Tema 6. Actitudes ambientales (2015)

Apunte Español
Universidad Universidad Autónoma de Madrid (UAM)
Grado Psicología - 3º curso
Asignatura Psicologia Ambiental
Año del apunte 2015
Páginas 7
Fecha de subida 22/07/2017
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Psicología Ambiental Actualmente, el control de la contaminación acústica, así como la incorporación de la dimensión sonora en el diseño y la planificación urbana, se perfila como uno de los retos más importantes en relación a la mejora de las condiciones ambientales de la ciudad. Entre las medidas a adoptar, la planificación urbana debe tener en cuenta la zonificación y el aislamiento geográfico de las actividades ruidosas, tales como las grandes vías de tráfico y los aeropuertos, respecto a las zonas habitadas, prestando especial atención a la ubicación de determinados edificios (ej.: hospitales, escuelas) los cuales necesitan una mayor protección contra el ruido. Otra medida necesaria para la reducción del impacto del ruido es la insonorización de los edificios como medio de reducción de la transmisión del ruido, tanto exterior como interior.
ESTRESORES AMBIENTALES EJEMPLO RASGOS DE LOS ESTRESORES AMBIENTALES Signo Control Riesgo Ambiente natural Terremotos, ciclones, riadas, tsunamis, infecciones Ajuste Ajuste profundo Negativo Incontrolable Alto riesgo Medio construido Ruido, contaminación Negativo Relativamente incontrolable En función de su persistencia Ajuste medio Ambiente social Hacinamiento, aislamiento social, conflictos sociales Negativo Relativamente incontrolable En función de su persistencia Ajuste medio Eventos sociales Muerte de un ser querido, enfermedad, pérdida de trabajo Negativo Incontrolable Alto riesgo Ajuste profundo Tema 6. Actitudes y creencias hacia el medio ambiente 1.
Actitudes ambientales Intentar definir el concepto de actitud es siempre aventurado. Si optamos por algunas de las más extendidas, la actitud se define como un sentimiento permanentemente favorable o desfavorable hacia el objeto de actitud (Cialdini, Petty y Cacioppo, 1981), o de forma más precisa como conocimiento evaluativo, que se evoca de manera espontánea y que se forma a través de nuestras creencias sobre el objeto (Ajzen, 2001). Otros conceptos, como las creencias y la conducta o la intención conductual, se separan del de actitud propiamente dicho: • • El término creencia se reserva para las opiniones, pensamientos o conocimientos sobre el objeto de actitud La intención conductual indica una disposición a actuar de forma determinada respecto al objeto de actitud Las creencias y el comportamiento ambiental no forman parte de la actitud, si bien existe relación entre ellos En lo referente a la investigación e intervención sobre las actitudes hacia el medio ambiente, las actitudes ambientales se han definido como los sentimientos favorables o desfavorables que se tienen hacia alguna característica del ambiente físico o hacia un problema relacionado con él (Holahan, 1987). No obstante, aunque exista evidencia de que las actitudes hacia la contaminación, el uso de recursos, etc., están relacionadas entre sí, no podemos concluir que existe un constructo general de actitudes ambientales. Por ejemplo, si bien puede existir una predisposición general para actuar pro-ambientalmente, también pueden existir actitudes específicas que afectan sólo a determinadas conductas ambientales. Así, una actitud positiva de carácter general hacia el cuidado y la conservación del medio ambiente puede coexistir con una actitud negativa hacia el transporte público. La evaluación en este caso de una actitud general hacia el medio ambiente de poco serviría para predecir el uso de este tipo de transporte.
La especificidad de las actitudes ambientales está relacionada con otra de las cuestiones que ha suscitado mayor interés en el estudio de este campo: la relación entre actitudes y comportamiento ecológico o pro-ambiental. Los modelos teóricos que han alcanzado un mayor apoyo empírico han sido el modelo de activación de la norma de Schwartz (1977), que contempla el comportamiento ambiental motivado principalmente por razones prosociales (ej.: normas morales o personales, entendidas como sentimientos de fuerte obligación moral que las personas experimentan La capacidad de las actitudes ambientales al implicarse en comportamientos prosociales), y la teoría de la conducta planificada para predecir la conducta es nula.
