Tema 8 part 2 (2017)

Apunte Español
Universidad Universidad Pompeu Fabra (UPF)
Grado Criminología y Políticas Públicas de Prevención + Derecho - 1º curso
Asignatura Teories Criminològiques
Año del apunte 2017
Páginas 5
Fecha de subida 23/09/2017
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a. 1. Consecuencias de la política criminal El énfasis de las teorías del control reside en el control social, es decir, aumentar el vínculo de la persona con las instituciones sociales que es lo que en últimas evitará que la persona realice delitos, es decir, que no se demanda un mayor control penal. La primera institución clave para la prevención del delito es la familia, pues existe un vínculo comprobado entre delincuencia y educación familiar defectuosa. Según Funes, la familia puede incidir de tres maneras: en primer lugar, cuando la familia presenta problemas en su equilibrio afectivo que el joven pude intentar manejar a través de actos delictivos; en segundo lugar, cuando fracasa el proceso de identificación de los hijos con los progenitores, ya por ausencia del padre o presentar un modelo “inimitable”; y, por último, cuando la familia tropieza con problemas para las funciones educativas, por la ausencia por teas laborales o la incapacidad de socializar. Entre los jóvenes con problemas de delincuencia siempre se han encontrado abundantes sujetos con un grupo familiar gravemente alterado. Por ello, las propuestas que pueden derivarse de las teorías control se dirigen a crear programas destinados a las familias, específicamente para asesorarlas en la educación de los hijos y procurar que éstas cumplan la función de control social. La segunda institución clave para conseguir la vinculación del joven con la sociedad es la escuela, la cual facilita el respeto a las figuras de autoridad mediante la vinculación afectiva e identificación que establece el niño con los maestros. Toby sugiere que los jóvenes actualmente no reciben ganancias por el hecho de obedecer y conformarse, por ello sugiere dos medidas: la primera consiste en aumentar el ligamen de la escuela con el mercado laboral para que el joven perciba que vale la pena estudiar; la segunda se basa en aumentar la identificación de los jóvenes con los adultos, lo cual puede realizarse incrementando los vínculos de la escuela con el barrio, o fomentando la presencia de adultos con reputación entre los jóvenes o finalmente favoreciendo la enseñanza de adultos conjunta con la de jóvenes. Si nos fijáramos en las propuestas para personas adultas, pondremos el énfasis en desarrollar vínculos sociales a través del empleo estable y de instituciones familiares como la pareja, pues precisamente a través de estas instituciones la persona se vincula a la sociedad y es “menos libre” para delinquir pues arriesga más si lo hace. Respecto al vínculo social que representa la creencia de respetar la ley no existen excesivos estudios, aunque podemos afirmar que como más legítimo sea un gobierno, mayor será el vínculo y el respeto de los ciudadanos. 2. Valoración crítica En general las teorías del control han sido objetadas principalmente por los siguientes motivos: - - - Se cuestiona que se haya conseguido demostrar las variables de las teorías del control. Hirschi sostiene que un niño vinculado afectivamente e identificado con los padres es un niño con escasas posibilidades de cometer actos delictivos. Se pone en duda que la delincuencia sea independiente del contenido valorativo que se enseña. Es plausible pensar que un niño puede estar muy apegado a sus padres y que éstos le transmitan un contenido valorativo que no sea contrario a la delincuencia. Lo mismo sucede con el vínculo con los amigos. Krohn observa que un vínculo afectivo e identificativo con amigos no es un factor indicativo de no delincuencia si los amigos son delincuentes. Si esto es cierto, lo importante es el contenido valorativo que se aprende, no el vínculo. En resumen, si bien todos los autores reconocen el mérito de Hirschi por haber destacado que el apego a los otros, ser sensible a su opinión, querer agradarles, es una variable crucial para prevenir comportamientos delictivos, en lo que parece persistir un cierto desacuerdo es en el rechazo radical de Hirschi a dar también importancia a los valores que estos grupos transmiten. Las teorías de control desconsideran la motivación, el factor positivo que lleva a realizar actos delictivos y, en consecuencia, presumen que la ausencia de control vasta para provocar inevitablemente la realización de actos delictivos. Lo cual, se les reprocha, es asumir la imagen de una persona naturalmente amoral que delinque en cuento puede, sin necesidad de que exista un factor positivo adicional que permita explicar su delito. Hirschi afirma que, según las teorías de control, basta un factor negativo – la ausencia de control social – para delinquir. Kornhauser da una respuesta más completa, quien admite que hay una motivación para