tema 5 SEGUNDO PARCIAL (2014)

Apunte Español
Universidad Universidad de Málaga
Grado Derecho - 1º curso
Asignatura Derecho Eclesiástico
Año del apunte 2014
Páginas 5
Fecha de subida 04/05/2016
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Apuntes elaborados personalmente combinando las explicaciones de clase con los manuales. Muy claros y bien organizados.

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TEMA 5: EL CONSENTIMIENTO MATRIMONIAL FUNCIÓN DEL CONSENTIMIENTO 1.
El propio carácter del consentimiento como causa eficiente del matrimonio, ya indica una función muy relevante del consentimiento.
La doctrina ha señalado dos notas fundamentales: 1.
Se suele decir que el consentimiento es indispensable. El consentimiento es esencial y debe ser el resultado de un acto humano libre, que solo pueden efectuar los contrayentes, lo que rechaza directamente la validez de aquellos matrimonios en los cuales el consentimiento no lo prestaban las partes, sino que era suplido por el de algunos familiares.
2.
El consentimiento es suficiente, es el elemento verdaderamente esencial, y por tanto, el matrimonio sólo nace si hay consentimiento. Que sea suficiente significa que no puede ser prestado de cualquier forma. A partir del Concilio de Trento el consentimiento, para que sea suficiente, debe ser prestado en la forma jurídica establecida.
Hay que diferenciar el consentimiento en sí mismo, del acto externo mediante el cual se presta. Ese acto tiene que ser humano, consciente y voluntario.
a) Pueden faltar estos elementos plenamente: la falta absoluta de conocimiento o voluntad suponen la falta absoluta de consentimiento, y por tanto, el matrimonio es nulo.
b) Puede que exista conocimiento y voluntad, pero que presenten alguna anomalía: puede que haya voluntad pero forzada. El resultado de esta situación es la de un consentimiento viciado. La consecuencia jurídica es que, por regla general, el matrimonio es válido. Sólo en los supuestos legalmente tipificados se produce la nulidad del matrimonio.
2.
EL CONTENIDO Al prestar el consentimiento, se está aceptando un contenido obligacional. Ese contenido es lo que permite diferenciarlo de otro tipo de contratos.
En principio no se define lo que es el consentimiento ni se aclara su contenido. La doctrina, pese a esa falta de concreción por parte del legislador, ha definido el consentimiento matrimonial como aquel que se presta para constituir un contrato con los elementos esenciales de los cánones 1055 a 1057: comunidad de vida, ayuda mutua, etc.
3.
LA FALTA DE CONSENTIMIENTO Y EL CONSENTIMIENTO VICIADO Ese consentimiento tiene que exteriorizarse, puesto que el Derecho no puede regular el fuero interno. Por tanto, el Derecho ha establecido algunas previsiones: El consentimiento tiene que ser declarado. De ello podemos deducir dos elementos esenciales: o Una cosa es el modo en el que expreso mi consentimiento (forma de declaración). El legislador canónico establece que el consentimiento debe prestarse mediante palabras de presente o en su defecto mediante signos equivalentes. Si así se hace, el legislador presume que esa voluntad externa se corresponde con su voluntad interna. Sin embargo, se trata de una presunción iuris tantum, es decir, que admite prueba en contrario. El legislador no descarta la posibilidad de que la declaración de una voluntad matrimonial no se corresponda con la voluntad interna. Por tanto, prevalece en todo momento la voluntad material, sobre la voluntad formal. Como hemos dicho, puede existir una discordancia, que puede ser de 3 tipos:  Discordancia no conocida y no querida: por tanto, la persona se encuentra en un error.
 Discordancia conocida y no querida: la persona sabe que lo que está diciendo no se corresponde con lo que realmente quiere. Él no quiere que exista esa discordancia, pero le están obligando.
 Discordancia conocida y querida: sabe que existe la discordancia, y además lo hace deliberadamente. Por tanto, la persona está fingiendo. Estamos ante el caso de la simulación.