(Ajzen, 1991), que considera que la conducta viene determinada directamente por la intención de ejecutarla, intención que a su vez está determinada por las actitudes, la norma subjetiva y el control conductual percibido.
Ciertamente, estos modelos dejan sin explicar un porcentaje importante del comportamiento pro-ambiental, evidenciando que otros factores no contemplados hasta ahora tienen un peso importante sobre el mismo. Según Stern (2000a), además de los factores actitudinales (normas, creencias y valores), otras variables causales que influyen en la ejecución del comportamiento ambiental son: Página | 31 Psicología Ambiental v Los factores contextuales. Muchos consideran que las mayores limitaciones de los modelos teóricos se explican por la escasa importancia que se ha dado al papel de las variables de origen contextual, tanto las variables del contexto físico como social, así como a la percepción de dicho contexto. Entre los factores contextuales podemos citar la presencia/ausencia de barreras ambientales y/o facilitadores situacionales (ej.: contenedores para el reciclaje, carril-bici), la normativa legal, los costes/incentivos económicos (ej.: el precio de la gasolina o las bombillas de bajo consumo), etc. Para Stern (2000a), cuanto más difícil y costoso es un comportamiento proambiental, menor es su dependencia de los factores actitudinales y mayor de los contextuales.
v Las capacidades personales. Éstas incluyen los conocimientos y las destrezas necesarias para actuar, la disponibilidad de tiempo, el poder o el estatus social. Por ejemplo, para hacer frente al cambio climático es necesario conocer cuáles son las causas y cuáles los comportamientos relacionados directamente con este fenómeno medioambiental, así como estar en disposición para llevarlos a cabo.
v Los factores actitudinales. Según la teoría del valor-creencia-norma (Stern, 2000), son la predisposición general hacia la conducta pro-ambiental, a las actitudes relacionadas con el compromiso personal, y a las variables actitudinales que reflejan los costes y beneficios personales de la acción pro-ambiental.
v Valores. Son los modos ideales de ser y estar en el mundo referidos. Estos pueden ser valores instrumentales (criterios de orientación referidos al modo de hacer) o valores terminales (referidos al modo de ser).
Según el modelo del valor-creencia-norma, los valores asociados con los biosféricos, los altruistas y los egoístas, Los valores de Schwartz que están asociados con la preocupación por el medio todos ellos pertenecientes al elNuevo Paradigma Ecológico (NEP). (+) y el universalismo (+) ambiente son logro (-), el poder (-), la benevolencia v Los hábitos. Los modelos teóricos dominantes subestiman el poder de los procesos automáticos sin elección consciente, tales como los hábitos, que pueden funcionar como barreras del comportamiento pro-ambiental. Un cambio en este tipo de comportamientos requiere una ruptura con los viejos hábitos y la creación de otros nuevos, lo que a su vez implica la necesidad de dejar de ejecutar la conducta de forma automática y hacerla consciente.
Finalmente, es necesario hacer mención a otros aspectos relevantes de las actitudes: v La potencia o la fuerza de las actitudes. Las actitudes ambientales no ocupan un lugar destacado en relación con otras actitudes generales de la persona, de modo que estas últimas pueden estar contrarrestando el efecto de aquéllas sobre el comportamiento.
v La ambivalencia actitudinal, que hace referencia a la coexistencia de evaluaciones positivas y negativas hacia el objeto de la actitud. Parece ser que la ambivalencia es un mediador significativo en las relaciones entre actitudes y conductas, de forma que cuanto más ambivalentes son las actitudes, más débil es esta relación.
2.
Creencias ambientales La manera en que los seres humanos nos relacionamos con el medio ambiente ha sido definida reiteradamente utilizando una visión dualista, según la cual el interés pro-ambiental y el interés por el desarrollo humano actúan como principios enfrentados entre sí. Esta visión dualista ha sido analizada fundamentalmente desde el acercamiento de las creencias antropocéntricas versus ecocéntricas y desde el Nuevo Paradigma Ambiental.
