Democracia. Parte 4. Condiciones favorables y desfavorables (2015)

Apunte Español
Universidad Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)
Grado Ciencia política y Gestión pública + Derecho - 1º curso
Asignatura Ciencia Política
Año del apunte 2015
Páginas 5
Fecha de subida 24/02/2015
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Parte 4 de Democracia de Robert A. Dahl

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La democracia. Robert A. Dahl Cuarta parte. Condiciones favorables y desfavorables Capítulo XII. ¿Qué condiciones de fondo favorecen la democracia? Las condiciones esenciales para la democracia En primer lugar, las principales alternativas perdieron gran cantidad perdieron gran cantidad de terreno en su competencia con la democracia. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, aun no se ha había conseguido una victoria final de la democracia, ni estaba cercana. Las condiciones esenciales para la democracia son: - Intervención extranjera. Las instituciones democráticas tienen menos posibilidades de desarrollarse en un país sujeto a la intervención de otro Estado que es hostil al gobierno democrático en aquel país. Esta condición es suficiente a veces para explicar por qué las instituciones democráticas no consiguieron desarrollarse o subsistir en un país donde otras condiciones eran considerablemente más favorables.
- Control sobre el ejército y la policía. A menos que el ejército y la policía estén bajo el pleno control de cargos elegidos democráticamente, las instituciones políticas democráticas difícilmente conseguirían desarrollarse o subsistir.
La amenaza interna para la democracia que quizás sea más peligrosa proviene de los líderes que tienen acceso a los principales medios de la coacción física: el ejército y la policía.
- Débiles e inexistentes conflictos sociales. Las instituciones políticas democráticas tendrán más posibilidades de desarrollarse y de perdurar en un país que sea bastante homogéneo culturalmente, y menos en otro con subculturas claramente diferenciadas y en conflicto. Sus componentes comparten una identidad común y vínculos emocionales.
- Valores y culturas democráticos. Prácticamente todos los países afrontan crisis bastante profundas. En consecuencia si un sistema político democrático ha de persistir, debe ser capaz de sobrevivir a los desafíos y la agitación que presentan crisis como éstas. Conseguir la estabilidad de la democracia no equivale sólo a navegar con buen tiempo; a veces porque también navegar con tiempo borrascoso y peligroso.
Durante una crisis severa y prolongada, aumentan las probabilidades de que la democracia sea derribada por líderes autoritarios que prometen acabar con la crisis mediante vigorosos métodos dictatoriales. Una cultura democrática contribuye a formar ciudadanos que creen que la democracia y la igualdad política son fines deseables.
- Crecimiento económico con economía de mercado. Una economía capitalista de mercado daña seriamente la igualdad política; los ciudadanos que son desiguales en bienes económicos difícilmente serán iguales políticamente. No podemos dejar de concluir que una economía capitalista de mercado, la sociedad que produce y el crecimiento económico que típicamente comporta, constituyen todas ellas condiciones altamente favorables para desarrollar y mantener instituciones políticas democráticas.
Capítulo XIII ¿Por qué el capitalismo de mercado favorece a la democracia? La democracia y el capitalismo no desean separase la una de la otra, pero su unión es conflictiva y llena de problemas.
De esta relación se pueden extraer cinco conclusiones importantes: 1  La democracia poliárquica sólo ha sobrevivido en países con predominio de una economía de mercado capitalista; y nunca ha sobrevivido en un país con predominio de una economía que no fuera de mercado.
 Esto es así porque ciertos rasgos del capitalismo de mercado lo hacen favorable para las instituciones democráticas.
A la inversa, algunos de los rasgos básicos de una economía que no es de mercado la hacen perjudicial a efectos democráticos.
En una economía de mercado capitalista, las entidades económicas son o individuos o empresas propiedad de individuos y grupos, y no, en su mayor parte, del Estado, cuyo objetivo principal es el beneficio económico. Aquellos que gestionan las empresas no tienen la necesidad de aspirar a objetos amplios, nobles y ambiguos, por tanto, pueden dejarse guiar exclusivamente por los incentivos del interés propio.