Cualquiera de estos 3 supuestos puede dar lugar a dos situaciones distintas, según el alcance de la discordancia. En cada uno de los casos puede ocurrir que: - La discordancia puede significar que hay una carencia absoluta de voluntad.
Puede que haya voluntad marital, pero es defectuosa, es decir, está viciada.
Así encontramos:  Cuando la discordancia no conocida y no querida: El error puede recaer sobre dos aspectos diferenciados:  Sobre la identidad, ya sea sobre la persona del otro contrayente o sobre el negocio jurídico matrimonial.
o Error sobre la identidad de la persona: el error acerca de la persona hace inválido el matrimonio. Canon 1097. Es un error acerca de la identidad física de la persona. Es un supuesto poco verosímil, pero es posible, a través de la suplantación de personalidad, o de la modalidad de matrimonio por apoderado, porque alguno de los dos contrayentes no puede estar presente.
o Error sobre la identidad del negocio jurídico matrimonial: Canon 1096: para que pueda haber matrimonio, los contrayentes deben tener un conocimiento mínimo de lo que es el matrimonio: saber que implica un consorcio de vida y que está destinado a la procreación. Ese conocimiento se presume a partir de la pubertad. Antes, se presume su ignorancia. Si efectivamente esta ignorancia permanece, estará dentro de la falta de capacidad por anomalías psicológicas.
Artículo 73: el legislador civil alude al error en la identidad de la persona o en aquellas cualidades personales que fueron determinantes para prestar dicho consentimiento como causa de invalidez del matrimonio. Sin embargo, de manera explícita no hace referencia al error sobre la identidad del negocio jurídico, aunque la doctrina entiende que también es causa de invalidez del matrimonio.
 Sobre las cualidades.
- El error obstativo: la nulidad es insoslayable. Este error es siempre un error sobre la identidad. Sólo hay un supuesto en el error recae en la identidad a medias: error redundante, es un error que recae en una cualidad, pero ésta es tan importante para quien presta el consentimiento que redunda en la identidad.
Es una figura de creación jurisprudencial, que inicialmente es admitida de manera muy estricta. Solo se admite el error en una cualidad única y personalísima que solo puede recaer sobre una persona (primogénito del rey de Inglaterra).
Posteriormente va adquiriendo matices más amplios, llegándose a admitir cualidades abstractas (bondad, virginidad, etc.) que pueden recaer sobre muchas personas. También se amplía el contenido de la identidad, que ya no abarca solo la identidad física, sino moral o civil (pensaba que era soltera, y civilmente estaba casada, lo que pasa que se ha divorciado).
- El error vicio: el matrimonio solo será nulo en los casos concretos que el legislador establece. Es siempre un error sobre las cualidades.
o El error en cualidad sobre el negocio jurídico del matrimonio: la regla general es que no invalida el matrimonio, salvo que determine la voluntad. Es decir, es un error consecuencia de una ignorancia (la persona desconoce que el matrimonio tenía esa cualidad). Hay que determinar cuándo el error resulta determinante, de manera que si la persona hubiera conocido el error, no habría contraído matrimonio.
o Error en cualidad sobre la persona del otro contrayente: el canon 1097 establece que este error, aunque sea la causa del contrato, no dirime el matrimonio, salvo que se pretenda esa cualidad directa y principalmente (se trata del supuesto de cualidad directa y principalmente pretendida). Lo que hace el legislador es dar carta de naturaleza normativa a la figura del error redundante. Si se trata de una cualidad directamente buscada, de manera prioritaria, sí dirime el matrimonio, ya que el contrayente presta el consentimiento porque busca en la otra persona dicha cualidad. Por tanto, se trata de una cualidad determinante.
La doctrina establece una serie de requisitos para que se haga inválido el matrimonio:  El error debe recaer sobre una cualidad importante.
 Esa importancia se debe a que su presencia o ausencia puede afectar de manera relevante al normal desenvolvimiento de la relación conyugal.