Ø Antropocentrismo – ecocentrismo en las creencias sobre la relación con el medio ambiente La confrontación entre una visión antropocéntrica y otra ecocéntrica constituye la base de muchos acercamientos al estudio de las actitudes ambientales. Thompson y Barton (1994) clasifican la preocupación por el medio ambiente basándose en dos valores diferentes: Página | 32 Psicología Ambiental • • El ecocentrismo, que implica una preocupación por la conservación del medio en sí mismo. Desde esta forma, el ecocentrismo correlaciona positivamente con la actitud y los comportamientos pro-ambientales referidos y observados, y negativamente con la apatía medioambiental.
El antropocentrismo, que refleja una preocupación por el medio ambiente que se debe a una valoración de la naturaleza por los beneficios naturales que nos puede proporcionar. El antropocentrismo merece una reflexión aparte, ya que las relaciones obtenidas, en contra de lo esperado, fueron de baja magnitud con las variables conductuales.
ANTROPOCENTRISMO Lo importante es el ser humano El hombre es un ser superior a la naturaleza Paradigma Social Dominante (PSD) Característico de las sociedades occidentales industrializadas ECOCENTRISMO Lo importante es la vida de todo el planeta El ser humano está a la misma altura que la naturaleza Nuevo Paradigma Ambiental (NPA) La vida humana no puede imaginarse si no hay un equilibrio en la naturaleza Una parte de la investigación sobre las creencias antropocéntricas y ecocéntricas que puede contribuir a esclarecer la naturaleza de dichos conceptos es la que interesa por la relación con la dimensión individualismo-colectivismo. Los resultados obtenidos indican que es plausible sostener que las posiciones antropocéntricas se acercan más al individualismo que al colectivismo, mientras que con el ecocentrismo sucede lo contrario: hay mayor proximidad con el colectivismo.
Ø El nuevo paradigma ambiental (NPA) Se ha afirmado que las diferencias actitudinales, así como el alto grado de ambientalismo observado en la sociedad contemporánea, deben atribuirse a la emergencia de un Nuevo Paradigma Ambiental (NPA), contrapuesto a las posiciones tradicionales del Paradigma Social Dominante (PSD).
• El concepto de PSD se refiere a una visión del mundo que apoya el individualismo y el laissez-faire del gobierno y enfatiza las creencias en el progreso material, la confianza en la eficacia de la ciencia y la tecnología, y una visión de la naturaleza como algo a ser utilizado. Según el PSD, el progreso material constituye el único valor social posible y la naturaleza sólo responde al criterio de satisfacción de las necesidades humanas. Asimismo, el PSD sostiene que los seres humanos suponen una excepción a las leyes de la naturaleza, de forma que la actividad humana se encuentra al margen de los condicionantes ecológicos.
Las tres dimensiones de este paradigma (económica, política y tecnológica) se relacionan negativamente con la percepción de problemas ambientales y con el interés ambiental.
• El NPA se define como una serie de ideas que suponen una visión del mundo contrapuesta al PSD antiecológico. Estas nuevas ideas han emergido en relación con diferentes aspectos medioambientales como la inevitabilidad de los límites del crecimiento, la importancia de la conservación del equilibrio natural, la necesidad de desarrollar una economía sostenible, etc.
La NEPS (New Ecological Paradigm Scale) es una escala para medir las creencias antropocéntricas y ecocéntricas.
Definido el Nuevo Paradigma Ecológico (NEP) desde este planteamiento como una orientación pro-ecológica que da lugar a creencias ambientales en una amplia gama de cuestiones, la escala revisada se estructura en torno a cinco facetas: límites al crecimiento, anti-antropocentrismo, fragilidad del equilibrio natural, rechazo del excepcionalismo humano y creencia en la crisis ecológica.
