Preguntas SPT: 7, 8, 9 (2015)

Apunte Español
Universidad Universidad de Valencia (UV)
Grado Ciencias Ambientales - 1º curso
Asignatura SPT
Año del apunte 2015
Páginas 16
Fecha de subida 28/03/2016
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7. Tipos de racionalidades deficientes y sus dilemas y las relaciones entre la acción individual y la colectiva (neomalthusianismo, la tragedia de los bienes comunes de Hardin y el dilema del prisionero).
Las necesidades y consumo crecientes de países ricos y su satisfacción por la vía de objetos mercantiles que vienen de los recursos limitados del planeta compensan y estabilizan la bajada de las tasas de natalidad en dichos países. En conjunto, crece el consumo, crece el deterioro, y crece el despilfarro de recursos ambientales finitos y debilitados, lo que a su vez conduce progresivamente a una escasez crónica de recursos ambientales, todo ello constituye un ropaje que alerta de la gravedad de los problemas ecológicos causados por la expansión económica ilimitada del desarrollo. Como señalaba Malthus, las previsiones empíricas fruto del mismo conocimiento científico señalan una inquietante caída cuesta abajo en escasez, agotamiento, decrecimiento y progresiva decadencia.
Jared Diamond señala cuatro situaciones frecuentes que son afrontadas por las sociedades humanas mediante racionalidades deficitarias o irracionalidades colectivas: 1. Calamidades imprevistas: Cuando los efectos catastróficos se producen antes de percibirse el problema. Se suelen dar por factores explicativos como la falta de conocimientos propios y de experiencia de situaciones similares a las problemáticas vividas. Esta situación tiene más peso en sociedades que no tienen memoria registrada del pasado. En las actuales sociedades donde existe información y conocimiento suficiente que es pasada de una generación a otra, no se tiene en cuenta de forma adecuada en los ámbitos donde se toman decisiones, ya que estas están guiadas por fines particulares, el corto plazo y por la falta de eficacia en los medios empleados para solucionar los problemas. Aunque se tenga suficiente experiencia e información, es fácil que los recursos queden olvidados ya que se ponen en marcha normas y prevenciones que al cabo del tiempo se olvidan y abandonan fácilmente.
Hoy se dan barreras específicas que promocionan el “prometeismo tecnológico” y la inmediatez del corto plazo, todas ellas impuestas por las propias instituciones que a su vez promocionan procesos sociales y psicológicos similares a los que hicieron fracasar a culturas y sociedades en el pasado. En nuestras sociedades modernizadas hay factores decisivos que explican la parálisis ecológica, como son: - - El optimismo tecnológico de una cultura cargada de información y de experiencia acumulada, lo aumenta el error y el olvido al basarse en una ciega confianza en soluciones que aportará la ciencia y la innovación tecnológica.
La búsqueda del beneficio mercantil inmediato y no el largo plazo, es una lógica unida a la economía capitalista. Desde esta racionalidad económica que predomina, se hacen poco rentables las inversiones de prevención y protección ecológica sobre el futuro.
2. Males impredecibles: Cuando el problema está ya presente pero no se considera un problema y no se tiene en cuenta. Este tipo de procesos también se da en las sociedades actuales y en instituciones tan centrales como son las empresas económicas, la regulación política y el sistema de enseñanza.
Diamond aporta cuatro tipos de razones causantes de este tipo de ceguera:  La no percepción de los orígenes: Las sociedades que no perciben las causas que desencadenan el deterioro ambiental, como puede ser por ejemplo la pérdida de la fertilidad físico-química de los suelos fértiles que se esconde bajo los síntomas percibidos de salinización y erosión.
 La lejanía de los responsables: Hoy se expresa este problema en la actual economía globalizada y en las empresas económicas con separación física y geográfica entre los directivos y la producción territorialmente deslocalizada, en la que solo los especialistas son los que controlan sobre el terreno práctico la producción. Solo si las empresas estuvieran obligadas por ley a afrontar los costes medioambientales e internalizarlos en sus gastos se podría convertir en un problema percibido a administrar correctamente por la propia lógica empresarial, es decir, por responsabilidad jurídica no se podrían eludir las consecuencias de daño medioambiental para con ello obtener mayores ganancias empresariales.
 Catástrofes ecológicas que toman la forma de tendencia lenta: Ocurre cuando se ocultan las fluctuaciones y los cambios progresivos en dirección del crecimiento de los daños. Por ejemplo, esta actitud se muestra ante el fenómeno de cambio climático. No se atienden los síntomas e indicadores suficientes que existen sobre el avance de la destrucción ecológica, se desprecia el ojo clínico de los expertos y especialistas en numerosos ámbitos. Esto suele conllevar habitualmente el desarrollo de actitudes de percepción, de prudencia ante los síntomas más o menos manifiestos y entonces se buscan tratamientos paliativos. Pero cuando se trata de problemas ecológicos estas actitudes de cautela y responsabilidad desaparecen. En estos casos, la suma de evidencias empíricas sobre la creciente destrucción ecológica no pueden ser valoradas bajo los estrechos presupuestos de una demostración científica analítico-positivista, ni mediante ecuaciones elementales por tratarse de fenómenos ambientales y socioambientales muy complejos con multiplicidad de interdependencias dinámicas, y cuya previsión no es posible. En este contexto de complejidad de los sistemas naturales resulta del todo irracional y peligroso la pretensión de demandar (antes de actuar) pruebas científicas irrefutables basadas en la parcelación y la causalidad lineal y determinística.
