Resumen "el Príncipe" de Maquiavelo (2014)

Apunte Español
Universidad Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)
Grado Ciencia política y Gestión pública + Derecho - 1º curso
Asignatura Ciencia Política
Año del apunte 2014
Páginas 14
Fecha de subida 04/11/2014
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Resumen del "Príncipe" de Maquiavelo

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Ciencia Política Lectura I. “El príncipe” de Maquiavelo 1. Cuántos son los géneros de principados y por qué modos se adquieren.
Todos los Estados han sido y son Repúblicas o Principados, los cuales se pueden dividir en dos tipos: - Hereditarios  impera el linaje del señor.
- Nuevos  que pueden ser o completamente nuevos o mixtos, que son aquellos añadidos.
2. De los principados hereditarios.
En el caso de los principados hereditarios la dificultad para mantenerlos es menor. Hay que: - Respetar el orden de sus antepasados.
- Adaptarse a los acontecimientos Si el príncipe es de habilidad normal, mantendrá siempre su estado a menos de una fuerza extraordinaria. Un príncipe hereditario siempre es natural y por ello, es aceptado por sus súbditos de un modo también natural.
3. De los principados mixtos.
Un principado mixto es un miembro añadido a un Estado anterior. Estos tipos de Estado, presentan diferentes dificultades: - Los súbditos cambian de señor con la esperanza de mejorar, cosa que les hace tomar las armas contra su señor, per se engañan, pues después la experiencia les hará ver que han salido perdiendo.
- No se pueden conservar siempre los amigos que han guardado al Príncipe a adquirir el nuevo principado y tendrá como enemigos a todos aquellos que no están de acuerdo con la nueva situación.
Estos nuevos estados, pueden ser de dos modos:  Del mismo país y lengua. Es este caso, es muy fácil mantenerlos. Basta con haber extinguido el linaje del príncipe anterior y no alterar ni sus leyes ni sus tributos.
 Con lengua, costumbres e instituciones diferentes. Es necesario tener gran fortuna y mucha habilidad para conservarlos. Para conseguirlo, hay alternativas: - Pasar a residir allí. Esto hace que se puedan ver nacer los desórdenes y se les puede buscar remedio rápido.
- Establecer en uno o dos lugares colonias. Con las colonias no se gasta mucho dinero y sin gastos o con pocos se las envía y mantiene en el nuevo territorio.
Solamente se perjudica a aquellos a quienes arrebatan los campos, que representan una mínima parte.
Todo esto nos ha de hacer tener en cuenta que a los hombres se les ha de mimar o aplastar.
- Ocupar militarmente el territorio. En este caso, los gastos son mayores. Todo el mundo siente las molestias y cada uno se convierte en enemigo.
- Convertirse en jefe y defensor. Hay que estar al lado de los vecinos menos poderosos, ingeniárselas para debilitar a los poderosos y guardarse de que, entre en dicho país un extranjero tan poderoso como él.
1 Tan pronto como un extranjero poderoso entra en un país, los menos poderosos se le adhieren, llevados por la envidia que tienen a aquel que es más poderoso que ellos. En cambio, los menos poderosos requieren menos esfuerzos; solamente hay que procurar que no adquieran demasiada fuerza y demasiada autoridad.
Todos los príncipes no solamente tienen que preocuparse de los problemas presentes, también de los futuros. No se debe permitir jamás que continúe un problema para evitar una guerra porque no se la evita, sino que se retrasa con desventaja suya.
4. Por qué razón el reino de Darío ocupado por Alejandro, no se rebeló tras la muerte de sus sucesores.
Los principados pueden ser gobernados de dos maneras:  Por un príncipe y algunos siervos. Estos son seleccionados por el príncipe los cuales le ayudan. En este caso, el príncipe goza de autoridad mayor ya que en el territorio nadie reconoce mayor autoridad. Es muy difícil dominar estados de este tipo, ya que todos los siervos están ligados al Príncipe por lazos de amistad. Por todo ello quien decida atacar a un principado de estas características se lo encontrarán con habitantes muy unidos por lo que deberían confiar más en sus propias fuerzas que en la descomposición del contrario.
Ahora bien, después de que se logra hacerlo es muy fácil permanecer en el lugar conquistado ya que solamente se ha de temer a la familia del príncipe derrotado a la que necesariamente habrá que destruir.
 Por un príncipe y por nobles. Estos poseen dicho grado por herencia familiar, que tienen Estados y súbditos propios que les reconocen como su príncipe. En este tipo de principados, sucede lo contrario. Se puede entrar con facilidad siempre que se gane a alguno de los nobles del reino. Pero mantenerlo resulta muy difícil. Ahora no basta con extinguir a la familia del Príncipe, ya que seguro que existen muchos nobles que se consideran humillados por lo que alentarán continuas insurrecciones.
Pues bien, según Maquiavelo, si uno analiza ahora lo acontecido con los sucesores de Alejandro podrá ver a través de la historia que el reino de Darío (conquistado por Alejandro) era semejante al de Príncipe-Siervos. Por todo ello, Alejandro se vio obligado a hacerse dueño del territorio y, después de controlar a Darío y toda su familia, no le resultó difícil mantenerse en un territorio en donde todos eran considerados como siervos. Con sus sucesores hubiera sucedido lo mismo si se hubiesen mantenido unidos y sin enfrentamientos mutuos, algo que, por otra parte, no sucedió.
5. De qué modo se han de gobernar las ciudades o principados que antes se regían con sus propias leyes.
Cuando se adquieren Estados acostumbrados a vivir con sus propias leyes y en libertad, para que el Príncipe pueda conservarlos, dispone de tres alternativas: - Destruir dichas ciudades o principados, cosa que resulta la mejor opción.
