Trabajo Sociedad, Salud y Bienestar (2013)

Trabajo Español
Universidad Universidad de Barcelona (UB)
Grado Psicología - 1º curso
Asignatura Sociedad, Salud y Bienestar
Año del apunte 2013
Páginas 9
Fecha de subida 23/01/2015
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Nombre: Eduardo Zapata Lafuente Asignatura/Grupo: Societat, Salut i Benestar/M1 Curso: Primero de Psicología Estilo de vida Introducción El tema escogido para tratar en este trabajo es el “estilo de vida” tratado en el tema 6 del temario de la asignatura de Sociedad, Salud y Bienestar. A lo largo del trabajo se tratará de expresar el punto de vista psicológico, psicosocial y sociológico de la multitud de conceptos e ideas derivadas sobre este tema, a partir de opiniones y citas realizadas por autores expertos que tratan de realizar un análisis de los estilos de vida, junto a la teoría expresada en las diversas clases y conferencias. De este modo, conseguiremos analizar punto por punto todos los matices y ramificaciones conceptuales, recreando, en cierta manera, un esquema conceptual del temario.
Esta elección no ha sido nada sencilla, puesto que hay un gran número de posibles temas de gran interés dentro del bloque de “Estilo de vida y calidad de vida”. Sin embargo, el hecho de que durante tantos años hayan existido discusiones y controversias (y actualmente) a cerca de los innumerables tipos de estilos de vida existentes basándose en criticar sus creencias, ideales, principios morales, costumbres o hábitos, ha despertado mi interés.
Mirada psicológica En primer lugar, definiremos el concepto clave del temario; el estilo de vida consiste en el conjunto de pautas y hábitos de comportamiento cotidiano de una persona (Henderson, Hall y Liptos, 1980) o simplemente, como la forma de vivir.
El estilo de vida de cualquier individuo se encuentra organizado y estructurado en pautas comportamentales que se realizan de manera más o menos frecuente, de manera cotidiana, llamados hábitos o, de manera coloquial, costumbres. Estos hábitos o costumbres se constituyen, se complementan y se eliminan a lo largo de la vida del individuo, a través de las experiencias vividas.
Estas costumbres se crean siempre con un vínculo muy estrecho con el entorno en el cual han aparecido, ya que es este entorno el que ha permitido su aparición. Sin embargo, el vínculo entre el hábito y la situación en la cual ha dado su inicio va mucho más allá, puesto que es el ambiente el que aporta las características propias de cada pauta o respuesta comportamental.
El comportamiento de los seres humanos se basa, en gran medida, en estos hábitos, ya que las respuestas a ciertos estímulos son siempre igual, pudiendo variar en el modo de ejecución pero siempre tienen el mismo objetivo.
1 Sin embargo, tal como Bandura (1987) ha definido, la eficacia en el manejo y afrontamiento del entorno no consiste sólo en conocer de antemano la forma de actuación más adecuada en casa situación, ni se trata de una forma fija de comportamiento de la que tenemos en nuestro repertorio conductual, sino que implica una capacidad generativa en la que es necesario integrar las competencias cognitivas, sociales y conductuales en cursos de acción a fin de conseguir distintos propósitos.
Y de este modo se desprende el concepto de autoeficacia percibida, que se define como el juicio emitido por una persona sobre su propia capacidad para alcanzar un cierto nivel de ejecución.
El concepto de estilo de vida se encuentra determinado fundamentalmente por las características físicas del individuo, aspectos de la personalidad, la capacidad cognitivointelectual y por el entorno socio-cultural.
1. Las características físicas del sujeto, nos proporcionan información no sólo sobre cuestiones meramente físicas (edad, sexo, estatura, peso…) sino sobre aspectos fisiológicos básicos como la alimentación, el sueño, el sedentarismo, la actividad deportiva… Este concepto se encuentra íntimamente relacionado con la promoción de la salud y la prevención de las enfermedades, donde se entrelazan los estilos de vida y la salud. Este tema lo trataremos de manera más amplia en la mirada psicosocial.
