11. En las afueras de la ciudad cristiana (2014)

Apunte Español
Universidad Universidad Pompeu Fabra (UPF)
Grado Humanidades - 2º curso
Asignatura Historia Medieval
Año del apunte 2014
Páginas 7
Fecha de subida 25/10/2014
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Primer trimestre

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XI. EN LAS AFUERAS DE LA CIUDAD CRISTIANA 1) Su ley es como denuesto de Dios Trataremos a los llamados infieles por la Iglesia Cristiana, principalmente a los judíos y a los musulmanes. Distinguen entre los infieles que viven dentro de la cristiandad medieval, y después los que viven fuera de ese mundo. El principal contacte en la edad media entre distintas religiones fue entre las tres grandes religiones monoteístas medievales: el judaísmo, el cristianismo y el isla. El contacto con los infieles del exterior de la cristiandad se basa prácticamente siempre con el Islam, con los infieles musulmanes. Por otro lado, hay el contacto con las poblaciones paganas o politeístas, a las fronteras de la cristiandad (hoy todavía existen en la área del Báltico, los pueblos bálticos). Este contacto se basará en una conversión forzada, a partir de un ejército religioso, la Orden Teutónica. Aún así, el infiel por excelencia a las afueras de la cristiandad es el musulmán. La percepción cristiana de ese mundo del islam es particular: nunca consideran el islam una religión a la misma altura que el cristianismo, en primer lugar porque no la consideran una verdadera fe.
Encontramos dos grandes percepciones que tendrán los cristianos del islam, siempre negativas: 1) La percepción del islam como una idolatría, una especie de paganismo porque adoran a unos falsos ídolos, que en el fondo son diablos.
2) Consideran a los musulmanes unos herejes, una especie de secta herética como desviación del cristianismo. Consideran a Mahoma el líder de los herejes, una heresiarca, que engaña a sus seguidores proclamándose su profeta. Es una manipulación malvada del cristianismo. Por tanto, nunca consideraran el islam una religión alternativa, sino que es bien una idolatría o una herejía.
Las relaciones que tendrán los cristianos con los musulmanes serán de dos tipos: 1) Pacíficas en el terreno económico y mercantil. Son relaciones sistemáticas, intensas como por ejemplo el comercio entre los bienes de lujo (especies, porcelana, seda…) demandada por la corte cristiana.
2) Hostiles o violentas encarnada por las cruzadas. Comienzan el 1095, cuando se convoca la primera cruzada para liberar a los cristianos de la Tierra Santa, y se prolongan hasta el 1291. Debe distinguirse dos tipos de cruzadas: las cruzadas del este para liberar Tierra Santa, y las cruzadas del oeste, en la península Ibérica donde encontramos el Al-Ándalus. En el Oriente, en 1095 se conquista Jerusalén, y hasta finales del siglo XV se cuentan hasta ocho cruzadas distintas. En el occidente, no acabaran hasta el siglo XV cuando se conquista en la Península Ibérica el último reino del Al-Ándalus, Granada, expulsando definitivamente al islam, en 1492.
En el oeste encontramos sobretodo grandes conquistas cristianas sobretodo en el siglo XIII, que consiguen conquistar prácticamente todo el Al-Ándalus pero también tiene un resultado muy distinto que el que encontramos en el este. Se conquistan las tierras pero también la población por lo que los musulmanes se acaban convirtiendo en cristianos.
Hay una coexistencia de los tres monoteísmos en la península Ibérica, que hace de esta zona una excepción en este panorama. No hay una coexistencia entre las tres religiones tan duradera como la que encontramos en la Península Ibèrica – en Sicilia fue mucho más breve. Encontramos grandes masas de población musulmana que viven bajo dominio cristiano, sobretodo en Valencia, Andalucía y Murcia (75% de la población). A todos estos musulmanes se les conoce como los mudéjares, musulmanes que después de la conquista, en el siglo XIII, se les permite seguir viviendo donde residían, tener su propia religión y autogobernar sus comunidades, siempre bajo la dominación cristiana.
Esta coexistencia se da en los territorios que se conquistaron en la última época de la reconquista, como el reino de Valencia, donde el 75% de la población la constituía los llamados moros o morerías (nombre de los barrios musulmanes, situados en un bario fuera de las murallas). Así, podemos observar estos territorios como un régimen colonial, donde hay una gran mayoría de población dominada por un pequeña proporción armada y con el poder.