 Normalidad progresiva y amnesia del paisaje: Hace décadas que se produjo el olvido progresivo y generacional de los diferentes aspectos que tenían los ecosistemas y territorios ecológicos debido a que los cambios han sido graduales y no abruptos en el tiempo.
3. Estados irreversibles y fracaso de tentativas: En el fracaso de los intentos de búsqueda de soluciones eficaces se encuentran muchas razones que impiden a las sociedades humanas resolver los problemas ecológicos que ellas mismas crean. Aunque potencialmente existen capacidades técnicas y económicas suficientes para afrontarlos, a menudo ya se llega tarde a causa de la tardanza y la irreversibilidad del daño generado en los sistemas naturales.
4. Desidia colectiva: Ocurre la desidia colectiva cuando a pesar de que sí se perciben los problemas ecológicos, no se trata de resolverlos de forma eficaz. Esta racionalidad caracteriza mucho a las sociedades de nuestro tiempo. Se trata de una costumbre arraigada, que atraviesa todo tipo de instituciones a pesar de estar amparada en la negligencia, la irresponsabilidad y el engreimiento humano. La desidia colectiva se acompaña habitualmente de comportamientos individualistas que persiguen el propio interés privado y se desprenden de responsabilidades en torno al interés colectivo, desatendiendo los efectos que generan en los intereses comunes. Se trata de la desidia colectiva característicamente implicada en la persecución de intereses individualistas que conduce a dilemas sobre las consecuencias de daño colectivo implicadas en dicha desidia. No se trata de ignorancia, ni de incertidumbre, ni de impotencia por carecer de medios. Las racionalidades económicas, tecnológicas y científicas generan situaciones en las que no solo se dan contextos irracionales, sino que se dan como consecuencia de respuestas racionales que comportan efectos ambientalmente catastróficos.
Los dilemas aparecen cuando se confrontan las racionalidades individuales del interés propio con las necesidades comunes y colectivas. Son consecuencia de las racionalidades que persiguen los individuos con efectos dañinos colaterales en el conjunto: maximizar individualmente las ganancias extraídas a partir de gran número de bienes y recursos limitados eludiendo al tiempo los esfuerzos y costes de su conservación y protección. Son los problemas manifiestos que surgen en la acción de los individuos que persiguen el interés propio sin tener en cuenta los intereses de los demás ni el interés general. Los daños se dispersan en muchos individuos, en los sistemas naturales y en el conjunto bajo la forma de costes ocultos inevitables. A continuación se señalan algunos tipos de formas habituales que adopta la desidia colectiva: A). LA TRAGEDIA DE LOS GOBIERNOS COMUNES: Los recursos ambientales son finitos y se degradan bajo las racionalidades individualistas y el libre uso y consumo de dichos recursos. La posibilidad de dar soluciones efectivas a esta tragedia no admite una solución simplemente tecnológica y ajena al cambio profundo en los valores, creencias y normas culturales propias del desarrollo y el crecimiento económico. La tragedia de los bienes comunes alude a que el libre uso de los bienes y servicios naturales comunes conduce inevitablemente a la sobreexplotación y a la destrucción de dichos recursos a consecuencia de perseguir las metas individualistas desmejora y subsistencia económica. Es decir, los recursos naturales comunes se dañan y desaparecen a efecto de una lógica racional de los individuos, que además de perseguir individualmente las propias metas, también suman acciones racionales individuales persiguiendo el interés propio y la búsqueda de beneficios particular. La metáfora alude a la situación de un prado en un valle que constituye la fuente natural del alimento para el ganado y la fuente de ingreso económico de ganaderos y pastores. Si la población de cabezas de ganado se mantiene estable el pastizal de regenera y renueva, y puede mantenerse así mucho tiempo, pero si crece la demanda de alimento cárnico se crea un poderoso incentivo económico para que cada ganadero meta más cabezas de ganado en el prado, aunque el coste y daño ecológico no se manifieste al inicio, solo más tarde. La consecuencia conjunta de la suma de acciones buscando el beneficio individual es la tragedia inevitable: la destrucción del recurso natural común que alimentaba el conjunto de la economía y la economía de cada ganadero en particular. La libertad de todos conlleva finalmente la ruina de cada uno, la ruina colectiva de la economía, la ruina del recurso natural que en principio era renovable pero que finalmente acaba siendo no renovable y se destruye.
El desastre colectivo es producido por la suma de acciones individuales y el libre uso de un recurso ambiental de acceso libre. La posible solución y salida de esta tragedia obligaría a restringir libertades individuales y con ello la sobreexplotación del recurso mediante reglamentaciones eficaces (propiedad privada, propiedad estatal, propiedad comunal). Las soluciones a la tragedia que Hardin recomienda están en privatizar los recursos mediante el establecimiento de derechos de propiedad, o incorporar restricciones y control al acceso a los recursos por parte de las autoridades políticas y estatales.
