Jean Baudrillard: Hiperrrealidad y Simulacro, la estética de lo peor (2010)

Trabajo Español
Universidad Universidad de Barcelona (UB)
Grado Filosofía - 4º curso
Asignatura Estética II
Año del apunte 2010
Páginas 17
Fecha de subida 21/06/2014
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Descripción

Resumen de la todo el trabajo de Baudrillard, con introduccion de Kant y Derrida.

"Baudrillard nos plantea dos nuevos términos, seducción y obscenidad. El mundo imaginario obtiene su potencia de la seducción, que plantea espectáculo, escenario y un espectador que sea cómplice del engaño. Pero cuando la sociedad busca realizar la realidad ocurre un fenómeno hasta cierto punto antagónico a la seducción y al espectáculo, este suceso es la obscenidad"

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Hiperrealidad y Simulacro La Estética de lo peor Estética II, Grupo A1 Profesor: Francisco Caja Índice 1. Introducción al posmodernismo pg.3 2. Jean Baudrillard pg.6 3. Realidad e Hiperrealidad pg.9 4. Simulacro y Cultura pg.13 5. Bibliografía pg.17 2 1. Introducción al posmodernismo El posmodernismo da cuenta del proyecto fracasado de la modernidad, en el que a través de la prensa y el romanticismo, entre otros, se llegaba al individualismo, la democracia y la libertad. Con estas nuevas ideas, y la crítica y revisión de las ideas antiguas de la ilustración, en el modernismo se busca el avance del hombre, el progreso científico, una utopía intelectual avalada por Kant, la ilusión del deseo de la evolución de la humanidad.
Mientras que la visión crítica de la modernidad aporta nuevas, la posmodernidad es una crítica a lo dado pero sin una solución clara, caracterizada por la negatividad, por la decepción del modernismo. Si en la modernidad ya se fragmentaban las ciencias respecto de la filosofía, en la posmodernidad todo en lo que implica el hombre se fragmenta totalmente, de forma que en vez de haber nuevas ideas, se genera un discurso hipertextual surgido de la recombinación de los las anteriores ideas y ciencias. El individuo posmoderno se ve caracterizado por la desaparición de la jerarquía de ideas, todo pasa a tener el mismo valor, y afronta el mundo con una pasividad victima de la desaparición de los grandes valores y el aluvión de información y desinformación. Nietzsche ya auguraba la realidad posmoderna, prediciendo la caída de los valores, la ambigüedad de la verdad y la fragmentación de disciplinas. Si bien en la modernidad la confrontación entre ideas era básica (cómo el idealismo racionalista de Kant contra el escepticismo naturalista de Hume), en la actualidad posmoderna y a lo largo del siglo XX ha triunfado el relativismo, la constancia de que no hay ideas absolutamente buenas o malas, ni los conceptos se contradicen unos a otros, si no que todo tiene el mismo nivel de verdad de forma desjerarquizada y continua. Con esta continua reconversión de ideas, desaparece la 3 originalidad, cómo queda constatado en el arte, cambian la utopía de la ilusión por la ironía de la desilusión.
Baudrillard dirá que en la cuestión creativa desaparece la ilusión por que ya está todo dado, el crear saca algo de la realidad, ese vacío es lo que genera la ilusión. A través de la sofisticación tecnológica ya es todo real, la copia se parece a lo real, no hacen falta intermediarios humanos que le doten de ilusión, la última aventura del arte fue la abstracción, por que en vez de reflejar la realidad, sugería En el arte posmoderno hay una idea de validez ante cualquier verdad, se fija esencialmente en el gusto popular, sin visión etnocentrica si no multicultural propiciada por la fusión de culturas, así como de género. En cuestión a la perdida de la originalidad, aparece el apropiacionismo del que hablará Baudrillard, en el que no importa el robar las imágenes de los otros para hacerlas nuestras. La arquitectura posmoderna será una de las definiciones más claras de la nueva vanguardia, naciendo de la negación de la arquitectura moderna, donde impera lo funcional simple y recto. Para acercarse al gusto popular, se vuelve a la monumentalidad y el ornamento, así como a la fusión de todo tipo de estilos heredados del pasado, conviniendo con la combinación de ideas del posmodernismo.