1. Nos estamos aproximando al número límite de personas que la Tierra puede albergar 2. Los seres humanos tienen derecho a modificar el medio ambiente para adaptarlo a sus necesidades 3. Cuando los seres humanos interfieren en la naturaleza, a menudo las consecuencias son desastrosas 4. El ingenio humano asegurará que no hagamos de la Tierra un lugar inhabitable 5. Los seres humanos están abusando seriamente del medio ambiente 6. La Tierra tiene recursos naturales en abundancia; tan sólo tenemos que aprender a explotarlos 7. Las plantas y los animales tienen tanto derecho como los seres humanos a existir 8. El equilibrio de la naturaleza es lo bastante fuerte para hacer frente al impacto que los países industrializados le causan 9. A pesar de nuestras habilidades especiales, los seres humanos todavía estamos sujetos a las leyes de la naturaleza 10. La idea de que la humanidad va a enfrentarse a una crisis ecológica global se ha exagerado enormemente 11. La Tierra es como una nave espacial, con recursos y espacio limitados 12. Los seres humanos fueron creados para dominar al resto de la naturaleza 13. El equilibrio de la naturaleza es muy delicado y fácilmente alterable 14. Con el tiempo, los seres humanos podrán aprender lo suficiente sobre el modo en que funciona la naturaleza para ser capaces de controlarla 15. Si las cosas continúan como hasta ahora, pronto experimentaremos una gran catástrofe ecológica Una de las razones por las que la relación entre actitud (según la NEPS) y comportamiento normalmente es de baja magnitud es que se utilizan medidas generales de actitudes para predecir conductas específicas. Página | 33 Psicología Ambiental Se han apuntado ciertas limitaciones en la formulación teórica del Nuevo Paradigma, aunque la más destacable es que los modelos de creencias personales no responden, necesariamente, a una concepción dicotomizada del universo de los paradigmas ambientales. Los individuos pueden sostener a un tiempo, y de manera consciente, creencias que se ajusta a uno y a otro paradigma.
Ø Nuevo Paradigma de la Interdependencia Humana Son muchos los resultados que llevan a cuestionar la dualidad de una visión de la relación entre las personas y el medio ambiente en términos de confrontación. Todos estos hallazgos sugieren que podría existir una visión del mundo alternativa que combinara creencias antropocéntricas con ecocéntricas, sin que éstas fueran contradictorias, y que permite la conciliación, y no sólo la oposición, entre ellas. Este nuevo marco o paradigma se basaría en una concepción de desarrollo interdependiente, que implicaría un proceso dinámico de integración e inclusión de las necesidades humanas en la dinámica de equilibrio ambiental.
El concepto de interdependencia se encuentra en la base de las nociones de sostenibilidad y de desarrollo sostenible.
La interdependencia implica que, en un ecosistema dado, la supervivencia de los elementos que lo componen depende de la integridad de los demás, de manera que la pérdida de un componente, o su daño, genera un desequilibrio en el sistema total y, por tanto, el resto de los elementos se ve afectado. Como principio epistemológico, la interdependencia supone romper la dualidad entre antropocentrismo y ecocentrismo. Combina ambas creencias ambientales en una visión que privilegia la idea de que el entorno físico requiere del ser humano para preservarse y que las personas necesitan de la naturaleza para sobrevivir. La interdependencia supone una nueva manera de entender las relaciones de las personas con el medio ambiente, que constituye el núcleo de creencias de una visión del mundo emergente, integradora y no dicotómica, denominada Paradigma de la Interdependencia Humana (Gärling, 2002).
3.
La medición de actitudes y creencias ambientales El procedimiento más habitual para evaluar las actitudes hacia el medio ambiente han sido y son actualmente las escalas tipo Likert. Generalmente en estas escalas se presenta un listado más o menos amplio de afirmaciones a favor y en contra de diferentes aspectos del medio ambiente, y el sujeto indica su grado de acuerdo o desacuerdo con cada una de ellas.
Ø Las escalas de actitud ambiental Una de las más aceptadas y con mayor tradición de uso entre los investigadores de este campo es la Escala de Interés Ambiental, elaborada por Weigel y Weigel (1978). Está formada por 16 ítems relativos a las posibles causas y remedios del deterioro ambiental, con los que se evalúa la actitud hacia la contaminación, la extinción de especies y la conservación de los recursos naturales.