2) Vivir entro los cristianos El otro infiel es el judío, que en este caso se encuentra dentro de la cristiandad, en las comunidades judías. Los judíos serán siempre, incluyendo en la Península Ibérica, una minoría (mientras que por ejemplo en Valencia los musulmanes eran la mayoría). Pero serán una minoría en crecimiento, sobre todo a partir del siglo XI, cuando se constata n crecimiento de la presencia judía dentro del mundo cristiano.
Hasta el siglo XI, hay muy pocos judíos y que llegan del Oriente, fruto del comercio. A partir del siglo XI, estas poblaciones de judíos crecerán y se convertirán en comunidades urbanas que buscaran las oportunidades de la ciudad. El crecimiento demográfico de las poblaciones judías y la urbanización creciente del siglo XI, son dos fenómenos estrechamente relacionados. En muchas de las grandes y medianas ciudades encontramos una presencia importante de población judía. El número siempre en relación de la importancia de la ciudad donde se establecen.
En la parte de la península catalana, el barrio donde residían los judíos se llama call, y en castellano judería. Las comunidades autogobernadas recibían el nombre de aljama (zona catalana) y judería (tanto el barrio como la comunidad, en la zona castellana).
Uno de los barrios judíos más importantes de la península y de ocidente és el barrio barcelonés, situado entre la Plaza San Jaume y la Plaza Sant Felip, y entre la calle dels Banys Nous (en los barrios judíos se situaban los baños para la purificación, y otros establecimientos como la carnicería,etc.).
Todas estas poblaciones judías, también en otras partes de Europa, pertenecen a lo que los judíos llaman la diáspora: es decir, vivir en el exilio, fuera de su tierra, la Tierra prometida, que ellos llaman Eretz Israel (hoy en día es Israel). Estas comunidades viven entre los goyim, es decir, entre gentiles que pueden ser cristianos o musulmanes.
Significa vivir en minoría y dominados. La diáspora se inicia el siglo I porque, aunque existe el estado de Israel, pero la diáspora como tal no ha finalizado porque la mayor parte de judíos a nivel mundial no reside en Israel.
Si hasta ahora la mayor parte de los judíos vivía en Oriente, bajo dominio musulmán pasa al pasan a vivir en Occidente bajo dominio cristiano. En el siglo XIII la mayor parte de la población judía mundial vivía bajo dominación cristiana. Es un movimiento muy importante y supone un gran cambio. Estos judíos que viven entre el cristiano se dedican a los saberes propios de los judíos que les permiten ganarse la vida como traductores (dominan las lenguas) del árabe (muy importante para el desarrollo de saberes cristianos), así como tiene gran fama como médicos en todo el occidente medieval, y se dedicaban además a ser embajadores que se enviaban al mundo musulmán. Por tanto, son un elemento muy importante para la relación del mundo cristiano con el mundo árabe. También usa sus habilidades en la fiscalidad y en el crédito. Los judíos sirven a los príncipes medievales como recolectores de impuestos y llevaban todos los temas fiscales de la corte. Además, los judíos eran recurridos como prestamistas de dinero, por su relación estrecha con este. Aún así, al hablar del préstamo judío a cristianos a cambio de intereses debemos contextualizarlo en una época de pleno crecimiento económico y de un proceso de urbanización, que supuso la necesidad creciente de capital monetario. El crecimiento económico del Occidente europeo va muy relacionado con este préstamo de dinero por parte de los judíos, un crédito que responde a una demanda cristiana real y que ocupa un lugar esencial en el desarrollo económico occidental. Es una liquidez inmediata la que ofrecen estos judíos, tanto el rey como a los simples artesanos.
