Tema 16 - Los elementos del contrato (2015)

Apunte Español
Universidad Universidad de Barcelona (UB)
Grado Derecho + Ciencias Políticas - 2º curso
Asignatura Derecho de Obligaciones y contratos
Año del apunte 2015
Páginas 7
Fecha de subida 30/04/2017
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TEMA 16. LOS ELEMENTOS DEL CONTRATO Hay que tener en cuenta que se suelen distinguir tres distintos elementos de los contratos: 1. Requisitos esenciales: Son necesarios para que el contrato sea válido: el consentimiento, el objeto y la causa.
2. Requisitos naturales: Son aquellos que suelen acompañar a determinados contratos pero que pueden ser excluidos por las partes. Por ejemplo, el saneamiento por evicción en la compraventa que se regula en el art. 1475 CC: “Tendrá lugar la evicción cuando se prive al comprador, por sentencia firme y en virtud de un derecho anterior a la compra, de todo o parte de la cosa comprada. El vendedor responderá de la evicción, aunque nada se haya expresado en el contrato. Los contratantes, sin embargo, podrán aumentar, disminuir o suprimir esta obligación legal del vendedor”.
3. Elementos accidentales: Se pueden añadir al contrato o no (condición, término…).
LOS SUJETOS: SU CAPACIDAD Para que las partes den su consentimiento contractual válidamente han de tener capacidad para contratar. Del art. 1263 CC se desprende que tienen capacidad general para contratar los emancipados y una capacidad plena para contratar los mayores de edad siempre que no hayan sido incapacitados. Además, hay que tener en cuenta lo que dice el art. 1264 CC: “Lo previsto en el artículo anterior se entiende sin perjuicio de las prohibiciones legales o de los requisitos especiales de capacidad que las leyes puedan establecer”.
LA FORMACIÓN DEL CONSENTIMIENTO. LOS TRATOS PRELIMINARES.
Tradicionalmente, se han distinguido tres fases en la vida del contrato.
1. Formación del contrato: Tratos preliminares.
2. Perfección del contrato: A partir de esta fase, vincula y es exigible su cumplimiento.
3. Consumación del contrato: Comprende el periodo en que se cumple el contrato.
Los tratos preliminares son actos de los interesados en celebrar un contrato que preceden o pueden preceder a la perfección del contrato y que se realizan con el fin de decidir si les interesa celebrar el contrato. Son frecuentes cuando se trata de contratos de importancia económica o con cierta complejidad (conversaciones, estudios, gastos de viaje, informes, borradores de contrato, peritajes…).
Naturaleza jurídica de los tratos preliminares: Todavía no estamos ante una relación jurídica, por tanto, los tratos preliminares no son fuentes de obligaciones, pero sí que existe una relación social, lo que algunos autores alemanes califican como contacto social y en virtud de este contacto social hay que obrar de buena fe.
Problemática que plantean los tratos preliminares: ¿Se puede reclamar responsabilidad a alguno de los intervinientes? Ya a mediados del siglo XIX, Ihering sostuvo que sí que puede reclamar responsabilidad a consecuencia de lo que denominó culpa in contrahendo. Para poder fundamentar jurídicamente la reclamación de responsabilidad, caben tres posibilidades: 1. Considerar que se trata de responsabilidad extracontractual. Ahora bien, esto no es muy aceptable porque no hay contrato (no se ha perfeccionado), no hay relación jurídica.
2. Reclamar responsabilidad extracontractual con fundamento en el art. 1902 CC: “El que por acción u omisión causa daño a otro, interviniendo culpa o negligencia, está obligado a reparar el daño causado”.
3. Responsabilidad fundamentada en la culpa in contrahendo. El fundamento se hallaría en el deber genérico de obrar de buena fe y en el principio de no causar daños a los demás que fundamenta cualquier acción de responsabilidad.
Plazo de prescripción: 1 año en el CC estatal y 3 años en el CCCat LA OFERTA CONTRACTUAL. LA ACEPTACIÓN DE LA OFERTA. PERFECCIÓN DEL CONTRATO.