Pero las élites políticas hoy priorizan el corto plazo y la inmediatez para extraer beneficios individuales, económicos monetarios, y son muy ajenas a los intereses comunes y a los riesgos y peligros colectivos generados y a sus consecuencias sociales y ambientales. La atmósfera, los océanos, los ríos, que han sido habitualmente vistos como sumideros libres y gratuitos para la emisión de todo tipo de contaminantes, padecen de lleno la tragedia de los bienes comunes.
B). EL DILEMA DEL RPISIONERO: La situación hipotética es la de dos prisioneros sospechosos de haber cometido un crimen, a los que el fiscal les propone a cada uno por separado e incomunicados en sus celdas cuatro posibles situaciones de desenlace: si uno confiesa el crimen y el otro no, solo dos años de cárcel para el que confiesa y diez años para el que no lo hace; si no confiesa y el otro sí lo hace, inversamente son diez años de cárcel y dos años; si ninguno confiesa dos años de cárcel para cada uno; si ambos confiesan la pena será cinco años de cárcel para cada uno. La respuesta más racional y óptima en la situación concreta y si pretenden eludir al máximo los años de cárcel, es que ambos nieguen el crimen, pero al estar incomunicados, es muy fuerte la tentación de traicionar al otro buscando evitar años de cárcel para uno mismo con la autoacusación de haber cometido el crimen. eso, y con ello, al confesar ambos el crimen como estrategia racional dominante que persigue maximizar la utilidad particular, lo que realmente consiguen es perjudicarse más los dos. Contrariamente, si ambos no pusieran por delante la racionalidad individual y el interés propio y egoísta, y optaran por el interés común de ambos y no solo el beneficio particular, obtendrían las máximas ventajas conjuntas y particulares en la situación si negaran ambos el haber confesado.
Habrían de ser irresponsables individualmente (autoinculparse ambos del crimen), optando con ello contra los intereses particulares inmediatos para alcanzar conjuntamente y de manera óptima los intereses que individualmente cada uno persigue de eludir al máximo los años de prisión.
Solo un posible compromiso moral que incluya y anteponga los intereses conjuntos y comunes sobre los recursos ambientales finitos y frágiles puede hacer posible el poder evitar el peor castigo y el daño conjunto. Esta puede ser la moraleja ecológica del dilema del prisionero. La vida real está llena de dilemas del prisionero mediante comportamientos individuales y libres de sobreconsumo con diferentes grados de comunicación entre ellos. Un ejemplo pueden ser los embotellamientos del tráfico en los centros urbanos, que en base a simples estrategias individuales de comodidad y libertad al coger el coche particular y conducirlo hasta el centro de la ciudad, implican como efecto un daño conjunto: ineficacia y lentitud en la movilidad y el transporte, y mayor degradación y toxicidad del aire urbano a consecuencia del aumento de emisiones contaminantes a la atmósfera.
Bajo la lógica del dilema del prisionero como bajo la lógica de la tragedia de los bienes comunales, cuando los bienes ambientales son de libre acceso, los individuos externalizan los daños y no temen a posibles sanciones contra unos comportamientos individualistas que acarrean destrucción y riesgo conjuntos.
C). LAS SITUACIONES IRRACIONALES: Son muchas las instituciones organizadas bajo los criterios de irracionalidad conjunta a la hora de impulsar comportamientos y acciones perjudiciales para los individuos, el conjunto social y los sistemas naturales. Cuando las motivaciones, los significados y los valores son inadecuados se generan consecuencias irracionales de gran alcance. Por ejemplo, el peso de la religión en la sociedad de la Isla de Pascua impidió ver que la tala intensiva forestal era incompatible con la supervivencia. En las actuales sociedades desarrolladas el desajuste causado por las racionalidades y los valores productivistas son un equivalente funcional de lo que ocurrió en muchas sociedades del pasado. Este persistente drama de irracionalidad colectiva habría de obligar a realizar cambios radicales en valores y en la toma de decisiones, para hacerlos compatibles con la continuidad y protección ambiental que es condición previa y necesaria de existencia de toda vida social humana.
Son muy numerosos los ámbitos atravesados por formas de irracionalidad conjunta. Constituyen actitudes irracionales: la opinión pública que desdeña los problemas ecológicos en función de los actores que se hacen mensajeros de los mismos, y que adoptan la táctica de "matar al mensajero" de las malas noticias. Los ecologistas a menudo son utilizados como chivos expiatorios de los supuestos alarmismos con la finalidad de quitarles credibilidad y de negar la realidad de dichos problemas denunciados, lo que hace que no se preste suficiente atención a las alarmas sobre los problemas reales (la fábula del pastor y el lobo). También resulta muy irracional el ignorar los conflictos de intereses en confrontación entre el corto y el largo plazo, entre las necesidades inmediatas y las estratégicas. Los valores centrales de la economía capitalista basados en la expansión y el crecimiento sin límites se hacen muy irracionales al perseguir la búsqueda de la acumulación y el negocio privado mediante la inacabable producción y el consumo de mercancías que se extraen de los ecosistemas. La ciudadanía rehén no tiene la suficiente libertad ni el poder de reexaminar y dar alternativas a los valores dominantes que está debajo de los intereses del crecimiento económico impulsados por las élites y clases dominantes, o son bloqueadas las iniciativas cívico-ciudadanas de resistencia y alternativas mediante el conflicto socio-ambiental.
