Aristóteles como culminación de la teología natural griega (2010)

Trabajo Español
Universidad Universidad de Barcelona (UB)
Grado Filosofía - 4º curso
Asignatura Dios y los Griegos
Año del apunte 2010
Páginas 13
Fecha de subida 21/06/2014
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Descripción

Resumen de la importancia de la doctrina aristotelica en la teologia griega.

"Durante miles de años y hasta el nacimiento de la filosofía Grecia, en el mundo occidental reinaba cierto tipo de teología sobrenatural y/o artificial.
Fue la lucha de unos pocos, a veces gritando sin miedo a la acusación de la impiedad, o a veces pasando discretos entre los clérigos de los dioses antropomórficos, cediéndoles su parte de verdad, lo que permitió que a través de los siglos se desarrollara entre algunos sabios el Deísmo en sus inicios, la primera religión en que no era importante la tradición, las costumbres, la fe ante los sacerdotes, el diezmo y el sacrificio, si no la creencia misma de la verdadera existencia de un Dios natural, que crea el universo físico y no interfiere con él."

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Aristóteles como culminación de la teología natural griega Dios y los griegos Profesor: I. Guiu Andreu 1 Índice 1. Introducción: La búsqueda de la Teología natural Pg. 3 2. Influencias sobre Aristóteles Antecedentes a la Metafísica Pg. 6 3. La Metafísica La Filosofía Primera Pg.10 4. Bibliografía Pg.13 2 1. Introducción La búsqueda de la Teología Natural Durante miles de años y hasta el nacimiento de la filosofía Grecia, en el mundo occidental reinaba cierto tipo de teología sobrenatural y/o artificial.
Fue la lucha de unos pocos, a veces gritando sin miedo a la acusación de la impiedad, o a veces pasando discretos entre los clérigos de los dioses antropomórficos, cediéndoles su parte de verdad, lo que permitió que a través de los siglos se desarrollara entre algunos sabios el Deísmo en sus inicios, la primera religión en que no era importante la tradición, las costumbres, la fe ante los sacerdotes, el diezmo y el sacrificio, si no la creencia misma de la verdadera existencia de un Dios natural, que crea el universo físico y no interfiere con él.
No es la religión de aquellos que se preocupan por que hacen los dioses, y se sostienen sobre lo que dicen unas escrituras sagradas, que poemas épicos explican los altibajos de los dioses o algunos profetas atestiguan sobre ellos, la religión que espera que el fiel se comporte según un credo legal impuesto por el estado cómo manifiesto social, si no aquella de quien accede a lo divino mediante el uso de la razón, el mayor don divino del que goza la humanidad. La razón es la única facultad cognoscitiva capaz de proporcionarnos la verdad de las verdades, la ver dad de la que se derivan todas las demás: el ser es. El camino de la verdad sólo puede ser hollado por la razón. Incluso Aristóteles, claramente Empirista, sólo puede llegar al Motor Inmóvil a través del logos.
Este Deísmo no es si no lo que San Agustín de Hipona nombra como teología natural en La Ciudad de Dios; Lo que hicieron gran parte de los filósofos presocráticos, Platón, y Aristóteles, sin ser apóstatas en su tiempo, demostrar la existencia de Dios por encima de toda las incongruencias de la teología poética (sobrenatural) y civil (artificial); Todos estos grandes pensadores de la cuna de la civilización occidental necesitaban llegar a un saber verdadero, es decir, natural, pues en la naturaleza es de donde se podía observar los efectos de la divinidad, causa primera.
3 La teología artificial es una teología de la revelación. Mediante los poetas, estos describían como los dioses se revelaban a sí mismo a los humanos en el plano de los mortales, cómo interactuaban con ellos, cómo los premiaban o como los castigaban, mostrando al mismo tiempo cualidades bastante poco divinas, cómo la envidia, la lujuria o el odio. Más tarde, en el cristianismo, este tipo de revelaciones adoptarían la forma de, aun siendo un Dios liberado de muchas de las cualidades antropomórficas de la antigüedad, un dios justiciero cómo se le muestra en el antiguo testamento. Sin embargo esta fe en un Dios que se revela debe ser meditada con los razonamientos de la mente humana. Al reflexionar, constatamos que no nos faltan pruebas de la existencia divina, de acuerdo a concatenaciones lógicas rigurosas de estos sabios (la prueba del movimiento, de la unidad…) que llegan a Dios no por deseo de creer en quimeras, sino porque llegan a él a razón de estudiar el Principio universal.
