lenguaje y ontología (2017)

Apunte Español
Universidad Universidad de Granada
Grado Filosofía - 4º curso
Asignatura Lenguaje y ontología
Año del apunte 2017
Páginas 14
Fecha de subida 18/07/2017
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Olga Morilla Iáñez Lenguaje y Ontología LA ONTOLOGÍA EN LA HISTORIA El propósito de este trabajo consistirá en realizar una revisión histórica de las principales concepciones de la noción de «metafísica» y «ontología» y su objeto de estudio, dentro de una lectura «apegada» al acontecer histórico de estas nociones, para conseguir una primera aproximación a ésta cuestión, una idea general de lo que puede significar tanto la noción como el término de «metafísica» y «ontología», y ver como ver como sus significados o nociones influyeron sobre todo a la «ontología».
El origen de la ontología En cuanto área, la ontología, nos permite indagar sobre su naturaleza, y en cuanto término sus orígenes y relaciones contextuales con otras disciplinas. Parece ser que podemos datar de sus orígenes en la filosofía griega en donde su principal representante es Aristóteles; ya que en su Metafísica, en la que establece una relación directa, coherente y «precisa» entre la ciencia, el nombre de la ciencia y el objeto de estudio, pero además dispondrá una indagación que intenta plantear una ciencia materialmente adecuada y formalmente correcta. Para ello realiza una estrategia de focalización, que consiste en la disposición de sus categorías, lo cual le permitirá la posibilidad de formular una ciencia, la episteme, que ha de estudiar τὸ ὂν ᾗ ὂν al tiempo que soporte la difusión de τὸ ὄν en las «diferentes categorías o géneros supremos» de τὸ ὄν .
Con esto el estagirita distinguirá el conocimiento de la episteme de cualquier otro tipo de conocimiento, aquel fundamentalmente es una investigación «sobre las primeras causas y sobre los principios».
Caracteriza entonces varias formas relacionables entre sí de la ἐπιστήµη: (a) — Ciencia buscada/ que se busca, (b) — Filosofía primera, (c) — Ciencia divina (d) — Ciencia primera. Entendida como ciencia suprema (pilares de la arquitectura de la sabiduría) Las interpretaciones sobre este punto, permiten diferenciar una postura de carácter ontológico y otra de carácter teológico. Si bien estas primeras observaciones, nos indican ya un camino, la indagación debe extenderse al surgimiento histórico de la noción de metaphysica en el siglo XII y al de ontología en el siglo XVII, es decir al probable comienzo histórico de estas nociones, al momento en el cual tenemos una confianza razonable sobre la «constelación de acontecimientos datados» para la constitución del «conocimiento histórico» de la historia de nuestra ciencia [ἐπιστήµη] (cf.
Ricoeur 2004 181). Así, tenemos que, historiadores y comentaristas como Pérez Fernández, Vegas, Flashar, Lafrance, o Moraux, manifiestan que es un hecho que «a lo largo de toda la tradición griega antigua y medieval, hasta el siglo XIII al menos, no aparece nunca usado el término latino-griego µεταφυσικη», y de que «tampoco se empleó a lo largo de toda la tradición latina antigua ni medieval, hasta el siglo XII lo más temprano, el término greco-latino "Metaphysyca"», es decir, «la forma latina Metaphysica (en singular femenino) nace, […], antes que la forma griega µεταφυσικη» 5 , que fue construido a base de las locuciones griegas relativas.
Al respecto, cabe decir que, «la forma latina (singular femenina y declinable) enlaza con el elemento griego a través de la trascripción del mismo elemento griego Metaphysica (plural neutro, indeclinable)». En lo que se refiere a su noción, ciertamente la versión árabe tiene su parte en la gestación del mismo, empero, al igual que la contribución hispano-cristiana, aquella depende de un contexto socio-cultural que proporciona los elementos para la configuración y estructuración de la noción de «metaphysica».
(a) — El ambiente socio-cultural ibérico medieval (siglos XII y XIII), el cual, era propicio para la tolerancia, diálogo y curiosidad intelectual e intercambio científico activo y vigoroso, que estaba asentado en una genuina búsqueda/apertura intelectual tanto de árabes, como de judíos y cristianos ibéricos. Es en este ambiente, donde, la Escuela de Toledo6 , se erige como centro de recuperacion y transmisión del «saber científico y filosófico» griego y árabe. Aquí, en Toledo, se configura una producción científica y filosófica original de notable influencia7 en el mapa académico e intelectual de Europa8 , que siglos después, de manera directa o indirecta, aún se dejaría y deja sentir en la ciencia y filosofía europea9 .