Casi tan empleada como la anterior es la Escala del Nuevo Paradigma Ambiental, construida por Dunlap y Van Liere (1978), que originalmente contaba con 12 ítems. Posteriormente la escala fue revisada tanto en el número de ítems, que pasó de 12 a 15, como en la formulación de los mismos, para adaptarse a una visión más sistémica de los problemas ambientales. Este instrumento, ahora denominado New Ecological Paradigm Scale (NEPS) ha reemplazado casi totalmente al NPA original. Se ha puesto de manifiesto que las escalas NPA/NEPS son sensibles a las diferencias culturales, en la magnitud de las puntuaciones y en la relación entre los factores.
Una primera aproximación a la medida del Nuevo Paradigma de la Interdependencia Humana (NPIH) ha sido delimitada en un estudio intercontinental. Corral-Verdugo et al. (2008) desarrollaron una investigación cuyo objetivo general fue analizar la validez de constructo del NPIH y su influencia sobre la conducta pro-ambiental. Los autores elaboraron una escala de 5 ítems para evaluar el NPIH y encontraron que el NPIH puede configurar un sistema de creencias donde la orientación ecocentrada resulta básica, sin que ello suponga que se cuestione la relevancia y centralidad del bienestar humano.
La ventaja de estos procedimientos radica en la amplia representatividad poblacional que tienen y en que nos permiten realizar un seguimiento de los cambios que puedan producirse a lo largo del tiempo. Por el contrario, su principal dificultad radica en que suelen utilizar un reducido número de indicadores para cada variable evaluada.
Ø Aspectos críticos de las medidas En su revisión de los trabajos sobre la operacionalización del interés ambiental, Dunlap y Van Liere (1984) señalan tres aspectos críticos de las medidas elaboradas: Página | 34 Psicología Ambiental I.
La profusión de las medidas dificulta la comparación de resultados obtenidos en los diferentes estudios. Las medidas existentes difieren en el número de factores ambientales que incorporan.
II.
La profusión de instrumentos basados en distintas “dimensiones” de lo ambiental supone, también, la existencia de diferentes acercamientos conceptuales al constructo de interés ambiental.
III.
La falta de comunalidad conceptual e instrumental dificulta el establecimiento de generalizaciones empíricas de las relaciones entre la preocupación ambiental y otro tipo de variables, ya sean referidas al comportamiento o a las representaciones y cogniciones ambientales.
IV.
La preocupación por el medio ambiente está de moda, lo que acentúa uno de los principales problemas de las escalas de actitud: la deseabilidad social. Una estrategia que se ha sugerido ha sido la de diseñar procedimientos de medida implícitos, como el Test de Asociación Implícita (IAT).
La técnica consiste en presentar a los participantes palabras y/o imágenes que deben categorizar tan rápido y con tanta precisión como puedan. En el centro de la pantalla aparecen sucesivamente palabras y/o imágenes que los participantes deben hacer corresponder con una de las categorías situadas a izquierda y derecha de la misma pantalla. En un primer momento las categorías son sencillas (ej.: natural vs. construido; positivo vs. negativo), pero progresivamente se introducen categorías dobles (ej.: natural + positivo vs.
construido + negativo). El IAT predice que el tiempo de reacción en la tarea clasificatoria variaría en función del grado de asociación entre las etiquetas de las categorías. De esta manera, cuando dos etiquetas fuertemente asociadas comparten una misma tecla, la tarea clasificatoria será fácil y rápida, mientras que en caso de una asociación débil la clasificación será lenta.
4.
La implantación social de las actitudes ambientales A pesar de las dificultades metodológicas señaladas, los resultados obtenidos con las diferentes escalas no difieren mucho entre sí. En general, indican un alto porcentaje de la población con actitud muy favorable hacia la naturaleza, independientemente de su actividad económica y social. No obstante, encontramos un sesgo interesante cuando se analiza la percepción o valoración de la situación actual del medio ambiente a diferentes escalas territoriales. En general, los entornos más próximos tienden a ser evaluados de forma más positiva que los lejanos, fenómeno que se ha conocido como hipermetropía ambiental y que consiste en que los problemas ambientales se perciben como menos graves a medida que la escala espacial se reduce y aproxima. Una misma manifestación de este sesgo la encontramos cuando observamos que, aunque la mayoría de la población se considera a sí misma concienciada con el medio ambiente, piensa que los demás no lo está suficientemente (Corraliza et al., 1995). Puede que se trate de una forma de difusión de la responsabilidad: si los problemas ambientales están lejos, y además son los demás los que no están bastante concienciados, el grado de implicación y responsabilidad personal desciende significativamente.