Un aspecto esencial en el análisis del estilo de vida es la edad del sujeto. Es evidente que nuestro estilo de vida debe cambiar a lo largo de nuestra existencia y viviendo multitud de diversas experiencias, adaptándonos a los nuevos retos y exigencias que surgen en cada etapa de nuestra vida que responden a retos laborales, familiares...
Una de las alteraciones respecto a este tema, es el problema de las personas que no son capaces de adaptar su estilo de vida a condiciones nuevas. Este problema es uno de los más graves y, lamentablemente más extendidos actualmente en nuestras sociedades.
Las personas que son incapaces de establecer adaptaciones para las nuevas exigencias del medio se encuentran “estancadas” o “atrapadas” en el tiempo pasado, impidiendo su autorrealización personal y, como consecuencia, cabe la posibilidad que afecte a las decisiones y adaptaciones del resto de individuos.
2. La personalidad se refiere a aquellos aspectos que distinguen al individuo de cualquier otro, en este sentido la personalidad es característica de una persona, ya que la personalidad persiste a través del tiempo. Esto ocurre porque las características propias hacen que los individuos se comporten de diferentes maneras ante los mismos estímulos. La personalidad se basa en cuatro características básicas, como bien apunta González Rey: Consistente: Ya que que la personalidad es un rasgo distintivo de cada persona, éste permanece estable durante el tiempo, influyendo en su conducta. Esto no evita que el individuo pueda cambiar su comportamiento debido a factores externos o a las necesidades derivadas delas experiencias.
2 Diferenciadora: La personalidad permite identificar a cada individuo como un ser único y diferirlo del resto. Esta característica se basa en distintas respuestas que pueden tener las personas ante un mismo estímulo. La personalidad es única debido a que se constituye por una combinación de factores internos.
Evolutiva: Aunque la personalidad es un rasgo consistente, puede variar a largo plazo por la interacción con el medio, por las experiencias vividas por el individuo o simplemente, a medida que el individuo va autorealizándose.
No predictiva: La personalidad es una compleja combinación de características y comportamientos que hacen difícil la predicción de la respuesta de los individuos a los estímulos sugeridos.
3. El análisis de los aspectos cognitivo-culturales debe proporcionar datos sobre la capacidad de abstracción y generalización, la capacidad de afrontamiento y su sistema de valores y metas.
La abstracción es un proceso que implica reducir los componentes fundamentales de información de un fenómeno para conservar sus rasgos más relevantes con el objetivo de formar categorías o conceptos. Y la generalización es un elemento fundamental de la lógica y el razonamiento humano. Las estrategias de afrontamiento son los esfuerzos, para hacer frente a las demandas internas y ambientales, y los conflictos que generan, que, normalmente, exceden los recursos de la persona.
Un punto fundamental dentro de los estilos de vida son las relaciones sociales, las cuales son fundamentales para el ser humano. Como bien comenta González Rey, los seres humanos buscamos y necesitamos compartir actividades o experiencias con el objetivo de aumentar lo que sentimos e integrarlo a nuestros recuerdos.
Cuando compartimos nuestras experiencias, tomamos referentes sobre lo que otros hacen y valoramos si somos parecidos. En función de las conclusiones nuestra autoestima se intensifica o se reduce. Cuando cambia nuestra situación, la tendencia es intentar realizar nuevas actividades y conocer a otras personas.
Mirada psicosocial Dentro del análisis de los estilos de vida desde el punto de visto psicosocial, nos centraremos en definir el término clave de este trabajo y orientaremos nuestro estudio en la relación entre los estilos de vida y la salud.
Nuestro estilo de vida tiene una relación íntima con una gran cantidad de aspectos de nuestra propia salud. Todo comportamiento o conducta que realicemos tienen, o pueden tener, efectos importantes en nuestra salud, ya sea de manera positiva o negativa (Badura, 1984).
