TEMA 5 - Conciencia Plena "Mindfulness" (Resumen Lectura Obligatoria) (2016)

Resumen Español
Universidad Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)
Grado Psicología - 4º curso
Asignatura Intervenció en Psicologia de la Salut
Año del apunte 2016
Páginas 6
Fecha de subida 08/04/2016
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Resumen de la Lectura Obligatoria del TEMA 5 - Conciencia Plena (Mindfulness), de la asignatura Intervención en Psicologia de la Salud, de la Universidad Autonoma de Barcelona (UAB). Entra en examen.

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INTERVENCIÓN EN PSICOLOGÍA DE LA SALUD (Resumen de Samuel García Lanzo) TEMA 5: CONCIENCIA PLENA (MINDFULNESS) (RESUMEN DE LAS LECTURAS OBLIGATORIAS) MINDFULNESS Y NEUROBIOLOGIA El momento histórico de mindfulness La atención plena se caracteriza por un fuerte componente cognitivo, el cultivo de la atención y de la concentración.
En la actualidad existen ya diversas técnicas terapéuticas surgidas de la psicología occidental, en las que el mindfulness juega un papel destacado. Las más conocidas son: - La reducción del estrés basada en mindfulness (MBSR) La terapia cognitiva basada en mindfulness (MBCT) La terapia de aceptación y compromiso (ACT) La terapia conductual dialéctica (DBT), utilizada en tratamiento en trastorno límite de personalidad.
En relación con la neurociencia, se encuentra el área interdisciplinar que Siegel (2001) ha denominado Neurobiologia Interpersonal (IPNB), que estudia la forma en que las relaciones interpersonales afectan al desarrollo cerebral.
¿De qué hablamos, cuando decimos mindfulness? Cuando somos conscientes de lo que estamos haciendo, pensando o sintiendo, estamos practicando mindfulness.
Lo que sucede es que habitualmente nuestra mente se encuentra vagando sin orientación alguna, saltando de unas imágenes a otras, de unos a otros pensamientos. Mindfulness es una capacidad humana universal y básica, que consiste en la posibilidad de ser conscientes de los contenidos de la mente momento a momento. Es la práctica de la autoconciencia.
El primer efecto de la práctica de mindfulness es el desarrollo de la capacidad de concentración de la mente. El aumento de la concentración trae consigo la serenidad. Y el cultivo de la serenidad nos conduce a un aumento de la comprensión de la realidad (tanto externa como interna) y nos aproxima a percibir la realidad tal como es. La práctica prolongada de mindfulness, en un ambiente favorable, abre también la puerta a la aparición de estados modificados de conciencia.
Desde un punto de vista científico, podemos definir mindfulness como un estado en el que el practicante es capaz de mantener la atención centrada en un objeto por un periodo de tiempo teóricamente ilimitado. (Lutz, Dunne y Davidson, 2007). O, siguiendo a Thich Naht Hanh, “mindfulness es mantener viva la conciencia en la realidad del presente”.
Existe una distinción de dos componentes en mindfulness, por una parte existe el componente básico, la característica fundamental de mindfulness, que consiste en mantener la atención centrada en la experiencia inmediata del presente. Y el segundo componente, es la actitud con la que se aborda el ejercicio del primer componente, es decir, cómo se viven esas experiencias del momento presente.
En relación con la actitud que se adopta de cara a la experiencia, Bishop (2004) resalta la curiosidad, la apertura y la aceptación. Kabat-Zinn (2003) hace las siguientes recomendaciones para la práctica de la atención plena: no juzgar, aceptación, mente de principiante, no esforzarse, paciencia, soltar o practicar el desapego, confianza y constancia.
Siegel (2007) reduce las características de la actitud correcta a cuatro: curiosidad, apertura, aceptación y amor.
La técnica más utilizada, sobre todo al principio, consiste en centrar la atención sobre la respiración, siguiendo el ritmo inspiración - espiración, en cada movimiento respiratorio. Cuando la mente se aparta de su objeto, el sujeto vuelve suavemente a dirigir la atención a la respiración. Y así, una y otra vez.