La organización perfecta que la ciencia sigue descubriendo en la estructura de la materia se impone más para el sentido de buscar una Causa suprema, cómo Platón acabaría demostrando para explicar cómo en la perfección de los movimientos estelares, el sol y la tierra y las ordenadas estaciones. Estas y otras observaciones concernientes al desarrollo de la vida, la evolución de los seres vivientes y del cosmos llevan a una pregunta parecida, a la pregunta por su finalidad y su principio.. En la misma manera que el hombre racional se dirige a estudiar la simple materia, es al mismo tiempo inducida a pensar sobre el perfecto orden de la evolución cómo diseño de una Inteligencia superior. Esta finalidad que orienta a los seres en una dirección, de la que no son dueños ni responsables, obliga a suponer un alma suprema y central como su creadora.. Pero la trampa del mito es la del antropomorfismo de los dioses; El hombre, simple alma sobre la tierra superando las tragedias que el destino le lanza; y no el destino, si no unos dioses achacados por los peores instintos de los hombres, además de apelando a una de las bases del mito, el Destino inescrutable que los dioses les deparan; No sólo el hombre no se ha hecho él a sí mismo, sino que no tiene ni siquiera el poder de dominar el curso de los acontecimientos ni el desarrollo de su existencia. Es por esto que el sabio ha de escapar temporalmente de la interpretación de la teología sobrenatural, para con su pequeño farol acercarse a la constitución del universo y entender que el hombre solo es un pequeño mecanismo, que su mal forma parte del bien del todo, pero su destino no es el de unos dioses volubles e impredecibles, si no aquel calculado por la máxima de las inteligencias, toda bondad y amor hacia su propia creación.
4 Las teorías modernas sobre la expansión del universo nos hace remontarnos hasta el mismo Anaximandro, pues con cierta maestría nos explica el científico Big Bang, remontándose al principio de todo. El universo se halla en continua expansión y hasta Anaximandro tan tempranamente se dio cuenta; Y es por esto que hace un viaje para remontarse hasta el momento inicial, allí donde comenzó todo. Tanto él cómo Platón no atribuyen la total falsedad a los mitos de la teología mítica, pues el significado de los interno de los mitos goza de una gran sabiduría, pero manchada por el antropomorfismo que tanto atacaría Jenófanes, siendo él el primero en revelar un único Dios como principio y motor de todo. Platón incorpora la tradición poética para la explicación de la verdadera divinidad de la existencia, si bien quizás lo haga para lograr que su investigación sobre la ontología sea mejor entendible por sus conciudadanos y no sea criticada de impiedad.
Independientemente de la cosmogonía y teogonía utilizada, todos ellos coinciden en que nuestro universo, en constante movimiento postula la existencia de una Causa suprema que no deja inexplicada la realidad física, que sólo con su transmisión del ser y del movimiento mantiene la cohesión de la existencia.
Aristóteles, como colofón a todo el proceso de la teología natural anterior, partiendo de la Platón que a su vez había partido de sus anteriores referentes, comenta, critica, y atribuye nuevos significados a las teorías sobre la divinidad generando la primera metafísica completa, una teología natural autosuficiente que resume las ideas de Anaximandro, Jenófanes, Parménides y Platón, y hasta del propio mito, que asegura, parecido a Platón, que su sabiduría es verdadera, ya que coloca cómo lo fundamental a la divinidad, gobernador de lo existente y vida ya que es la Causa primera, el viviente eterno, que dota por participación de su acto de mover a todas las cosas.
5 2.
Influencias sobre Aristóteles Antecedentes a la Metafísica La mayor y temprana influencia fue Platón, lo que se advierte claramente en que parte del décimo capítulo de las Leyes de éste para avanzar con su teoría del Motor Inmóvil, pero no se limitó a copiar de él si no a aprender y a mejorar, criticándolo duramente a veces. Fue posible además por haber estudiado muchos de los filósofos presocráticos con detenimiento, sobre todo porque Platón y Sócrates prácticamente no habían tocado la física, tema que interesaba realmente a Aristóteles.