En el error dolosamente causado, el canon 1098 atribuye también la consecuencia de la nulidad del matrimonio: “quien contrae matrimonio engañado por dolo, provocado para conseguir su consentimiento, acerca de una cualidad del otro contrayente, que por su naturaleza puede perturbar gravemente el consorcio de vida conyugal, contrae inválidamente”.
La doctrina establece una serie de requisitos para que se haga inválido el matrimonio:  Que efectivamente el otro contrayente incurra en el error sobre esa cualidad personal, puesto que es posible que a pesar del intento de engaño, la persona descubra el error.
 Por tanto, debe existir dolo.
 Debe existir un error.
 Debe existir una relación de causalidad entre el error y el dolo, es decir, el error debe ser consecuencia del engaño.
 Debe tratarse de una cualidad objetivamente grave. Ej. la esterilidad.
El Código Civil sí enuncia el error acerca de las cualidades personales y en aquellas que hubieren resultado determinantes para la prestación del consentimiento (artículo 73 C.c.). El legislador civil en el artículo 76 C.c. añade algo más a este tipo de error en cualidad que nos remite al concepto de la convalidación: caduca la acción y se convalida el matrimonio si los cónyuges hubieran vivido juntos durante un año después de desvanecido el error o de haber cesado la fuerza o la causa del miedo. La convalidación es un matrimonio nulo (que en su origen está incurso en una causa de nulidad) que posteriormente se revalida y adquiere validez. En el caso de que un matrimonio sea nulo por este error se puede optar por anularlo o convalidarlo. Si el error se desvanece y siguen viviendo los cónyuges un año después, la acción caduca y el matrimonio se convalida. Esta cuestión es regulada de forma mucho más compleja en el ordenamiento canónico.
 - Cuando la discordancia conocida y no querida: Violencia física: el sujeto se está viendo forzado a decir lo que no quiere (falta de voluntad absoluta). Le están obligando a decir algo que no coincide con lo que el sujeto quiere internamente. El acto se realiza con conocimiento, pero se ve suprimida de manera absoluta la voluntad. Se trata de un supuesto poco verosímil.
- Miedo: hay voluntad, pero está viciada por la coacción. Cuando el miedo reúna unos requisitos concretos, provocará la nulidad del matrimonio.
El miedo es un término técnico-jurídico dado por la propia legislación canónica y civil. Su significado no difiere del significado usual: el miedo se puede definir como la consternación de ánimo del sujeto producida por la coacción moral, para librarse de la cual el sujeto se ve obligado a contraer matrimonio. Es una descripción del supuesto de hecho, el miedo común, que solo será invalidante si se dan determinadas circunstancias. Si le falta alguno de dichos elementos, el miedo no será causa de nulidad.
El canon 1103 C.c. expone que es inválido el matrimonio contraído por violencia o por miedo grave proveniente de una causa externa, incluso el no inferido con miras al matrimonio, para librarse del cual alguien se vea obligado a casarse. Ante ello extraemos 4 requisitos que debe reunir el miedo común como causa de nulidad del matrimonio: 1.
Extrínseco. La causa que lo produce debe ser una causa externa, humana y libre. Es una persona la que deliberadamente debe coaccionar. Por tanto, se puede excluir el miedo que se puede producir por causas externas de otro tipo (Ej.: causas naturales). Siempre tiene que ser producido por un tercero.
2.
Antecedente. La antecedencia no se refiere específicamente en este supuesto a un criterio temporal. La doctrina distingue entre un miedo antecedente y concomitante: o o 3.
o o Antecedente. Es el que determina la prestación del consentimiento. El miedo es determinante, de no existir no habría matrimonio. Ej.: en el caso del miedo antecedente se contrae matrimonio por miedo.
Concomitante. En este caso el miedo no es determinante, sino que acompaña a la voluntad de casarse.