También existen varios obstáculos metodológicos que impiden de momento sacar el máximo rendimiento a las técnicas exploratorias que ya se hallan disponibles. Como obstáculos importantes podemos mencionar: 1) la relativa escasez de sujetos experimentales con un alto nivel de experiencia meditativa; 2) el número y diversidad de técnicas de meditación, que hace difícil generalizar de unos estudios a otros y agrava el obstáculo mencionado en primer lugar; 3) la dificultad inherente al hecho de que se trata de un fenómeno de primera persona y de que incluso cuando dos sujetos crean que están practicando de la misma manera, es posible que sus cerebros no se encuentren en el mismo estado funcional; 4) lo difícil que resulta encontrar grupos de control apropiados.
Abandonar los prejuicios, abrirse a la novedad y conocerse a sí mismo.
Cuando se practica la atención plena imbuido por esta actitud, uno tiende a liberarse de todo conocimiento previo, de cualquier expectativa adquirida y se abre a percibir la realidad como si fuera la primera vez que la viera. Esa influencia que nos filtra la percepción de la realidad ha sido bautizada por Engel, Fries y Singer (2001) como procesamiento de arriba abajo, en oposición al procesamiento de abajo arriba, que describe la entrada de información “fresca” desde los órganos sensoriales. Hay amplia evidencia de que el procesamiento de estímulos está controlado por influencias de arriba abajo que conforman poderosamente las dinámicas intrínsecas de las redes tálamo-corticales y crean constantemente predicciones acerca de los eventos sensoriales entrantes.
Los procesos de arriba abajo existen, porque poseen un alto valor para la supervivencia, ya que permiten procesar y clasificar rápidamente la información que llega, facilitando así una toma rápida de decisiones necesarias para sobrevivir.
La información del aquí y ahora (de abajo arriba) tiene muchas dificultades para hacer llegar a la conciencia su auténtico mensaje. Esa información entrante o primaria ha sido clasificada por Siegel (2007) en 8 sentidos o corrientes de información sensorial, estos ocho sentidos son: los cinco órganos de los sentidos, la interocepcion, la comprensión de la mente y por ultimo nuestro sentido relacional, que nos informa sobre la existencia de nuestras relaciones interpersonales y nos permite sentirnos sentidos por los otros.
El proceso de prestar una atención especial a cualquiera de las ocho corrientes informativas requiere que una parte del cortex prefrontal, concretamente la corteza prefrontal dorso-lateral (DLPFC; dorsolateral prefrontal cortex), se active al tiempo que recibe la información que está siendo privilegiada en ese momento.
Es interesante señalar que si la auto-observación se mantiene durante bastante tiempo (como la práctica cotidiana y constante de mindfulness permite), llega un momento en que realmente podemos ver o apreciar las características de los procesos de arriba abajo. Mindfulness nos permite llegar a captar la realidad por una parte y la forma en que nuestra mente la deforma, por otra. Un caso particular de este proceso de descubrimiento lo podemos contemplar en el proceso de conocimiento del propio self.
La práctica paciente y repetida de mindfulness crea las condiciones necesarias para que podamos ir descubriendo ese núcleo, relativamente desconocido, de nuestra propia ipseidad. La concentración y la calma que se desarrollan practicando la atención plena permiten el descubrimiento del funcionamiento mental, de los trucos y de los hábitos, de los subterfugios y de las mentiras con las que la mente trata de engañarse a sí misma.
Mindfulness, asimetría prefrontal y disposición afectiva Una de las razones por las que el uso de la atención plena está teniendo éxito en clínica es porque contribuye al restablecimiento del equilibrio emocional (como sucede en la ansiedad o en el trastorno límite de personalidad), y porque favorece los estados de ánimo positivos y las actitudes de aproximación frente a las de evitación, razón por la que se ha utilizado en el tratamiento de los cuadros depresivos.
Existe al menos un trabajo que ha estudiado los efectos directos de mindfulness sobre la actividad cerebral en relación con el estado de ánimo y con lo que se ha llamado la disposición afectiva.
En un estudio, Davidson encontró que los meditadores, en comparación con los no meditadores, experimentaron un mayor incremento de la activación cerebral izquierda en las zonas cerebrales anteriores y medias, un patrón que se asocia a la presencia de una disposición afectiva positiva. Podríamos decir que, tras el periodo de mindfulness de 8 semanas, los meditadores experimentaban una desviación de su actividad cerebral hacia la izquierda.