- Ir a vivir personalmente allí, cosa que resulta la segunda mejor opción.
- Dejarlas vivir según sus propias leyes imponiéndoles un tributo e implantando un gobierno minoritario. No presenta grandes dificultades ya que tal gobierno minoritario le será fiel ya sólo puede mantenerse en el poder con el apoyo del Príncipe que lo ha creado.
De esta manera, la mejor forma de poseer un principado mixto acostumbrado a vivir libre es destruirlo. Y es que si no se disgrega y dispersa a sus habitantes, jamás olvidaran aquel nombre ni aquellas instituciones e inesperadamente, ante cualquier imprevisto, recurren a ellos.
2 Por su parte, las ciudades o países que están acostumbrados a vivir bajo el dominio de un Príncipe, si la familia está extinguida, dado que están acostumbrados a obedecer y, además, ya no tienen a su viejo Príncipe, ni otro de la familia para elegir, entonces, como no están acostumbrados a vivir libres le resulta fácil al nuevo Príncipe anexionador el ganar y guardarse de ellos.
6. De los principados nuevos adquiridos con las armas propias y con virtud.
Los principados mixtos disponen de Príncipes y organizaciones anteriores. No pasa lo mismo con los principados totalmente nuevos. Hay que tener en cuenta que:  La dificultad para mantenerlos va en función del grado de virtud del Príncipe que los adquiere. Tener virtud permite poder detectar las oportunidades para conseguir algo.
 Aquellos que alcanzan el principado por vías que exigen la virtud llegan a dicha situación con dificultad pero se mantienen con facilidad. Las dificultades que se encuentran son: - La aparición de nuevas situaciones que se ven obligadas a introducir para fundamentar su Estado. Es la tarea más difícil. Ello se debe a que el promotor tendrá como enemigos a todos aquellos que sacaban provecho del viejo orden y encontrará como defensores tímidos a todos lo que podrían beneficiarse del nuevo orden, una timidez que parte del temor a los adversarios, que tienen la ley a su lado, y en parte también de la incredulidad de los hombres, quienes nunca creen en lo nuevo hasta que adquieren una firme experiencia de ello.
Siempre que los enemigos encuentren la ocasión de atacar, lo hacen con ánimo faccioso, mientras los demás sólo proceden a la defensa con tibieza, de lo cual resulta un serio peligro para el príncipe y para ellos.
- Es necesario examinar si los innovadores se valen por sí mismos, es decir, si para llevar a cabo su obra necesitan predicar; o si dependen de otros, es decir, si pueden recurrir a la fuerza.
- o Si dependen de sí mismos sin poder recurrir a la fuerza  siempre acaban mal.
o Si dependen de sí mismos y acuden a la fuerza  corren peligro en determinadas ocasiones.
La naturaleza de los pueblos es inconstante: resulta fácil convencerles de una cosa, pero es difícil mantenerlos convencidos. Esto hace que tengamos que estar preparados para cuando dejen de creer, se les haga creer por la fuerza.
7. De los principados nuevos adquiridos con armas ajenas y por la fortuna.
Quienes se convierten en príncipes con la sola ayuda de la fortuna alcanzan dicho estado con pocos esfuerzos, pero deben realizar muchos para mantenerse. En esta situación se encuentran todos aquellos a quienes se les ha donado un Estado. Estos príncipes dependen de la fortuna y de la virtud para mantenerse. Estos en general, no saben ni mandar ni conservar su puesto.
La gran dificultad que se encuentran es que los Estados que surgen súbitamente no pueden tener las instituciones asentadas, cosa que hace destruir al Príncipe, a menos que este posea gran virtud para mantenerse.
Maquiavelo pone a dos ejemplos; por un lado, Francesco Sforza que llega a príncipe a partir de la virtud logrando mantener lo conseguido con gran virtud, y por el otro Cesar Borgia que consigue el Estado a partir de la fortuna, quien a pesar de su virtud y sus esfuerzos para mantener su principado, lo acabo perdiendo a causa de una mala fortuna.
3 8. De los que llegaron al principado por medio de crímenes.
Un particular puede alcanzar el principado por medio de otros dos procedimientos que no se pueden identificar completamente con la fortuna o la virtud. Estas dos vías se presentan cuando se asciende al principado por medio de acciones criminales y contrarias a toda ley humana y divina, o bien cuando un ciudadano particular se convierte en príncipe de su patria con el favor de sus conciudadanos.
En el primer caso, Maquiavelo pone dos ejemplos. Tanto Agatocles de Sicilia como Oliverotto de Fermo llegaron al poder mediante la violencia. Lo que permite entender la permanencia en el poder de estos dos personajes, mientras en otros casos, otros príncipes no han sido capaces de mantenerse en el poder mediante el uso de la violencia, se debe al buen o mal uso de la crueldad.
 Bien usadas se pueden llamar aquellas crueldades que se hacen de una sola vez y de golpe, por la necesidad de asegurarse, y luego ya no se insiste más en ellas, sino que se convierten en lo más útiles posibles para los súbditos. En este caso, se puede mantener el poder.
 Mal usadas son aquellas que, pocas en principio, van aumentando, sin embargo, con el curso del tiempo en lugar de disminuir. En este segundo caso, es imposible mantenerse en el poder.
9. Del principado civil.
En cuanto al segundo procedimiento, al de acceder al principado mediante el favor de sus ciudadanos, se da origen a un principado que se le podría llamar civil.
Se asciende a dicho principado o bien con el favor del pueblo o con el favor de los grandes. Porque en cualquier ciudad se encuentran estos dos tipos de humores: - El pueblo no desea ser dominado ni oprimido por los grandes.
- Los grandes desean dominar y oprimir al pueblo.