Muchas personas adoptan, de manera transitoria o incorporándolos a su estilo de vida, comportamientos promotores o protectores de la salud (Harris y Guten, 1979), tanto si tales comportamientos son objetivamente eficaces para conseguir tales metas, como si no.
3 Los resultados de los estudios que han analizado estas expectativas demuestran que los hábitos de salud de los individuos son poco consistentes. Estos resultados indicaron principalmente tres aspectos: En primer lugar, los comportamientos protectores de la salud cambian bastante con el paso del tiempo, especialmente, porque las personas sufren un proceso de cambio como resultado de la experiencia y esto es provocado porque las circunstancias externas que envuelven al individuo también cambian.
En segundo lugar, los hábitos comportamentales no son independientes. Diferentes hábitos comportamentales pueden tener diferentes objetivos. Por ejemplo, puedo mantener una dieta equilibrada y realizar ejercicio físico todos los días, mientras que puedo no fumar ni tomar bebidas alcohólicas, para prevenir una enfermedad. Por otro lado, diferentes comportamientos pueden ser influidos por varios aspectos de nuestra vida. Por ejemplo, puedo mantener una vida social muy activa, en la que sufra presiones para tomar alcohol y tener al mismo tiempo otro contexto que me está presionando para que limite el consumo de alcohol para mantener la figura.
Y en tercer lugar, los hábitos comportamentales no parecen estar gobernados en cada persona por un conjunto único de razones. Por ejemplo, puedo evitar fumar porque me produce dolor de cabeza, llevar una dieta sana porque me ayuda a practicar mi deporte favorito, y no beber alcohol porque mi mejor amigo murió a causa de conducir ebrio.
Por otro lado, los comportamientos promotores o protectores de salud se incluyen dentro de las denominadas “conductas de salud” y tienen una función, básicamente, preventiva. Sin embargo, cuando una persona se encuentra bien y está sana, es muy difícil que se involucre en este tipo de conductas, porque normalmente suponen esfuerzo.
El que una persona lleve a cabo comportamientos protectores de la salud depende de factores motivacionales que, a su vez, dependen de la percepción que la persona tiene de la amenaza que la enfermedad constituye para ella, de la eficacia que cree que la conducta tendrá para reducir la amenaza, y de la atracción que sobre ella ejercen comportamientos alternativos.
Pero no suele estar muy claro cuáles son los factores determinantes de comportamientos promotores de salud.
Desde el inicio del estudio de los estilos de vida, en las décadas del 70 y el 80 del pasado siglo, los estudios fueron muy importantes en las publicaciones sobre la Psicología de la Salud.
Movidos por la intención de identificar los factores psicosociales asociados al proceso de saludenfermedad, los estudios se apoyaron en los estudios de la epidemiología, pero con criterios curativos, sin buscar ni establecer apenas relaciones con los aspectos más propiamente comportamentales y sociales.
El análisis de los estilos de vida debe hacerse desde un modelo que considere al ser humano como el punto de corte entre sistemas sociales y microsistemas orgánicos. Para la Psicología de la Salud, es necesario superar este nivel de conocimiento analítico del estilo de vida.
Un enfoque personológicos sobre el estilo de vida tiene una gran importancia para la Psicología en el momento actual. Desde el punto de vista teórico contribuiría a la integración, 4 sistematización y generalización de todos los datos empíricos sobre unidades del comportamiento utilizadas en diversas esferas de la psicología. Esto permitiría realizar una representación más íntegra sobre las relaciones individuo-sociedad.
El estilo de vida individual tiene importancia para la investigación de la personalidad, ya que se trata de una condición esencial para el estudio de la personalidad como un sistema creado a partir de relaciones sistemáticas dentro de sistemas mayores.
