TEMA 24. INFECCIONES DE TRANSMISIÓN VERTICAL (2017)

Apunte Español
Universidad Universidad Complutense de Madrid (UCM)
Grado Farmacia - 4º curso
Asignatura Microbiología clínica
Año del apunte 2017
Páginas 5
Fecha de subida 19/06/2017
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Apuntes de Microbiología clínica curso 2016/2017. Profesor: Rafael Rotger Anglada. Grupo A.

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TEMA 24. INFECCIONES DE TRANSMISIÓN VERTICAL Estas infecciones son las que pasan de la madre al feto o al neonato. Existen dos tipos: - Transmisión transplacentaria: consiste en el paso de las bacterias o virus a través de la placenta.
Las infecciones que se transmiten por esta vía transplacentaria son las denominadas congénitas o intrauterinas.
- Transmisión perinatal: se produce desde el momento en el que se rompe el saco amniótico y el feto entra en contacto con la mucosa de la madre, hasta que se termina el parto (periodo perinatal). Si la rotura de la bolsa amniótica es prematura, el riesgo es mayor. Las bacterias pueden provenir de la mucosa genital o de la región perianal.
Las infecciones neonatales son las que se producen en las primeras cuatro semanas de vida. Las infecciones de transmisión vertical se incluyen en las siglas ToRCHS y hacen referencia a Toxoplasma, Otras como Parvovirus B19 (C) y Listeria (C), Rubéola, Citomegalovirus, Herpes varicela-zóster (C), Herpes simple (P) y Hepatitis B y C (P), SIDA (P, C, L), Sífilis (C) y Streptococcus grupo B (P).
Algunos de estos virus y bacterias, pueden pasar al neonato en función de la fase en la que se encuentre la infección. Algunos pasan al neonato cuando se trata de una primoinfección de la madre durante el embarazo. Es el caso de Parvovirus B19, Listeria, Rubéola y Herpes varicela-zóster. En los restantes, pueden darse casos por infección recurrente, persistente o crónica.
CONTROL SISTEMÁTICO DE LA GESTANTE: ToRCHS Es posible llevar a cabo un control en la madre en el caso de Rubéola, Hepatitis B y C, SIDA, Sífilis y Streptococcus grupo B. Las pruebas ToRCHS son un conjunto de pruebas que se realizan a la embarazada para prevenir la transmisión de la infección.
En la mayoría de los casos se emplea la serología. El problema de la serología en el neonato es el paso de inmunoglobulina de la madre al feto. La IgG o algunos de sus subtipos, son capaces de atravesar la placenta por lo que el hecho de que el feto tenga IgG contra algún microorganismo no tiene valor diagnóstico porque no quiere decir que esté infectado. Por esta razón se recurre a la IgM que sí es indicativo de que el feto está infectado.
Si existe sospecha de que el neonato está infectado, se extrae sangre del cordón umbilical en el momento del parto. La ausencia de IgM no demuestra la ausencia de infección porque el sistema inmune del neonato está en desarrollo.
También podemos aplicar la PCR a muestras del neonato, incluyendo la sangre del cordón umbilical de la que se puede hacer el cultivo y la PCR.
1 Rubéola congénita La rubéola congénita se transmite por vía intrauterina y el riesgo es particularmente alto cuando la madre sufre una primoinfección durante el primer trimestre del embarazo. Hay un riesgo elevado de aborto, pero si el feto llega a término, suelen aparecer alteraciones fetales como cardiopatía, microcefalia, sordera y cataratas. Si la infección se produce a partir del cuarto mes, el riesgo de transmisión es muy bajo.
En las madres se hace la serología, y si al comienzo del embarazo tiene título significativo de IgG, significa que está protegida y no puede sufrir rubéola durante el embarazo. Esta protección suele provenir de la vacunación. Si durante el embarazo la madre desarrolla un exantema, puede haber contraído la rubéola y lo que se trata es de averiguar si realmente está infectada. La serología nos indicará si ha sufrido la infección por el virus de la rubéola.
