Seminario presión arterial y pulso (2015)

Pràctica Español
Universidad Universidad de Barcelona (UB)
Grado Enfermería - 1º curso
Asignatura Fisiologia Humana
Año del apunte 2015
Páginas 4
Fecha de subida 29/04/2016
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Dra. Avelina Tortosa i Moreno Dra. Fina Martínez-Soler DepartamentInfermeriaFonamental Fisiologia EscolaUniversitàriad’Infermeria C/ FeixaLlarga, s/n Pavelló de Govern, 4a Planta, Lab 4108 Campus de Ciències de Salut de Bellvitge 08907 L’Hospitalet de Llobregat Tel. +34 934039727 atortosa@ub.edu finamartinez@ub.edu Práctica presión arterial y pulso: reposo y ejercicio Apellidos y Nombre Grupo NIF Estudiant@ 1 Ana Extraviz Hernández D 46995203-Q Estudiant@ 2 D Fecha y hora de realización de la práctica: 07/11/2014 a las 15:00 No olviden firmar el documento antes de entregarlo Cuestionario: 1.
Anote y compare los resultados obtenidos de presión arterial y frecuencia cardíaca en reposo y después del ejercicio.
Estudiante 1: Edad: 21 Sexo: Mujer Determinación en reposo de P.Arterial y pulso Presión arterial Palpación Auscultación Frecuencia cardiaca 67 pulsaciones/min Presión sistólica 100 mmHg 105 mmHg Presión diastólica 60 mmHg Presión diferencial 45 mmHg PAM 75 mmHg Determinación de P.Arterial y pulso después ejercicio Presión arterial auscultación Reposo Frecuencia cardiaca 106 pulsaciones/min Presión sistólica 110 mmHg Presión diastólica 77 mmHg Presión diferencial 33 mmHg PAM 88 mmHg Estudiante 2: Edad: 18 Sexo: Mujer Determinación en reposo de P.Arterial y pulso Presión arterial Palpación Frecuencia cardiaca 87 pulsaciones/min Presión sistólica 95 mmHg Presión diastólica Presión diferencial PAM Determinación de P.Arterial y pulso después ejercicio Presión arterial auscultación Reposo Frecuencia cardiaca 120 pulsaciones/min Presión sistólica 110 mmHg Presión diastólica 75 mmHg Presión diferencial 35 mmHg PAM 86,66 mmHg Postejercicio 87 pulsaciones/min 105 mmHg 65 mmHg 40 mmHg 78,33 mmHg Auscultación 96 mmHg 60 mmHg 36 mmHg 72 mmHg Postejercicio 98 pulsaciones/min 102 mmHg 68 mmHg 34 mmHg 79,33 mmHg 2. Calcule los valores de presión diferencial y PAM.
Los encontramos calculados en la tabla.
3. ¿Qué cambios habéis observado en la presión arterial y el pulso en ejercicio con relación al reposo? Utilizar los valores que habéis obtenido durante la práctica para responder esta pregunta.
Utilizaremos los valores de la estudiante 1, para responder a esta pregunta.
Después de obtener los resultados (que los hemos plasmado en la tabla) y estudiarlos, observamos que esta persona en reposo tiene una frecuencia cardiaca de 67 pulsaciones por minuto, ya que los valores normales están entre el intervalo 60-100 pulsaciones por minuto, podemos afirmar que la alumna se encuentra dentro de la normalidad.
En reposo, respecto a la presión arterial, la estudiante tiene una presión sistólica de 105mmHg y una presión diastólica de 60mmHg. La presión sistólica tiene unos valores normales de 120-129mmHg y la presión diastólica de 80-84mmHg, por otro lado, los valores para que la presión sistólica sea óptima tienen que ser <120mmHg y para que lo sea la presión diastólica tienen que ser <80mmHg. En este caso la estudiante se encuentra dentro de la categoría óptima tanto en presión sistólica como diastólica.
Después de haber obtenido los resultados en reposo, la estudiante realiza ejercicio físico y se realizan de nuevo las pruebas para poder realizar una comparación de la presión arterial y de la frecuencia cardiaca en estado de reposo, nada más hacer ejercicio y después de 15 minutos del ejercicio.
Cuando es acabada la actividad física, la frecuencia cardiaca es de 106 pulsaciones por minuto, que comparándolo con el estado de reposo en el que se observaban 67x’, ha sufrido un gran aumento, sobresaliendo del intervalo de valores normales de la frecuencia cardiaca, que como habíamos dicho anteriormente era 60-100 pulsaciones por minuto. A los 15 minutos del ejercicio físico obtenemos un resultado de 87 pulsaciones por minuto, pudiendo decir que ha disminuido, encontrándose ya dentro de los valores normales.
Por lo que hace a la presión arterial, la presión sistólica después del ejercicio es de 110mmHg y la presión diastólica de 77mmHg, observando al igual que en la frecuencia cardiaca que ha sufrido un aumento. Al pasar los 15 minutos después de realizar el ejercicio estos datos vuelven a descender, ya que la presión sistólica es de 77mmHg y la diastólica de 65mmHg.
