18. Los hombres y las mujeres (2012)

Apunte Español
Universidad Universidad Pompeu Fabra (UPF)
Grado Humanidades - 2º curso
Asignatura Historia Medieval
Año del apunte 2012
Páginas 4
Fecha de subida 25/10/2014
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primer trimestre

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XVIII. LOS HOMBRES Y LAS MUJERES 1) Las condiçiones de las mugeres En el Génesis encontramos dos partes en que se nos relata la creación del hombre y la mujer. Dios creo al ser humano su imagen i semejanza. De la costilla del hombre formó una mujer, por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a una mujer en una misma carne. Los historiadores saben que lo que vemos son dos versiones o relatos que provienen de sitios diferentes, y que no corresponden perfectamente, incluso se contradicen. Pero el hombre medieval no sabía que había dos tradiciones y dos relatos de orígenes distintos unidos en el libro de Génesis. Las implicaciones de este relato es que Dios crea dos seres que son diferentes, en los roles y físicamente, y esta diferencia ha de mantenerse. La distinción entre los roles lo femenino y lo masculino es algo que Dios ha creado y por tanto los hombres lo deben mantener y no se pueden mezclar. Por tanto, cada uno tiene su señorío, que deben mantenerse separados.
En cuanto a las consideraciones, como se valoran cada uno de estos roles: el hombre masculino y mujer femenina. Las valoraciones son muchas y muy diversas. Los moralistas, asociados a una moral clerical: la mujer es vista como una gran tentación. En los sermones encontramos una denuncia continua de la mujer tentadora, como las maneras de vestirse, de ornamentarse… eran denuncias obsesivas y muy repetitivas. A estas valoraciones les corresponde la idea de la naturaleza mezquina de la mujer. Una persona mezquina es alguien que no responde unos requisitos morales. Francesc Eiximenis explica el origen de la mezquindad de la mujer, como resultado de un castigo que Dios le impone a la mujer por su comportamiento en el momento del pecado original porque en ese momento la mujer se mostro mezquina, orgullosa, soberbia y necia (Ejemplo: castigo-menstruación-malos oloresperfumes). Relaciona los malos comportamientos con los castigos: voz de niño, actitudes de las bestias, tenemos casi nada sentido por eso no tenemos freno en las pasiones (hombre racional y mujer pasional).
2) Los lugares comunes Hay un montón de lugares comunes como ‘la mujer es astuta’, ‘la mujer es voraz sexualmente’, ‘la mujer es mezquina’… hay muchos y circulan por todas partes en el mundo medieval. Por ejemplo, esto lo vemos ilustrado en la segunda parte del Roman de la rose de Jean de Meun. Esta segunda parte es de muy diferente naturaleza y aparece un personaje muy importante, la vieja. La vieja hace un discurso a un grupo de mujeres jóvenes, un lamento acerca de la juventud perdida y un reconocimiento de no haber obrado bien y no haber sabido reconocido como eran los hombres. La vieja recomienda un perfil de mujer muy característico y da una serie de consejos prácticos acerca de la apariencia, los gestos, el comportamiento a la hora de beber y comer, del caminar con gracia y buen porte, desplumar a sus novios, ha de saber fingir, engatusar, a darse bien en la cama… todo con el objetivo último de hacer caer a los hombres y dominarlos como quieran. Lo que esta manejando este texto es todo una serie de lugares comunes acerca de la naturaleza de la mujer. Los de Jean de Meun son una serie de lugares comunes que contestan los lugares comunes de Guillaume de Lorris, la mujer prosaica de Jean de Meun se opone a la mujer poética de Lorris, la dama de la cortesía, la mujer bella de la gente bella. A su vez, los lugares comunes de Meun son contestados en diversas obras como las de la autora veneciana Christine de Piezan: L’epistre au dieu d’Amours (1399), Epistres du debat ssu le Roman de la Rose (1401-02) o La libre de la cité des dames (1402-1403). Es una mujer letrada que escribe la mayor parte de sus obras como reacción muy crítica a la idea de la mujer de Jean de Meun. Se crea un gran debate, a lo largo de un siglo, sobre la mujer, entre los que están de acuerdo con Jean de Meun y aquellos que lo critican. Christine de Piezan elabora una crítica a las obras que nosotros llamamos obras misoginias medievales, y hace una defensa de la mujer ante los vicios que se asocian a la mujer, y reivindica sus virtudes.