(b) — Las políticas reales en torno al idioma o idiomas en que se divulgaba el conocimiento, así como las referidas a la proyección de la Corona respecto de su entorno y del mundo, que no sólo condicionaron qué se traducía sino tambien cómo, cuando [era pertinente y relevante], por qué y para qué se traducía. Así, por ejemplo, tenemos que si bien el intercambio científico era genuino entre filósofos y científicos de la época, éste tambien estaba marcado por la estrategia política entre emíres, califas y reyes para mantener el equilibrio de poder [entre Castilla (Hispania) y el AlÁndalus]; lo cual influyó no sólo en las técnicas de tráducción sino tambien en la política idiomática10. Ahora bien, ha de notarse que Castilla [Hispania], en este momento (s.XII y s.XIII), se encuentra apuntalando, expandiendo y consolidando la Corona, para ello recurre a varias estratégias —que se remontan a la Reina T—, como por ejemplo, impulsar el castellano en la propia Castilla [Hispania] y a su vez entre los demas reinos [hispanias]11, lo que trae consigo que las traducciones empleen una técnica novedosa para difundir el conocimiento —tanto en lengua vulgar como culta—, la cual consistía dependiendo de los casos, en verter el árabe al castellano12 y si se requería, inmediatamente, al latín; cuando era este último caso, el castellano sólo era lengua vehicular13, es decir un traductor leía en voz alta el texto árabe en castellano y otro traductor lo escribía en latín, lo cual dio lugar a dos hechos: 1ro. — Qué las obras eran conocidas primero en castellano antes que en latín, y 2do. — Qué varios términos latinos no sólo que estaban pasados por el castellano sino que están traducidos [o creados, a partir] del castellano, lo que implica, que la ciencia y la filosofía latina de la época está mediada no sólo por el árabe sino tambien por el castellano, —hecho poco reconocido y valorado adecuadamente—.
(c) — El legado árabe en la géstación de la noción de «Metaphysica», que en modo alguno ha de entenderse como una transmisión pásiva del conocimiento hacia Hispania, sino dinámica, esto es, es cierto que el islam conservo —gracías a los cristianos siríacos, árabes o arabizados—, una gran parte del saber griego, esto es indicutible, pero éste no fue el único canal por el que Occidente (re)descubrió dicho saber, ya que como sostiene Gouguenheim (2009 165) «la helenización de la Europa medieval fue obra de los europeos14…(quienes) de manera creciente (se vieron impregnados) por el saber griego y (…) una dinámica voluntaria de progreso intelectual».
Para el siglo XIII, la ciencia y filosofía producida en Toledo se habia difundido ya para los círculos universitarios más destacados, e.g., Oxford, Paris, entre otros, en los cuales se «compartía la opinión de que sí se estaba a favor o en contra de Aristóteles, se estaba entonces a favor o en contra de Avicena, considerado como su discipulo más fiel» (Vegas González 2000 125), lo que en el fondo no era otra cosa que dialogar y argüir con o en contra de las enseñanzas transmitidas en y por la Escuela de Toledo, la cual, a traves de sus miembros más destacados, como se verá más adelante determinará el vocabulario, terminología e inclusive ciertas nociones filosóficas y científicas, usadas en la época y que, en algunos casos, perviven hasta hoy. Evidentemente, sin todas las características asentadas, y otras de índole histórico-filológico, es imposible entender adecuada y correctamente, el nacimiento, significado y naturaleza de la metafísica —como es notorio en los muchos análisis y comentarios contemporáneos acríticos, ahistóricos y carentes de sentido hacia ella—.