8. Formas de propiedad (acceso libre, individual, estatal, comunal) y evitación de la tragedia de los bienes ambientales comunes. Lo que se puede hacer y lo que no: límites de la acción individual, estatal e internacionalmente las problemáticas y las exigencias de la sostenibilidad.
FORMAS DE PROPIDAD Y EVITACION DE LA TRAGEDIA DE LOS BIENES AMBIENTALES COMUNES: El derecho de propiedad se refiere al poder otorgado para extraer algún bien o beneficio de algo, de forma exclusiva y garantizada por instancias superiores, que suelen ser las de los Estados. El derecho de propiedad impone deberes de no interferir a los excluidos del acceso a tal recurso o tal derecho. Los regímenes de propiedad constituyen sistemas de autoridad que establecen regulaciones explícitas y sanciones coercitivas por parte de instancias estatales o locales. No aseguran mágicamente la preservación de los recursos ecológicos y su no sobre-explotación, sino que hay que ver cada caso particular y empírico. Más que un rasgo objetivo, único y estable, los derechos de propiedad y sus mayor o menor eficacia ante los daños ecológicos, remiten a los contextos particulares en los que se aplican y a formas concretas de relación en el intercambio social.
El papel de cada régimen de propiedad (estatal, individual y comunal) depende del establecimiento de límites legítimos al uso y explotación de los bienes y servicios ambientales. A veces bajo un régimen formal de propiedad en la realidad práctica se da otro régimen bien diferente. Lo que resulta central en cualquier régimen de propiedad es su capacidad de poner límites eficaces a la sobreexplotación del recurso ambiental. El mercado económico capitalista imperante y los beneficios económicos perseguidos hoy empujan a los propietarios bajo cualquier régimen de propiedad a la explotación exhaustiva de los recursos ambientales, al margen del tipo formal de régimen de propiedad. De ello se deriva un general aumento de la explotación de los recursos ambientales y una mayor presión sobre los propietarios individuales, estatales o comunales, con lo que se aumenta la destrucción ambiental. El mercado económico capitalista se comporta así como una institución suicida.
- La propiedad estatal, con marco político y jurídico se sustenta en una forma burocrática y de gestión pública que regula los usos de recursos ambientales bajo la titularidad ciudadana. Por ejemplo: los Parques Nacionales, las áreas militares..
- La propiedad individual está avalada por las autoridades estatales, el titular son los individuos u otro tipo de actores sociales, como pueden ser asociaciones, empresas económicas, que están dotados de derechos y deberes en el uso y acceso a los recursos ambientales, con obligaciones de no injerencia de los excluidos.
La propiedad privada en el modelo capitalista de economía adquiere la forma de derecho ilimitado a explotar los bienes ambientales debido a la concepción de poder hacer intercambiables dichos bienes por mercancías y dinero.
- La propiedad comunal más o menos autogestionada, que también goza de marco jurídico y político que asegura el aprovechamiento común estipulado de un recurso ambiental. Se trata de una modalidad de gestión colectiva de los recursos, en la que los usuarios dan su consentimiento al establecimiento de limitaciones para evitar el que se puedan destruir los recursos ambientales. Se trata de una forma de autorregulación que delimita las condiciones de pertenencia al grupo, los límites, las metas y los intereses comunes, y la propia autoridad y poder de actuación sobre los recursos. Mucha de la historia de gestión de bienes ambientales bajo el régimen de propiedad comunal ha sido un éxito en la gestión y conservación ecológica. Pero en los últimos doscientos años las formas de propiedad comunal desaparecen progresivamente a favor de la propiedad estatal y privada al ser erróneamente tratados en la práctica como si fueran simples bienes de acceso libre, o bien a consecuencia de cambios estratégicos deliberados en la misma titularidad comunal de la propiedad. El aumento de la lógica mercantil y las privatizaciones de los recursos ambientales favorece el abandono de las formas de propiedad comunal debido a que incentivan a los propietarios comunales para externalizar los costes de conservación de los recursos ambientales, puesto que parte de la regulación comunal implica unos costes añadidos que encarecen los gastos y los precios finales de los productos en el mercado. Otra de las limitaciones históricas de la propiedad comunal está en que los Estados carecen de compromisos reales para facilitar y proteger la propiedad comunal como en cambio sí lo hacen con los derechos de la propiedad privada.
Una adecuada gestión de los bienes ambientales no depende absolutamente del tipo de propiedad que los rigen sino que más bien depende de la propia valoración social y la eficacia implicada en los controles en el acceso y uso de dichos bienes ambientales. Es decir, el contexto institucional concreto en cada caso será el que determine el valor de los bienes, las limitaciones a la propiedad de los mismos y sus derechos.
Las posibles salidas de la tragedia de los bienes comunales dependen de si los cambios efectivos en los fines de la propiedad corresponden a dar prioridad a los valores ecológicos, políticos, estéticos y éticos y no a los valores del intercambio y el negocio económico.
