Tema 10 Derecho de Sucesiones (2014)

Apunte Español
Universidad Universidad de Lleida (UdL)
Grado Derecho - 3º curso
Asignatura Derecho de Sucesiones
Año del apunte 2014
Páginas 4
Fecha de subida 13/12/2014
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Tema 10. EL ALBACEAZGO 1. LA EJECUCIÓN DE LA VOLUNTAD DEL CAUSANTE El albacea es la persona designada por el causante para cumplir los encargos que, respecto de su sucesión, éste le ha conferido. Esta idea genérica de encargo queda precisada en una serie de funciones y facultades: a.
b.
c.
d.
e.
Encargarse del entierro el causante.
Hacer entrega de la herencia.
Ejecutar las disposiciones testamentarias o del heredamiento.
Administrar la herencia.
Realizar la partición de la herencia.
Para llevar a cabo estas actividades el albacea tiene toda una serie de facultades adicionales como la posibilidad de tomar posesión de la herencia, disponer de los bienes o todas las demás que el causante le haya conferido específicamente.
2. EL CARGO DE ALBACEA 2.1 Capacidad y legitimación Puede ser albacea cualquier persona con capacidad para obligarse, es decir, con plena capacidad de obrar. Es preciso aclarar que pueden ser albaceas el heredero, el legatario y las demás personas favorecidas por la sucesión, así como quienes en cada momento ejerzan un determinado cargo.
2.2 El nombramiento de albacea El causante deberá nombrar albacea en un testamento o en un pacto sucesorio. En el codicilo solo cabe el nombramiento de albacea particular y no universal, puesto que ello equivaldría a la institución de heredero, que es incompatible con el codicilo.
Con carácter excepcional, cabe la posibilidad de que el juez sea quien nombre al albacea, en supuestos en que el causante ha previsto esta figura y no queda ninguno (albacea dativo). Pero es una decisión discrecional del juez, y por tanto, si no lo nombra, corresponderá al heredero completar el cumplimiento del encargo.
2.3 La aceptación, la excusa y la renuncia al cargo La aceptación del cargo puede hacerse de forma expresa o tácita. No se requiere ningún requisito de forma específico para hacerlo, salvo en los casos en que el albacea es requerido notarialmente por algún heredero, donde se deberá aceptar el cargo ante notario.
La excusa justificada permite no continuar ejerciendo el cargo (excusa que debe valorar el juez). La renuncia, que a diferencia de la excusa es previa al cargo, consiste en una mera repudiación de la delación. Eso sí, a pesar de que exista una excusa justificada o se renuncie al cargo, el albacea no pierde lo que el causante haya dispuesto a su favor a título de herencia o legado.
2.4 La titularidad del cargo Tanto el cargo como las funciones del albacea tienen carácter personalísimo, aunque ello no impide (como ya hemos visto) que el causante designe como albacea no a una persona determinada sino a quien en un momento concreto ocupe un determinado cargo (ej: el párroco del pueblo). Este carácter se manifiesta en: a. El causante puede designar una pluralidad de albaceas para que actúen de manera sucesiva. Este carácter sucesivo puede tener dos modalidades: i.
Por el carácter temporal del cargo; habría “albaceas a plazo”.
ii.
La suplencia; es decir, prever un suplente para el caso de que el albacea designado no pudiese o no quisiese continuar.
b. El albacea puede delegar sus funciones siempre que haya sido facultado para ello.
Esta delegación de funciones se asemeja al mandato.
También está prevista la posibilidad de nombrar una pluralidad de albaceas (tanto universales como particulares). Salvo que el causante disponga otra cosa, se entienden nombrados mancomunadamente y que deben actuar por mayoría. La solidaridad será posible en los siguientes casos: a. Cuando el causante haya establecido expresamente este régimen.
b. En casos de urgencia evidente.
c. Cuando el testador haya señalado funciones específicas.