“El arte ya no es una forma excepcional, ahora la realidad banal se ha vuelto arte, arte fue una forma, y luego se volvió un valor, un valor estético, […] porque toda realidad se ha vuelto estética, hay una confusión entre arte y realidad, y el resultado de esta confusión es la hiperrealidad. Pero, en este sentido, no hay más diferencia radical entre arte y realismo. Y esto significa el fin del arte. Como forma, claro.” -Jean Baudrillard Jacques Derrrida para la fundamentación del posmodernismo dio una idea fundamental, la desconstrucción. Plantea es que al interpretar una obra es imposible saber su significado. Toda obra o concepto metafísico, no es real por que está lleno de capas que no tienen un sentido único, es algo que se va formando a través de la h istoria. No se puede dotar de significado a ninguna obra, puesto que su significado va cambiando con el tiempo (la subjetividad histórica de la lectura del arte de Benjamin). La deconstrucción es desmembrar cualquier obra, e ir sacando todos los apropiacionismos que ha usado el autor y analizarlo por separado.
En la filosofía el progreso es el mismo, se combina con la sociología, la política, la antropología, la psicología y la física (ahora accesible por la relatividad de la física 4 cuántica, que hace flexible su veracidad), lo que hace que al abarcar tantas disciplinas su veracidad resulte más ambigua, menos precisa.
5 2. Jean Baudrillard Jean Baudrillard da fe de la fragmentación en el posmodernismo en la diversa calificación que se le puede hacer como sociólogo, filósofo y teórico de los medios de comunicación, y fue reconocido como uno de los fundadores del posmodernismo y el posestructuralismo, así como uno de los más polémicos analistas de los fenómenos del primero. Sus bases fueron el marxismo, pero fue derivando hacia el posmodernismo, aunque para el “lo posmoderno” cómo termino propio era algo carente de significado en si mismo, ya que toda idea estaba ya creada de antemano. En su trayectoria se enemistó con los marxistas y la intelectualidad francesa, decretando la “muerte de las masas” cómo herramienta política y social, y con su libro Olvidar a Foucault, respectivamente.
Baudrillard buscaba un punto de vista singular situado desde la indiferencia de la pasividad de la sociedad actual.
Marx constataba en su crítica de la economía política de que el mundo moderno presenta la imagen indiscutible de ser una gigantesca acumulación de mercancías, de valor.
El hecho manifiesto de que este valor no guarda proporción con la utilidad de los objetos que lo ostentan proporcionaba a Marx la ocasión de una crítica radical de la sociedad industrial, una sociedad en la cual el valor de cambio ha eclipsado por completo al valor de uso: no circula lo que vale, sino que vale únicamente lo que circula. De nuevo la idea de alienación de Marx; el trabajo humano abstracto e indiferenciado como origen secreto de la estructura social. Baudrillard publicó su Crítica de la economía política del signo, un discurso ampliado y actualizado por el desarrollo de la sociedad de consumo y el impacto del estructuralismo, de una crítica que se atenía en lo esencial a esas mismas coordenadas: en la hipertrofiada acumulación de signos que constituye el rostro del mundo 6 postindustrial, de lo que tanto hablarían también Walter Bejanmin y Theodor Adorno, aunque más centrados en el uso político de esto, la incesante circulación de significantes no obedece al contenido de los significados que vehiculan, sino que es perfectamente autónoma con respecto a ellos y encierra en sí misma un valor independiente de todo significado, el valor simbólico generalizado y carente de su aura Benjaminiana. De esta obra se puede ir advirtiendo cómo resultado la teoría del Simulacro y la hiperrealidad de la Cultura posmoderna, calificando a Baudrillard cómo uno de los autores más negativos del posmodernismo.
Entre las ideas más eminentes de Baudrillard encontramos su análisis de la realidad virtual, su crítica a la sociedad del consumo y la cultura mediática a través del simulacro, la cuestión moral, su teoría del apropiacionismo, de la Hiperrealidad presente en todas las cuestiones del pensamiento posmoderno y la hipertextualidad ligada a este. Toda su reflexión sobre los temas más desalentadores de nuestro tiempo hace que construya una especie de Estética de lo peor. Ve las relaciones del hombre posmoderno con la Estética como si el publico fuera un escenario, y la escena es la representación, siendo todo lo que el hombre actual hace una representación y no algo constituido por carácter propio. El discurso posmoderno, por otro lado, está siempre descentrado respecto a su objeto, se juega entre lo trágico y lo mediatizado del discurso, hay un objeto dramático y un discurso que está más allá del discurso, y que como todo en la realidad, no dispone más que de un simulacro de verdad ambigua.