Según el art. 1258 CC, los contratos se perfeccionan por el mero consentimiento y según el art. 1262 CC el consentimiento se manifiesta por concurso.
La oferta contractual es una declaración de voluntad que un sujeto dirige a otro proponiéndole la celebración del contrato. Requisitos para que exista una oferta válida y que pueda vincular al que la hace: 1. La oferta debe ser completa, es decir, debe contener todos los elementos del contrato.
2. La oferta ha de ser seria y definitiva, es decir, no se puede reservar el oferente la facultad de cambiar algo.
3. La oferta ha de estar vigente, no se ha de haber extinguido. Mientras no hay aceptación de la oferta, la oferta contractual se puede distinguir por las siguientes causas de extinción: a) Cuando el destinatario la rechaza.
b) Cuando se fija un plazo y ese plazo transcurre sin que quien ha de aceptar la oferta la acepte.
c) Cuando resulta imposible realizar la prestación propuesta (ni siquiera hay oferta válida contractual).
d) Cuando el oferente la revoque.
La aceptación de la oferta es una declaración de voluntad con la que se expresa la intención de confluir el contrato propuesto y que determina su perfección. Requisitos para que la aceptación sea eficaz: 1. Ha de coincidir con la oferta.
2. Ha de ser definitiva, es decir, quien acepta la oferta no puede poner condiciones.
3. La aceptación ha de tener lugar cuando la oferta de contrato todavía está vigente.
La perfección del contrato: El contrato se perfecciona significa que vincula y que las partes contratantes pueden exigir su cumplimiento. Como regla general, el contrato se perfecciona por la simple concurrencia de las declaraciones de voluntad de las partes, es decir, con la oferta y la aceptación del contrato. Es importante mencionar el art. 1262 CC: “El consentimiento se manifiesta por el concurso de la oferta y de la aceptación sobre la cosa y la causa que han de constituir el contrato”.
El contrato se perfecciona en el momento en que la aceptación del contrato llega a conocimiento del oferente o se perfecciona en el momento en que quien hizo la oferta del contrato debió conocer la aceptación. El segundo párrafo del art. 1262 CC dice así: “Hallándose en lugares distintos el que hizo la oferta y el que la aceptó, hay consentimiento desde que el oferente conoce la aceptación o desde que, habiéndosela remitido el aceptante, no pueda ignorarla sin faltar a la buena fe. El contrato, en tal caso, se presume celebrado en el lugar en que se hizo la oferta”. En el tercer párrafo se añade que “en los contratos celebrados mediante dispositivos automáticos hay consentimiento desde que se manifiesta la aceptación”. Existe una categoría de contratos llamados contratos reales que se perfeccionan con la entrega de la cosa (comodato, mutuo…).
LA FORMA DEL CONTRATO Conforme al art. 1278 CC, los contratos obligan cualquiera sea la forma en que se hayan celebrado, es decir, que se pueden perfeccionar los contratos por escrito, verbalmente… Ahora bien, hay que distinguir dos clases de forma: 1. La forma ad probationem es la exigible para facilitar la prueba del contrato que se ha celebrado. Hemos de tener presentes dos artículos: el art. 1280 CC que se ha de poner en relación con el art. 1279 CC que dice así: “Si la ley exigiere el otorgamiento de escritura u otra forma especial para hacer efectivas las obligaciones propias de un contrato, los contratantes podrán compelerse recíprocamente a llenar aquella forma desde que hubiese intervenido el consentimiento y demás requisitos necesarios para su validez”.
En los supuestos del art. 1280 CC cualquiera de los contratantes puede exigir al otro que el contrato se redacte en documento público, pero esto no es un requisito de validez: a) Los actos y contratos que tengan por objeto la creación, transmisión, modificación o extinción de derechos reales sobre bienes inmuebles.
b) Los arrendamientos de estos mismos bienes por seis o más años, siempre que deban perjudicar a tercero.
c) La cesión, repudiación y renuncia de los derechos hereditarios o de los de la sociedad conyugal.
d) El poder para contraer matrimonio, el general para pleitos y los especiales que deban presentarse en juicio; el poder para administrar bienes, y de cualquier otro que tenga por objeto un acto redactado o que deba redactarse en escritura pública, o haya de perjudicar a tercero.
e) La cesión de acciones o derechos procedentes de un acto consignado en escritura pública.