De estos dos contrapuestos nace en la ciudad uno de los tres efectos siguientes: el principado, la libertad o el libertaje.
De esta manera, el principado es promovido o por el pueblo o por los grandes, según sea una parte u otra la que encuentre la oportunidad:  Los grandes, viendo que no pueden resistir al pueblo, comienzan a aumentar la reputación de uno de ellos y lo hacen príncipe para poder a su sombra desfogar su apetito. El que llega a príncipe a partir de los grandes se mantiene con dificultad.
 El pueblo, viendo que no puede defenderse ante los grandes, aumenta la reputación de alguien y lo hace príncipe a fin de que su autoridad lo mantenga defendido. El que llega a príncipe a partir del apoyo del pueblo, se mantiene con más facilidad.
Lo peor que puede esperar un príncipe del pueblo enemigo es verse abandonado por él, pero si sus enemigos son los grandes, no solamente ha de temer que lo abandonen, sino incluso que se vuelvan en su contra porque no pierden el tiempo si se trata de salvarse y tratan de conseguir los favores del que presumen será vencedor.
Los grandes adoptan con respeto a un príncipe nuevo dos actitudes fundamentales: o bien se vinculan completamente a tu suerte o no. En el primer caso, en el que se vinculan completamente a tu suerte, es preciso amarlos y recompensarlos; en el segundo caso, en el que no se vinculan a tu suerte, hay que examinarlos de dos maneras: o hacen 4 eso por pusilanimidad y falta natural de ánimo, y entonces deberás servirte especialmente de aquellos que son competentes en alguna disciplina, a fin de que en la prosperidad te honres en ellos y en la adversidad en nada les tengas que temer. Pero cuando no se te unen a propósito y por causa de su propia ambición, es señal de que piensan más en ellos mismos que en ti.
Quien alcanza el principado mediante el favor del pueblo debe, por tanto, conservárselo amigo, lo cual resulta fácil, pues aquél solamente pide no ser oprimido. Pero aquel que, contra el pueblo, llegue al principado con el favor de los grandes debe por encima de cualquier otra cosa tratar de ganárselo, cosa también fácil si se convierte en su protector.
En este contexto, Maquiavelo, critica el proverbio que dice que quien construye sobre el pueblo, construye sobre barro.
Señala que tal proverbio solamente es verdad cuando el que se funda en el pueblo es un ciudadano privado que se imagina que el pueblo le salvará sin más cuando se encuentre en apuros. En este caso se llevará sin duda un desengaño.
Ahora bien, si el príncipe, que se apoya en su pueblo, es valeroso, sabe mandar y mantiene a toda la población motivada, entonces jamás será engañado por él.
Según Maquiavelo los principados civiles suelen correr el peligro cuando dejan de serlo para convertirse en principados absolutos. En tales principados el poder lo ejerce únicamente el príncipe o sus magistrados. En este último caso, no es de extrañar que en los momentos difíciles, tales magistrados intenten hacerse con el poder arrebatando el Estado al Príncipe. En esos momentos el príncipe tiene muy poca capacidad de maniobra ya que los ciudadanos estaban acostumbrados a recibir las órdenes de los magistrados.
10. Cómo se han de medir las fuerzas de todos los principados.
Maquiavelo analiza ahora si un príncipe tiene tanto Estado que pueda, en caso de necesidad, sostenerse por sí mismo, o bien si está siempre obligado a recabar ayuda de otros.
Afirma que pueden sostenerse por sí mismos aquellos que pueden organizar un ejército adecuado. Señala que tienen siempre necesidad de los demás quienes no pueden hacer frente al enemigo (al no contar con un buen ejército) sino que están obligados a refugiarse dentro de las murallas y defenderse desde allí.
Maquiavelo exhorta a todos los príncipes a que fortifiquen y defiendan su ciudad sin preocuparse del resto del territorio ya que el que tiene bien fortificada su ciudad no será atacado, puesto que los hombres se apartan siempre de las empresas en las que aprecian dificultad.
Teniendo un ciudad bien fortifica no le será dificultosos a un príncipe prudente tener a los ciudadanos a su lado en un asalto así como mantenerlos firmes siempre que no falten los medios de subsistencia.
11. De los principados eclesiásticos.
Los principados eclesiásticos, con respecto a los cuales las dificultades surgen antes de entrar en posesión de los mismos, pues se adquieren o con virtud o por la fortuna, y se conservan sin la una y sin la otra, ya que se sustentan en las antiguas leyes de la religión, las cuales son tan poderosos y de tanto arraigo que mantienen a sus príncipes al frente del Estado, sea cual sea su forma de actuación y de vida.
Los principados eclesiásticos son los únicos que tienen Estados y no los defienden, súbditos y no los gobiernan. En este sentido son los únicos seguros y felices.
5 12. Cuántos son los géneros de tropas y sobre los soldados mercenarios.
Maquiavelo analiza ahora los peligros y las formas de defensa que en cada uno de los principados anteriores pueden presentarse.
Los principales cimientos y fundamentos de todos los Estados, ya sean nuevos, ya sean viejos o mixtos, consisten en las buenas leyes y las buenas armas.
Las tropas con que un príncipe defiende su Estado o le son propias o le son mercenarias, auxiliares o mixtas. Las mercenarias y auxiliares son inútiles y peligrosas porque carecen de unidad. Además son desleales y sin disciplina; valientes ante los amigos pero cobardes con los enemigos. Con ellas llega la ruina ya que en la paza se ve uno despojado por ellas y en la guerra por los enemigos. A estas tropas unicamente les interesa el sueldo que aceptan gustosos cuando no hay guerra pero cuando ésta llega, entonces huyen.
Además los jefes mercenarios son hombres eminentes o no. Si lo son, no puede uno fiar de ellos ya que aspiran a su propia cota de poder; si no lo son porque carecen de cualidades, entonces los normal es que causen la ruina de un Príncipe.