Su primera preocupación es encontrar una explicación racional y empírica a lo que nos rodea, al contrario que las teorías de las ideas de Platón. Aristóteles consideraba que no hacía falta salir de este mundo para explicar las cosas. Los filósofos presocráticos fueron los primeros en percatarse de que lo que nos rodea es una realidad diversa que se halla en continua y perpetua transformación. El que sin duda sería más adecuado para el desarrollo de la teología natural seria Anaximandro de Mileto, considerado el primer fundador de la teología natural, quien calificaría la sustancia básica del mundo cómo aquello único, infinito e indefinido, a lo que llamaría apeiron. Aristóteles argumenta que lo primero ha de ser lo indefinido ya que el resto de elementos presentan contrariedades entre sí, que les impediría formar a unos u otros (resultaría imposible formar el fuego a partir del agua). Aristóteles considera que esta primera sustancia, indefinida e infinita, sería también incorpórea. De Anaximandro también asume que la razón de la infinitud del apeiron es tal debido al original totalitario de todo, siendo todo el universo una Unidad, un Todo. En este todo, Nada físico pero Todo entero, todo estaría abarcado, nada sería fuera del Ser de las cosas. Esta idea sería ratificada por Parménides, quien dejaría claro el Ser con sus ideas de Unidad y Pluralidad; No se puede hablar de nada fuera del Ser puesto que esto no sería, y no es posible que lo que no sea, sea, pues todo es en el Ser. Este Ser, compuesto de sustancia infinita deja claro para Aristóteles que no hay límite en él, que no puede haber nacido porque si no habría un momento donde no hubiera existido, y por lo tanto es ingenito, y por definición, también imperecedero. Aunque Parménides dijera que el Ser 6 estaba limitado en la perfecta forma circular, cómo el Ser lo alberga todo, el Ser es su propio limite, es decir, una sustancia infinita ilimitada. Parménides también se aproxima a estos temas pero desde una vía distinta; habla de la simultanead del tiempo en tanto que todo es ahora y no pudo haber antes o después, al negar el cambio por completo, negar incluso el movimiento. Todos estos conceptos serian de gran importancia para el desarrollo de la metafísica Aristotélica.
Anaximandro no solamente da una explicación de origen al cosmos, si no que intenta explicar su interacción con las cosas existentes, y lo hace mediante el movimiento (por participación de éste), un movimiento que pertenece al infinito, a un Agente primero digno de movimiento eterno, pues desde el principio de la generación (si bien se entiende “principio” como un carácter circular de generación y destrucción) el primer agente movió las cosas de forma que jamás pararían y nunca habrían comenzado técnicamente a moverse, pues una vez en movimiento estarían en movimiento y lo habrían estado siempre de forma eterna.
De Jenófanes de colofón, “acusado” por los más valientes comentaristas de su obra de ser el primer monoteísta, es presumible que Aristóteles extraiga sus primeras investigaciones para la ideación de un motor inmóvil. Lo más destacable de Jenófanes es su lucha contra la mitificación de los dioses y de la teología mítica en sí, pues considera la mayor de las aberraciones el antropomorfismo de los dioses, darle a un ser que es perfecto las más bajas cualidades humanas. El jónico, no da pruebas racionales de las constataciones que hace sobre la divinidad, pero si son pruebas de sentido común y de su gran fe; Que los dioses en su perfección no pueden asemejarse al hombre, ni en forma ni en pensamiento, pues en su bondad e intelección absoluta distan mucho de la esfera de los mortales, así como “es el motor cósmico que todo lo mueve por sólo acción de su pensamiento sin ningún esfuerzo”. También siembra la idea de la omnisciencia divina, aunque este sería un tema poco importante para el desarrollo de la teología natural, aparte de constatar que conoce las acciones de todos los mortales y que les castigaría por ello post-mortem, como reconocería Platón de la mitología popular.
Heráclito de Éfeso (otro jónico, como Jenófanes) añade al poso de Platón la consideración de que todo se halla en perpetuo cambio y transformación, siendo el movimiento la ley del universo. Contrapuestamente a esto, Parménides de Elea con su teoría del Ser asegura que el movimiento es imposible, pues el cambio es el paso del ser al no ser o la inversa, del no ser al ser. Esto es inaceptable, ya que el no ser no existe y nada puede surgir de él. Platón une de cierta manera dos doctrinas 7 diametralmente opuesta dividiendo la ontología en el mundo sensible, caracterizado por un proceso constante de transformación y en el mundo de las Ideas, caracterizado por la eternidad y la incorruptibilidad.