Dado que los mercados proporcionan gran parte de las informaciones cruciales que precisan, éstos pueden adoptar sus decisiones sin necesidad de una dirección central, es decir, sin leyes ni regulaciones. Ahora bien, estos mercados, sirven para controlar y coordinar las decisiones de las entidades económicas.
El sistema que produce bienes y servicios de forma mucho más eficiente que cualquier otra alternativa conocida, es aquel sistema en el que incontables decisiones económicas se toman por innumerables actores independientes y en competencia, todos ellos actuando desde un interés propio bastante estrecho y guiados por la información que proporciona el mercado.
En consecuencia, el capitalismo a largo plazo ha comportado crecimiento económico y éste es favorable a la democracia, por diversos motivos: - Al cortar la pobreza aguda y mejorar las condiciones de vida, el crecimiento económico ayuda a reducir conflictos sociales y políticos.
- Al surgir conflictos económicos, el crecimiento proporciona más recursos disponibles para un compromiso mutuamente satisfactorio en el que cada una de las partes tiene algo que ganar.
- El crecimiento también proporciona a los individuos, grupos y gobiernos un excedente de recursos para apoyar la educación y, de este modo, permite estimular una ciudadanía educada y culta.
Por otro lado, el capitalismo de mercado también es favorable a la democracia por sus consecuencias sociales y políticas. Crea un amplio estrato intermedio de propietarios, la llamada clase media, que buscará un Estado de derecho y la participación en el gobierno. Es decir, las clases medias son los aliados naturales de las ideas e instituciones democráticas.
Por último, al descentralizar muchas decisiones económicas en individuos y empresas relativamente independientes, una economía de mercado capitalista elude la necesidad de un poderoso o autoritario gobierno central.
Si no se le da al mercado la tarea de regular los recursos, esta función solo puede ser asumida por el Estado que necesariamente deberá tomar decisiones para llevar a cabo la asignación de los recursos escasos. Ahora bien, el gobierno necesita de un plan central detallado y comprensivo, y asimismo de cargos públicos encargados de hacer el plan, aplicarlo y lo más importante, velar para que sea ejecutado.
Para ello, los cargos públicos deben descubrir y aplicar incentivos apropiados que pueden ir desde las recompensas (tanto legales como ilegales) hasta la coerción y el castigo.
2 Las consecuencias sociales y políticas de una economía planificada es lo que resulta más lesivo para las perspectivas democráticas. Una economía planificada pone los recursos de toda la economía a disposición de los titulares del poder del Estado, para poder mantenerse en él. Los líderes políticos tendrían que tener una autorrestricción para el mantenimiento del sistema. En conclusión: las economías de planificación central se han asociado siempre con los regímenes autoritarios.
Existen, pero, matizaciones a lo expuesto: - El crecimiento económico no es exclusivo de los países democráticos, ni el estancamiento económico exclusivo de las naciones no democráticas. La democracia ha existido únicamente en países con economía de mercado capitalista, pero el capitalismo de mercado ha estado presente en países no democráticos.
Aunque el capitalismo de mercado y el crecimiento económico son favorables a la democracia, a largo plazo pueden ser bastante menos propicios, de hecho, claramente dañinos, para los regímenes no democráticos.
- Una economía de mercado capitalista puede no existir en la forma industrial o postindustrial urbana. En las economías agrarias, si están son altamente descentralizadas los líderes políticos no tienen o tienen pocas capacidades de acceso a los recursos producidos. De esta forma se amplía la clase media de granjeros libres.
De esta forma podemos concluir que cualquiera que sea su actividad dominante, una economía descentralizada que contribuye a crear una nación de ciudadanos independientes es altamente favorable para el desarrollo y mantenimiento de las instituciones democráticas.
Las economías de dirección central sólo han existido en países donde sus líderes eran fundamentalmente antidemocráticos.
Capítulo XIV ¿Por qué el capitalismo de mercado favorece a la democracia? Aunque el capitalismo de mercado sea mucho más favorable para las instituciones democráticas que cualquier economía de no mercado que haya existido hasta ahora, tiene también algunas consecuencias desfavorables.
El capitalismo desde un punto de vista democrático, tiene dos caras; una, la cara amable que apunta en dirección a la democracia, la otra, la cara hostil, que apunta al lado contrario.