Resultan más fáciles realizar estas metas bajo un régimen de propiedad comunal que bajo formas de propiedad privada con derechos ilimitados a explotar el recurso ambiental. Es más sencillo establecer fines y condiciones previas en el uso y consumo del recurso bajo propiedad comunal antes que bajo propiedad privada, mediante reglas procedimentales como pueden ser la exigencia de unanimidad en el propio grupo propietario ante la adopción de cambios, lo que hace más fácil la protección y la durabilidad del recurso ambiental, esto se hace mucho más difícil de conseguir bajo el régimen de la propiedad privada y estatal, dado que hoy día suelen dar prioridad al mercado económico o al electoral.
LO QUE SE PUEDE HACER Y LO QUE NO: Un intento de dar cuenta y afrontar las crisis de supervivencia ecológica que acompaña al actual modelo industrial civilizatorio, habría de ser capaz de incorporar perspectivas críticas en favor de otros fines que incorporen la responsabilidad y la precaución. Son urgentes los cambios radicales que han de darse cuanto antes frente al actual modelo de desarrollo para no acercarnos más a la reducción extrema de posibilidades y opciones de futuro.
Desde las nuevas percepciones y formas participativas basadas en principios básicos de preservación, suficiencia y continuidad de la vida, habrían de exigirse cambios drásticos en las decisiones que preceden a las actuaciones y en los modos específicos de relación con la Madre Tierra mediante nuevas instituciones y formas de participación y control colectivo.
Hoy día resulta urgente un renacimiento del pensamiento político que supere la crítica a toda instancia que limite o malogre la capacidad de supervivencia de los otros, incluidos los seres vivos no humanos y los sistemas naturales de la biosfera. Este nuevo pensamiento político tendrá que ser prospectivo y anticipatorio, capaz de aprender por antelación y no ha de esperar a ver los resultados del ensayo y los errores del experimento ya ensayado en la misma sociedad y naturaleza. El aprendizaje por antelación es un tipo de aprendizaje a priori ante la falta de experiencia frente a las problemáticas medioambientales globales, las que hoy llevan a las sociedades humanas.
Actualmente no parece que susciten problemas morales las actuales estrategias políticas, en las que los ciudadanos individuales no son los que negocian con un Estado nacional sino que se negocia entre países bajo formas de delegación y representación. Desde el punto de vista de las relaciones entre los países y Estados, resultan ser irrelevantes los comportamientos egoístas, indolentes y faltos de consideración de los ciudadanos a la hora de afrontar los graves problemas civilizatorios en los que estamos.
Mientras que en los contextos de acción no estén en juego las imputaciones y atribuciones personales, la moral carece de toda relevancia en la toma de decisiones y en las actuaciones. Los miembros de la sociedad pueden autoconcebir que ellos mismos actúan en función de reglas morales aunque el cuerpo social y las instituciones se comporte amoralmente, en medio de esta paradoja nos encontramos. . Si hipotéticamente hoy día, en la sociedad occidental alguien se sintiera responsable de la miseria final de los otros en una cadena de acciones cuyo inicio se encuentra en uno mismo, este sería tildado de irracional o insensato. Ante esta situación y estado de cosas, a nivel de relaciones internacionales, parece ínfima la posibilidad de que los países hoy día más favorecidos elijan una estrategia diferente a la de seguir como hasta ahora ante los dramas humanos y ecológicos. Considerar esto inaceptable apelando a las exigencias de la justicia generacional e intergeneracional, la supervivencia humana y la justicia inter-especies, plantea tres alternativas posibles y no excluyentes: A). INDIVIDUALIZAR LOS PROBLEMAS Y LAS SOLUCIONES (CONSEJOS PARA “SALVAR EL MUNDO”): Se da una desproporción grotesca entre las dimensiones de los problemas y la capacidad de las soluciones de afrontarlos.
Reduce los niveles y la complejidad en lo referente a la responsabilidad y el compromiso, se elimina el campo de relaciones estructurales que tiene en su mano la capacidad de decisión, la información y los medios.
La teoría sugestiva de que los cambios comienzan por pequeñas cosas es errónea si está desencarnada de los cambios sistémicos y estructurales. Además, se convierte en una disfrazada ideología, peligrosa y petrificada si no incluye a actores políticos, instituciones y empresas económicas en la responsabilidad y el cambio.
Es poco realista e irresponsable el creer que se pueden contrarrestar los problemas socioambientales de carácter sistémico y estructural con simples cambios en la conducta individual cuando a menudo los individuos son rehenes y sufren imperativamente las decisiones estructurales a favor de más desarrollo. Se genera la falsa impresión de que los múltiples daños y riesgos generados se pueden solucionar con pequeños actos individuales. Los comportamientos ecológicamente responsables a nivel individual generan la falsa impresión de que los problemas creados por el crecimiento económico y la producción basada en la creciente extracción de bienes ecológicos pueden solucionarse, aunque sea cierto que las soluciones exigen no solo cambios sistémicos, también cambios en los comportamientos privados y los estilos de vida sobreconsumistas.
Los efectos psicológicos de individualizar las consecuencias y las soluciones cada vez son mayores, lo que a su vez puede favorecer cambios importantes y necesarios en la toma de conciencia y en la adopción de actitudes de cambio responsable: “todos podemos hacer algo cuando ponemos el lavavajillas o apagamos la luz”.