delinquir: la insatisfacción de deseos y acepta que ésta no es la misma para el pobre que para el rico. Sostiene que se tienen que dar las dos condiciones para la comisión de un delito: deseo insatisfecho y falta de control social. La orientación ideológica de esta teoría. Son vistas como teorías conservadoras: Hirschi niega la influencia de la clase social en la determinación de la delincuencia y se centra en instituciones como la familia o la iglesia como si no estuvieran influenciadas por el contexto suministrado por su posición en la estructura social. Además, debido a su negativa a que pueden existir valores opuestos a los normativos, sin querer reconocer que pueden existir valores alternativos o técnicas de neutralización. Por último, porque no tienen en cuenta que el nº de deseos insatisfecho es diferente según la persona y eso puede suponer una motivación a delinquir. A parte de estas observaciones, debe destacarse que la teoría del control permite una lectura progresista. Kornhauser destaca que la satisfacción de necesidades es un requisito de efectividad del control social, pues la continuidad del comportamiento obediente depende de que éste sea gratificador. En definitiva, una sociedad que excluye de toda ganancia social a una parte de sus miembros no solo genera entre ellos un sentimiento de frustración, por no poder satisfacer sus necesidades, de fatalidad, al comprobar la futilidad de los esfuerzos individuales y de injusticia, ante el agravio comparativo, sino que además es una sociedad que no proporciona recompensas sociales y no los vincula al orden social y normativo. Los deja en una situación de “libres para delinquir” en que la única consideración para no hacerlo es el temor a la pena. Aumentar el control social es, de acuerdo a una lectura progresista, aumentar la capacidad de satisfacer las necesidades por medios legítimos y no solo aumentar los costes del delito. 3. Planteamientos actuales: el bajo autocontrol 3.1.
Presentación de la teoría Hirschi, juntamente con Gottfredson, presentó una versión ulterior de las teorías del control. En contra de la asunción admitida en la comunidad académica, los autores defienden que es posible elaborar una teoría general explicativa de todos los delitos, es decir, que es posible encontrar un denominador común a todos los delincuentes. Éste debe extraerse analizando los rasgos del delito y delincuente, pues, para que una teoría sea correcta, debe corresponderse y ser capaz de explicar los hechos que se conocen acerca de la delincuencia. Piensan que los hechos conocidos del delito muestran que éste se caracteriza por la búsqueda inmediata del placer, la necesidad de pocas habilidades técnicas para realizarlo y la existencia de muy pocos beneficios producto de él. Los delincuentes se caracterizan por la impulsividad, despreciar el riesgo, poco previsores, poseer más habilidades físicas que verbales y egocentrismo. Son generalistas, es decir, realizan diversos delitos distintos. Todo esto muestra que el delincuente carece de autocontrol. ¿Cuál es el motivo del bajo autocontrol? En opinión de los autores, es una educación familiar defectuosa. La capacidad de autocontrol se forma en los primeros años y permanece estable. Sin embargo, para ellos el niño necesita un núcleo familiar estable y unos vínculos afectivos que corrijan los comportamientos desviados del niño. Esta falta de autocontrol es lo que explica la relación entre delincuencia y fracaso escolar y laboral (también explica “comportamientos análogos” como fumar, beber, drogarse, sexo ilícito o propensión a tener accidentes). La comisión de delitos puede explicarse siempre por una ausencia de autocontrol, lo que significa que no hace falta buscar ninguna causa adicional positiva estructural (falta de medios legítimos) o cultural (aprendizaje de valores), ya que el delito conlleva sus propias gratificaciones. El delito es una opción racional motivada por el deseo de alcanzar un placer a corto plazo con el mínimo coste. Ahora bien, no todos los que poseen un bajo autocontrol delinquen. La razón novedosa que incluyen es la distinción entre delito y delincuencia. En tanto el delito se produce cuando hay una oportunidad, la delincuencia es una tendencia estable que se forma en los años de la niñez y se manifiesta cuando hay una oportunidad de cometer un delito (es producto de la falta de autocontrol). En la opinión de los autores se alcanza el objetivo de proporcionar una teoría general para todos los delitos: hay una característica individual que explica el por qué sólo algunas personas realizan delitos, el bajo autocontrol, pero esta tendencia estable solo se manifiesta cuando se presenta la oportunidad de realizar el delito. Las hipótesis empíricas que se derivan de la teoría del autocontrol son: a. Las personas que realizan delitos carecen de autocontrol b. El autocontrol se forma fundamentalmente en las familias c. Y permanece estable a lo largo de la vida 3.2.