Página | 35 Psicología Ambiental Cuando hay tanto conflicto, la conducta se va a explicar por las circunstancias (las condiciones exógenas).
Cuando hay condiciones de bajo conflicto, la capacidad predictiva de las variables endógenas es muy superior.
Ø Características sociodemográficas Uno de los aspectos que inicialmente despertaron mayor interés en relación con el ambientalismo, tanto desde el análisis de las actitudes ambientales como desde el NPA/NEP o el ecocentrismo vs. antropocentrismo, fue su implantación entre diferentes grupos sociales. Se intenta así delimitar un perfil sociodemográfico de las personas que comparten una determinada concepción de las relaciones con el medio ambiente. Las variables que mayor volumen de investigación han generado han sido: v Edad. Los jóvenes tienen actitudes y creencias más favorables hacia el medio ambiente que los mayores. Esto se atribuye a que los jóvenes están menos integrados en el orden social dominante, y por ello más dispuestos a realizar cambios en dicho orden social que permitan ofrecer soluciones a la situación actual de deterioro ambiental.
v Género. Las mujeres tienen una mayor conciencia ambiental que los hombres. Esto es frecuentemente atribuido a procesos socializadores diferentes para hombres y mujeres: la socialización cultural ha promovido en las mujeres una mayor preocupación por las otras personas y por las generaciones futuras.
v Clase social. El nivel educativo y los ingresos correlacionan positivamente con la actitud pro-ambiental y el apoyo al NPA. Ello ha sido explicado a partir de un mayor conocimiento sobre las causas y las soluciones de los problemas ambientales, y del hecho de que una mayor seguridad económica permita a estas personas preocuparse por otros asuntos diferentes de los relacionados con las necesidades más básicas.
v Lugar de residencia. Se encuentra un mayor pro-ambientalismo entre los habitantes de las ciudades frente a las personas que residen en zonas rurales. La razón es que los residentes urbanos están más expuestos a algunas señales del deterioro ambiental como la contaminación.
v Orientación política. Se ha encontrado una mayor actitud pro-ambiental entre liberales que en el grupo de los conservadores.
Ø Interés ambiental y creencias sociales Entre los intentos de desarrollar el concepto de actitud pro-ambiental, ha recibido cierta consideración el estudio de la relación del interés ambiental con elementos de ideología política, apoyo al control ambiental, y en general con cualquier otro conjunto de actitudes y creencias de ámbito psicosocial. Por ejemplo, Schultz y Stone (1994) analizaron la relación entre actitudes ambientales y autoritarismo, entendido éste como factor de personalidad. Los resultados obtenidos indican una correlación significativa entre actitudes a favor de la construcción de la central eléctrica (que iba a utilizar carbón) y las medidas de autoritarismo (en sentido positivo) e interés ambiental (en sentido negativo).
Esto es, las personas que apoyaban en mayor grado la construcción de la central mostraban un menor interés ambiental y un mayor índice de autoritarismo.
Respecto a la relación entre sensibilidad ambiental e ideología, se supone habitualmente que los defensores a ultranza del medio ambiente deberían defender posiciones políticas, ideológicas e incluso éticas próximas a postulados de izquierda. Samdahl y Robertson (1989) asumen como co-determinantes del interés ambiental ciertos elementos de la ideología liberal. Distinguen entre liberalismo pro-regulador y liberalismo de bienestar. La diferencia entre una y otra forma se encuentra en el énfasis que se realiza sobre el tipo de problemas y las estrategias de solución que se plantean. Estos autores hipotetizan que el interés ambiental se halla positivamente correlacionado con el liberalismo pro-regulador, en mayor grado que con la tipología liberal del bienestar social.