2.5 La remuneración del albacea y el reembolso de los gastos El cargo, a no ser que el causante disponga otra cosa, es remunerado. La cuantía de la remuneración la fijará el testador, pero si no dice nada: a. Al albacea universal le corresponderá el 5% del activo hereditario líquido.
b. Al albacea particular que tenga que realizar la partición, un 2%.
c. El albacea particular que no deba realizar la partición sólo recibirá remuneración si el causante se la asignó específicamente.
Los legados o demás atribuciones a los albaceas no se imputan a efectos de remuneración, salvo que el causante diga otra cosa. Además, no corresponderá la remuneración al albacea que accede al cargo después de ser heredero de confianza, y ya había cobrado por esa condición.
Si procede, el albacea tiene derecho al reembolso de todos los gastos judiciales o extrajudiciales causados por el ejercicio de su función.
3. EL EJERCICIO DEL CARGO DE ALBACEA Existen dos tipos de albaceas, el albacea particular y el universal. El primero debe cumplir uno o más encargos relativos a la herencia (figura que coexiste siempre con el heredero) mientras que el segundo tiene el encargo de la gestión global de la herencia y su existencia es independiente de la de un heredero. Se prevén dos grandes tipos de albaceazgo universal: a. De realización dineraria de toda la herencia o de una parte de ésta: el causante permite al albacea realizar el valor de los bienes hereditarios a fin de obtener un activo líquido, con el que se podrá cumplir cómodamente los objetivos propuestos.
b. De entrega directa de remanente de bienes hereditarios: significa que previamente el albacea ha tenido que liquidar la herencia (pagando las deudas, entregando los legados, etc.) para después entregar el “remanente” a los herederos. Es quien tiene las facultades de partición, propiamente dichas.
El nombramiento de un albacea universal sustituye la falta de heredero en el testamento, y por tanto no deviene nulo. Sus funciones son las siguientes: a.
b.
c.
d.
e.
f.
g.
h.
i.
j.
k.
Tomar posesión de la herencia.
Formación de inventario.
Administrar la herencia.
Disponer de los bienes de la herencia.
Cobrar créditos y cancelar sus garantías.
Retirar depósitos de toda clase.
Pagar deudas y cargas hereditarias y los impuestos causados por la sucesión.
Cumplir los legados y demás disposiciones testamentarias.
Pedir el cumplimiento de modos.
Funciones interpretativas.
Legitimación procesal.
3.1 El ámbito de actuación del albacea particular El albacea particular tiene las facultades que el causante le haya atribuido y que sean necesarias para el desempeño del cargo. El principal límite que tiene es que no puede decidir sobre la totalidad de la herencia. En el caso de que se hubiese designado un albacea particular pero no se le hubiese encargado nada específicamente, su ámbito de actuación se reducirá a “ocuparse del entierro o la incineración, de los funerales y sufragios piadosos, del destino de los órganos o del cuerpo y de pedir el cumplimiento de los modos que haya ordenado el causante”.
4. LA EXTINCIÓN DEL ALBACEAZGO. LA RENDICIÓN DE CUENTAS El albacea cesa en su cargo en el momento en que ha cumplido el encargo que tenía encomendado, lo que no tiene lugar hasta que haya rendido cuentas de su gestión. A pesar de ello, existen unas otras causas de extinción: llegada del plazo, imposibilidad de ejercer el cargo, la excusa, incapacidad sobrevenida o remoción fundamentada en una conducta dolosa o gravemente negligente.
Una vez cumplido el encargo, los albaceas deben rendir cuentas (cosa que es indispensable). Dicha rendición debe hacerse ante: a. Los herederos.
b. Los “favorecidos”, término que no sólo incluye a los legatarios sino también a otros favorecidos, como puede ser el cónyuge viudo que tenga derecho a la cuarta vidual.
c. La autoridad judicial, en el caso de que los bienes o el dinero de la herencia deban destinarse a finalidades de interés público o general, o en caso de destinación de bienes a una fundación o entidad pública.
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