Gundisalvo y el nacimiento de la metafísica Como apuntamos más arriba, todo parece indicar que la forma latina Metaphysica (en singular femenino) nace antes que la forma griega µεταφυσικη, en Hispania [léase Castilla], con el arcediano de Segovia, Domingo Gundisalvo15, quien, en su tratado De divisione philosophiae (c.1150) utiliza la palabra «metafísica» por primera vez como denominación de una ciencia bien definida, ya que antes de Gundisalvo no existía este término en forma de singular, sino tan sólo en forma de plural como nombre para un conjunto de libros aristotélicos, lo cual no quiere decir que su problemas específicos no se hayan tratado antes, lo eran, pero «bajo el título de ciencia divina» (Fidora 2009 27) o «filosofía natural» (Soto-Bruna 2009 17; 1999 19-95). Gundisalvo, en su De divisione philosophiae (38), dice: «Por qué [esta ciencia] tiene este nombre. Esta ciencia es llamada de muchos modos. Así, es llamada «ciencia divina (scientia divina)» debido a su parte más noble (a digniori parte), puesto que concierne a Dios, en tanto Él existe, y demuestra que Él existe. Es llamada «filosofía primera (philosophia prima)», pues es la ciencia de la causa primera del ser. Es también llamada «la causa de las causas, (causa causarum)», puesto que concierne a Dios, que es la causa de todo. Es también llamada «metafísica (metaphysica)», es decir, "después de la física", puesto que concierne a aquello que está después de la naturaleza. Se entiende, sin embargo, en este caso, la naturaleza de la virtud, que es el principio del movimiento y de reposo: de hecho, es el origen de la virtud y de todos los accidentes que provienen de la materia corporal. Por tanto, para estas, la ciencia que se dice que es «después de la naturaleza (post naturam)», es posterior no (sólo) en cuanto de las cosas en sí mismas, sino en cuanto a nosotros, que percibimos primero lo que es, y sabemos de sus disposiciones, su naturaleza; es por esto que merece ser llamada ciencia en sí misma, es decir, se puede decir que es la ciencia de lo que es antes de la naturaleza, y por ende, de aquello que se pregunta por la esencia de ello y por medio de la ciencia, que es antes que la naturaleza».
Para Gundisalvo «la metafísica trata de Dios», inclusive prueba o demuestra «su existencia, Dios es, justamente por este motivo, no el objeto propio de la metafísica». Puesto que el objeto u objetos de una «ciencia no pueden ser demostrado por esa misma ciencia»; de este modo, para Gundisalvo, la metafísica trata de Dios, pero no del Dios de Abram o de la palabra revelada ─en tanto objeto de la teología─ sino del Dios de los filósofos como causa de lo que es; des-teologiza la metafísica, es decir en el comienzo mismo de la metafísica, la teología no juega un papel fundacional aunque esté presente en ésta, se encuentra, por decirlo de alguna forma, desagregada de la metafísica, fundamentalmente porque, en criterio de Honnefelder (1996 185): «el desarrollo de la recepción del programa aristotélico conduce de una interpretación teológica a una interpretación ontológica, de la filosofía primera como sabiduría a la filosofía primera como ciencia». Es en este contexto, que Gundisalvo, a lo largo de De divisione philosophiae «relaciona los diferentes aspectos de la “ciencia buscada” por el estagirita, a saber, la ontología y la teología filosófica» (cf. Fidora & Werner 2007 40), en un sistema que se resumirá más tarde, de manera sistemática por el teólogo franciscano Francis de Marchia (1290-1344), bajo los términos metaphysica generalis y specialis16 Roberto Kilwardby será quien difunda la obra de Gundisalvo, la influencia de su pensamiento será tal que, tanto la filosofía de los siglos XII y XIII, así como la tradición posterior, serán deudoras no sólo de su vocabulario y terminología, de su teoría y división de las ciencias, sino fundamentalmente de ésta noción de metafísica —que en algunos casos hasta hoy determina los debates y polémicas sobre su significado y naturaleza—, y no de una presunta «genuina» y «autentica» aristotélica17. Es innegable que la obra de Aristóteles influyó en Gundisalvo, pero también lo hicieron otras teorías de la época, tales como sus fuentes arábigo-judías y neoplatónicas, que eran las propias de su era, que él conocía y manejaba, y nos ha sido transmitido de diversas formas hasta el presente. Precisamente por este conocimiento y uso de la fuentes medioevales, especialmente árabes, Gundisalvo, la Escuela de Toledo y demás de los siglos XII y XII, se convierten genuina y legítimamente en la «vía que lleva de regreso