Consecuencias de política criminal Si se afirma que la variable más relevante es el autocontrol y se defiende que éste se forma en los primeros años de la infancia y permanece estable, parece claro que la propuesta para reducir la delincuencia sigue basándose en conseguir que las familias ejerzan la función de control social. Hirschi expone cómo deben ser las prácticas educativas de los padres a partir de los estudios de Patterson: • Los padres deben vigilar el comportamiento del niño • Reconocer el comportamiento desviado tan pronto como suceda • Castigar los primeros actos delictivos que se produzcan • Vigilar y controlar las entradas y salidas del menos pues ello impide la realización de actos delictivos • Darles afecto, pues así el menor no se arriesgará a perderlo con actividades desaprobadas por sus padres • Vigilar su casa y las relaciones que se establecen en ella, pues disminuye las oportunidades de delito • Responsabilizarse del menor si tiene algún problema con la policía, pues esta actitud evitará que el menor se adentre en el sistema penal Todo lo que se requiere para que esto funcione son unos padres que presten atención y sean afectivos con su hijo, vigilen su comportamiento y corregir sus comportamientos desviados. Hirschi también destaca la necesidad de vigilar otras variables familiares, como la forma de la familia, el tamaño y la estabilidad Finalmente, la última propuesta de estos dos autores es la posibilidad de reducir los delitos disminuyendo las oportunidades en las que delinquir es posible. En este aspecto su propuesta coincide con los partidarios de la prevención situacional y son susceptibles de las mismas observaciones críticas. 3.3.
Valoración crítica La valoración de que ha sido objeto la última aportación de Gottfredson y Hirschi es negativa. En primer lugar, existe una cierta sorpresa por el cambio que Hirschi ha realizado respecto a su primera obra donde remarca los controles sociales externos, al actual énfasis en el autocontrol interno. Akers remarca que Hirschi no aclara la relación entre autocontrol y vínculos sociales así que no sabemos si: a. El autocontrol es el factor más relevante independientemente del resto de vínculo sociales b. El autocontrol se añade al resto de vínculos sociales c. El autocontrol es producto del resto de vínculos sociales En segundo lugar, los autores no aportan una definición precisa de autocontrol. En consecuencia, no podemos saber quién carece de autocontrol. Podría pensarse que el hecho de realizar un delito demuestra la poca capacidad de autocontrol, por lo que Akers tendría razón respecto a que el autocontrol se define de forma independiente o la teoría no puede ser comprobada, pues el bajo control se muestra por la realización de delitos, los cuales a su vez demuestran la existencia de un bajo autocontrol. En tercer lugar, parece cuestionable la afirmación de los autores de que el autocontrol es una propensión individual estable. Esta afirmación es contraria a las investigaciones que parecen indicar que el delito declina con la edad. Los autores admiten que una de las dificultades de las teorías que atribuyen la delincuencia a un rasgo de personalidad estable es explicar cómo es posible que la persona deje de cometer delitos a medida que envejece. Frente a este dilema, apuntan dos respuestas: una primera es advertir que no poder interpretar este hecho no desmiente su teoría pues ésta persigue encontrar la diferencia entre personas que delinquen y que no, pero no pretende explicar por qué dejan de delinquir cuando envejecen. La réplica es difícil de aceptar, ya que su teoría afirma precisamente que la diferencia entre la delincuencia y la no delincuencia es estable. Una segunda respuesta que ofrecen los autores es que los investigadores confunden la disminución del delito con el hecho de que decline la “criminalidad”, es decir, la tendencia a cometer delitos, que permanece estable. Tampoco esta aclaración parece convincente. Además, es imposible de comprobar, ya que si una persona no delinque no puedes medir su tendencia a delinquir. Los autores explican que la disminución del delito obedece al inexorable envejecimiento del organismo. La última crítica se refiere a la ambición de la teoría a explicar todos los delitos. VoldBernard-Snipes reprochan que no es creíbles que los delincuentes organizados o de cuello lanco se caractericen por el bajo autocontrol, ya que requieren un alto grado de planificación, coordinación y organización, y, por tanto, de autocontrol. Finalmente, su explicación de la delincuencia como producto de un bajo autocontrol no consigue hacer olvidar las enseñanzas de las teorías de la anomia y asociación diferencial. Es plausible que pueda existir una educación defectuosa de todos los grupos sociales si los padres no vigilan y castigan a sus hijos. Pero también es razonable asumir que una familia que no puede suministrar los medios de vida suficientes a sus hijos es una familia que está en menores condiciones para socializarlos; que una familia que dispone de menos medios legítimos para alcanzar objetivos deseados puede existir más frustración y la educación puede ser más dificultosa; y que en una familia donde los actos delictivos no se reconocen siempre como negativos no se produce una socialización en contra del delito. En conclusión, como arguyen Vold-Bernard-Snipes, el atractivo de pretender explicar toda la criminalidad con el recurso a un único factor es también mayor debilidad, pues la delincuencia es algo complejo como para que pueda explicarse con el recurso a un solo factor, especialmente si éste es simple. ...

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