Una mayor activación del lado izquierdo se asocia, no sólo a un estado de ánimo más positivo, sino también a una reactividad aumentada a los estímulos emocionales positivos, a una mayor habilidad para afrontar estados de ánimo negativos y para suprimir voluntariamente el afecto negativo.
La investigación de Urry (2004) hace una interesante distinción entre bienestar hedónico y bienestar eudaimónico.
El bienestar hedónico se refiere a aquellos aspectos positivos de la vida humana como la felicidad, la satisfacción con la propia vida y la frecuencia de emociones placenteras. Y se habla de bienestar eudaimónico cuando existen, además del afecto positivo, otras cualidades como la autoaceptación, altos niveles de autonomía y control del ambiente y existencia de un sentido vital y de un propósito en la vida. El predominio de la actividad del hemisferio izquierdo se encontraría más asociado con el bienestar eudaimónico que con el bienestar hedónico.
Una mente ecuánime es aquella que no discrimina, que no hace distinciones y que se distancia por igual del apego y de la aversión. La ecuanimidad incluye por tanto una disposición de ánimo positivo, sin aversión y con una buena capacidad de hacer frente a las emociones y situaciones negativas. Una actitud similar a la que denota el predominio de la actividad de la corteza prefrontal izquierda.
Mindfulness e inmunidad Kang (1991) se preguntó si existiría alguna relación entre el perfil de asimetría prefrontal y los parámetros inmunitarios, el hallazgo de su estudio fue que las mujeres que poseían una activación frontal derecha más extrema tenían niveles más bajos de actividad de las células NK (células asesinas naturales). Hay que recordar que la asimetría cerebral desviada hacia la derecha indica una mayor predisposición a los estados de ánimo depresivo y una mayor vulnerabilidad al afecto negativo. Por tanto, esta correlación entre asimetría y actividad de las células asesinas nos revela una relación entre un determinado patrón de actividad cerebral y una respuesta inmunitaria concreta.
En este estudio, de Davidson (1999), se confirmó que los sujetos con mayor activación del lado derecho mostraban niveles inferiores de función basal de las células asesinas y, además, que durante el periodo de exámenes finales mostraban una disminución de la respuesta de estas células asesinas. Por el contrario, los sujetos con mayor actividad cerebral del lado izquierdo, mostraban un aumento mayor en la función de las células asesinas.
La práctica de mindfulness era capaz de provocar una lateralización a la izquierda en la activación cerebral, es lógico preguntarnos ahora si esta práctica también puede afectar al sistema inmunitario. Se ha visto que la meditación potenciaba la producción de anticuerpos. Es decir, que la magnitud del incremento de la lateralidad izquierda predecía la magnitud del aumento de anticuerpos, subrayando así la relación entre ambas variables. Es interesante señalar que uno de los mecanismos por los que el estrés ejerce sus efectos negativos para la salud, es a través del aumento del cortisol y de su consiguiente efecto inmunosupresores.
Empatía y mindfulness Luz (2004) estudió la actividad electroencefalográfica en sujetos experimentales que recibían la instrucción de generar en sí mismos un estado de compasión pura o compasión no referencial, definiendo esta actitud como una voluntad y disponibilidad sin restricciones para ayudar a los seres vivientes. La conclusión más importante a la que llegan los autores de este trabajo es que los procesos atencionales y afectivos son habilidades que pueden entrenarse.
Cuando observamos un movimiento en otra persona, se activan en nuestro cerebro los mismos circuitos motores que necesitaríamos activar si tuviéramos que llevar a cabo dicho movimiento. De tal manera que, en cierta forma, percibimos el movimiento de otros a través de nosotros mismos. Hay una resonancia de nuestro sistema nervioso con el sistema nervioso del sujeto a quien observamos. Como dicen Blakemore y Decety (2001), entendemos las acciones de los otros a través de nuestro propio sistema motor. O, con palabras de Gallese (2003), percibir una acción es equivalente a simularla internamente.