El comportamiento individual se produce en la intersección de los dos tipos de sistemas, de forma que los acontecimientos sociales y biológicos tienen un impacto recíproco sobre el comportamiento. Por tanto, las teorías más centradas en el comportamiento individual han de ser complementadas con teorías que integren el marco social, como las teorías de la influencia social, de la comparación social y cualquier otra que explique el desarrollo y establecimiento de estilos de vida, asumiendo la hipótesis de que los comportamientos no son elementos aislados del contexto social.
Desde el punto de vista práctico, el hecho de definir el estilo de vida de los sujetos tendría múltiples aplicaciones. Por ejemplo, haría más eficaz ciertas tareas profesionales como la identificación de comportamientos de riesgo patológico no evidentes en conductas aisladas.
Se basa en una exigencia del desarrollo del conocimiento, y también en una necesidad práctica. Un enfoque holístico del estilo de vida, puede revelar que determinadas conductas no reconocidas como “factores de riesgo”, pueden resultar ser negativas para el sujeto por la forma en que se relacionan con las otras.
El estudio de la naturaleza del estilo de vida se divide en su estructura y funcionamiento, donde se aprecian tres tendencias: - La primera se caracteriza por el estudio fenomenológico del estilo de vida sin entrar a detallar en su configuración interna (A. Adler, 1948).
- La segunda tendencia, influenciada por el punto de vista filosófico y sociológico, reduce los componentes del estilo de vida a una sola categoría: la actividad vital.
- La tercera, propone la no determinación de los aspectos del estilo de vida como categoría de existencia e identidad propia, opinión de la mayoría de los autores revisados, es algo que delimita su investigación teórica y práctica.
Los aspectos personológicos son aquellos componentes del estilo de vida en que se expresan los contenidos de la personalidad y que tienen una fuerte relación con la salud. Son aquellas cualidades conductuales gracias a las cuales permiten el conocimiento de la personalidad a través de su estilo de vida. Seguidamente se describen uno por uno los constituyentes personológicos de I. Mayo (1999) para el estudio psicosocial del estilo de vida: 1. Sistema de actividades vitales: Se entiende como la organización jerárquica del conjunto de conductas que hace el individuo y que expresa el sentido subjetivo que la personalidad. El sistema de actividades se caracteriza por la valoración que el individuo le confiere a cada una de las actividades que lo integran.
5 2. Sistema comunicativo: Se trata de la organización jerárquica del conjunto de contactos comunicativos (relaciones interpersonales) del individuo que expresa el sentido subjetivo que la personalidad le otorga.
3. Sistema de roles: Es un aspecto funcional de la relación individuo-sociedad, que es síntesis de los condicionantes social e individual y de la actividad y la comunicación. Es una unidad funcional porque tiene identidad propia en relación con otras formas de vínculo del individuo y la sociedad.
4. Orientación en el tiempo: Es un indicador del nivel de desarrollo de la personalidad que se expresa en la construcción del estilo de vida. Se entiende que se trata de la expresión en el comportamiento de las dimensiones temporales que participan en la regulación psíquica del sujeto.
5. La autorrealización personal: La autorrealización se divide en dos aspectos unidos: la apropiación y la objetivación. Ambos puntos se expresan en el estilo de vida y crean nexos con la personalidad que lo regula; pero que a la vez está condicionada por él para su autorrealización.
De este modo el estilo de vida es resultado del proceso de autorrealización de la personalidad, que califica moral, cultural y políticamente al individuo. Dada la complejidad del proceso, se tomó su expresión externa, que se tratan de las formas de conducta del sujeto. Las circunstancias de la vida actúan sobre la personalidad a través de su estilo de vida, a la vez que la personalidad actúa y modifica las propias circunstancias a través del estilo de vida.
Mirada sociológica Las fragmentaciones en la sociedad instauran estilos de vida, que siempre han estado relacionados con modas y tendencias, pero que, actualmente, se convierten en un factor decisivo en cuanto a las representaciones de los individuos y a su patrimonio social.