También deberán hacerse constar por escrito, aunque sea privado, los demás contratos en que la cuantía de las prestaciones de uno o de los dos contratantes exceda de 1.500 pesetas.
2. La forma ad solemnitatem es la que se exige como requisito de validez del contrato. Los supuestos más importantes que son muy escasos son los siguientes: a) Las capitulaciones matrimoniales y sus modificaciones que son un negocio jurídico en el que los futuros cónyuges pactan su régimen económico matrimonial. El art.
1327 CC dice que “para su validez, las capitulaciones habrán de constar en escritura pública”. Este artículo es una norma especial, es de preferente aplicación y es un precepto posterior.
b) Las donaciones de inmuebles. Según el art. 633 CC, “para que sea válida la donación de cosa inmueble, ha de hacerse en escritura pública”. Esto también se recoge en el art. 531-22 CCCat.
c) La constitución de la hipoteca. Según el art. 1875 CC: “Además de los requisitos exigidos en el artículo 1.857, es indispensable, para que la hipoteca quede válidamente constituida, que el documento en que se constituya sea inscrito en el Registro de la Propiedad”.
En estos supuestos, si no se observa la forma que exige el ordenamiento jurídico el contrato es nulo porque falta un elemento esencial que es la forma.
LA INTERPRETACIÓN DEL CONTRATO La interpretación es una actividad jurídica que tiene como finalidad averiguar el sentido de las cláusulas contractuales. La interpretación de la ley se regula en el art. 3 CC, la de los contratos en el art. 1281 y ss y también existe alguna norma sobre la interpretación de los testamentos. Algunos autores plantean que se debe hacer una interpretación única y otros entienden que no se puede llegar a una total equiparación. La ley es la regla general y abstracta dirigida a una generalidad de personas y surge de un poder estatal (básicamente, el Parlamento). En cambio, el contrato es lex privata inter partes y surge de la autonomía privada, es decir, son los particulares los que celebran los contratos.
Los principios rectores de la interpretación contractual son directrices básicas que el intérprete debe tener en cuenta: 1. Búsqueda de la voluntad real: Este principio se aprecia como subyacente en varios artículos, pero sobre todo en el art. 1281 CC: “Si los términos de un contrato son claros y no dejan duda sobre la intención de los contratantes, se estará al sentido literal de sus cláusulas. Si las palabras parecieren contrarias a la intención evidente de los contratantes, prevalecerá ésta sobre aquéllas”.
2. Principio de conservación del contrato: Siempre que sea posible se debe procurar mantener el contrato. Por ejemplo, si un contrato puede sobrevivir con una cláusula nula no hay que declarar la nulidad total. Este principio se encuentra recogido en el art.
1284 CC: “Si alguna cláusula de los contratos admitiere diversos sentidos, deberá entenderse en el más adecuado para que produzca efecto”.
3. Principio de la buena fe: Hay que interpretar el contrato en el sentido que sea más conforme con el desenvolvimiento real y honrado de las relaciones contractuales. Una consecuencia importante de la aplicación de este principio es la denominada interpretación contra stipulatorem que se recoge en el art. 1288 CC: “La interpretación de las cláusulas oscuras de un contrato no deberá favorecer a la parte que hubiese ocasionado la oscuridad”.
Las normas de interpretación son aquellas cuya finalidad es indicar como se ha de averiguar el sentido de las cláusulas contractuales. Por lo que se refiere a los contratos, se recoge en los arts. 1281-1289 CC. Hay alguna más especial como, por ejemplo, el art. 347 CC que dice así: “Cuando en venta, legado, donación u otra disposición en que se haga referencia a cosas muebles o inmuebles se transmita su posesión o propiedad con todo lo que en ellas se halle, no se entenderán comprendidos en la transmisión el metálico, valores, créditos y acciones cuyos documentos se hallen en la cosa transmitida, a no ser que conste claramente la voluntad de extender la transmisión a tales valores y derechos. En las normas de interpretación se recogen los denominados medios de interpretación que son procedimientos que se siguen para averiguar el sentido de las cláusulas contractuales.