Si ha sufrido infección durante el embarazo no podemos tratar ni a la madre ni al feto, no hay antivíricos eficaces, únicamente se puede recomendar el aborto si el feto está afectado. La confirmación de la infección en el feto se puede hacer directamente durante el mismo embarazo, detectando en el líquido amniótico la presencia de RNA vírico mediante PCR o luego cuando nace el niño comprobando mediante la presencia de IgM en el cordón umbilical. En el neonato vemos el virus en sangre y se puede buscar, además, en orina, en faringe o en LCR.
Hepatitis B La Hepatitis B tiene un riesgo de transmisión perinatal al neonato, por lo que raramente la transmisión es congénita. El riesgo es muy alto si la madre tiene en el momento del parto replicación vírica, observable por el HBeAg. En este caso sí hay posible prevención. La vacunación de la madre puede prevenir la enfermedad y se puede vacunar durante el embarazo porque es una vacuna formada por proteínas. El diagnóstico es serológico.
Se ha visto que la cesárea no reduce significativamente el riesgo de transmisión. Sin embargo, existe una herramienta eficaz para prevenir la transmisión al neonato. Si el neonato se infecta durante el parto, casi siempre desarrolla una hepatitis crónica. Para evitarlo se le vacuna en cuanto nace. La primera dosis de la vacuna se administra el primer día si se sabe que hay riesgo de transmisión y además, se le administra una Ig específica.
Hepatitis C La transmisión es más frecuente en madres que son seropositivas para el virus del SIDA. Como es una transmisión muy rara, no hay medidas eficaces para prevenirla.
Sepsis/meningitis por Streptococcus agalactiae Se trata de una bacteria oportunista. Es un coco Gram positivo, βhemolítico. Se puede diferenciar de otros estreptococos hemolíticos mediante la prueba CAMP. Esta bacteria puede colonizar tanto la mucosa rectal como la vaginal de la madre. Forma parte de la microbiota normal.
2 Hay factores que aumentan el riesgo de transmisión al neonato. Uno de estos factores es la rotura prematura de la bolsa amniótica (amniorrexis) o que exista infección urinaria en la madre por esta bacteria. La transmisión es siempre perinatal.
El ensayo en la madre se lleva a cabo mediante cultivo vaginal y rectal durante las últimas semanas del embarazo. Se hace al final porque la madre podría infectarse de nuevo por esta bacteria antes del parto. Si está presente esta bacteria, se utiliza la penicilina para eliminarla de la mucosa.
En el neonato, la transmisión perinatal es muy grave porque puede producir septicemias, neumonías, meningitis y cualquier tipo de infección grave. El diagnóstico es el mismo dependiendo del tipo de infección, se toma la muestra, se cultiva la bacteria y se trata al neonato con ampicilina o penicilina.
Listeria monocytogenes Es un bacilo Gram positivo que, taxonómicamente, se encuentra en el mismo grupo de bacterias que los estreptococos. Es una bacteria β-hemolítica y también se identifica por la prueba CAMP, aunque no da un CAMP tan positivo como S. agalactiae.
La madre puede sufrir una infección por Listeria normalmente por alimentos contaminados (embutidos). El problema es que en una persona inmunocompetente, no suele producir infecciones ni síntomas. La madre, al final del embarazo tiene cierto bajón en las defensas inmunitarias, sobre todo, en la respuesta celular. Como Listeria es un patógeno intracelular facultativo, al descender las defensas celulares, las embarazadas se vuelven muy sensibles a la infección por Listeria.
Listeria puede pasar a sangre y puede atravesar la placenta dando lugar a una infección congénita intrauterina. El resultado de esta infección es en muchos casos el aborto. El niño puede nacer con una sepsis por Listeria o una meningitis. Estas infecciones son de tipo granulomatoso.
El cultivo es generalmente retrospectivo salvo que haya sospecha de infección. La bacteria puede cultivarse del exudado vaginal de la madre y, después del parto, es muy útil el cultivo de la placenta.
En el neonato se puede utilizar la sangre del cordón umbilical para el cultivo, también el meconio para realizar un cultivo de heces o LCR si hay meningitis.