A continuación, Maquiavelo, hace referencia como un Príncipe debería disponer de sus tropas: tendría que ir en persona con ellas y ejercer él mismo el oficio de jefe ante las mismas.
13. De los soldados auxiliares, mixtos y propios.
Las tropas auxiliares, que constituyen la otra clase de tropas inútiles, son aquellas de las que se dispone cuando se llama a un poderoso para que con sus tropas venga a ayudarte y defenderte. Estas tropas pueden ser útiles y buenas en sí mismas, pero para quien les llama resultan casi siempre perjudiciales, porque, si pierdes, te quedas deshecho, y si vences, te conviertes en prisionero suyo.
Según Maquiavelo las tropas auxiliares son más peligrosas que la de los mercenarios ya que con ellas está garantizado el fracaso al estar siempre dispuestas a obedecer a cualquiera menos al Príncipe al que vienen ayudar. Los mercenarios, por su parte, al no formar un bloque compacto y único necesitan más tiempo para hacer daño.
Los príncipes prudentes siempre han evitado este tipo de tropas y han recurrido a las propias, prefiriendo perder con las suyas a vencer con las de otro y estimando que no es una vitoria verdadera la que se consigue con armas ajenas.
Las tropas mixtas son aquellas tropas en parte mercenarias y en parte propias. Este tipo de tropas es mucho mejor que las simples tropas auxiliares o las simples tropas mercenarias, y muy inferior a las propias.
Sin armas propias, que son aquellas que están formadas o por súbditos, o por ciudadanos, o por siervos y clientes suyos, ningún principado se encuentra seguro, antes bien: se halla totalmente a merced de la fortuna, al no tener virtud que lo defienda en la adversidad.
14. De lo que corresponde al príncipe en lo relativo al arte de la guerra.
El arte de la guerra y su organización y dirección corresponde exclusivamente a quien manda. Además comporta tanta virtud que no tan sólo mantiene en su lugar a quienes han nacido príncipes, sino que muchas veces eleva a ese rango a hombres de condición privada.
La experiencia muestra que, cuando los príncipes han pensado más en las exquisiteces que en las armas, han perdido su Estado. El estar desarmado hace a un príncipe digno de desprecio. Entre quien está armado y quien está desarmado 6 no hay proporción alguna, y no es razonable que quien está armado obedezca a quien está desarmado, ni que el desarmado se encuentre seguro entre servidores armados.
Un príncipe prudente jamás deberá apartar de su pensamiento del adiestramiento militar y en época de paz se habrá de emplear en ello con más intensidad que durante la guerra. Esto lo debe llevar a cabo de dos maneras:  De obra. Además de mantener a sus ejércitos organizados y adiestrados, debería ir siempre de caza para acostumbrarse a su cuerpo a los inconvenientes y observar la naturaleza lo que le será muy útil para la guerra.
 Mentalmente. El príncipe debería leer todas las obras de los historiadores y en ellas examinar las acciones de los hombres eminentes, viendo cómo se han conducido en la guerra. Deben también tomar como modelo a alguien que con anterioridad haya sido alabado por sus acciones de tipo bélico.
Un príncipe sabio debe observar todas estas reglas: jamás permanecerá ocioso en tiempos de paz, sino que haciendo de ellas capital se preparará para poderse valer por sí mismo en la adversidad, de forma que cuando cambie la fortuna lo encuentre en condiciones de hacerle frente.
15. De aquellas cosas por las que los hombres y sobre todo los príncipes son alabados o censurados.
Maquiavelo comienza ahora analizar cuál debería ser el comportamiento del príncipe con respecto a sus súbditos y amigos. Según Maquiavelo, una cosa es lo se hace y otra distinta la que se debería hacer. Una cosa es como se vive y otra como se debería vivir.
Un hombre que quiera hacer en todos los puntos profesión de bueno labrará necesariamente su ruina entre tantos que no lo son. Por todo ello es necesario que un príncipe, si se quiere mantener, aprenda a poder ser no bueno y a usar o no usar de esta capacidad en función de la necesidad.
Finaliza Maquiavelo este capítulo hablando de los rasgos característicos que acarrean censura o alabanza en un Príncipe para señalar que ninguno de ellos debería ser demonizado. Lo que debería hacer un príncipe prudente es evitar ser tachado de aquellos (sean los que fueren) que le podrían privar de su poder. Por lo tanto, solo debería preocuparse de no caer en la fama de aquellos vicios que le pueden llevar a perder el Estado.
16. De la liberalidad y la parsimonia.
Maquiavelo comienza reconociendo que es bueno que un Príncipe sea considerado como liberal. Ahora bien, continúa afirmando que la liberalidad puede también perjudicarlo porque no le evitará ser tachado de la cualidad opuesta, la tacañería.
Según Maquiavelo, la liberalidad lleva consigo el no privarse de ninguno de los componentes de la suntuosidad lo que llevará al Príncipe a consumir toda su riqueza con lo que se verá obligado a gravar a su pueblo con impuestos haciéndolo odioso a sus ojos.
Si se da cuenta de ello y pretende retractarse, se ganará inmediatamente la fama de tacaño. Un Príncipe no pude, por tanto, recurrir a la virtud de la liberalidad sin que ello le cause un gran perjuicio. Este hecho justifica el que no debería preocuparse de ser tachado de tacaño ya que sus súbditos en lo que realmente se fijan es en que la parsimonia de sus rentas le llegan para defender su principado de quien le hace la guerra.
Un príncipe debe conceder poca importancia a que lo tachen de tacaño si con ello no se ve obligado a despojar a sus súbditos, puede defenderse, no se ve reducido a la pobreza y al desprecio y no se ve forzado a convertirse en rapaz.