3) Aquellos que crucificaron a Jesucristo La relación entre cristianos y judíos es una relación complicada desde siempre, desde prácticamente los comienzos del cristianismo, una hostilidad y rechazo frente a los judíos, llamado judiofobía, que aparece ya en los textos cristianos más antiguos como las cartas de Pablo o los evangelios. La primera acusación grave es que los culpa de la muerte de Jesucristo, que los convierte en unos seres crueles y malvados, tanto a los judíos culpables como a todas las siguientes generaciones. Esta acusación tendrá consecuencias muy importantes en la percepción cristiana de los judíos, una percepción muy negativa aún que no implicará la no aceptación por parte de los cristianos de vivir con los judíos. En esta convivencia, se formula una justificación a la presencia de judíos entre cristianos, formulada en primer lugar por Agustín de Hipona. La justificación es que los judíos son tres testimonios: 1) el testimonio del error judío al no reconocer en Jesús el último profeta, y haberlo matado, y el castigo de Dios por no reconocer el mesías. 2) Los judíos se convertirán al fin de los tiempos, por misericordia divina, al cristianismo porque reconocen su error. 3) Tienen al Antiguo Testamento, lo reconocen y en él se proclama la verdadera religión, el cristianismo.
Hay un tipo de protección garantizada a estos judíos, tanto por las autoridades laicas como las eclesiásticas como el papa. Hay una actividad cristiana ambivalente entre el rechazo y la aceptación, una actitud contradictoria. Lo que hay siempre en cualquier caso es la discriminación de los judíos, que al igual que los musulmanes no son considerados como iguales. Vemos una aceptación pero no hay tolerancia, es decir, no se considera al otro en términos de igualdad, sino que la otra religión es inferior. Esta discriminación consta de tres elementos: la segregación, la difamación y la humillación.
La difamación tiene a su vez dos aspectos: la vilificación, al convertir al Judá en un villano. El judío es malo porque mató a Jesucristo. Es una acusación muy grave porque se han cargado al Señor, son los asesinos de Cristo - deicida, aquel que mata a un Dios.
Los musulmanes son idolatras y herejes pero no han matado al Señor, por lo que el rechazo hacia los judíos es mucho mayor. Las relaciones con el otro religioso son diferentes, y la fobia hacia los judíos es mucho más intensa. Los cristianos también demonizan a los judíos, y los consideran hijos del diablo. Son la endiablada nación que ha matado al Señor por lo que conforman parte de la corte del diablo. El diablo es malo pero también es poderoso por lo que la alianza con los judíos es con el mal, pero con un mal poderoso y que también es una amenaza. Por este motivo, interviene así la emoción del miedo. El cristiano rechaza el judío pero también lo teme profundamente. Un reflejo de este miedo son las acusaciones (a partir de mediados del siglo XII y durante toda la edad media) del asesinato de niños en Semana Santa. El primer caso fue en 1144 en Norwich, Santo Guillermo de Norwich. Simboliza la actualización del martirio de Cristo, asesinado por los judíos, como lo son los niños secuestrados, torturados y asesinados en rituales en que los judíos elaboran pan con la sangre de los niños. El caso de Trento (1475) esta estudiado como el Santo Simón de Trento que desemboca como era normal en una tortura del judío acusado y por el ataque a la comunidad cristiana a la población judía de la ciudad. Durante toda la Edad Media, aparecen acusaciones de este tipo, y la última acusación tiene lugar en 1945, al terminar la II GM, con los hornos todavía calientes. Aunque las acusaciones acaban desapareciendo en Occidente, en el mundo islámico todavía se acusan a los judíos de estos asesinatos de niños.
 La segregación, se debe expulsar de este orden posible humano, natural o divino por su vileza. Hay que separarlos del orden cristiano y advertir que no se pueden relacionar con ellos. Se elaboran toda una serie de prohibiciones de contacto con los judíos con especial insistencia en las relaciones sexuales entre cristianos y judíos, castigado con la pena de muerte. Los judíos se marcan para hacer visible la identidad de ese otro, debe ser identificado para el cristiano. Por ejemplo, deben llevar un sombrero particular.
También se les obliga a llevar una vestimenta de determinado color, como el amarillo (color deshonesto por excelencia). La rodella, especie de bax, que los hombres llevan sobre el pecho y las mujeres sobre la frente (especie de parche de lana), precursor de la estrella de David usada en el nazismo. Todo esto demuestra que los judíos tenían la misma pinta que los cristianos, no existía la nariz judía, sino no serian necesarios los distintitos. La famosa nariz judía es una invención del siglo XIII, que perdura hoy en día.