El tratamiento es con ampicilina, aunque lo normal es emplear una asociación, ya que en las primeras fases de estas infecciones no se sabe muy bien cuál es la causa. Se asocia ampicilina con gentamicina o una cefalosporina de tercera generación debido al riesgo de que haya E. coli u otra enterobacteria porque también son causa frecuente de infección perinatal.
Varicela neonatal El virus varicela-zóster solo se transmite cuando la madre sufre la varicela, no cuando hay reactivación. Si la madre contrae la varicela durante el embarazo, la infección puede transmitirse por 3 vía intrauterina al feto. Esta enfermedad, normalmente no produce daños en el feto porque la protección de la IgG materna es suficiente para controlar la infección tanto en la madre como en el feto.
El problema es cuando la infección es contraída en la última semana del embarazo porque en ese momento, el virus pasa al feto, pero la madre aún no ha producido anticuerpos y no puede transmitirle protección. El niño nace con el virus y sin anticuerpos, por lo que sufre una forma grave de varicela, una varicela congénita grave y diseminada.
La prevención consiste en la vacunación. En principio, las vacunas atenuadas no están indicadas durante el embarazo. En casos de riesgo, se puede realizar una serología si existe la posibilidad de que la madre haya contraído la varicela. El diagnóstico en el neonato consiste en PCR, cultivo de las lesiones cutáneas, LCR, etc. El tratamiento es aciclovir y una inmunoglobulina anti-VZ.
Herpes simple neonatal El Herpes simple, fundamentalmente el tipo 2 (HSV-2), que es el genital, se puede transmitir al neonato por contacto con las úlceras del aparato genital de la madre. Estas lesiones se pueden deber a una primoinfección o a una recidiva. Por tanto, da igual que sea una infección nueva o se haya reactivado, se puede transmitir al feto.
La infección en el neonato puede ser grave afectando al SNC. En la prevención no se puede utilizar la serología ya que, si la madre ha tenido herpes, va a dar positivo, y si da negativo tampoco podemos saber si lo va a contraer o no. Tampoco hay vacuna contra el herpes simple y el tratamiento no está probado en neonatos. Si la madre presenta lesiones activas en el momento del parto, se puede programar una cesárea para evitar la transmisión. En el neonato se trata con aciclovir.
Infecciones neonatales por citomegalovirus Citomegalovirus es un virus herpes (HHV-5) que produce la infección congénita más común (raramente es perinatal o por la lactancia).
El problema es que el riesgo principal viene de una primoinfección, aunque también podría haber casos de activación.
No está recomendada la serología en las mujeres embarazadas porque prácticamente todo el mundo tiene anticuerpos contra el CMV. Los anticuerpos no son protectores por lo que si tiene anticuerpos no garantiza que no vaya a tener infección. No existe vacuna y no está probado el tratamiento. Por tanto, no es útil hacer ningún tipo de protección.
El diagnóstico, en cuanto a la IgM, en la madre, en muchos casos es dudosa. Lo más significativo es el aumento del título de IgG. Se realiza cultivo de orina y PCR. En el neonato se puede realizar también PCR y cultivo de orina, saliva, LCR, etc. El tratamiento es ganciclovir.
4 Parvovirus B19 Produce la enfermedad del bofetón y es un virus que si se transmite durante el embarazo es una causa muy grave de enfermedad para el feto. La transmisión es congénita y al principio puede producirse un aborto espontáneo. Si la infección se produce más tarde, se origina un cuadro sistemático conocido como hidropesía fetal, con anemia aplásica, edema y fallo cardiaco. El parvovirus se multiplica en las células precursoras en médula produciendo disminución de los glóbulos rojos.
En este caso tampoco se recomienda realizar serología porque es una infección asintomática.
Tampoco hay vacuna ni tratamiento. En caso de que haya evidencia de infección (afección del feto), se puede diagnosticar serológicamente por aumento de IgG o IgM y PCR a partir de sangre de la madre. Es la ecografía del feto la que pone de manifiesto estas anormalidades. Puesto que existe anemia en el neonato, la única solución es realizar una transfusión de sangre.
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