7 Maquievelo, le hace ver que hay que diferenciar entre la liberalidad del principe que ha llegado ya al principado y la liberalidad del que está en vías de llegar. Señala que la liberalidad en el primer caso es totalmente perjudicial para el principado; en el segundo caso, sin embargo, podría no ser perjudicial.
Si, por otro lado, alguien objetase que hubo Príncipes que con sus ejércitos han hecho grandes cosas a pesar de tener fama de liberalísimos, Maquiavelo, responde lo siguiente: a la hora de hacer sus gastos el Príncipe: - Debe ser parco en gastar de su patrimonio.
- En relación con sus súbditos, no debe descuidar los preceptos de la liberalidad.
- Cuando está en campaña y se nutre de botines y saqueos de los otros, debe ser lo más liberal posible ya que, de lo contrario, sus soldados no le seguirán.
17. De la crueldad y de la clemencia, y si es mejor ser amado que temido o viceversa.
Todo príncipe debe desear ser tenido por clemente y no por cruel, pero, no obstante, debe estar atento a no hacer mal uso de esta clemencia. Un príncipe no debe preocuparse de la fama de cruel si a cambio mantiene a sus súbditos unidos y leales. La clemencia puede llevar, a la larga, a desordenes públicos, mientras que la crueldad cuando se utiliza solo afecta a unos cuantos particulares.
Maquiavelo, analiza la cuestión de si es mejor ser amado o temido, o viceversa. Afirma que cuando no se puede ser amado y temido al mismo tiempo, es mucho mejor se temido a amado. Y es que, según Maquiavelo, los hombres son por naturaleza ingratos, volubles y ávidos de ganancias y, por tanto, no debe confiarse en ellos. Tales tipos de hombres se pueden comprar pero no se tienen nunca de verdad, de tal forma que vacilan menos en hacer daño a quien se hace amar que a quien se hace temer.
El Príncipe, por tanto, debe hacerse temer, pero de tal forma que evite el odio de sus súbditos ya que puede combinarse el ser temido y el no ser odiado. Para lograr no ser odiado (sino temido) el Príncipe debe abstenerse de tocar los bienes de sus ciudadanos y de sus súbditos y sus mujeres. Cuando el Príncipe se encuentre al frente de sus tropas no debe preocuparse de la fama de cruel porque de lo contrario nunca mantendrá al ejército unido y dispuesto a acometer empresa alguna.
Un príncipe prudente debe apoyarse en aquello que es suyo y no en lo que es de otros. Debe tan sólo ingeniárselas para evitar ser odiado.
18. De qué modo han de guardar los príncipes la palabra dada.
La experiencia muestra que quienes han hecho grandes cosas han sido príncipes que han tenido pocos miramientos hacia sus propias promesas. Así han superado a quienes se han fundado en la lealtad.
Según Maquiavelo existen dos formas de combatir: - A través de la leyes. Es algo propio del hombre.
- A través de la fuerza. Es algo propio de las bestias.
Es necesario que un hombre sepa utilizar correctamente la bestia y el hombre. Este punto fue enseñado veladamente a los príncipes por los antiguos autores. Esto de tener por preceptor a alguien medio bestia y medio hombre no quiere decir otra cosa sino que es necesario a un príncipe saber usar una y otra naturaleza y que la una no dura sin la otra.
Según Maquiavelo un príncipe está obligado a saber utilizar correctamente a la bestia y, dentro de ella, saber elegir entre la zorra y el león. La identificación con la zorra le permitirá conocer las trampas y la identificación con el león le 8 permitirá saber cómo amedrentar a los demás. Pero debe saber combinar los dos ya si solamente hace de león no sabe realmente lo que lleva entre manos.
Un príncipe prudente no puede guardar fidelidad a su palabra cuando tal fidelidad se vuelva en contra suya. Y es que los hombres no son todos buenos y dado que son malos no suelen guardar nunca la fidelidad a la palabra dada. Intentar, a su vez, ser fiel con ellos no dejaría de ser una temeridad. El príncipe prudente debe ser un gran simulador y disimulador.
Maquiavelo afirma que es importante que no sólo que un príncipe tenga cualidades sino, y sobre todo, que parezca tenerlas. El príncipe necesita tener un ánimo dispuesto a moverse según le exigen los vientos y los cambios de la fortuna.
Por ello debe tener gran cuidado de que no salga de su boca cosa alguna que no esté llena de las cualidades señaladas anteriormente. Por eso debería parecer, al que le mira y escucha, todo clemencia, todo fe, todo integridad y todo religión, ya que no hay cosa más necesario que el aparentar.
19. De qué modo se ha de evitar ser despreciado y odiado.
Maquiavelo desarrolla su precipicio central de que el Príncipe debe evitar el odio y el desprecio del pueblo, pues tal falta debilita su posición y acaba por traer su ruina.
Odioso lo hace sobre todo el ser rapaz y usurpar los bienes y las mujeres de sus súbditos. De todo ello debería abstenerse ya que a los hombres no se les debe arrebatar ni sus bienes ni su honor. Depreciable le hace el ser considerado voluble, frívolo, afeminado, pusilánime e resoluto.
Un auténtico Príncipe debe guardarse de todos aquellos reproches que produzca odio o desprecio e ingeniárselas para que en sus acciones se vea grandeza de ánimo, valor, firmeza y fortaleza. El Príncipe que da de sí esta imagen adquiere reputación siendo temido por todos.
Un Príncipe debe tener dos temores: - Una hacia dentro (hacia sus súbditos). El Príncpe, ha de temer sobre todo a aquellos súbditos que maquinan conjuras. La mejor forma de guardarse de ellos es evitar el ser odiado y despreciado ya que entonces conserva el pueblo a su lado.