 La democracia y el capitalismo de mercado están encerrados en un conflicto permanente en el que se modifican y limitan mutuamente.
La economía de mercado beneficia a algunos; pero, también perjudica a otros, y estos otros pueden manifestar su malestar gracias a las instituciones y órganos democráticos que se instauran a partir del establecimiento y el desarrollo de la economía de mercado.
Algunos oponentes propusieron una mera regulación del capitalismo de mercado (cosa que si consiguieron), pero otros abogaron por abolirlo directamente (cosa que nunca han conseguido). De esta forma, el capitalismo de mercado sin intervención y regulación estatal fue imposible en un país democrático por dos razones: - Las instituciones básicas del mismo capitalismo de mercado exigen una extensa regulación e intervención estatal. Mercados competitivos, propiedad de las unidades económicas, ejecución de los contratos, prevención 3 de monopolios, protección de derechos de propiedad, son aspectos que dependen de leyes, políticas, decretos, etc. Una economía de mercado no es completamente autorregulada, ni puede llegar a serlo.
- Sin la intervención y regulación estatal, una economía de mercado inevitablemente produce serios daños a determinadas personas; y aquellos que son perjudicados o pueden llegar a serlo exigirán una intervención estatal.
En todos los países democráticos, los prejuicios producidos, o que cabe esperar que se ocasionen por la acción de los mercados no regulados, ha inducido a los gobiernos a intervenir para alterar un resultado que de no hacerlo acarraría un daño a algunos ciudadanos. En por ejemplo; seguro de desempleo, políticas fiscales, en seguridad, educación, sanidad, imposición o reducción de aranceles, etc.
En ningún país democrático pues, existe una economía de mercado sin extensa regulación e intervención estatal dirigida a disminuir sus efectos perjudiciales.
 Dado que el capitalismo de mercado inevitablemente genera desigualdad, limita el potencial democrático al crear desigualdades en la distribución de los recursos políticos.
Debido a la desigualdad en recursos sociales, algunos ciudadanos obtienen una influencia significativamente mayor que otros sobre las decisiones políticas y las acciones del gobierno.
 El capitalismo de mercado en gran medida favorece el desarrollo de la democracia hasta el nivel de la democracia poliárquica. Pero, dadas sus adversas circunstancias para la igualdad política, es desfavorable para el desarrollo de la democracia más allá del nivel de la poliarquía.
Una que la sociedad y la política han sido transformadas por el capitalismo de mercado, y están presentes las instituciones democráticas, la perspectiva cambia drásticamente. Ahora, la desigualdad en los recursos que estimula el capitalismo produce serias desigualdades políticas entre los ciudadanos.
Capítulo XV. El viaje inacabado La naturaleza y la calidad de la democracia dependerán en gran medida de la capacidad que tengan los ciudadanos y líderes democráticos de afrontar con éxito los desafíos.
1.
El orden económico. En ninguna parte hay a la vista alternativa alguna a una economía que se apoye predominantemente en el mercado. La tensión entre fines democráticos y una economía capitalista de mercado continuará, casi con toda seguridad, de modo indefinido.
Las respuestas aportadas por los ciudadanos y los líderes en los países democráticos determinarán decisivamente la naturaleza y la calidad de la democracia en el siglo que viene.
2.
Internacionalización. Des de una perspectiva democrática, el desafío suscitado por la internacionalización consiste en asegurar que sus costes para la democracia puedan ser evaluados en su totalidad cuando las decisiones se trasladan a los niveles internacionales, y se refuercen los medios para que las élites burocráticas tengan que dar cuenta de sus decisiones.
3.
Diversidad cultural. La naturaleza y la calidad de la democracia dependerán aquí también de los arreglos que los países democráticos desarrollen para operar con la diversidad cultural de sus pueblos.
4 4.
Educación cívica. Una de las necesidades imperativas de los países democráticos consiste en potenciar las capacidades de los ciudadanos para que puedan implicarse inteligentemente en la vida política. En los años venideros estas instituciones más antiguas deben ser mejoradas por nuevos medios dirigidos a la educación cívica, participación política, información y deliberación, que se apoyen de forma creativa en el conjunto de técnicas y tecnologías disponibles en el siglo XXI.
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