La mera observación de los actos motores de otros seres vivos nos permite inferir, no sólo sus intenciones, sino también los estados mentales que normalmente subyacen a dichas intenciones. Esa inferencia de la mente de los otros es lo que se ha llamado teoría de la mente e implica la activación de la corteza prefrontal medial izquierda.
Iacoboni (2005) demostró que la codificación de la intención asociada a las acciones de otros está relacionada con un aumento de la actividad neuronal de la corteza frontal inferior.
La empatía, la comprensión e incluso la vivencia de la misma emoción que la otra persona experimenta, se desencadena por mecanismos de imitación que hacen aparecer en el observador emociones similares a las del sujeto observado.
Adolph (2002) describe que desde la amígdala y la corteza órbito-frontal se generan impulsos nerviosos que activan a ciertos componentes de la respuesta emocional (entre ellos, cambios en la expresión facial) y que este mecanismo podría contribuir a generar, mediante un proceso de simulación, conocimiento acerca del estado emocional de la otra persona, apoyándose en la corteza somatosensorial del hemisferio derecho para representar los cambios emocionales en el observador. De manera similar a los actos motores, la observación de las emociones genera cambios emocionales en el observador que le facilitan la comprensión de la emoción que observa.
Un ejercicio típico de algunas tradiciones meditativas consiste, en entrenar específicamente la compasión y la simpatía por los demás, la compasión pura. Hay que señalar que en cualquier clase de mindfulness, se requiere una actitud de acercamiento afectivo y de simpatía o amor hacia el objeto en el que se centra la atención. Es decir, que mindfulness implica empatía, sea cual sea el objeto hacia el que vaya dirigido. Hay que recordar que el mero hecho de centrar la atención sobre algo, si se hace con una actitud hostil o enfadada, no se considera mindfulness.
Siegel (2007), sugiere la hipótesis de la autoempatía o de la sincronización interna. En estas circunstancias es posible que se establezcan vínculos sociales entre individuos, al activarse lo que se llama el “sistema de implicación social”. La proximidad, la comunicación facial y la reacción del sistema nervioso autónomo frente a las señales recibidas son componentes clave de la respuesta favorable o no del sujeto. En el caso de ser favorable, se desarrolla un estado que se denomina “amor sin temor”.
Siegel sugiere es que estos sistemas neurales que normalmente sustentan las experiencias de sincronización y resonancia con otras personas, en la práctica de mindfulness, se volverían reflexivamente sobre uno mismo para desarrollar así una “auto-implicación” (en lugar de la implicación social antes mencionada), una relación de “amor sin temor” con la propia experiencia. Es decir, que en mindfulness estamos desarrollando empatía, comprensión, amor, compasión, con nuestra propia experiencia y con nuestro propio self. Tenemos una “neurocepción” de seguridad con nosotros mismos y consecuentemente nos conectamos, sintonizamos y resonamos con nuestro yo más auténtico. En mindfulness podemos cambiar de perspectiva y observarnos y experimentarnos a nosotros mismos como si fuéramos otro.
Mindfulness: la transición del estado al rasgo Mindfulness es un estado mental. Siegel (1999) define el estado mental como: “el patrón total de activaciones del cerebro en un momento concreto en el tiempo y señala que un estado mental tiene dos funciones fundamentales: coordinar la actividad del momento y crear un patrón de activación cerebral que tendrá mayor probabilidad de producirse en el futuro” La concentración de la atención momento a momento, que al principio exige un esfuerzo considerable, (persistir, por ejemplo, en la atención a la respiración, evitando constantemente la intrusión de pensamientos o emociones), con el tiempo se va convirtiendo en un hábito automático, que no requiere apenas esfuerzo.
El trabajo de Sara Lazar (2005), demuestra la existencia de cambios estructurales en el cerebro con la práctica de la meditación. El resultado más destacado del estudio de Lazar es que en ciertas zonas de los cerebros de los meditadores existía un grosor mayor de la corteza cerebral (en comparación con los cerebros de sujetos controles adecuados).
Este trabajo de Lazar demuestra que la experiencia de mindfulness, no sólo provoca cambios funcionales transitorios, sino que también deja huellas estructurales en el cerebro. Lo que significa que, la experiencia de la meditación, si es suficientemente prolongada, acaba produciendo cambios de rasgo, no meramente de estado.