- Uno hacia fuera (hacia los extranjeros). En relación con los asuntos de fuera lo mejor forma de defenderse es con las buenas armas y los buenos aliados; y es que si los asuntos de fuera están seguros, entonces los asuntos internos también lo estarán. Uno de los más poderosos remedios de que dispone un Príncipe contra las conjuras es no ser odiado por el conjunto del pueblo porque el que conjura confía siempre en dar satisfacción al pueblo con la muerte del Príncipe.
En fin, reduciendo el asunto a breves términos: por parte del conjurado no hay sino miedo, sospechas, temor al castigo, lo cual acobarda; pero por parte del Príncipe está la autoridad del principado, las leyes, el apoyo de los amigos y del Estado. De esta manera, si a todo ello se añade el favor popular, es imposible que haya nadie tan temerario que conjure.
Los príncipes deben ejecutar a través de otros las medidas que pueden acarrearle odio y ejecutar por sí mismo aquellas que le reportan el favor de los súbditos.
Maquiavelo, afirma, ante los casos en que príncipes que se han comportado de forma ilustre no se han mantenido, que se ha de tener en cuenta que mientras que en otros principados sólo se ha de luchar con la ambición de los grandes y la insubordinación del pueblo, los emperadores romanos se enfrentaban a una tercera dificultad: tener que soportar la crueldad y la avaricia de los soldados, lo cual motivó la ruina de muchos emperadores ya que era muy difícil satisfacer, 9 al mismo tiempo, a los soldados y a los pueblos. Esto hizo que aquellos emperadores que tenía falta de experiencia política y carecían de reputación suficiente para contener tanto a los unos como a los otros, se venían siempre abajo.
Es muy difícil satisfacer a los soldados y a los pueblos, porque éstos aman la paz y a los príncipes moderados, mientras que los soldados querían un príncipe de ánimo militar, agresivo, cruel y rapaz. Por todo ello, aquellos emperadores que se ponían al lado del pueblo, solían tener un triste final ya que se encontraban siempre con el odio de los soldados. Y es que el odio se conquista tanto mediante las buenas obras como mediante las malas.
En relación con los principados nuevos de su época, Maquiavelo, afirma que, contrariamente a lo que sucedía en Roma, ninguno tiene ejércitos que se hayan enraizado en el gobierno y administración de las provincias, como era el caso de los ejércitos de Roma. Por eso ahora, en cambio, es más importante dar más satisfacción a los pueblos que a los soldados, ya que los primeros tienen más poder que los segundos.
20. Si las fortalezas y otras muchas cosas que los príncipes realizan cada día son útiles o inútiles.
En este capítulo, Maquiavelo, comienza describiendo algunas de las actuaciones de los Príncipes para conservar su Estado:  Desarmar a sus súbditos. Esta es una nefasta decisión. Más bien se debería hacer lo contrario ya que al armarlos aquellas armas se hacen suyas y los que le eran sospechosos se vuelven fieles y los que le eran fieles lo siguen siendo. Por el contrario si se desarma a los súbditos, éstos comienzan a sentirse ofendidos pues se demuestra nula confianza hacia ellos.
Además, como el Príncipe no puede estar desarmado, se verá obligado a recurrir a tropas mercenarias con los problemas que, como anteriormente se ha señalado, éstas traen. Por lo tanto, un príncipe nuevo en un principado nuevo debe reclutar las tropas entre sus súbditos. Ahora bien, existe una excepción: cuando un príncipe conquista un Estado, entonces es necesario desarmar aquel Estado con excepción de aquellos que en el momento de la conquista eran partidarios tuyos.
 Dividir las ciudades conquistadas. Las ciudades divididas acaban por perderse, sobre todo cuando el enemigo se acerca. Y es que la facción más débil se adherirá siempre a las fuerzas extranjeras y la otra no podrá resistir.
Semejantes procedimientos, por tanto, muestran palpablemente la debilidad del Príncipe, porque en un principado vigoroso jamás se permitirían tales divisiones ya que sólo son beneficiosas en tiempo de paz, al permitir manejar con mayor facilidad a los súbditos. Pero cuando viene la guerra se manifiesta con toda claridad la falacia de este procedimiento de gobierno.
 Alimentar la oposición interna contra él mismo. Si ello se hace con astucia al final brillará a mayor altura la grandeza del Príncipe. Y es que los Príncipes nuevos encuentran mayor lealtad y mayor utilidad en aquellos hombres que al comienzo de sus principados eran considerados sospechosos.
El príncipe se podrá ganar siempre con grandísima facilidad a aquellos hombres que al comienzo de su principado le eran enemigos y que necesitan de un apoyo para mantenerse. Estas personas están más obligadas a servirle por cuanto que saben que les es necesario borrar con sus actos la mala opinión que el príncipe tenía de ellos. De esta forma el Príncipe saca de ellos siempre mayor utilidad que de aquellos otros que por servirle con demasiada seguridad descuidan sus asuntos.
 Ganarse a los sospechosos. El príncipe se podrá ganar siempre con grandísima facilidad a aquellos hombres que al comienzo de su principado le eran enemigos y que necesitan de un apoyo para mantenerse. Estas personas están más obligadas a servirle por cuanto que saben que les es necesario borrar con sus actos la mala opinión 10 que el príncipe tenía de ellos. De esta forma el Príncipe saca de ellos siempre mayor utilidad que de aquellos otros que por servirle con demasiada seguridad descuidan sus asuntos.