Baudrillard parte para el estudio del efecto de la posmodernidad en los países desarrollados por la sociedad más prominente en la transvaloración del objet o y la cultura, Estados Unidos, los primeros en utilizar el arte (mediante las imágenes, el cine, y los medios de comunicación) para crear realidades cuando intenta acercarse a la realidad mediante medios no reales. Es en América donde comienza el Simulacro, ese desarrollo de la comunicación de masas, que recrearía un mundo hiperreal. Los ciudadanos americanos están obsesionados con la perfección, evitar el paso del tiempo y la objetivización del ser.
A través de los medios de comunicación estaremos viviendo una copia de la realidad que cada vez se acerca más a la realidad. Baudrillard Dijo que “la siguiente guerra iba a ser una guerra mediática, va a ser una simulación de una guerra, va a parecer real pero no va a ser la realidad misma” y así fue cómo apareció la Guerra del golfo (1990), predicha en cierto modo por él, y que ha sido continuada por tantas, como Afganistán (2001), Irak 7 (2003), y en el futuro quizás Irán. Estas guerras mediáticas eran el resultado del avasallamiento de los medios de comunicación según los cuales se inculcaban unos ideale s en la población y se daba informaciones muy precisas y se descartaban otras, de forma que lo que hacían los medios de comunicación no era informar de la realidad, si no crear una nueva, proponer un simulacro de esta. Cuando la Guerra del Golfo se produjo, argumentó que Estados Unidos se veía en la ilusión de estar combatiendo una guerra, cómo un jugador inmerso en un videojuego que posee la engañosa experiencia de ser un actor de algo que no ocurre, a la que se le da la información endulzada a su gusto –o disgusto- mientras que el acto real sólo es conocido por unas pocas personas al otro lado del planeta. La guerra fue transmitida como hiperreal por la televisión, de manera que la mayoría de la población mundial no la experimentó como algo real, para los telespectadores la Guerra del Golfo solo eran efectos especiales verdes en la noche, capítulos temáticos en sus series favoritas y Real Heroes de la Guerra del Golfo de los US Army dando conferencias de reclutamiento.
8 3. Realidad e Hiperrealidad El concepto de realidad siempre ha causado problemas en la filosofía, desde la alegoría de la caverna de Platón. Pudiera parecer que los datos empíricos que recibimos son lo que constituye la realidad, pero al comparar esta experiencia subjetiva con la de otro, nos damos cuenta que la realidad no es percibida de la misma forma. No se puede conocer el mundo tal como es, siempre se conoce la construcción de la idea alrededor suyo, no el objeto, el discurso es siempre sobre el objeto o acerca el objeto, pero nunca el objeto mismo, siempre reflejado del sujeto, y no solo de forma individual, sino que la civilización como mente colectiva crea nuevos signos, un discurso común sobre el objeto, sobre que se supone que es la realidad. No sólo lo que se supone que es, si no lo que es, de hecho, de forma social, una realidad consensuada necesaria para la coexistencia de los hombres, que les permita relacionarse y crecer.
Baudrillard habla de la ilusión radical, que es el principio del mundo. El mundo primigenio es ilusorio porque para que algo sea real debe estar acabado ya, pero sin embargo hay creación constante. El mundo como creación debería estar acabado, pero cuando se le altera, cuando se proyecta sobre él, surge la necesidad de mantener dicha proyección, lo que permite la evolución de la realidad en la mente del hombre. Podemos hacer cierta referencia a Platón, en cuanto que la realidad sensible es aquella que nosotros percibimos como un sueño, basada en una realidad intangible que realmente es. En la alegoría de la caverna, nos presenta la realidad como el simulacro (las sombras, el fuego), de lo que en verdad es (las personas creando significado, la “verdad”). Esto que soñamos, 9 es una imitación imperfecta de la realidad precedente, pero implica la posibilidad de perfeccionar la existencia. Sin embargo aquí está la trampa de la hiperrealidad.