4. Razonar porqué mecanismos reflejos se producen los cambios observados.
Cuando se realiza un ejercicio intenso, el volumen por minuto aumenta. Este volumen por minuto se relaciona con la frecuencia cardiaca y el volumen sistólico: Volumen por minuto = frecuencia cardiaca x volumen sistólico Si se consideran los factores que influyen sobre la frecuencia cardiaca y el volumen sistólico, queda la siguiente ecuación: VM = (frecuencia de descarga del nodo sinoauricular + estímulos del sistema nerviosos autónomo) x (retorno venoso + fuerza de contracción) Durante el ejercicio, el retorno venoso aumenta por la contracción de los músculos esqueléticos y por los movimientos inspiratorios profundos.
El llenado excesivo de los ventrículos puede ser peligroso porque puede lesionar a las fibras. Una forma por medio de la cual el organismo compensa este incremento del retorno venoso es aumentar la frecuencia cardiaca. Si el intervalo entre las contracciones se reduce, el corazón cuenta con menos tiempo para llenarse y tiene menos probabilidades de lesionarse debido al estiramiento excesivo.
La modificación inicial de la frecuencia cardiaca al comienzo del ejercicio se debe a una reducción de la actividad parasimpática en el nodo sinoauricular. A medida que la inhibición colinérgica disminuye, la frecuencia cardiaca aumenta desde su estado de reposo hasta alrededor de 100 latidos por minuto, que es la frecuencia intrínseca de marcapasos del nodo sinoauricular. Desde ese punto aumenta el estímulo simpático proveniente del centro de control cardiovascular.
La estimulación simpática ejerce dos efectos sobre el corazón. En primer lugar aumenta la contractilidad, lo que determina que el corazón impulse más sangre por contracción (aumento de volumen sistólico). En segundo lugar, la inervación simpática incrementa la frecuencia cardiaca para que el corazón tenga menos tiempo para relajarse, lo que lo protege del llenado excesivo.
Durante el ejercicio intenso alrededor de un 80% del volumen por minuto se desvía hacia el músculo, lo que se diferencia del 21% en reposo.
La redistribución de el flujo sanguíneo durante el ejercicio se debe a una combinación de vasodilatación en las arteriolas de los músculos esqueléticos y vasoconstricción en otros tejidos. Al comienzo del ejercicio, las señales simpáticas procedentes del centro de control cardiovascular estimulan la vasoconstricción de los tejidos periféricos. Cuando el músculo se activa aparecen cambios en el microambiente del tejido muscular: las concentraciones tisulares de O2 disminuyen mientras que la temperatura, el CO2 y el ácido presentes en el liquido intersticial que rodea las fibras musculares aumentan. Todos estos factores actúan en forma paracrina produciendo vasodilatación local y superando la señal simpática que produjo vasoconstricción. El resultado neto es la desviación del flujo sanguíneo desde los tejidos inactivos hacia los músculos que se ejercen y lo necesitan.
Por otro lado, la presión arterial depende de una combinación del volumen minuto y la resistencia periférica. El volumen por minuto se incrementa durante el ejercicio, lo que contribuye a aumentar la presión arterial. Sin embargo, los cambios debidos a la resistencia periférica son más difíciles de predecir porque ciertas arteriolas periféricas están contraídas mientras otras están dilatadas: Presión arterial media (PAM) = volumen minuto x resistencia periférica.
La vasodilatación del músculo esquelético disminuye la resistencia periférica al flujo sanguíneo. En forma simultánea, la vasoconstricción de los tejidos que no participan en el ejercicio inducida por el sistema simpático equilibra la vasodilatación, pero solo en forma parcial. En consecuencia, la resistencia periférica total al flujo sanguíneo cae en forma significada cuando el ejercicio comienza y alcanza un valor mínimo cuando el consumo máximo de oxigeno se aproxima al 75%.
El aumento de volumen por minuto neutraliza la reducción de la resistencia periférica. Cuando se controla la presión arterial durante el ejercicio, el realidad se observa que la presión arterial media aumenta levemente a medida que el ejercicio incrementa su intensidad.
En condiciones normales, la homeostasis de la presión arterial depende de barorreceptores periféricos presentes en los corpúsculos carotídeos y aórticos: el aumento de la presión arterial inicia respuestas que la normalizan. Sin embargo, durante el ejercicio la presión arterial aumenta sin una compensación homeostática que la active.
El barorreceptor está ausente durante el ejercicio por varias teorías: la primera es que las señales procedentes de la corteza motora que se envían durante el ejercicio reprograma el umbral del barorreceptor arterial en una presión más elevada. Así la presión arterial puede aumentar un poco durante el ejercicio sin desencadenar respuestas homeostáticas contrareguladoras. La otra teoría es que la inhibición presináptica bloquea las señales de las neuronas barorreceptoras aferentes en algún punto antes de la sinapsis entre las neuronas aferentes y las del sistema nervioso central. Esta inhibición central inactiva al reflejo barorreceptor durante el ejercicio.
Una tercera teoría dice que es probable la existencia de quimiorreceptores musculares sensibles a los metabolitos producidos durante el ejercicio intenso. Cuando se estimulan, estos quimiorreceptores le indican al sistema nervioso central que el flujo sanguíneo del tejido no es adecuado para eliminar los metabolitos del músculo o para mantener su metabolismo aerobio. Los estímulos sensitivos procedentes de los mecanorreceptores de los miembros que realizan el ejercicio refuerzan los de los quimiorreceptores. La respuesta del SNC ante estos estímulos sensitivos consiste en una inhibición del reflejo barorreceptor y una elevación de la presión arterial que permite aumentar la perfusión muscular.
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