a Aristóteles y a su teoría del conocimiento y de las ciencias», la cual, con razonable certeza18, se puede decir, «provee el fundamento epistemológico para la revolución intelectual del siglo XII, y no sólo para ella» (Fidora 2009 243). Como hemos señalado, el ambiente del siglo XII, ciertamente, era propicio para «el paso de una concepción platónica de la ciencia a otra de orientación aristotélica», pero es indudable, que es Gundisalvo, quien da forma a todos estos elementos y propone una concepción nueva, que permite «el surgimiento de la metafísica como ciencia», lo cual por una parte significa «un quiebre con la propia tradición», constituyéndose esto ya en «un elemento esencial del siglo XII», que madurará «allende los pirineos» en el siglo XIII y tendrá un desarrollo continuo (Fidora 2009 240); y por otra parte, ya en términos contemporáneos, determinar nuestra visión sobre lo que consideramos metafísica Consideraciones historiográficas sobre el nacimiento de la ontología En esta vía de indagación, en un segundo momento, en nuestro trabajo nos hemos referimos al momento del nacimiento del término que refiere a una disciplina denominada ontología. No está totalmente claro, todavía, el surgimiento del término «ontología», pero se puede afirmar con bastante seguridad que Jacob Lorhard, en su texto, dividido en un volumen de ocho libros, Ogdoas Scholastica, continens Diagraphen Typicam atrium: Grammatices (Latinae, Graeca), Logices, Rhetorices, Astronomices, Ethices, Physices, Metaphysices, seu Ontologia19, de 1606; es quien lo utiliza por primera vez, certificando así formalmente su bautismo. Lorhard identifica la metafísica como ontología, al tiempo que realiza una exposición escolar y sistemática acerca del tratamiento de las cuestiones principales de la ontología y su terminología, que en gran medida es deudora de la «ontología aristotélica», aunque mediada por la influencia de la tradición proveniente de Petrus Ramus (1515-72), y sobre todo, de la Metaphysicae systema methodium (1604) de Clemens Timpler, quien a su vez intenta polemizar con Fonseca, Pereira y Suárez, que eran los indiscutibles referentes académicos en las recién fundadas universidades protestantes. Las Disputationes metaphysicae (1597) de Suárez, quien se inscribe en el contexto de la Escuela de Salamanca, era el texto que fijaba el método de instrucción de la metafísica, no sólo en los estudios, escuelas y universidades católicas sino también en las protestantes.
Lorhard, siguiendo a Timpler, intenta desprenderse de Suárez —que sitúa el objeto de la metafísica en el «el ente, en cuanto ente real» (DM 1.1.26)—, e intenta poner el foco en lo inteligible, παν νοητον; así, en los «Diagramas de Metafísica u Ontología», que es el libro octavo de su Ogdoas Scholastica, dice que «la metafísica es un arte contemplativo que trata de todo lo inteligible (ἐπιστήµη), en la medida en que es inteligible por el hombre a través de la luz natural de la razón sin ningún concepto de la materia» (cp.1, diagrama 1). Es así, que divide la metafísica en «Universal» y «Particular». A la metafísica universal la identifica con la ontología, y la define como: «El conocimiento de lo inteligible por el cual eso es inteligible». La ontología de Lorhard es, por tanto, una descripción del mundo de los inteligibles, es decir, los elementos, conceptos u objetos que sean comprensibles o concebibles desde una perspectiva humana. El énfasis en la inteligibilidad del mundo es esencial en la ontología de Lorhard. Este énfasis es el que determina el objeto de su metafísica, u ontología, que se corresponde con la idea de que nosotros en la formulación de la ontología estamos concentrando el conocimiento por medio del cual podemos concebir o entender el mundo (cp.1, diagrama 1). De este modo, la ontología es vista como una descripción de los fundamentos mismos de la actividad científica como tal. En 1613, Rudolf Göekel, vuelve a utilizar el término ontología, en su texto Lexicum philosophicum quo tanquam clave philosophiae frentes aperiuntur, informatum ópera et estudio Rodolphi Goclenii, en el cual hay un tratamiento leve del problema mismo y su distinción Progresos de la ontología y crisis de la metafísica Wolff en su Philosophia Prima Sive Ontologia, Methodo Scientifica Pertractata, Qua Omnis Cognitionis Humanae Principia Continentur (1730), influenciado por Leibniz, Descartes, Spinoza, la escolástica de Tomás y Suarez, en esta línea, dirá que «[la] filosofía primera no podía menos de ser como una continuación de la que le había precedido», puesto que, «nunca