 Construir fortalezas dentro de la ciudad. Son útiles o no según el momento ya que, en algunos casos, pueden favorecer pero en otros muchos perjudicar. Como principio general podría afirmarse que el Príncipe que tiene más miedo a los ciudadanos que a los extranjeros, debe construir fortalezas; pero el que tiene más miedo a los extranjeros que a los ciudadanos debe prescindir de ellas. De todas formas, la mejor fortaleza es no ser odiado por el pueblo.
21. Qué debe hacer un príncipe para distinguirse.
Nada proporciona a un príncipe tanta consideración como las grandes empresas y el dar de sí ejemplos fuera de lo común.
Es también importante que un Príncipe de ejemplo de cómo administrar los asuntos interiores de su principado. En este sentido un Príncipe prudente será aquel que es capaz de que cada una de sus acciones le proporcione fama de hombre grande y de ingenio.
En este sentido un príncipe adquiere fama cuando es un verdadero amigo y un verdadero enemigo ya que estas formas de actuar son siempre mejores que la de mantenerse neutral. Y es que el vencedor en una contienda no quiere amigos dudosos que no lo defiendan en la adversidad; y el derrotado no te concede refugio por no haber querido compartir su suerte con las armas en la mano.
Los príncipes indecisos las más de las veces se hunden. Por el contrario cuando el príncipe se alinea valientemente con una de las partes, si vence tu aliado, habrá contraído una obligación hacia ti y unos vínculos de amistad contigo. Por otra parte, si aquel a quien te has adherido resulta derrotado, siempre te proporcionará un refugio y te ayudará mientras pueda y será copartícipe de una fortuna que puede aún enderezarse.
Maquiavelo, recuerda que el Príncipe debe de guardarse de entablar una alianza con alguien más poderoso que él. La razón es que, en este caso, uno se convierte en prisionero del más poderoso. Cuando es imposible evitar la alianza, entonces el príncipe debe tomar parte partido claro por aquella parte que mejor pueda beneficiar sus intereses. En este caso, que no espere acertar necesariamente ya que toda opción de este tipo está siempre lleno de dudas.
Un Príncipe debería mostrar siempre su aprecio por el talento y honrar a los que sobresalen en alguna disciplina.
También debería procurar que sus ciudadanos puedan ejercer tranquilamente sus profesiones, así como saber entretener al pueblo con fiestas y espectáculos.
22. De los secretarios de los príncipes.
Maquiavelo comienza afirmando que no es asunto de poca importancia para un príncipe la elección de sus ministros ya que éstos son buenos o malos según la prudencia del príncipe.
El primer juicio que la gente se forma sobre la naturaleza de un Príncipe se centra en el examen de la gente que tiene a su alrededor. Si son competentes y fieles, entonces estamos ante un Príncipe sabio y prudente; si, por el contrario, no lo son, entonces hay siempre motivo para desconfiar del juicio prudente de tal Príncipe.
Según Maquiavelo existen tres clases de inteligencia. Aquellas que comprenden las cosas por sí mismas. Esta es una inteligencia superior. La que es capaz de evaluar lo que otro comprende. Esta es una inteligencia excelente. La que no comprende ni por sí misma ni por medio de los demás. Esta es una inteligencia inútil.
11 Según Maquiavelo existe un procedimiento que no falla para conocer, por parte del Príncipe, a un ministro: si el príncipe ve que el ministro piensa más en sí mismo que en el príncipe, entonces tal persona jamás será un buen ministro, y, por ello, jamás debería fiarse de él.
El príncipe, de todas formas, para conservar fiel a su ministro, debe pensar en él recompensándole con honores y haciéndole rico y partícipe de honores y responsabilidades. De esa manera, el ministro ve que no puede mantenerse al margen del príncipe, ya que los abundantes honores le llevan a no desear más honores ni las abundantes riquezas más riquezas, mientras que las abundantes responsabilidades le llevan a temer posibles cambios.
23. Cómo se ha de huir de los aduladores.
Según Maquiavelo el mejor medio de defenderse de las adulaciones es hacer comprender a los hombres que no ofenden al príncipe si le dicen la verdad. Lo que sucede es que el principio anterior presenta un problema que vendría dado por el hecho de que si cualquiera pudiera decir la verdad al Príncipe entonces se le acabaría por perder el respeto.
Por todo ello, es necesario que un príncipe prudente utilice un tercer procedimiento consistente en elegir en su Estado un grupo reducido de hombres sensatos a los que se le otorga (y únicamente a ellos) la libertad de decir al príncipe la verdad por muy dura que ésta sea. Tal verdad únicamente la dirán cuando el Príncipe les pregunte y no cuando ellos quieran.
Un príncipe debe aconsejarse siempre, pero cuando él quiere y no cuando quieren los demás. Sin embargo, debe estar siempre preguntando y escuchar pacientemente la verdad sobre todo aquello de lo que ha preguntado, enojándose incluso si alguien por cualquier razón no se la dice. De todos modos, a pesar de la importancia de los consejeros, Maquiavelo, afirma que hay una regla general que no falla nunca: más que confiar en los consejos de los demás el mejor consejero debe de ser la prudencia y la intuición del propio príncipe.
24. Por qué han perdido sus Estados los príncipes de Italia.
Las acciones de los príncipes nuevos son observadas con mayor atención que las de un príncipe hereditario debido a que los hombres se dejan convencer mucho más por las cosas presentes que por las pasadas y cuando encuentran el bien en el presente gozan de él y no buscan nada más.
Las razones que explican la pérdida de un Estado después de varios años poniendo como ejemplo a reyes de Italia son las siguientes: - Debilidad en lo que se refiere a la organización militar.
- Tener el pueblo como enemigo.
- No saber guardarse de los grandes.
Afirma que todos aquellos príncipes que, después de reinar durante muchos años han acabado por perder sus principados no deberían echar la culpa a la fortuna sino a su propia indolencia ya que los pecados de los pueblos nacen de sus príncipes.