De no haber miedo el matrimonio se hubiera realizado igualmente. Ej.: en el caso del matrimonio concomitante se contrae el matrimonio con miedo.
Grave. La gravedad del miedo puede medirse en función de dos criterios: Objetivo. Centra el foco de atención en la causa externa, en la amenaza. Una amenaza de muerte es una causa objetivamente grave, con independencia de la personalidad de la persona a la que se dirige y cómo le afecta. En un primer momento predominó este enfoque.
Subjetivo. Atiende a la gravedad del estado real psicológico del sujeto, al nivel de consternación que experimenta el sujeto con independencia de la gravedad de la amenaza. De manera paulatina el criterio objetivo se sustituyó por el subjetivo. Esta cuestión plantea la dificultad que ese foco de atención de la gravedad puede llegar a desvirtuar el requisito de que la causa del miedo sea extrínseca.
4.
Indeclinable. El miedo ha de ser de tal tipo que no se pueda eludir por medios lícitos.
La jurisprudencia ha ido creando una figura derivada del miedo común conocida como miedo reverencial. Es un miedo común cualificado. Resultan de aplicación los mismos requisitos del miedo común pero que está cualificado en función de dos aspectos específicos: a.
b.
Entre el causante del miedo y quien lo padece existe algún tipo de relación de subordinación o dependencia de cualquier naturaleza (ej.: familiar, personal, laboral, etc.).
El supuesto de hecho conlleva una diferente ponderación de la gravedad del miedo. Ej.: si nos amenaza alguien quien nos conocemos es de menor gravedad que si nos amenaza alguien de la cual dependemos.
El legislador civil dice que es nulo el matrimonio contraído por coacción o miedo grave. Por tanto lo recoge como causa de nulidad pero que necesita un requisito para que genere la invalidez: que se agrave. Esta gravedad deberá ser observada caso por caso en los tribunales. Al igual que en el error vicio, respecto del miedo también puede convalidarse. Caduca la acción de nulidad y se valida el matrimonio en el mismo caso anterior.
 Cuando la discordancia conocida y querida: - No hay voluntad en absoluto, pero aún así se declara: simulación total: se finge de manera absoluta tener voluntad. El sujeto es consciente de que existe esa discordancia, y además, lo hace deliberadamente. Partimos de la base de que lo que importa al Derecho es que exista verdaderamente consentimiento. Por tanto, se trata de una presunción de que la expresión externa coincide con el consentimiento interno. Sin embargo, esta presunción admite prueba en contrario. Por ello, el legislador añade que el matrimonio puede ser nulo por la falta de voluntad por parte de uno o de los dos cónyuges.
Estos dos supuestos son los que denominamos acuerdo bilateral (ambos acuerdan fingir) o reserva mental (exclusión unilateral del matrimonio por uno de los cónyuges). En cualquiera de los casos, el matrimonio es nulo.
A partir de aquí surgió una polémica acerca de si era suficiente para hacer nulo el matrimonio con que no haya voluntad, o si además ésta tenía que ir acompañada de una voluntad excluyente del matrimonio. El debate se ha zanjado a favor de la primera postura.
La doctrina ha establecido 3 requisitos para que se dé la simulación total:  Voluntad de celebrar el matrimonio. No hay voluntad de asumir las obligaciones del matrimonio, sino de crear una apariencia formal de matrimonio.
 Ausencia de voluntad de contraer el matrimonio.
 Presencia de unos fines subjetivos extrínsecos al matrimonio mismo. Existen fines ajenos al matrimonio, que son los que explican la simulación del matrimonio (“causa simulandi”). Estas causas son tantas como las finalidades u objetivos que los contrayentes puedan conseguir utilizando el matrimonio como instrumento.
El miedo también puede dar lugar a un supuesto de simulación total, pero no se puede establecer como criterio general, sino que habrá que determinarlo en el caso concreto. Es un supuesto distinto al del miedo común, en el que sí existe consentimiento, aunque sea anómalo. Sin embargo, en este caso la falta de voluntad, y por tanto, de consentimiento, es nulo. El sujeto, debido al miedo, cree conveniente fingir la simulación.