El concepto de “comunidades interpretativas” de García Canclini (1996) podría asociarse con el concepto de estilos de vida. Según el autor las comunidades interpretativas son un conjunto de personas que comparten gustos y pactos de lectura de ciertos bienes simbólicos y que crean identidades compartidas. También los estilos de vida pueden ser considerados como “comunidades de interés”, donde los sujetos representan su racionalidad y diversidad de saberes para las distintas identidades.
El concepto de habitus de Bourdieu resulta fundamental actualmente y su uso es muy importante en la investigación, ya que tiene una conexión directa con el concepto de estilo de vida. El habitus es el proceso por el cual la esencia social es interiorizada por el individuo estructurando su vida cotidiana.
De esta manera, las disposiciones del habitus se vuelven reales en las prácticas asegurando su constante reproducción continua. El habitus es un sistema de aspectos compartido por todos los individuos que son productos de los mismos condicionamientos.
6 Abordar los estilos de vida supone entenderlos e interiorizarlos desde la relación que se crea entre las propiedades que dan cuenta de las condiciones de su existencia en el sentido que Bourdieu le ha conferido. Es decir, el vínculo entre los capitales económicos, culturales, sociales y simbólicos.
La estructura de relaciones de estos cuatro tipos de capital en función de la posesión o no de los mismos, ubica a los actores en el espacio social cotidiano y les permite desarrollar un habitus compartido entre quienes tengan la misma estructura de relaciones de capitales específicos caracterizándolos en relación con otros grupos en la sociedad.
El capital económico implica recursos materiales disponibles, ya que el capital cultural está ligado al conocimiento, el capital social a la red o círculo de relaciones y el simbólico es un plus de prestigio, legitimidad, autoridad y reconocimiento a los otros capitales.
El habitus, “lo social hecho cuerpo”, apoya a los individuos en su lucha por el espacio social. Es un sistema de esquemas de producción de prácticas y un sistema de esquemas de percepción y apreciación de las prácticas. El habitus produce prácticas y representaciones disponibles para la clasificación.
De acuerdo con Featherstone el estilo de vida denota en la cultura de consumo contemporánea, individualidad, expresión personal y autoconciencia estilística. Así, la expresión corporal y el habla de los sujetos se han tornado fundamentales para el análisis de los estilos de vida. La vestimenta, las actividades de tiempo libre, aquello que se bebe y come, la casa y el auto que se posee, los destinos turísticos y vacacionales, pueden considerarse indicadores del sentido individual del gusto y el carácter del estilo del propietario o consumidor.
Para el autor, los estilos de vida y el consumo implican cierta autonomía que va más allá de la determinación y la manipulación de la sociedad de masas tratándose más bien de un proceso individual y electivo.
Para interpretar a la sociedad contemporánea resulta fundamental analizar la estructuración de los bienes que se consumen, es decir, la cultura de consumo. Featherstone (2000) propone abordarla desde dos perspectivas. En principio el análisis de la dimensión cultural de la economía. Se trata de la utilización de los bienes como comunicadores aceptándose la idea de que son verdaderos signos que indican e informan, más que simples bienes funcionales.
Aquí se destaca el rol simbólico y no utilitario del bien que se consume. La segunda perspectiva de la cultura de consumo, se centra en los principios de oferta y demanda del mercado. Es decir, los patrones que lo rigen tales como competencia, monopolización, acumulación de capital, etc. insertos en los diferentes estilos de vida.
Elwert (1984) ha hecho referencia a la “economía imbricada” para denotar las precondiciones culturales de la vida económica. El autor destaca la interrelación entre el aspecto cultural y económico.
7 Acepta que los bienes no poseen solamente un valor de uso y cambio relacionados con un sistema fijo de necesidades humanas; sino que desde una perspectiva antropológica, sugiere que los bienes materiales, su producción, intercambio y consumo, están insertos en una matriz cultural, y que sólo a partir de ella es posible comprender al consumo.