hay que apartarse del sentido atribuido a los términos en la lengua de todos los días», aunque «al tratarse de nociones para las que no ofrece términos el lenguaje común, por necesidad hay que inventar algunos nuevos; pero una vez que estos han sido puestos en circulación, hay que atenerse a ellos» . Sin embargo, esto para Wolff no significaba necesariamente hacer una nueva terminología, puesto que «los términos introducidos por los escolásticos en la Ontología son claros, sino todos, la mayor parte al menos, aunque ellos lo hayan definido mal», por tanto, de lo que se trata es de definir con mayor precisión y rigor dichos términos. Así, Wolff, entiende que ontología es como la πρώτη φιλοσοφία que esbozo Aristóteles, y aunque precise la distinción entre Metaphysica Specialis y Metaphysica Generalis, claramente se puede establecer que la Metaphysica Generalis u Ontología tiene como «quehacer la deducción de proposiciones partiendo de conceptos definidos y de axiomas, que valgan para todos los objetos inteligibles en general», de modo que «la metafísica se convierte en un… axiomatismo formalmente ontológico, en una» ciencia «de principios», es decir, en una ciencia «puramente formal y abstracta de los primeros conceptos y principios» (cf. Coreth 1964 26) del τὸ ὂν. En este contexto, nos es posible observar el desarrollo de la metafísica y ontología que va desde Wolff a Kant, al tiempo que advertir sus progresos y también sus crisis. Kant, por una parte, asienta definitivamente ─en cierto sentido por la influencia de cierta filosofía medioeval que llega hasta él─, la noción de «metafísica (de µετὰ, trans, y physica)» 20 que marcará la tradición filosófica posterior, y por otra parte, en su indagación por la naturaleza y posibilidad de la metafísica, Kant, dirá de esta que incluye por necesidad constitutiva «momentos teóricos y momentos prácticos»; no obstante, estos momentos prácticos, son fundamentos que no tiene una intención práctica. Así en tanto sistema, para Kant, la metafísica no deja nada fuera de sí: «integra…razón práctica y razón teórica en un sistema universal» que busca la transcendencia. Con lo cual, «la razón práctica ha alcanzado aquí, en la medida en que ello le puede ser dado, el mundo inteligible». Por tanto, para Kant, «dado el carácter reflexivo de ésta metafísica, el conocimiento teórico puede extraer de ella, … un corolario…: que con su esfuerzo por conocer lo transcendente, la razón termina conociéndose ─en sentido estricto─ así misma» (Caimi 1989 184). No obstante, el encaminamiento tanto de la metafísica como de la ontología por parte de Kant, las críticas a estas son cada vez más fuertes, desde Cano hasta Carnap, pasando por Leibnitz, Hume, Hobbes y Heidegger, hacen de éstas tambalear a momentos no sólo sus fundamentos sino su propia existencia. Carnap, el más fuerte crítico, va contra cualquier tipo metafísica especulativa que en lugar de ser una expresión de una actitud emotiva ante la vida, no sea otra cosa que un «delirio metafísico» que sobrepase dichos alcances y límites. A este tipo de metafísica la califica de sin sentido, dejándola en toda forma sin contenido. Este ataque a la metafísica especulativa [idealista, realista, y axiológica], en el fondo, en mi criterio, es una recuperación de la metafísica y ontología propiamente dichas, que no será lo suficientemente entendido lo cual dará lugar a ciertos equívocos que aun hoy padecemos y sufrimos.
PERSPECTIVAS CONTEMPORÁNEAS Las interpretaciones sobre la imposibilidad de la metafísica, habían empezado con presuntas lecturas de pasajes de Kant, así el positivismo de Comte llega a proclamar que «"el mundo verdadero" es el correlato de la ciencia positiva consumada idealmente: la totalidad de los hechos experimentados metódicamente mediante observaciones, experimento, inducción y deducción, y expresados en el juicio científico del lenguaje simbólico».
Muchos movimientos, a partir de esta declaración y lo expresado presuntamente por Carnap, empiezan una cruzada de ataque frontal a cualquier forma de «irracionalidad», ─léase «metafísica [especulativa]»─. No obstante, de manera aislada y paralela, Bolzano emprende una revisión crítica de los sistemas de Kant y Hegel, lo cual le lleva afirmar la tesis de que las cosas existen independientemente de las personas, al tiempo que manifiesta que es posible volver a la ontología.
Estos planteamientos darán lugar al surgimiento de nuevos movimientos ─Fenomenológico, Analítico, Austro-Polaco, y Continental─ que se convertirán en las nuevas corrientes ontológicas del siglo XX.