*** EL CONSENTIMIENTO CONDICIONADO: Entre la falta absoluta de consentimiento y la falta parcial, encontramos el supuesto del consentimiento condicionado. Se somete la eficacia del acto al eventual cumplimiento de una condición. Desde este punto de vista, la condición se define como el hecho futuro e incierto del que depende la eficacia del acto.
En el derecho canónico se distinguen dos tipos de condiciones (canon 1102):  Condición propia: es siempre una condición de futuro. El hecho del que se hace depender la eficacia del acto es un hecho futuro y objetivamente incierto. Es la forma habitual en la que opera la condición. La consecuencia jurídica que le atribuye el derecho es que el matrimonio siempre es nulo. Ej. Me caso contigo si mañana me toca la lotería.
 Condición impropia: también se conoce como condición de pasado o presente. En esta ocasión, el hecho no es futuro y objetivamente incierto, sino que es pasado o presente, que ya ha tenido lugar, pero que es subjetivamente incierto, puesto que lo desconoce la persona que pone la condición. No es la forma propia en la que opera la condición. Esta condición no invalida el matrimonio. Éste será válido si se cumple el hecho que es objeto de la condición. Ej. Me caso contigo si eres arquitecto. Si realmente lo es, el matrimonio es válido.
La doctrina distingue, además, dos tipos más de condición:  Condición suspensiva: es aquella que deja en suspenso los efectos del acto hasta que se produzca o no el hecho que es objeto de la condición. Ej. Me caso contigo si mañana me toca la lotería. El acto está en suspenso hasta que le toque la lotería. Si realmente le toca, es en ese momento en el que el consentimiento empieza a producir efectos.
 Condición resolutoria: el acto produce efectos, a no ser que se dé el hecho que es objeto de la condición. Si el hecho se da, se resuelven los efectos. Ej. Me caso contigo, a menos que me toque la lotería.
Actualmente, esta distinción no tiene relevancia, puesto que la condición de futuro, en cualquiera de los casos, hace nulo el matrimonio.
En cuanto al matrimonio civil, la condición no afecta al matrimonio, independientemente de la naturaleza de dicha condición.
Es como si no existiera. El precepto es claro: la condición se tendrá por no puesta.
- Hay voluntad pero viciada: simulación parcial: se finge pero realmente tiene voluntad, lo que pasa que no se corresponde plenamente con el esquema jurídico del matrimonio. Es un consentimiento defectuoso.
Si en el caso de la simulación total lo que se da es una exclusión del matrimonio mismo, aquí tiene lugar la exclusión de algunos de sus elementos o propiedades esenciales. Es decir, se parte de la presunción de conformidad entre el consentimiento expresado y lo internamente querido, pero si alguno o ambos de los contrayentes excluyen mediante un acto positivo de la voluntad alguno de los elementos del matrimonio, lo contraen inválidamente. Hay voluntad matrimonial, pero le falta alguno de los elementos esenciales.
No es precisa una voluntad precisa de excluir, sino que basta con que en su voluntad falte alguno de los elementos. En cuanto a las propiedades esenciales (sacramentalidad, indisolubilidad, etc.) que pueden faltar no se plantean dudas, ya que el legislador los establece expresamente. Sin embargo, el término de “elementos esenciales” no está estrictamente delimitado. Por tanto, el objeto de exclusión será múltiple. Durante un tiempo, se entendía que estos elementos coincidían con el contenido obligacional del matrimonio, entendiéndolos como derechos subjetivos, y considerando el fin procreativo del matrimonio como el más importante de ellos.
Gran parte de la doctrina sostiene que estos elementos no deben ser entendidos como derechos subjetivos, sino como elementos institucionales que forman parte de la estructura del matrimonio.
o Y otra es el modo en que mi consentimiento es recibido (forma de la recepción o forma del acto de celebración).
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