Baudrillard habla en su crimen perfecto de que el verdadero crimen es la perfección, lo acabado, y en la posmodernidad es cuanto más evidente. Los pueblos antiguos siempre trataban la ilusión con la ilusión, pero pueblos en la actualidad tratan de perfeccionar la realidad, reducirla a lo verdadero y eso es lo que lo convierte en una realidad ilusoria, hiperreal.
Baudrillard nos plantea dos nuevos términos, seducción y obscenidad. El mundo imaginario obtiene su potencia de la seducción, que plantea espectáculo, escenario y un espectador que sea cómplice del engaño. Pero cuando la sociedad busca realizar la realidad ocurre un fenómeno hasta cierto punto antagónico a la seducción y al espectáculo, este suceso es la obscenidad. La obscenidad no plantea espectáculo, no hay ya escenario, no existe distancia entre el observador o lo visible, todo es hiperreal, es la diferencia entre el surrealismo de principio de siglo XX y el hiperrealismo americano de final del mismo siglo. Este proceso de seducción es contrario a la producción, ya que la seducción no crea ni destruya, si no que actúa como un camino divergente hacia lo simbólico en que las formas pierden el valor y sólo significan. Lo hiperreal conlleva una lógica de representación, y se avanza cada vez más hacia una forma de hiperrealidad extrema. De las teleseries, que muestra una realidad ficticia, se llega hasta los reality shows, donde supuesta se puede ver la vida real de unos desconocidos que hace esa realidad más irreal de la que realmente es, eliminando en el proceso aún más la ilusión de la realidad. Umberto Eco, uno de los autores que más han trabajado con el hiperrealismo, describe la hiperrealidad como la “falsedad autentica”.
“El dominio de los artefactos sobrepasa ampliamente el del arte. El reino del arte es en rigor el de una gestión convencional de la ilusión, una convención que en principio neutraliza los efectos delirantes de la ilusión, que neutraliza la ilusión como fenómeno extremo. La estética constituye una suerte de sublimación, de dominio por la forma de la ilusión radical del mundo, que de otro modo nos vaciaría. Esta ilusión original del mundo de la que otras culturas han aceptado la cruel evidencia que dispone un equilibrio artificial. Nosotros, las culturas modernas, no creemos ya en esa ilusión del mundo, sino en su realidad (que es por supuesto la última de las ilusiones), cuyos estragos hemos escogido atemperar por medio de esa forma cultivada, dócil, de simulacro que es la forma estética. La ilusión no tiene historia. La forma estética en sí misma tiene una. Pero debido a que tiene una historia, no tiene más que un tiempo, y es sin duda ahora cuando asistimos al desvanecimiento de esta forma condicional, de esta forma estética del simulacro, en beneficio del simulacro incondicional, es decir en una 10 escena primitiva de la ilusión, donde recuperaremos los rituales y las fantasmagorías inhumanas de las culturas más allá de la nuestra.” "Ilusión, desilusión estética" Hoy en día el estado ya no necesita la autoridad para controlar a su pueblo, es el hombre mismo quien busca alienarse frente a los medios de comunicación, -sobretodo la televisión, el medio más enajenante- busca la hiperrealidad, que es más obscena que ninguna seducción que haya conocido. En los antiguos medios de comunicación se presentaba una imagen que requería interpretación, la lectura los símbolos, pero con la televisión es diferente, la imagen equivale a la verdad, no hay tiempo para reflexionar sobre el contenido, provoca una participación irreflexiva del publico en cualquier cuestión de la sociedad, sea la aceptación de la cultura vigente o la sumisión al sistema político del momento. El espectador se ve obligado a aceptar el sistema democrático liberal, sabiendo que no puede hacer nada personal por tomar sus propias decisiones, pues la televisión se lo impone, y en busca de resarcirse crea el humor político vacio que busca evadir la insoportable realidad, provocada por la hiperrealidad de la política televisiva, que crea la política del espectáculo.