Baudrillard (1975) asegura que el paso a la producción en masa ha conllevado al olvido el valor uso natural y original de las mercancías a causa del predominio del valor de cambio, haciendo que la mercancía se transforme en un aspecto inmerso en un sistema autorreferencial de significantes.
El autor indica que el consumo no debiera se entendido como consumo de valores de uso, en función de cierta utilidad material, sino como un verdadero consumo de signos. Baudrillard rechaza al referente y lo sustituye por un campo inestable de significados.
Así, para el neomarxismo, el predominio de la mercancía como signo la reproducción del sistema capitalista ha sido fundamental. De hecho, Jameson (1981) indica que la cultura es central en la sociedad de consumo y, que la sociedad contemporánea está saturada de signos e imágenes.
En la actualidad, vivir según estándares heredados hacia que un individuo perteneciera a determinada clase social. Sin embargo, la modernidad le asignó al individuo la tarea de su autoconstrucción. Se trata entonces de cierta responsabilidad encomendada, junto con elaboración de la propia identidad.
La responsabilidad del individuo (antes limitada a respetar las fronteras entre ser un noble, un comerciante, un soldado mercenario, un artesano, un campesino arrendatario o un peón rural) se ampliaba hasta llegar a la elección misma de una posición social, y el derecho de que esa posición fuera reconocida y aprobada por la sociedad.
Según Bauman, inicialmente fue el trabajo la principal herramienta para la construcción del propio destino. Y, una vez elegida, la identidad social acompañaba al individuo para siempre.
Sin embargo, el lema de los nuevos tiempos es flexibilidad. El autor hace foco en el término, porque considera que cualquiera que fuese la identidad que se busque y desee, esta deber· tener el don de la flexibilidad, que es necesario que pueda cambiársela a corto plazo. Es decir, las identidades de la modernidad son, para Bauman, temporarias y efímeras, y su construcción exige el consumo. Y en este sentido indica: Los caminos para llegar a la propia identidad, ha de ocupar un lugar en la sociedad humana y a vivir una vida que se reconozca como significativa exigen visitas diarias al mercado.
La sociedad de consumo de la modernidad exalta los valores democráticos en tanto fomenta la libertad de elección en función de un abanico de opciones que lejos de agotarse se incrementa constantemente. Por su parte, Lipovetsky (1996) relaciona a los estilos de vida propios de la posmodernidad como inmersos en una sociedad del look, una sociedad tolerante con la desigualdad pero jamás con la prohibición del deseo. El autor se da cuenta del paso de ideologías coercitivas a ideologías seductivas, donde la democracia se impone como discurso en un sistema que idolatra a las elecciones. Así, según este planteo, la democracia resultaría funcional en cierta hegemonía seductiva y no represiva, protegida por el discurso de la 8 autonomía de elección en el mercado. De esta forma el sistema democrático favorece a la aceptación y respeto por los diferentes estilos de vida otorgándoles una autonomía inédita.
Para el autor, se evidencia entonces, una imposición sistemática de productos y marcas, una realización para el objeto en el espectáculo de las elecciones del mercado.
Bibliografía Bandura, Albert (María Zaplana, trad.) (1987). Pensamiento y acción: Fundamentos sociales Baudrillard, J.: Cultura y Simulacro. Barcelona: Editorial Kairos, 1993 Bauman, Z.: Trabajo, consumismo y nuevos pobres. Barcelona: Gedisa, 2003, p. 49 Bauman, Z.: La globalización. Consecuencias humanas. Buenos Aires: FCE, 1999 Bourdieu, P.: Espacio social y poder simbólico. En su: Cosas dichas. Buenos Aires: Gedisa, 1988 Cova, J.: Psicologia del pensamiento.
García Canclini: Cultura y Comunicación: entre lo global y lo local, Ediciones de Periodismo y Comunicación.
Giddens, A.: Trabajando en Sociología: Métodos de Investigación. En su: Sociología. Madrid: Editorial Alianza, 1991.
González Rey, F. (1991): Personalidad y salud humana.
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