En síntesis, se puede decir que estos son los antecedentes de la ontología contemporánea. Ésta, sobre la base de lo dicho, y a pesar de las interminables arengas anti-metafísicas o antí-ontológicas ─que tienen asidero en un desconocimiento de su historia y naturaleza─, ha iniciado una nueva serie de estudios que tienen por objetivo estudiar la naturaleza de la metafísica y de la ontología, no sólo desde una perspectiva sistemática, sino también histórica y problemática. En esta línea, filósofos como Chalmers, Mulligan, Smith, Ferraris, van Inwagen, Lowe, Loux han podido determinar que el progreso de los procesos ontológicos y del análisis ontológico, ha permitido que se den varios acontecimientos: 1ro. — la ruptura o alejamiento de la ontología actual respecto de sus fundamentos y tradición; 2do. — una desorientación de sus distintos niveles en cuanto sus alcances, límites y horizontes sin precedentes; y, 3ro. — la posibilidad cierta de reorientar su sentido.
Estos debates, con una certeza razonable, en opinión de los filósofos mentados, nos proporcionan la confianza de que el debate y problema ontológico, y sus consecuencias, no se reducen a lo meramente lingüístico; lo que, ha traído como consecuencia de que el interés de un número creciente de filósofos contemporáneos esté centrado en la idea de «fundamento», esto es en lugar de tratar de establecer únicamente lo que existe también establecer los motivos o qué motivó ello CONSIDERACIONES FINALES Este creciente interés de la filosofía contemporánea por resurgir las clásicas preguntas ontológicas «lo que hay», «lo que existe», «lo que es», nos ha llevado, como era de esperarse, por nuevos e insólitos caminos, que en una gran proporción, se traducen a día de hoy en y como una proliferación de «ontologías» y de interminables batallas para determinar qué tipo de «entidades» estudian sus respectivos «dominios», que a su vez se consideran autónomos e independientes entre sí. Este particular escenario nos ha llevado a preguntarnos si ¿Este tipo de debates «ontológicos» son genuinos? ¿Se pueden resolver? ¿Son tan absurdos que no vale detenerse en ellos? La realidad, el mundo, el hombre son enigmáticos. Nuestra actitud natural, es tratar de desocultar, descifrar, penetrar, interpretar los enigmas; no se puede rechazarlos sin más, siempre vuelven bajo nuevos ropajes; inexorablemente cuando privilegiamos la teoría antes que el factum, o la certidumbre del constructo a la búsqueda de la ἀλήθεια, o la satisfacción del sistema a el asombro ante lo cognoscible, ante el enigma, entonces operan tres momentos que oscurecen las cosas (Hartmann 1989 11-12): 1. La impaciencia natural de descubrir a toda costa soluciones.
2. La creencia instintiva de que los problemas que no se pueden resolver son filosóficamente infructuosos.
3. La confusión entre contenidos problemáticas y actitudes desconocimiento del sentido objetivo de preguntas irrecusables.
problemáticas, y el Generalmente perdemos esto de vista, estas consideraciones, y en el análisis, confundimos lo ontológico, lo epistémico y lo lógico como si fueran una sola cosa, es decir confundimos lo que es el factum con los conceptos, categorías y axiomas que usamos sobre aquel. Es muy sencillo caer en alguno de los tres momentos anotados, y fácilmente, confundir lo ontológico con lo epistémico y lógico, y por tanto caer en los “ismos” y similares, por ello, si se quiere no sólo criticar sino superar los problemas filosóficos ─que es lo deseable─ es imprescindible la paciencia, la tolerancia, la cautela, el penetrar lento y llano, «más modesto pero más seguro, de la investigación pura» (Hartmann 1989 15).
BIBLIOGRAFÍA Consideraciones historiográficas para una historia de la ontología. Paulo Vélez León Metafísica Libro cuarto, I y II. Aristóteles.
Soto-Bruna, Mª. J. «Presentación». Domingo Gundisalvo y la teoria de la ciencia arábigoaristotélica. Fidora, A. Pamplona: EUNSA, 2009 Vélez León, P. «Significado de la metafísica: Breve exposición preparatoria sobre la contribución hispano medioeval ─arábigo-latina─ en la configuración de la noción de metaphysica». II Seminario Internacional de Investigación «Scholastica salmanticensis». Universidad de Salamanca.
Abril 2013a. Ponencia.
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