Como síntesis, la hiperrealidad es el paradigma de la condición cultural estadounidense, que se extiende cada vez más gracias a la globalización. El consumismo, dependiente del valor del signo, que sólo tiene sentido dependiendo de su uso social y no de su valor real, crea la realidad irreal, pues engaña la conciencia hacia el desprendimiento de compromisos emocionales verdaderos hacia una felicidad y satisfacción creadas a través de la simulación artificial y la imitación de lo real, en vez de misma realidad; en distintas marcas comerciales eminentemente americanas podemos ver ejemplos de esto: La misión de Nike no consiste en vender zapatillas, sino mejorar la vida de la gente y su estado físico y mantener la magia del deporte, IBM no vende ordenadores, sino soluciones empresariales, Coca-cola no vende un refresco, sino la idea de disfrutar la vida, McDonall´s no vende hamburguesas sino la idea de fast food que simplifique el tiempo y haga a la persona más eficiente en su trabajo. Barbie y Mickey Mouse son los pioneros en miniatura de las marcas, los que siempre quisieron extender sus marcas y ampliar sus monopolios, a través de las promociones dirigidas a los niños, de tal manera que sus ideas los seducen, dejando a los padres sin armas para competir con ellos. El bombardeo mediático del consumismo es tal que incluso hay muchas personas que convierten el deseo 11 de conseguir un producto de consumo, en el proyecto de su vida (coches carísimos, cirugías estéticas completas, estilo de vida de estrella televisiva..), cuando esos productos de consumo no tienen un valor real, si no hiperreal.
12 4. Cultura del Simulacro La abstracción del capital, la ironía de la moda, la ritualidad del terrorismo y la obscenidad de la información, entre otros temas, son los que utiliza Baudrillard a lo largo de su vida para tomarle el pulso a la posmodernidad.
Uno de los efectos más estéticos del Simulacro es la prostitución del arte como símbolo, así como la moda y los hábitos culturales. Siguiendo la tónica de la arquitectura posmoderna, en la actualidad toda actitud debe estar revestida de ideas deconstruidas formando nuevos constructos, con la poco original idea, en el tema, de publicitarse a si mismos. Baudrillard hace especial referencia a Juan Pablo II, el primer Santo Pontífice de la Iglesia católico-romana en travestir la imagen de la cristiandad y de su misma figura, equiparándolo con Disneyland, la meca de la hiperrealidad. Toma como ejemplo el cristianismo como institución que cambia adaptándose a los nuevos aires, aceptando todo tipo de cuestiones que hacía siglos negaba con fuerza, que va creando una nueva realidad, desde que el dogma cristiano estaba basado en el miedo y el castigo en la edad media, hasta el nivel de transfiguración que ha llegado a la actualidad, con los talkshows de madrugada en la que los predicadores piden dinero para su humilde empresa de llevar la esperanza y el reconforte allí donde no llega la iglesia. Se han cambiado los signos, se ha llegado a un simulacro en el que multitud de religiones, intentan adaptarse a cualquier cosa que el publico desee para conseguir vender su producto.
Baudrillard realiza una crítica feroz contra nuestra cultura mediática, consistente en que la mente humana esta tan hiperatrofiada de contenido hiperreal que su propia 13 consciencia ya es hiperreal, que ni siquiera tiene una consciencia real de si mismo o mínimamente cercana a esto. En el crimen perfecto habla del ejemplo de Borges del imperio en que su mapa coincide en tiempo real con el trazado de su territorio, de forma que si el Imperio desaparece el mapa desaparece. Nosotros ya no formamos parte del territorio, si no del mapa, porque la hiperrealidad que surge del discurso entre lo real, lo social y lo simbólico ha creado un simulacro que ha acabado remplazando en su totalidad a la realidad. Y lo peor es que acaba siendo indistinguible uno del otro, el mapa del territorio, la realidad de la hiperrealidad. Es el asesinato de la realidad, lo único que queda es el simulacro.
“En el mundo posmoderno no hay realidad, no hay historia, sino un simulacro de la realidad y la negación de la historia” La hipertrofia de la comunicación acaba con toda mirada, toda imagen con su correspondiente reconocimiento, y el mundo queda disfrazado irónicamente, a modo de ilusión, bajo una orgía de las imágenes. Ya no existe la mirada al mundo ni el mundo nos devuelve la mirada, porque aquello otro ha dejado de mirarnos, y nosotros hemos dejado de ver la realidad, y la gente se ha quedado indiferente ante la situación, de la misma forma que el arte se ha vuelto indiferente así mismo como pintura, cómo ilusión más poderosa que real, si no que pasa a ser sólo una simulación de si mismo.