Página | 36 Psicología Ambiental En definitiva, la estructura de creencias ambientales propuesta parece explicada por contenidos medioambientales y por dimensiones generales de carácter sociopolítico. Todo ello vuelve a acercarnos a la idea de la concepción del medio ambienta como parte de un marco ideológico más abstracto. En tal sentido, el perfil ideológico del movimiento ambiental aparece organizado en dos áreas de contenido: los aspectos relacionados con el interés por las condiciones ambientales, y las consideraciones de ámbito político como son los procesos de participación, el igualitarismo o la estructura organizativa.
Límites de los programas para el cambio de actitudes ambientales: 1) Están centrados en los síntomas de los problemas y no en el conocimiento de los procesos que explican la conducta ecológica.
2) Están basados en una visión que pone el acento en la manifestación externa de la acción, dejando de lado el significado de la acción.
3) Están basados en una aproximación mecanicista y a menudo se deja de lado el carácter global de la acción humana.
4) Se confía de manera primaria en el poder de la información, como factor que influye en la conducta ecológica, dejando de lado la influencia situacional.
5) Se desarrolla a través de campañas, ideas o modas, dejando de lado enfoques basados en las oportunidades de la acción.
a. Campañas de sensibilización para distribuir información b. Campañas de persuasión para producir cambios de rutinas de consumo c. Campañas de participación para promover una implicación en el problema Tema 7. El medio ambiente natural 1.
Introducción Resulta difícil establecer una distinción clara entre medio natural y construido. En realidad, se trata de un continuum espacial difícil de delimitar. Kaplan y Kaplan (1989) se refieren al medio natural con el término naturaleza. Este término hace referencia al conjunto de elementos, vivos e inertes, que conforman un hábitat formado por espacios y recursos donde es menos apreciable la actividad humana.
2.
Percepción y valoración del paisaje En una de las primeras revisiones sobre percepción ambiental, Craik (1977) define el paradigma de percepción ambiental como una de las principales áreas de investigación dentro de la psicología ambiental. Dicho paradigma se focaliza en el análisis de la experiencia de escenarios y lugares, así como en el de los procesos y factores que influencian las variadas impresiones que los observadores se forjan sobre los ambientes. En relación con la anterior acepción, Ittelson (1978) ha señalado que el trabajo en percepción ambiental ha redefinido el concepto de percepción para incluir aspectos perceptivos, cognitivos, valorativos y afectivos estudiados con un amplio rango de metodologías y técnicas. Este autor ha establecido una diferenciación, desarrollada en torno a tres criterios, entre los estudios de percepción ambiental y los estudios de percepción clásicos.
Objeto del estudio Papel del receptor Tipo de tareas Percepción del objeto (psicofísica clásica) Propiedades aisladas de estímulos simples Sujetos Sin relación con la vida real Percepción ambiental (psicología ambiental) Escenas a gran escala (perspectiva molar) Participantes Conectada con propósitos cotidianos Algunos autores han establecido una delimitación conceptual entre el término “percepción ambiental” y otros afines como los de “valoración ambiental” o “evaluación ambiental”. Los estudios de valoración ambiental se preocupan, fundamentalmente, por analizar las impresiones personales (ej.: juicios de belleza, respuestas emocionales, significados) suscitadas por un paisaje. Es decir, se estudia el ambiente, pero el análisis se dirige hacia la persona que lo percibe y a la interpretación que suscita. Los trabajos de evaluación ambiental se dirigen más hacia la obtención de medidas que posibiliten un análisis objetivo de un entorno particular; es decir, se recaba información de los sujetos, pero el foco de atención fundamental es el ambiente más que aquellos.
Ø La preocupación por la calidad estética del paisaje La relevante consideración que los ciudadanos de los países con mayor nivel de vida han otorgado a la calidad ambiental de sus ambientes físicos constituye un elemento fundamental que ha favorecido el desarrollo de los trabajos sobre evaluación del paisaje. El hecho de que, en este contexto, los resultados de diferentes estudios hayan ido mostrando que el bienestar físico y emocional de los individuos puede verse incrementado significativamente por el Página | 37 ...

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