B). LA ACCIÓN ESTATAL: LAS SOLUCIONES NACIONALES COMO ESTRATEGIA: Hay iniciativas de regulación de muchos países y gobiernos que favorecen pequeños cambios ambientales, como pueden ser el cambio total de las lámparas incandescentes, el aislamiento térmico, la reducción de emisiones contaminantes de CO2 a la atmósfera.
Pero se dan diferencias entre los países, y con ello los efectos buscados se aminoran y se restringen dado que los problemas ambientales saltan las barreras territoriales de las fronteras nacionales y administrativas.
También tienen parte de eficacia los controles estatales si sus estrategias son lo suficientemente innovadoras y los actores colectivos comienzan a modificar gradualmente su pautas de acción dentro del conjunto de la constelación de sociedades más amplia. Se trata del papel de pionero, que es inspirador y puede convertirse en ejemplarizante y modelo a seguir para otros países.
Aquí también resulta importante el efecto psicológico como ocurre también en el comportamiento individual: al disminuirse los sentimientos de impotencia y pérdida de control ante la enorme dimensión de los problemas ambientales.
Existe una limitación sistemática a la estrategia circunscrita a las soluciones por parte de los países: no pueden realizar por sí solos el giro necesario en las respuestas y las soluciones globales que exigen los problemas medioambientales globales. Por ejemplo, una radical reducción de las emisiones de CO2 por parte de algún país contra el cambio climático tendría una escasa influencia cuantitativa frente a las crecientes dimensiones sociales y ecológicas del problema.
Queda fuera la esfera inter-estatal de mayor complejidad. No existe instancia supraestatal capaz de instar y obligar a los Estados nacionales soberanos a reducir la presión ambiental y las emisiones contaminantes.
C). LA ACCIÓN INTER-ESTATAL: No existe tampoco un monopolio de poder y control efectivo a nivel inter-estatal o supraestatal con capacidad eficiente para perseguir y sancionar las violaciones cometidas por parte de los Estados.
La moderna separación de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) no existe en el ámbito inter-estatal.
Solo existe un embrionario Derecho Internacional como punto de partida para posibles normas supra-estatales que pudieran llevar a los tribunales internacionales a los actores responsables de masacres ecológicas.
La posibilidad de crear y fortalecer este ámbito de derecho internacional con poder vigilante y sancionador, y aplicable a las problemáticas ecológicas, hoy está a años luz de las necesidades urgentes que plantean problemas medioambientales globales como es el del cambio climático.
Existe la posibilidad de nuevos impulsos para crear instituciones de este tipo puesto que hay un precedente de Derecho Internacional cuyo origen está en la catástrofe social de la II Guerra Mundial y los posteriores Juicios de Nuremberg que afrontaron con sentencias y sanciones los “crímenes contra la humanidad”.
Pero los actuales acuerdos internacionales en el terreno medioambiental solo se limitan a la adopción voluntaria de compromisos autoimpuestos por parte de los Estados nacionales sin sanciones externas ante los incumplimientos de dichos acuerdos.
Es una gran ilusión el creer que por este camino se podrá afrontar a tiempo y con eficacia los problemas ecológicos globales.
Si el reconocimiento del individuo como sujeto de Derecho Internacional pudo permitir la celebración de juicios contra los crímenes y criminales de guerra identificando responsabilidades individuales, políticas y militares, también los ataques ambientales de las naciones contra los individuos y ciudadanos podría permitir intervenciones que limiten los derechos de soberanía de los Estados.
D). FUTUROS PASADOS Y RETROSPECTIVAS ANTICIPAD: Los seres humanos no solo vivimos el presente, también viajamos mentalmente moviéndonos desde el pasado al futuro, y nuestra existencia específica se da en un continuo espacial y temporal.
Nuestras construcciones mentales pueden anunciarnos las ruinas de nuestra actual civilización en el futuro, con imágenes aterradoras de basuras de metal retorcido a modo de montañas fantasmagóricas de una civilización caída. Nuestra experiencia se construye así como si estuviéramos en una isla peculiar del tiempo desde un presente capaz de percibir las reliquias de un futuro-pasado.
Podemos entonces mirar retrospectivamente para orientarnos y aprender del pasado al tiempo que miramos al futuro. Se trata de una retrospectiva anticipada, tal y como la ha llamado Alfred Schütz, capaz de anticipar peligros, amenazas y oportunidades futuras, y capaz de convertirse en guía para la acción del presente.
Esta es una fascinante capacidad humana que nos da una ventaja evolutiva para sopesar y sortear todo tipo de obstáculos, dotándonos de una particular capacidad psicológica que obtiene su fuerza y su impulso de lo mentalmente e imaginariamente deseado y soñado, y no solo de lo dado.
Esta extraordinaria capacidad humana se hace mayor y se ejercita más cuando se dan unas determinadas condiciones de vida en el presente: solo el estar libres de las necesidades de supervivencia más inmediatas y más urgentes, nos permite la posibilidad de poder ocuparnos de las posibilidades de mejorar la existencia, y al revés, esta posibilidad se limita o no existe cuando se amenazan las condiciones básicas de vida y la supervivencia.