Según cual sea el medio de interpretación empleado, se pueden distinguir los siguientes tipos de interpretación: 1. Interpretación gramatical: Según este tipo de interpretación, las palabras son el punto de partida de la interpretación. Así resulta del art. 1281 CC: “Si los términos de un contrato son claros y no dejan duda sobre la intención de los contratantes, se estará al sentido literal de sus cláusulas”.
2. Interpretación sistemática: Se recoge en materia de contratos en el art. 1285 CC: “Las cláusulas de los contratos deberán interpretarse las unas por las otras, atribuyendo a las dudosas el sentido que resulte del conjunto de todas”. Es más, cuando se trate de negociaciones complejas y haya que celebrar más de un contrato, para averiguar el sentido de una cláusula habrá que poner en relación los distintos contratos.
3. Interpretación histórica: Se comprenden los siguientes datos: a) Los antecedentes del contrato: Cual era la situación jurídica, económica, social… en que se encontraban las partes cuando celebraron el contrato.
b) Los tratos preliminares: Los borradores, los proyectos… c) La conducta de las partes: En este sentido, en el art. 1282 CC se dice lo siguiente: “Para juzgar de la intención de los contratantes, deberá atenderse principalmente a los actos de éstos, coetáneos y posteriores al contrato”.
d) Quien redacto el contrato si fue cualquiera de las partes, un abogado… y las cualidades de los que redactaron el contrato.
4. Interpretación finalista: Es aquella que se lleva a cabo mediante el denominado medio de interpretación teleológico. Conforme a este medio de interpretación hay que investigar que pretendían las partes al celebrar el contrato. Hay que tener en cuenta, en primer lugar, la clase de contrato de que se trate porque una misma cláusula puede tener distintos significados y, en segundo lugar, la función económica o social que desempeñe el contrato, es decir, el objeto del contrato. Así, el art. 1286 CC dice que “las palabras que puedan tener distintas acepciones serán entendidas en aquella que sea más conforme a la naturaleza y objeto del contrato”.
La integración del contrato es una actividad jurídica próxima pero distinta de la interpretación en sentido estricto (por eso, a veces, se habla de ella como interpretación en sentido amplio). La integración consiste en colmar las lagunas del contrato, es decir, aquellos aspectos que las partes no hayan regulado. En materia de interpretación contractual, se recurre a la heterointegración porque la autointegración sería rellenar las lagunas del contrato suponiendo como las habrían regulado las partes. Se trata de colmar las lagunas de los contratos acudiendo a remedios o datos que se encuentran fuera de los contratos.
Hay que tener en cuenta el art. 1289 CC: “Cuando absolutamente fuere imposible resolver las dudas por las reglas establecidas en los artículos precedentes, si aquéllas recaen sobre circunstancias accidentales del contrato, y éste fuere gratuito, se resolverán en favor de la menor transmisión de derechos e intereses. Si el contrato fuere oneroso, la duda se resolverá en favor de la mayor reciprocidad de intereses. Si las dudas de cuya resolución se trata en este artículo recayesen sobre el objeto principal del contrato, de suerte que no pueda venirse en conocimiento de cuál fue la intención o voluntad de los contratantes, el contrato será nulo”. También hay que tener en cuenta el art. 1258 CC: “Los contratos se perfeccionan por el mero consentimiento, y desde entonces obligan, no sólo al cumplimiento de lo expresamente pactado, sino también a todas las consecuencias que, según su naturaleza, sean conformes a la buena fe, al uso y a la ley”. Sobre los usos también hay que tener en consideración el art. 1287 CC: “El uso o la costumbre del país se tendrán en cuenta para interpretar las ambigüedades de los contratos, supliendo en éstos la omisión de cláusulas que de ordinario suelen establecerse”. Sobre la ley hay que aclarar que lo que son leyes dispositivas siempre se tienen que cumplir (en lo que no hayan regulado las partes se aplicará la normativa legal).
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