Rousseau y el buen salvaje (2014)

Ejercicio Español
Universidad Universidad Pompeu Fabra (UPF)
Grado Humanidades - 4º curso
Asignatura Ètica i filosofia política
Año del apunte 2014
Páginas 4
Fecha de subida 21/10/2014
Descargas 4
Subido por

Descripción

La asignatura se desarrollaba alrededor de la cuestión del abismo ontológico entre el hombre y el animal

Vista previa del texto

Ética y filosofía política Laia Pujol Serra Práctica 3: Rousseau La bondad del hombre como parte constitutiva inherente a su esencialidad es un tema de debate que aun hoy en día está plenamente en vigencia. Siguiendo el punto de partida de John Locke, Jean-Jacques Rousseau también apostó por la fe en el hombre bueno por naturaleza. Sin embargo, muy consciente de la situación de desigualdad social –a diferencia de Locke, éste desde un punto de vista negativo, es decir, Rousseau no justifica esta diferencia, sino que adopta un punto de vista crítico–, ¿cómo pudo concebir este autor, aun así, que el hombre es esencialmente bueno? ¿Cómo explica que tales situaciones se hayan podido llegar a producir? Rousseau –también como Locke– indagó en el génesis de la sociedad y la civilización y, a partir de aquí, formuló un discurso histórico propio desde un hipotético estado de naturaleza original –en el cual imperaba la igualdad entre hombres– hasta llegar al hombre contemporáneo, ya envuelto en unas condiciones de desigualdad. A continuación vamos a tratar la evolución antropológica del ser humano, partiendo del estado natural, pasando por su inmersión en el proceso histórico, y llegando finalmente a la explicación de la desigualdad coetánea, para así descubrir en qué punto, en qué momento, podemos situar su origen.
El discurso histórico planteado por Rousseau se constituye de tres etapas diferenciadas: la del hombre primitivo, la del hombre natural y la del hombre ciudadano. Vamos a verlo según estas partes.
En el primer caso se trata del hombre “pre-histórico” en el sentido literal, es decir, del hombre anterior a la historia que vive en el llamado estado de naturaleza. Éste vive aislado y sólo se preocupa de satisfacer sus necesidades más inmediatas por instinto natural1. Además, hay un rechazo intrínseco a la maldad hacia los demás, también una indiferencia sentimental en cuanto surge el contacto (Rousseau, 1973: 68). No obstante, se produce un giro en cuanto tiene que afrontar las catástrofes naturales2: 1 “El primer sentimiento del hombre fue el de su existencia; su primer cuidado, el de su conservación. Los productos de la tierra le proveían de todos los auxilios necesarios a cuyo uso le llevaba el instinto” (Rousseau, 1973: 67) 2 Siempre son fenómenos de la naturaleza, es decir, fuerzas exteriores al hombre, los que producen el cambio de etapas en Rousseau. Hay que tener en cuenta, pues, que son causas externas las que nos llevan a la degradación, no el hombre –el hombre es bueno por naturaleza, quien, para su protección, crea unas estructuras en donde se basa la maldad: el mal reside en las estructuras sociales, mientras que el bien es propio del individuo.
1 Ética y filosofía política Laia Pujol Serra Mas pronto se presentaron dificultades y entonces fue preciso aprender a vencerlas. […] Todo obligó al hombre a experimentarse en los ejercicios del cuerpo. […] Aprendió a dominar los obstáculos de la naturaleza, a combatir en caso necesario con los demás animales, a disputar a los demás hombres la subsistencia y a resarcirse de lo que era preciso ceder al más fuerte (Rousseau, 1973: 68).
Es decir, el hombre, a diferencia de los demás animales, tiene en sí la capacidad de acción y superar los instintos de supervivencia, y de maximizarse para perfeccionarse.
Sin embargo, en el hombre primitivo estas características están ahí como potencia y sólo se desarrollan en cuanto surge la necesidad de sobrevivir frente a las fuerzas de la naturaleza. Es en este momento cuando abandona su estado de aislamiento para empezar a agruparse por objetivo común de supervivencia. Por otro lado, también se inicia el desarrollo tecnológico y, así, surgen las comunidades de pescadores e ictiófagos en las zonas costaneras y de cazadores y guerreros en las selvas (Rousseau, 1973: 68-69). Empieza la segunda etapa en Rousseau: el hombre natural3.