Platón, en el auge de la filosofía de su tiempo, afianza una teología natural completa de la que Aristóteles, como su discípulo, partiría, aunque discrepasen en el resto de temas cómo la física y el concepto de idea. Platón se separa de las doctrinas materialistas de los milesios, pues considera un error considerar la creación del universo antes de la del alma. Redunda en lo ya aclarado por los otros estudiosos de la teología natural, a saber, que la divinidad es en esencia buena por definición de su propia perfección, a la vez que es simple (una unicidad incorpórea, no un constructo material). El alma es anterior a la génesis, pues mientras que lo material surge, nace, el alma es eterna, aquello primario nacido antes que los cuerpos, que lo cambia todo y lo ordena, puesto que, siguiendo la teoría del movimiento que Anaximandro y Jenófanes (éste sin argumento) postulaban, lo material está en constante movimiento tras su creación, así que ese movimiento tendría que haber surgido de alguna parte.
Es aquí cuando surge la necesidad de demostrar la existencia de este alma anterior a lo material, de este Dios ingenito, a través de una extensa demostración sobre el movimiento. Ya los primeros griegos encontraron evidente que allí donde había movimiento, había vida. Hay cuatro tipos de movimientos/cambios en el mundo físico detectables mediante los sentidos, divididos en total en ocho movimientos; los de lugar en el espacio (translación y movimiento circular), los de cualidad (división y mezcla), cantidad (aumento y disminución), y substancia (generación y corrupción). Estos son los ocho movimientos del mundo material que necesitan ser movidos por otro agente. Todo aquello que se mueve es movido por otro, cómo se evapora el agua mediante el calor del sol, o como es empujada la arena a través del viento. Es por esto que hay un noveno movimiento, aquel que mueve y a su vez es movido, pero carente aun de la capacidad del auto desplazamiento. Es así inevitable remontarse, de efecto a causa, hasta un último movimiento, un décimo y perfecto movimiento (aquí visible la influencia pitagórica de la perfección del número diez), que pertenezca a aquello que mueve y se mueve a sí mismo, aquello imperturbable y primigenio que es Causa primera de todo movimiento, “que todo lo mueve con su pensamiento sin ningún esfuerzo” como diría Jenófanes. Es sin duda este décimo movimiento el alma en sí, lo anterior a todo lo material (pues él ha iniciado su generación y corrupción, su movimiento circular y su translación, su aumento y disminución, su división y mezcla). La divinidad platónica 8 queda así planteada, como la cuna de la vida, pues posee el automovimiento, definidor de vida, la vida máxima, pura perfección.
Por último, continuando aquello de lo que beberá Aristóteles, Platón considera que de entre todas las almas, la más perfecta será la central y directora de todo (por lo tanto el Alma Universal, Dios), dotada de la máxima virtud y la máxima intelección, centro del cosmos.
9 3. La Metafísica La teología natural de Aristóteles La Metafísica, la Filosofía Primera, es la ciencia del ente en cuanto tal. Todas las ciencias giran en torno al ser pero las demás se ocupan sólo de parte de la realidad, mientras que la Metafísica aprehende toda la realidad; mientras que el resto de ciencias busca las causas próximas y particulares, La Filosofía busca la causa última y universal, también la primera.; es la ciencia estudia el ente en cuanto tal, es decir, en su más alta determinación de substancia, perfección, bondad e intelección.
Aristóteles de Estagira, queriendo dar sentido a todo el conocimiento humano, tocando todas las ramas (física, lógica, ética…) aborda la teología natural dejada por sus contemporáneos y antecesores filosóficos formalizándola como doctrina filosófica sobre el Ser.
Lo primero que declara Aristóteles, claramente viendo sus influencias como antecedentes, es que para haber movimiento eterno es necesaria la existencia de una substancia eterna. El punto de partida a esto es sencillo; Hay movimiento, y hay eternidad. El movimiento es claramente perceptible, y la eternidad del tiempo está demostrada en cuanto que si hubiera habido un antes del tiempo, o un después del tiempo, esas medidas serían temporales y significaría que allí también existiría el tiempo, por lo tanto no hay un antes o un después de éste, dando por sentado que el tiempo es eterno, y el movimiento en él, eterno por tanto también Esta substancia eterna sea el ser de modo unívoco, lo divino, algo que no está en ningún lugar ni tiempo, en ninguna situación, sin necesidad de actuar y que no sufre de ninguna pasión. Para garantizar el movimiento eterno debe ser un agente en acto, acto puro sin mezcla de potencialidad, porque la potencialidad permitiría que en algún momento no hubiera habido movimiento, y perdería su carácter de eterno; lo que tiene potencia puede dejar de ser, y este Ente eterno es y ha sido siempre.