Este tipo de literatura es la de la defensa de las mujeres. Hay ejemplos en esta autora, pero también en autores como Boccaccio o Alvaro de Luna, que exaltan las virtudes individuales de cada mujer. Las mujeres también pueden ser virtuosas, por tanto no solo tenemos la mujer condenada, sino también la mujer defendida e incluso reivindicada. Hay una visión de que la mujer y el hombre son opuestos, pero se requieren, uno no puede ser sin el otro, por tanto la mujer tiene su lugar. En el cas de Chaucer, con el cuento de la comadre de Bath, no lleva la oposición sin ninguna valoración ni llegar a los extremos de superioridad o inferioridad. Incluso en estos extremos, la cosa es complicada porque nos encontramos en un mundo cristiano que defiende que aquello inferior puede pasar a ser lo superior, la inversión siempre es posible. Esta idea la cuestiona, y solo la cuestiona la definición aristotélica del hombre y la mujer. Los escolásticos aristotélicos defienden que la naturaleza al crear algo siempre quiere que sea perfecto, pero pueden producirse errores en la creación de los seres humanos provocados por el viento del sud. Natura cuando quiere crear un ser humanos siempre quiere crear un humano varón, y cuando se produce un accidente lo que se produce es una mujer. Los escolásticos como Tomás de Aquino, definen la mujer como varón defectuoso, un mas occasionatus: la mujer es un varón fallido y tienen en comparación con el varón una naturaleza defectuosa y averiada (no solo esta corporalmente averiada, sino también moralmente). En este caso, el defecto de la mujer no se explica a través del pecado, sino a partir de la natura, de la ciencia. Se suprime así esa oposición entre hombre y mujer, como opuestos que se requieren, y se crea un hombre y un menos hombre. Visión totalmente nueva, que rompe con la de hombre y mujer como dos verdades.
 3) El saber de la vida Debemos pedirnos si hay una conexión en esos lugares comunes y esa literatura que hemos asociado a la misoginia, con la realidad. Para eso debemos volver al Génesis, cuando Dios define al hombre y la mujer como diferentes, por tanto tienen roles distintos y señoríos distintos. La mujer señorea lo que podríamos llamar lo pequeño, es decir, señorea sobretodo lo doméstico, lo limitado, lo cotidiano, es la que se encarga del hogar, de la familia como grupo pequeño, la comida y la ropa, etc. Por tanto hay una preocupación por la salud del cuerpo y la vida de los individuos. El hombre se preocupa de cosas grandes, la política, la religión, aquello que es decisivo para toda la humanidad. Cuando hablamos de salud, estamos hablando de la salud medieval, que incluye siempre lo corporal y lo emocional. La mujer sabe de la vida porque es la que da la vida, sabe de la salud en sus dos dimensiones, corporal y emocional. La emocional incluye temas muy importantes como el amor y la sexualidad. Pasa a ser también saber masculino solo con la aparición de los médicos, como primeros hombres que penetran en ese mundo esencialmente femenino hasta el momento de las emociones como la del amor. La vida es señorío de la mujer, es un saber que la mujer aprende. Un saber eminentemente femenino que podemos ilustrar en un texto francés de finales del siglo XV (1479/80) titulado Evangelio de las ruecas que pertenece al género literario que conocemos como veladas y vigilias. Relatan reuniones de mujeres que se reúnen para intercambiar consejos y saberes, muy prácticos, en relación a los hijos, la enfermedad y el amor. De este saber propiamente femenino el hombre es excluido, el hombre es ignorante de estos saberes propios de la mujer, aún la importancia que estas cosas tienen en el hombre. Estamos hablando de un hombre excluido de estos saberes y por tanto entregado a esa mujer que si que domina estos temas y saberes. Este saber lo aprenden siendo jóvenes y esencialmente de otras mujeres, de las viejas que conocen esas cosas de la vida. Las viejas son muy importantes por gran conocimiento y saber sobre la vida, y se encargan de transmitirlo de mujer en mujer. Un ejemplo de tal es la comadre de Bath, de Geoffrey Chaucer. La celestina es un ejemplo clásico de vieja que explica lo que sabe en relación sobretodo del amor, la virginidad y la sexualidad. Por tanto encontramos las personalidades de vieja de la alcahueta (amor, contacto entre el mundo femenino y masculino), las hechiceras, las curanderas (en relación a la enfermedad) o las comadronas (ayudan a dar vida a las mujeres). Es interesante que el saber de la vida de estas viejas incluso lo pueden trasmitir a los hombres que acuden a estas mujeres viejas porque necesitan ese saber propio de las mujeres, como por ejemplo los médicos. Otros hombres que acuden a estas viejas son los jueces por las anulaciones de matrimonio por cuatro motivos muy particulares por ejemplo la impotencia.
El saber proviene de la propia experiencia de las mujeres, como acumulación de saber, después hay fuentes tanto orales como escritas (recetarios relacionados con el saber femenino y la salud), que pueden ser fuentes femeninas y masculinas. Las alcahuetas por ejemplo tienen contacto del mundo femenino y con el masculino, que le permite recaudar información del mundo masculino e incorporarlo al femenino. Hay un intercambio de saberes entre ambos mundos.
4) Tan estúpidos como gansos Hablando de la misoginia medieval, hay una relación muy tensa y complicada entre el hombre y la mujer. No es algo estable y continuo sino que esta en continua tensión, es decir, que entre la relación entre hombre mujer tanto puede ganar como perder el hombre o la mujer. Todos los lugares comunes que van circulando por el mundo medieval tienen la función básica de evitar que la mujer gane y el hombre pierda. No tienen tanto una función de definir y valorar la mujer, sino alertar el hombre de los riesgos que corre en esa relación con la mujer. El amor es la situación en que el hombre tiene el riesgo de perder, porque la mujer es la que domina el tema, y por tanto el hombre estará entregado y porque esta excluido del amor. En según que cosas, como el amor, la sexualidad y las emociones, el hombre es tan estúpido como los gansos y hay que advertirlos de tal. El complejo de superioridad realmente lo que refleja es una inferioridad del hombre en todos estos aspectos que son importantes también para el propio hombre, y su reacción es esa reacción misógina ...