“Cada uno tiene oportunidad de una pequeña diferencia, el más pequeño denominador común. Pero esto es sólo consecuencia de la indiferenciación”.
Baudrillard anticipa el fin de milenio en la nostalgia de la desrealización producto de los medios de comunicación, que han dejado un mundo en que la posibilidad de imaginar ha sido abolida, sólo queda la reutilización y la reconversión del signo en cuanto a signo y la forma se olvida. Es en el exceso expresivo, en lo obsceno, la sobredosis de realidad que hace que el hombre, empezando por el americano, busque sumergirse en la hiperrealidad, que se ha convertido en la depredadora de la realidad más allá de cualquier ilusión, locura o droga.
Occidente, con Estados Unidos en cabeza, ha promovido la cultura de la estetización de lo banal, de crear el espectáculo de la sociedad y llevarlo al máximo 14 número de países posible. El capitalismo ha estado dirigiendo el mundo hacia la ilusión de la que el mundo es esclavo, del mundo que ha inventado la publicidad para crear un nuevo mundo donde el único propósito es recibir esa publicidad. El capitalismo ha pasado de ser plusvalía de la mercancía a ser plusvalía estética del signo.
Sin embargo en la concepción global del mundo, saliendo de Occidente, es donde se puede seguir viendo una lucha de contrarios, una contradicción, que parecía anulada por la fusión de valores del posmodernismo. Baudrillard hace referencia al 11-S, al atentado cometido contra la globalización por si misma, como sugiere. La idea de que el conflicto sea simplemente entre el Islam y los Estados Unidos no es más que una hiperrealidad más difícil de detectar, pues en realidad es el conflicto simbólico entre los valores occidentales y otro tipo de valores, que ven estos como un ataque a su manera de ver el mundo, que no se deja todavía indiferenciar por la cultura de la indiferenciación.
Opina que debe respetarse tanto la globalización y lo singular, ya que el siste ma occidental de valores humanistas es sólo una ilusión. Afirma que ambas partes del juego son víctimas, en una afirmación bastante polémica. A fin de cuentas, el conflicto duradero de Estados Unidos y el Islam representa la Éstetica de lo peor, pues America representa la voz totalizante del sistema de simulación, que quiere volver caduco todo sistema basado en valores distintos (no del consumo), lo que hace precisamente generar un caldo de cultivo de fenómenos de resistencia irrefrenables que al primer sistema, considerado constructivo, le va a aparecer negativo y disfuncional (el Islam), lo que genera que el sistema totalizante del Simulacro se crea con más derecho que para conseguir la paz haya de homogeneizar el resto de sistemas.
Incluso las mismas palabras de Baudrillard parecen pertenecer a la hiperrealidad de lo real, pues dice de otras maneras aquello que inferido lógicamente puede significar lo mismo, y a menudo se le ha acusado de revisionista de sus propias teorías, como cuando dijo que la Guerra del Golfo no se produciría jamás y que sólo seria mediática, a pesar de que de una manera real si que la hubo. Su mensaje parece ser que el pensador en cuanto la misma verdad se ha vuelto falsa, no se puede representar la denuncia de la mentira sin caer en la misma lógica que se pretende combatir, y de esta forma generar más hiperrealidad, que en cualquier caso, es la única realidad en el posmodernismo.
15 16 5. Bibliografía VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo “Baudrillard; de la metástasis de la imagen a la incautación de lo real“, En EIKASIA. Revista de Filosofía, Oviedo.
BAUDRILLARD, Jean “Ilusión, desilusión Estetica”, en “El complot en el arte”, Ed.
Amorrortu, Buenos Aires/Madrid, 2007.
BAUDRILLARD, Jean “Por qué todo no ha desaparecido aún” Ed. Libros del Zorzal.
SÁNCHEZ IRABU, Raúl Arturo, “El Simulacro de las marcas de consumo”.
FRANCO BERARDI, Bifo,” 25 años después: democracia y totalitarismo mediático”, epilogo a “Alice è il diavolo: Storia di una radio sovversiva”, Shake Edizioni Underground, 2002.
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