El segundo estudio que refuerza la idea de la transición del estado al rasgo es un trabajo muy reciente de Brefczynski-Lewis (2007). Una de las conclusiones más importantes del estudio es que la activación de redes neuronales relacionadas con mecanismos de atención sostenida, se producía de manera diferente en función de la experiencia meditativa de cada uno de los subgrupos en que se dividió la muestra. Cuanto más experto se es, menos esfuerzo cuesta alcanzar el estado de concentración, ya que las redes neurales necesarias son anatómicamente más robustas.
Los sujetos con más horas de meditación, se encontró una activación pasajera del córtex prefrontal dorsolateral (DLPFC), región con capacidad ejecutiva, relacionada con la producción de estados de alerta y monitorización de la activación atencional.
Por tanto, la investigación neurobiológica confirma que al practicar mindfulness estamos propiciando un cambio inmediato en nuestro estado mental y que si la práctica se prolonga durante bastante tiempo, lo que al principio no era más que una modificación funcional transitoria, se convierte en cambios permanentes en la estructura cerebral, cambios que implican modificaciones también duraderas en la manera de ser y de reaccionar del sujeto, en definitiva, el cambio de un rasgo en su personalidad.
Mindfulness e integración: La corteza prefrontal En todos los trabajos en los que se estudia la actividad cerebral relacionada con la meditación utilizando la neuroimagen, hay una zona que suele destacar por su importante participación: la corteza prefrontal.
Las funciones de la corteza prefrontal siempre tienen el carácter de supervisar funciones (como pueden ser el lenguaje, o las funciones vegetativas), que llevan a cabo otras estructuras cerebrales, situadas más caudalmente en el sistema nervioso. Las funciones prefrontales, precisamente por su carácter de integración de procesos muy diversos como el pensamiento, la conducta o la afectividad, no resultan fáciles de sistematizar.
Stuss y Benson (1986) distinguieron tres niveles en las funciones de la corteza prefrontal. El primer nivel es el de integración y organización de la información procedente de otras regiones cerebrales posteriores, con la finalidad de formar representaciones cargadas de sentido. La información integrada se refiere tanto a aspectos cognitivos, como afectivos y motores. El segundo nivel se encarga de las funciones ejecutivas, que son aquellas que dirigen y controlan las conductas integradas del organismo (especialmente en respuesta a situaciones nuevas), que requieren soluciones creativas y que no pueden ser afrontadas por los mecanismos automatizados de rango inferior.
Y el tercer nivel se encarga de la auto-conciencia, de la conciencia del propio self y de la propia mente.
En su porción lateral hay que resaltar la porción dorsolateral de la corteza prefrontal (DLPFC), relacionada con la memoria de trabajo y con la atención. Una psicoterapia basada en los conocimientos del funcionamiento cerebral y que forma parte de lo que se ha denominado “Neurobiología Interpersonal”.
Una manera de sistematizar el papel funcional que desempeña la corteza prefrontal es destacar una serie de funciones que correlacionan con la actividad de esta parte del cerebro. Esto es lo que hace Siegel en su libro The Mindful Brain (2007), en el que enumera nueve funciones de la corteza prefrontal medial. Estas funciones son las siguientes: Regulación corporal, comunicación sincronizada con otras mentes a través de procesos de resonancia, equilibrio emocional, flexibilidad de respuesta, empatía, auto-conocimiento (insight), modulación del miedo, intuición y moralidad. Siegel considera que todas estas funciones están relacionadas con mindfulness.
Como afirma Siegel, “mindfulness puede favorecer las relaciones sanas entre individuos a través de una serie de mecanismos, como la empatía incrementada, el equilibrio emocional, la flexibilidad de respuestas y una predisposición mental a la aproximación” Una conclusión tentativa y esperanzadora Con la práctica prolongada de mindfulness, se producen cambios neurológicos duraderos en diversas zonas cerebrales cruciales para los procesos de integración, cambios que, yendo más allá de la actividad concreta que los provocó, acaban modificando una gran cantidad de comportamientos y formas de reacción del individuo, de manera que tienen un efecto multiplicador sobre su vida y sus relaciones interpersonales, debido precisamente a la gran repercusión que poseen, por su propia naturaleza, los procesos integradores cerebrales.
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