Sin embargo, pronto se introduce en estas comunidades la agricultura y la metalurgia y, por ende, el sedentarismo. Esto implica, por otro lado, la posibilidad de adquirir la tierra, que desemboca en la diferenciación de propiedades, división del trabajo y dependencia de unos sobre otros4. Este proceso conlleva otro de los aspectos fundamentales del pensamiento rousseauniano en cuanto a la degradación de la sociedad: el orgullo y el prestigio social que persiguen cosas superfluas, más allá de las necesidades vitales. Tal y como dice Rousseau: En este nuevo estado, con vida sencilla y solitaria y necesidades limitadas, con instrumentos que habían inventado para proveer a ellas, los hombres gozaron de prolongados ocios, que emplearon en adquirir mayores especies de comodidad desconocidas a sus padres. Este fue el primer día de sujeción y el primer origen de los males que prepararon para sus descendientes. Porque además de que continuaron viviendo así debilitando el cuerpo y el espíritu, estas comodidades perdieron por su repetición casi todo su agrado, y degeneraron al mismo tiempo en verdaderas 3 “Los hombres, hasta aquí errantes en los bosques, habiendo tomado residencia más fija, se relacionan lentamente, se reúnen en diversos grupos, y forman por último en cada región una nación particular, unida por costumbres y caracteres, no por reglamentos y leyes, sino por el mismo género de vida y alimentos y por la común influencia del clima” (Rousseau, 1973: 73). En este estado es en donde Rousseau sitúa la Edad de Oro de la humanidad porque aun permite mantener la individualidad del hombre originario.
4 “Por otra parte, el hombre, de libre e independiente que antes era, se ha convertido en siervo de multitud de necesidades, sometido, por decirlo así, a toda la naturaleza, y principalmente a sus semejantes, de quienes llega a ser esclavo, aun siendo su señor; rico, tiene necesidad de sus servicios; pobre, necesita sus auxilios y la mediocridad no le coloca en situación de prescindir de ellos” (Rousseau, 1973: 81).
2 Ética y filosofía política Laia Pujol Serra necesidades, de manera que la privación llegó a ser mucho más cruel que dulce había sido la posesión, y sin hallar felicidad en poseerlas, en perderlas se hallaba la desgracia (Rousseau, 1973: 72-73).
Para explicarlo de otra forma, con la introducción del trabajo, el hombre pierde su individualidad, su esencialidad, aquello que lo hace ser lo que es, a causa de la dependencia hacia los demás. Hay una escisión, pues, entre el hombre y su naturaleza.
Entonces, en un intento de restablecer esa unidad que ha perdido sobre sí mismo, busca su ser fuera de sí: necesita del prestigio social y de la ostentación de sus posesiones innecesarias –en especial aquellas que le diferencian de los demás, porque si se posee algo que otro no puede tener, significa una mayor capacidad de poder económico sobre los demás– para legitimar su ser. En resumen, la herramienta y la capacidad de maximizarse y de trabajar para sobrevivir provocan una serie de transformaciones que afectan al ser en la medida en que se modifica su relación con el mundo exterior. Así, con cada cambio técnico hay una modificación en el hombre, y en cuanto mayor es la salida del hombre de sí, mayor maldad hay. Aquí se sitúa el origen de la desigualdad5.
No obstante, por consiguiente a la persecución de posesiones, surge el conflicto entre los hombres: Entre el derecho del más fuerte y el derecho del primer ocupante surgió un perpetuo conflicto que no concluía sino por combates y homicidios. La naciente sociedad dio lugar al estado de guerra más terrible (Rousseau, 1973: 83).
El propietario rico, entonces, se dio cuenta que el conflicto perpetuo no le producía ningún bien. Para erradicar el conflicto y evitar así la amenaza, el propietario “fue a emplear en su provecho las mismas fuerza que le atacaban, tomar a sus adversarios por defensores suyos, inspirarles otras máximas y darles otras instituciones que fuesen para ellos tan favorables como adverso les era el derecho natural” (Rousseau, 1973: 84).
Mediante el engaño, pues, consiguió que por mutuo acuerdo todos los pertenecientes a la comunidad aceptaran el contrato social que no hacía sino producirle beneficios a él, mas desventajas a los demás: la desigualdad se legalizó y quedó legitimada en ella, en la ley.
5 “Tal es, en efecto, la verdadera causa de todas estas diferencias: el salvaje vive en sí mismo; el hombre social, siempre fuera de sí, no sabe vivir más que en la opinión de los demás; y de ese único juicio deduce el sentimiento de su propia existencia” (Rousseau, 1973: 104-105).
3 Ética y filosofía política Laia Pujol Serra En respuesta a la pregunta inicial, pues, hay en Rousseau un positivismo antropológico, pero un pesimismo histórico: el hombre es bueno en sí, la maldad viene de causas exteriores que pueden explicarse a partir de este hipotético recorrido histórico. Sin embargo, ¿por qué, entonces, no se puede volver para atrás y restablecer el estado de naturaleza? Para Rousseau, el hombre no puede desaprender lo que ha aprendido, sino que la experiencia le ha ido modificando el alma y sus pasiones de generación en generación, cambiando su naturaleza hasta erradicarlo de ella6.
Bibliografía Rousseau, Jean-Jacques [Lopez y Lopez, Jose (trad.)]: Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres, Editorial Aguilar, Madrid, 1973.
6 “Porque nuestras necesidades y nuestros gustos cambian insensiblemente con el tiempo; porque desapareciendo por grados el hombre original, la sociedad solo ofrece a la vista del sabio una reunión de hombres artificiales y de pasiones ficticias, que son el resultado de esas nuevas relaciones y no tienen un fundamento verdadero en la naturaleza” (Locke, 1973: 103).
4 ...