Es así como también en Aristóteles “el alma” precede a la materia en la creación del universo. La materia tiene potencialidad, puede ser (aunque lo que puede ser no siempre es); Y la materia no puede ser movida así misma, carece de auto 10 movimiento (recordemos la teoría del movimiento de Platón). Así pues necesita del Ente, el Alma Universal incorpórea y eterna que le dota de movimiento, aquella que mueve sin ser movida, el primer intelectible, la Causa primera de la perpetuidad del movimiento celeste. Sin embargo, en el caso de Aristóteles, el Primer Motor no se mueve así mismo, no tiene fin donde moverse (en las mismas aras de las que hablaba Parménides, no tiene donde moverse porque eso sería que hubiera algo fuera de él), Así que el Primer Motor es también el Motor Inmóvil, que mueve sin ser movido.
Por tanto, el primer motor tiene que ser eterno, inmaterial, sustancia y acto puro, pura forma y Sustancia eterna, inmóvil y separada de lo sensible, sin magnitud, carente de partes, indivisible, impasible e inalterable. Mueve siendo inmóvil, y siendo en acto, no puede ser de otro modo. Su sustancia es acto. El Primer Motor no mueve mecánicamente, al modo de los motores del mundo sublunar, sino que según una analogía tomada de la experiencia psicológica, Aristóteles afirma que mueve como deseable", por amor a su propia creación, es decir, como causa final, lo que también aclara que pueda mover sin ser movido. El Primer Motor Inmóvil, propiamente hablando, no es ningún motor o causa eficiente, realmente es fin, causa final que mueve el mundo como el ser amado mueve al amante, sin necesidad de hacer nada, sólo por el hecho de ser. La doctrina niega toda acción eficiente de Dios sobre el mundo, instala lo divino en un alejamiento y en la trascendencia. Motor lejano, el Dios del estagirita es el ideal móvil en cuya dirección se consuman los movimientos regulares de las esferas, los movimientos más complejos de las estaciones, el ciclo biológico de las generaciones y de las corrupciones, y la vida del hombre.
Dios mueve porque es amado como bondad perfecta. Es apetecible lo bueno y lo perfecto, lo cual puede decirse del motor inmóvil, por ser ente por necesidad del que depende el cielo y la naturaleza, y por ser siempre una existencia como la mejor para nosotros, ya que su acto es también placer. Este principio supremo (trascendente al mundo físico) ordena conectando la sustancia del universo y unificando los principios, pues todas las cosas están “mirando” hacia él.
Por ser substancia simple (como ya la categorizara platón) es también entendimiento de la máxima intelección, un entendimiento siempre en acto, su mismo entender. Volviendo a la referencia parménica, si pensase en otra cosa que no fuera el mismo estaría pensando en algo fuera del ser, lo cual no es posible. Sin embargo, al Ser todo lo existente, al pensar en sí mismo piensa en todo lo existente, es el entender 11 de entender, la misma Vida, la máxima dignidad; Entendiéndose a él entiende todas las cosas.
Es así patente que Aristóteles recoge de todos sus predecesores el legado de la teología natural y la convierte en una ciencia sólida, creando y dando nombre la ciencia que ha de ocuparse del ente en cuanto al ente, del Ser absoluto, la Causa y Fin supremos y Motor Inmóvil de los sensibles movimientos eternos de la existencia, acabando el trabajo de Platón (que ya había absorbido mucho de sus congéneres) pero aplicándolo a la región de lo físico y científico, centrándose en este mundo sin necesidad de recurrir a un mundo abstracto como el de aquel. La Metafísica aristotélica se instaura en la mente de la mayoría de los filósofos posteriores como la parte central de la que ha de ocuparse la filosofía, tanto que durante en la extensa Edad Media seria el referente a seguir, y hasta el punto que en la actualidad la Metafísica es una de los pocas ramas de éstas que sigue siendo exclusivamente campo de estudio de los filósofos.
12 4. Bibliografía Libros consultados: G.S.KIRK, J.E.RAVEN y M.SCHOLFIELD. Los filósofos presocráticos. Ed Gredos 1987 W.K. CHAMBERS (1993). Historia de la Filosofía Griega, Ed. Gredos, 1993 Fragmentos originales de Jenófanes: http://history.hanover.edu/texts/presoc/Xenophan.html Páginas web sobre información general: http://en.wikipedia.org/wiki/Deism http://en.wikipedia.org/wiki/Theology 13 ...