Lectura de práctica 2. Karl Philipp Moritz, Anton Raiser (2016)

Resumen Español
Universidad Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)
Grado Psicología - 1º curso
Asignatura Historia de la Psicología
Año del apunte 2016
Páginas 1
Fecha de subida 11/08/2017
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Historia de la Psicología Oliwia Ciurlej LECTURA: KARL PHILIPP MORITZ ANTON RAISER Anton, con el rostro dirigido a la tierra, le suplica a Dios la vida. Le teme al infierno, así que se pasa una hora entera rezando hasta que empieza a llorar, pensando que quizás Dios ha escuchado sus súplicas.
Gracias a sus oraciones, Anton ha apartado la fiebre. Tras ese cansancio, ha podido dormir bien y se ha levantado con buena salud. No obstante, vuelve a pensar en la muerte, lo cual le hace creer que simplemente se le ha concedido más tiempo para salvar su alma. Así, ha rezado numerosas veces a lo largo de los días, lo cual le ha permitido imaginar y ver el cielo. La naturaleza, además, le ha hecho renacer el amor natural a la vida misma, remarcando la tristeza y el desagrado de la muerte. En los momentos en que su miedo reaparecía, se sentía rechazado por la gracia divina nuevamente. Su dolor, pues, ahora aparecía con doble fuerza, sufrimiento que podía ser imaginario pero que le amarga desde que era un niño.
Anton empieza a tomar como presagios de una posible muerte varios elementos: el hecho que cuando se lava las manos éstas no despiden vapor, perros aullando con el hocico dirigido hacia la tierra, gallinas que cantan como gallos. Así, cada vez que se lava las manos, oye un perro aullar o una gallina cantar como un gallo, vive su propia muerte.
Anton se tranquiliza los días que la gallina deja de cantar, pero esos no son muchos y en seguida su miedo vuelve cuando escucha otra vez la ave.
Cuando va a la iglesia (por primera vez después de su enfermedad), el pastor Paulmann predica sobre la muerte. Anton, obsesionado con la idea de que Dios se ocupa de él de un modo especial, está seguro que el sermón va sobre su muerte. A pesar de que el pastor le presenta razones por las cuales no debería temer a la muerte, Anton no se siente consolado y vuelve a casa triste y oprimido; dónde permanecerá 15 días preocupado al respecto.
Así, con 13 años, Anton se ha convertido en un hipocondríaco, desperdiciando su infancia. No obstante, con la llegada de primavera la energía vital crece en él: cuando se lava las manos estas desprenden vapor, los perros no aúllan, la gallina no canta y el pastor Paulmann no da sermones sobre la muerte. Vuelve a pasear a solas los domingos, y un día de estos, llega a la puerta en Hannover donde 1 año y medio antes había entrado con su padre. Ahí, cuando traspasa la muralla, distintos recuerdos y sensaciones asaltan su mente: él viendo los centinelas marchando de un lado a otro en lo alto de la muralla, él imaginando cómo sería la ciudad por dentro y cómo sería la casa de Lobenstein. Sus recuerdos se funden en un conjunto, muy pequeño comparado con su conciencia. Estas calles y casas que Anton ve a diario le ayudan a distinguir lo vivido y lo soñado. Sobre todo durante la infancia las ideas se asocian a ideas de lugar (ya que aún no existen por sí mismas), lo cual dificulta la distinción entre la vigilia y el sueño.
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