25. En qué medida están sometidos a la fortuna los asuntos humanos y de qué forma se les ha de hacer frente.
Muchas personas tienen la opinión de que las cosas del mundo están gobernadas por la fortuna y por Dios de tal modo que los hombres, a pesar de toda su prudencia, no pueden corregir su rumbo. Esto lleva a muchos a pensar que no hay motivo para esforzarse demasiado en las cosas sino más bien dejar que las gobierne el azar.
12 Maquiavelo rechaza esta opinión ya que ello implicaría la anulación de nuestra libre voluntad. Pienso que puede ser cierto que la fortuna sea árbitro de la mitad de las acciones humanas, pero la otra mitad o casi, nos es dejada, incluso por ella, a nuestro control.
Maquiavelo utiliza un símil para justificar lo que acaba de decir: el símil de los ríos torrenciales. Es evidente, afirma, que cuando se enfurecen, inundan campos, tiran abajo árboles y edificios, quitan terreno de una parte y lo ponen en otra.
Los hombres no tienen más remedio que ceder ante él sin poder plantearle resistencia alguna. Ahora bien, ello no impide que en tiempos tranquilos, no puedan los hombres tomar precauciones mediante diques y espigones de forma que en crecidas posteriores el ímpetu de las riadas pueda ser contralado y encauzado.
Pues bien, lo mismo ocurre con la fortuna. Ella muestra su poder cuando no hay una virtud organizada y preparada para hacerle frente y por eso vuelve su ímpetu allá donde sabe que no se han construido los espigones y diques para contenerla.
A continuación, Maquiavelo, analiza las causas que pueden explicar el por qué algunos príncipes que prosperan hoy, caen mañana sin que, por ello, se halla apreciado cambio alguno en su forma de ser y actuar. Afirma que ello se debe a las razones siguientes:  Los príncipes que se apoyan únicamente en la fortuna se hunden tan pronto como ella cambia.
 Prospera aquel príncipe que armoniza su modo de actuar con la marcha de los tiempos y decae aquel cuya conducta entra en contradicción con tales tiempos.
Y es que podemos ver como príncipes que actúan de modo diferente unos actúan con precaución, otros con ímpetu, unos con violencia, otros con astucia; unos con paciencia y otros al revés. Lo curioso del caso, señala Maquiavelo, es que todos pueden alcanzar aquello que se habían propuesto.
Concluyo que la fortuna y los modos de actuar del hombre prosperan mientras que hay concordancia entre ambos y vienen a menos tan pronto como empiezan a separarse. De todos modos sostengo que vale más ser impetuoso que precavido porque la fortuna es mujer y es necesario, si se quiere tenerla sumisa, castigarla y golpearla. Y se ve que se deja someter antes por éstos que por quienes proceden fríamente. Por eso siempre es, como mujer, amiga de los jóvenes, porque éstos son menos precavidos y sin tantos miramientos, más fieros y la dominan con más audacia.
26. Exhortación a ponerse al frente de Italia y liberarla de los bárbaros.
Maquiavelo dedica este último capítulo del Príncipe a analizar si en la Italia de su tiempo sería posible existe materia en la que introducir en ella una forma que le reportara a un Príncipe (Maquiavelo piensa en los Medici) honor y a Italia bien.
Maquiavelo piensa que el momento presente es el más propicio ya que Italia presenta unas condiciones favorables para ello. Es más esclava que los hebreos, más sometida que los persas, más dispersa que los atenienses, sin un guía, sin orden, derrotada, despojada, despedazada, batida en todas las direcciones por los invasores, y víctima de toda clase de desolación.
Maquiavelo dirige sus palabras a la ilustre casa de los Medici para se decida a redimir los ultrajes y crueldades que los bárbaros han infringido a los italianos, ya que no se ve en el momento presente en quien pueda depositar mejor sus esperanzas que en vuestra ilustre casa, la cual con su fortuna y virtud pueda ponerse a la cabeza de esa redención. Para lograrlo pide a los Medici que tengan ante sus ojos los ejemplos dados por las acciones y la vida de los hombres mencionados en capítulos anteriores.
13 Si hasta ahora no ha podido llevarse a cabo la tarea que ahora los Medici, según Maquiavelo, podrían llevar a cabo, ello se debe a que la antigua organización militar no era buena por lo que hacen falta nuevas leyes y nuevas formas de organización. En estos momentos existe en Italia materia suficiente donde introducir cualquier forma ya que hay en ellas mucha virtud.
Según Maquiavelo, los italianos son superiores en duelos y combates entre grupos reducidos. Sin embargo cuando tienen que intervenir en los ejércitos sus cualidades desaparecen debido a la insuficiencia de sus jefes, ya que todos creen saber pero nadie es capaz de imponer su autoridad.
Maquiavelo aconseja a la casa de los Medici que si quieren emular a los grandes hombres de la historia se provean, antes de nada, de un ejército propio para así poder defenderse con la virtud italiana de los ejércitos extranjeros.
Reconoce que aunque la infantería suiza y española son extraordinarias poseen un punto débil: los españoles no pueden resistir a la caballería y los suizos tienen miedo de una infantería que cuente con soldados tan buenos como ellos. Pone como ejemplo de todo esto lo sucedido en la batalla de Ravena. Conocida, por tanto, la debilidad de ambas infanterías, Maquiavelo, pide a los Medici que organicen un tercer tipo de infantería que resista a la caballería y que no tenga miedo a otra infantería, algo que podría conseguirse si se forma con tesón un ejército propio de italianos.
Maquiavelo acaba pidiendo a los Medici que no dejen pasar esta oportunidad histórica y se conviertan en los redentores de Italia ya que el pueblo está dispuesto a luchar en contra de la bárbara tiranía.
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