 La humillación, el judío tiene que entender cuál es su lugar en la sociedad cristiana. Su lugar está allí abajo, en una posición inferior, y para que les quede claro se usa el recurso de la humillación, basada en la violencia. Es una violencia ritual y desordenada Por ejemplo en Semana Santa cada año juegan a matar judíos con piedras en el barrio judío. Los judíos se resguardaban y se encerraban esos días en sus casas. Por tanto, es una violación controlada y ordenada, aceptada por cristianos y judíos.
La relación que se configura es entre dos cuerpos, el de todos los cristianos (cuya cabeza es Cristo), segregado de un cuerpo de judíos (cuya cabeza es el diablo) que es una amenaza por su maldad. El cuerpo cristiano es bueno, verdadero y puro, en contra de aquel que no es cristiano y por eso mismo es malvado, falso e impuro. Esto configura lo que llamamos discriminación, con una relación de odio y miedo. Un problema que desde los orígenes no tiene solución.
4) Pasaran a muchos a filo de espada Se utiliza una violencia ritual y controlada. Ahora bien, hay momentos en que la sociedad cristiana pierde el control y las autoridades eclesiásticas ni las terrenales son capaces de controlar la violencia hacia los judíos. Es lo que llamamos pogroms o masacres, que desde el siglo XI de la Edad Media, y se vuelven más intensos con el paso de los siglos hasta mediados del siglo XX.
En la península Ibérica, en 13791, se da unas masacres que afectan a toda la península.
Se inician en Sevilla y se difunden a otras ciudades y diversos territorios de la península de ambas coronas (Valencia, julio 9; Palma de Mallorca, agosto 2; Barcelona, agosto 5).
La mayoría de las comunidades judías sufren estos ataques, a raíz de la predicación de cristianos que encienden la chispa de esta masacre que no se queda en casos aislados de violencia, sino en masa. Los cristianos reunieron a los judíos y los amenazaron que si no se convertían los matarían. Algunos pocos se bautizaron, mientras que el resto fue asesinado en masa. Sólo aquellas comunidades a las que el rey consigue enviar protección militar a tiempo, se escapan de la masacre y se mantienen en su fe gracias a la protección de la autoridad. La masacre se explica a través de la imagen que tenían de los judíos, no es posible matar a otro ser humano si no se concibe al otro como alguien al que se puede matar, e incluso, se debe matar. Por tanto, se deshumaniza al otro. Es un año que marca la futura historia de la Península ya que el 1391 nace el ‘cristiano nuevo’, unos que han sido forzados a convertirse (el llamado malamente como marranos). Una parte de estos conversos, después de unas generaciones, se integran en el cristianismo, pero otros vuelven de forma clandestina a su fe judía. Es lo que llamamos los judaizantes, que son considerados herejes que se les castiga con la pena de muerte. Para perseguir a estos ‘criminales’ se crea específicamente la Inquisición española, un tribulan que persigue sólo a estos herejes (no a los judíos conversos).
Después de 1391, las comunidades judías son muy minoritarias (porque son asesinados o conversos) y son a estos que en 1492 se les expulsa porque se les hace responsables de la judaización. Hay otras expulsiones de judíos en Occidente como en Inglaterra, en 1290, o las dos francesas, en 1306 y en 1394. Esta expulsión es de los judíos sólo, pero se mantiene la judiofóbia, ahora sin la presencia de judíos sino por la presencia de los conversos.
Los protagonistas de esta violencia, tanto controlada como no, siempre proviene de los predicadores y del pueblo (‘’los pequeños’’). Las autoridades tienen normalmente como actitud aquella oficial de protección. La expulsión es una forma de solucionar aquello creado por los propios cristianos, es decir, los conversos. En la corte incluso había judíos muy influyentes, protegidos por los mismos titulares del poder. Debemos entender que ni el Papa ni el Rey eran incapaces de controlar el pueblo de forma inmediata porque no tenían los medios necesarios. La expulsión de 1492, de Castilla y Aragón (seguida por Portugal, en 1497, y Navarra en 11498) se dispersaran por toda Europa, aunque la mayoría se irán a territorios musulmanes. Es la diáspora de los judíos ibéricos, que conservan su lengua, la ladino en versión castellana.
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