Esta potencialidad es común a los seres humanos, pero los futuros retrospectivos están distribuidos muy desigualmente, al igual que se da una distribución desigual de las posibilidades y medios reales de futuro. Pero esta forma de desigualdad injusta resulta inaceptable si se aplican los valores culturales y políticos a favor de la igualdad y la solidaridad destilados por la Ilustración europea y sus variantes críticas postmodernas. Esto exige abordar las amenazas ecológicas globales y locales de modo muy diferente al que hoy impera, no solo por la propia racionalidad en favor de la supervivencia, también por la propia identidad humana: la sociedad se diseña y se construye así misma.
Tal capacidad humana fundamental tiene su propia dinámica y dialéctica basada en retrospecciones anticipadas que pueden adoptar la forma de confianza utópica. Las utopías imaginadas también pueden presentar lados oscuros y totalitarios, como lo fue la confianza utópica de Hitler que soñó en convertir en un simple museo a la población judía: “la raza judía extinta”. La magnitud de esta potencial energía psico-social también puede liberar peligros bajo la forma de promesas realizables de futuro que construyen férreos consensos en favor de la barbarie y el horror.
Las retrospecciones anticipadas se hacen muy peligrosas y mortales si sus impulsores aspiran erróneamente a moldear completamente el mundo negando con ello la pluralidad, la indeterminación ontológica de la existencia humana y la vida natural y su potencialidad constitutiva.
Los que podemos saber e intuir sobre los acontecimientos del futuro puede tener un papel central en el comportamiento humano del presente, en planes y diseños de actuación con los que anticipamos el futuro en la búsqueda de alcanzar una condición diferente de la que nos está dada con la esquilmación ecológica del planeta.
9. Describe y comenta críticamente el paradigma de la modernización y el desarrollo, y el concepto del desarrollo sostenible en sus tres diferentes interpretaciones semánticas.
PARADIGMA DE LA MODERNIZACION Y EL DESARROLLO El concepto de modernización se define mediante la comparación entre una sociedad tradicional y otra moderna. La modernización es el proceso a través del cual se pasa de un estado a otro, esto implica un antes y un después entre dos tipos básicos de organización social.
Rasgos o características estructurales de la modernidad, son aquellos en los que nos basamos para establecer la condición o el grado de modernidad de una sociedad humana concreta: (a). DESARROLLO DE LAS COMUNICACIONES.
Las sociedades modernas estas muy comunicadas entre sus puntos. La circulación de bienes, personas o información es extremadamente rápida. Una sociedad moderna es aquella en la cual hay medios técnicos de comunicación de masas como la prensa, la radio, la televisión o internet.
(b). HEDONISMO, COMUNISMO, SECULARIZACION, INDIVIDUALISMO, AUTOREALIZACION, ACCESO A ABUNDANTES BIENES Y SERVICIOS.
Los habitantes de las sociedades modernas son individualistas, adictos a los derechos, libertades y consumos personales; el hedonismo impregna su comportamiento. El desarrollo individual aparece ligado al acceso abundante de bienes y servicios, por medio del mercado y el consumo privado o por medio de los servicios públicos. Estos aspectos, derechos y consumo, están conectados con una tendencia a transformar los valores y creencias, no haciendo desaparecer la cultura religiosa sino perdiendo, solo, el monopolio de esta.
(c). PREPONDERANCIA DE LOS GRUPOS ASOCIATIVOS.
Perdida de las funciones y significados en la vida de los individuos de las forma comunitarias, como por ejemplo la familia, que pierde importancia como espacio de socialización y como unidad económica de producción. Las formas asociativas (profesionales, sindicales, ideológicas, políticas) pasan a ocupar un lugar importante.
(d). AUTORIDAD LEGISLATIVA Y RACIONALIDAD BUROCRATICA.
Las formas políticas de la modernidad se caracterizan por la consolidación del Estado, por la forma burocrática de administración de poder y por la referencia a la voluntad popular o nacional como principio de la legitimidad política.
(e). INDUSTRALIZACION, URBANIZACION.
Otra característica de la sociedad moderna es la importancia del sector secundario y del sector terciario frente al sector primario. Se produce una evolución sectorial de la población activa que conlleva la concentración de la población en ciudades y una configuración social compleja bajada en la división del trabajo. Como consecuencia se produce un crecimiento económico y una elevada producción por habitante debido a la innovación tecnológica y a la racionalización técnica y organizativa.
(f). INSTITUCIONALIZACION DEL CONFLICTO Y DE LOS CAMBIOS EN LA ESTRUCTURA SOCIAL.
El Estado asume funciones de mediación entre los diversos agente económicos y sociales. Los procesos de reproducción de las estructuras sociales según atribuciones heredadas van dando paso a procesos basados en el logro, con estructuras de estratificación y desigualdad, más flexibles y abiertas.
Las principales objeciones a que se ha enfrentado la visión que entiende el cambio social como modernización son las siguientes: 1. La dificultad que tiene esta teoría para establecer con aplicabilidad universal los conjuntos de atributos correspondientes a las sociedades tradicionales y modernas.
2. La vaguedad y abstracción descriptiva que, en ausencia de teorías explicativas, puede aparecer en las clasificaciones a lo largo de una escala continua.
3. La dificultad de seleccionar los factores determinantes que sean suficientes para que se ponga en marcha el proceso del cambio.
