siguiente frase: 'Coche, amiga, Elena, sombrero, llover, paraguas', aunque lo que quería decir era: 'Vamos a ir en coche a ver a nuestra amiga Elena, me pondré el sombrero, llueve, por eso cogeré el paraguas'. El desarrollo de este campo consistirá en traducir en proposiciones lo que está expresado mediante muy pocas palabras yuxtapuestas y a expresar sintácticamente las relaciones de coordinación y subordinación entre las diferentes proposiciones que constituyen el enunciado. A la simple yuxtaposición utilizada hasta este momento sigue, hacia los 3 años, la coordinación mediante conjunciones 'y', 'mi', 'que', y 'o'. La parataxia o prevalencia de la coordinación en el discurso complejo prevalece hasta los 4 años, edad a partir de la cual aparece la hipotaxia o subordinación. Las subordinadas, desde el principio del cuarto año, van precedidas de lo que llamamos falsas relativas, por ejemplo: 'Niño que llora'. A veces precedidas por 'es': 'Es el teléfono que suena'. En ellas no hay subordinación. Siguen unas construcciones en las que se omite el pronombre relativo o la conjunción de su coordinación, por ejemplo: 'Mira el coche, me lo ha regalado mi tío', en vez de decir 'Mira el coche que me ha regalado mi tío'. Finalmente aparecen las oraciones de relativo y las sustantivas correctamente formuladas. Las oraciones de relativo que forman parte del sintagma verbal de la oración principal sustituyen de forma natural a las estructuras de yuxtaposición y coordinación, por ejemplo: 'Oigo una música', 'La música me gusta', 'Oigo una música y la música me gusta' (coordinación), 'Oigo una música que me gusta' (subordinación).
El niño no produce hasta mucho más adelante proposiciones en las que la oración de relativo forma parte del sintagma nominal sujeto, por ejemplo: 'La música que oigo me gusta'. Estas frases son complejas porque requieren muchas transformaciones a partir de enunciados elementales. Por otra parte el sintagma nominal sujeto es menos complejo que el sintagma verbal predicado. Hay por tanto una disimetría lineal en el lenguaje. Las subordinadas causales y las consecutivas aparecen aproximadamente a los 5 años, por ejemplo: 'Yo espero a papá porque va a venir', 'Juan me ha quitado mis lápices, entonces yo le pego'. Ese nexo, 'entonces', se ha utilizado en sentido consecutivo como sinónimo de 'por lo tanto'. La utilización de la estructura de subordinación implica que hay siempre dos acontecimientos descritos: uno de ellos está considerado como punto de referencia en la oración principal y el otro acontecimiento está sometido a la oración principal. La proposición que describe a este último acontecimiento funciona siempre gramaticalmente como subordinada, y la primera, el punto de referencia, siempre como principal. Según la lingüística actual, el retraso de las circunstanciales temporales respecto a las circunstanciales causales debe ser atribuido al hecho de que, para estas últimas, la elección del punto de referencia está hecho por adelantado en la medida en que la proposición subordinada introducida por 'porque' debe referirse necesariamente al acontecimiento causal. Pero en el caso de las temporales hay dos acontecimientos implicados, y el niño no sabe cuál es el principal y cuál el subordinado, por ejemplo: 'Antes de comer, me lavo las manos', 'Me lavo las manos antes de comer', 'Puesto que me he lavado las manos, [...]', 'Como me he lavado las manos [...]'.
La relativa independencia del orden formal respecto al orden real de los acontecimientos descritos, resulta muy problemático para el niño porque él difícilmente puede comprender que en el enunciado aparezca en primer lugar el acontecimiento ocurrido después en la realidad, y viceversa, como ocurre con 'Como me he lavado las manos [...]'.
Las frases en voz pasiva son poco frecuentes en el lenguaje adulto familiar, por tanto son tardías en su aparición en el lenguaje del niño. No ocurre antes de los 8 ó 9 años porque las frases pasivas responden a varias particularidades tanto desde el punto de vista sintáctico como desde el punto de vista cognitivo.
Sintácticamente las frases pasivas adoptan por sujeto gramatical al receptor de la acción expresada por el verbo y no al agente de la misma, como ocurre en la mayoría de las frases activas. El agente de la acción o sujeto lógico es introducido por una preposición y, en algunas ocasiones, debe sobreentenderse. La transformación pasiva implica la intervención de un verbo auxiliar 'ser' y el participio pasivo del verbo que se conjuga, por ejemplo: 'Los niños son amados por sus padres', 'El doctor ha sido llamado (se sobreentiende que por alguien)'. Desde el punto de vista cognitivo, la coexistencia en el lenguaje de frases activas y pasivas es complicado, por ejemplo: 'El niño empuja a la niña (activa)', 'La niña es empujada por el niño (pasiva)'.
Ello implica la capacidad de considerar un mismo acontecimiento desde dos puntos de vista: el del agente y el del paciente, y esto el niño no lo puede comprender.
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