El desarrollo, se entiende como una intervención consciente de ingeniería social y planificación encaminada a remodelar sistemáticamente las sociedades a fin de acelerar su transición a la modernidad. Según esta visión de desarrollo, todas las sociedades del mundo aparecen moviéndose a lo largo de un único camino y con un solo sentido y dirección. Las sociedades “avanzadas”, se sitúan en cabeza, que señalan las metas para las sociedades consideradas “subdesarrolladas”. Surge la necesidad de alcanzar a las sociedades de cabeza y ponerse a la altura de las mismas.
- El desarrollo es básicamente homogéneo, de forma que resulta posible la clasificación de las sociedades en un continuo.
- Las sociedades más “atrasadas” pasaran en el futuro por el estado actual de las más “avanzadas”. Este es un proceso sin final, por lo que no se puede decir que haya sociedades modernas sino tan solo sociedades más o menos avanzadas en el camino de la modernización.
Las proposiciones teóricas de modernización y teoría quedan afectadas por incoherencias relacionadas con el análisis de los límites medioambientales. Se hace presente la escasez y el agotamiento de los recursos naturales y con ello la imposibilidad de extender a todos los grupos humanos los niveles de apropiación y consumo de recursos naturales propios de las sociedades más industrializadas. El intensivo uso de recursos naturales es un rasgo característico de sociedades modernas. En consecuencia, la universalización del desarrollo de un planeta finito, cerrado en materiales y sometido a la ley física del crecimiento de la entropía, haría imposible la supervivencia y la continuidad de los seres humanos y sus sociedades.
DESARROLLO SOSTENIBLE La expresión desarrollo sostenible nació a partir del tardío reconocimiento de que algunos limites naturales a la acción humana sí que existen, y de que ignorarlos puede poner en peligro el suministro material que mantiene la expansión de la civilización industrial.
Las concepciones del desarrollo se sintetizan a continuación en tres enfoques: el desarrollo económico, el estado estacionario y la conservación bioeconomica.
1. LOS ENFOQUES DEL DESARROLLO ECONOMICO.
Siempre se ha relacionado el concepto de “desarrollo” con el concepto “económico”. Desde este punto de vista se trata como se producen y se distribuyen los bienes que, producidos por el trabajo humano, satisfacen algunas necesidades humanas. Sobre esta cuestión ha diversas propuestas a tener en cuenta, pero la más utilizada es la que mantiene que el desarrollo implica conocimiento. Esta es la opinión oficial de la ONU, que afirma que la pobreza y los problemas ambientales no se pueden resolver sin un vigoroso crecimiento económico.
También la de muchos expertos en economía medioambiental, para los cuales que el crecimiento sostenido no provoca daños en el medio ambiente siempre y cuando se considere integrar el impacto ambiental en las decisiones económicas.
2. EL ESTADO ESTACIONARIO.
Esta propuesta consiste en admitir toda clase de cambios cualitativos que puedan mejorar la vida de la gente pero sin incrementar la escala física económica, como es la población, el stock de bienes o la cantidad de energía y materias primas incorporadas a la producción.
Las tres dimensiones básicas de una economía de estado estacionario son: - Stock: intervalo total de bienes de producción, bienes de consumo y cuerpos humanos.
Es el conjunto de todas las cosas físicas capaces de satisfacer necesidades humanas y sujetas a propiedad.
- - Servicio: satisfacción experimentada cuando son satisfechas las necesidades, o “ingreso psíquico”. El servicio lo proporciona el stock, la cantidad y la calidad de este determina la intensidad del servicio.
Transumo: flujo físico entrópico de materia-energía que procede de fuentes naturales y pasas por la economía humana acabando en los depósitos de la naturaleza.
Necesario para mantener y renovar el stock.
3. LOS ENFOQUES BIOECONOMICOS DE LA CONSERVACION.
Estas propuestas insisten en que la degradación entrópica que implica cualquier actividad productiva y la incertidumbre a la evolución social, afectan la eventual reintegración de las economías humanas en los ciclos naturales de la biosfera. Se busque una relación sostenible entre la biosfera y la tecnosfera aconsejando precaución, parsimonia, conservación y rechazo a la extravagancia como criterios principales de sostenibilidad.
Hay unos cuantos puntos que se pueden incluir en un programa de conservación bioeconomica minina: - - - La producción de todos los artefactos de guerra debe prohibirse de inmediato.
A través del uso de las fuerzas productivas y de medidas sinceras, las naciones subdesarrolladas deben recibir ayuda para lograr tan pronto como sea posible una vida mejor (no lujosa).
La humanidad debería disminuir gradualmente su población a un nivel en que pudiese alimentarse adecuadamente solo a través de la agricultura orgánica.
Hasta que el uso directo de la energía del sol sea de conveniencia general o se logre una fusión controlada, todo desperdicio de energía, por sobrecalentamiento, sobreenfriamiento, sobre-velocidad, sobre-iluminación, etcétera, debería evitarse.
Debemos curarnos nosotros mismos del anhelo morboso de los artefactos extravagantes.
Debemos deshacernos de la moda.
La necesidad de que los bienes durables se hagan aún más durables diseñándolos para ser reparables.
Necesaria armonía con todas las ideas anteriores.
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