Las Grandes Etapas del Siglo XX (2016)

Apunte Español
Universidad Universidad de Málaga
Grado Derecho + Administración y Dirección de Empresas - 3º curso
Asignatura Estructura Económica Mundial y de España
Año del apunte 2016
Páginas 5
Fecha de subida 03/08/2017
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Las grandes etapas del S. XX: el final del cosmopolitismo y el escenario de la Gran Depresión.
El siglo XX económico cuenta con una primera etapa que, partiendo de antes, llega hasta el comienzo de la Gran Guerra del 14. Es entonces cuando se tambaleaba el viejo orden decimonónico, construido en torno a la supremacía industrial y comercial británica y al patrón oro clásico como régimen monetario internacional.
La segunda posguerra mundial, regida por el armazón institucional levantado en Breton Woods, representa la edad de otro del crecimiento de una economía internacional bajo la hegemonía norteamericana, hasta su brusco frenazo sobre la base de unos nuevos desarrollos tecnológicos que refuerzan el liderazgo de los ya aventajados, y dejan a buena parte del mundo a merced de los vaivenes financieros. Esta es la secuencia temporal que sigue a partir de aquí en cuatro apartados: - El final del cosmopolitismo (de las décadas finiseculares del ochocientos a la Primera Guerra Mundial): pocas transformaciones caben registrarse en el paso del siglo XIX al XX en el sistema de relaciones económicas internacionales (asentamiento del patrón oro como sistema internacional de pagos entre los países más ricos, generalización de un sistema de tipos de cambio fijos siguiente el ejemplo británico, y agotamiento de la larga etapa librecambista del final del siglo XIX).
En cambio, sí son más intensos los avances tecnológicos e industriales, que se experimentan sobre todo en los países occidentales (segunda revolución industrial del mundo moderno): se sustituyó el motor de vapor por el de explosión y el carbón de piedra por la electricidad, y luego apareció el petróleo, convirtiéndose estas en las fuerzas motrices principales; de esta forma, se alteró no solo el panorama industrial sino también el de las comunicaciones.
La aventajada posición de Estados Unidos le confirió pronto una supremacía en forma de ventaja tecnológica.
El aumento de la tasa de crecimiento per cápita entre 1870 y 1913 fue especialmente aprovechado por las naciones del Nuevo Mundo, en comparación con Asia y África que permanecían sujetas a controles de tipo colonial.
Todo este escenario de crecimiento comercial a largo plazo cambia radicalmente a partir de 1914, cuando, con la guerra, se suspende el patrón oro, y, con ello, la estabilidad monetaria internacional, ahora sustituida por la inflación y la alteración comercial causada por el conflicto bélico.
- El escenario de la Gran Depresión (de la Gran Guerra a la segunda posguerra mundial): las dos décadas de entreguerras están seccionadas por la Gran Depresión iniciada en 1929 con el crack de la Bolsa de Nueva York. Hasta entonces, el patrón oro vive en crisis, aunque algunos países vuelven a él de manera efímera a lo largo de los años veinte, que lo son, en general, de expansión económica.
Durante el decenio de 1920 el mundo capitalista intenta volver al tan confiado como ya imposible escenario anterior, y en Rusia prende la llama de un nuevo sistema político que, sobre bases distintas, trata de hallar el progreso y la mejora material de las condiciones de vida.
Tres factores, al menos, condicionan esa frustrada vuelta el patrón oro: primero el efecto de las reparaciones de guerra acordadas en Versalles, segundo las reforzadas paridades establecidas entre algunas de las principales monedas, y tercero la creciente rigidez de los mercados y el auge inicial de un intervencionismo estatal que subordinaba el libre juego de las fuerzas del mercado al logro de sus objetivos internos de la política económica.
En la década de los treinta se acentúa el proteccionismo arancelario y se generalizan los controles directos sobre el comercio exterior, inspirados en la política de “empobrecer al vecino”. Estas medidas, junto con el abandono del patrón oro y el estricto control de los cambios en casi todos los países, llevan a una gran distorsión y reducción de las corrientes comerciales y de los flujos de capital.
La recortada tasa de crecimiento de la renta per cápita mundial entre 1913 y 1950 explica muy bien las dificultades de esta larga etapa de entreguerras. El brusco frenazo fue seguido de un marcado retroceso del cociente mundial de exportaciones sobre el PIB, evidenciándose la sensibilidad del comercio internacional a la ruptura del orden económico anterior a 1913 y el impacto subsiguiente al crack del 20. Se trataba de un comercio muy poco dinámico que, tras sufrir el efecto de otro traumático conflicto bélico, experimentaría desde comienzos del decenio de 1950, además de un acelerado crecimiento, hondas transformaciones en su composición y reparto mundiales.
Las grandes etapas del S. XX: la “edad de oro” del crecimiento.
- La edad de oro del crecimiento (de la expansión de los cincuenta a la crisis del petróleo): constituye el más largo y excepcional periodo de expansión conocido por la economía mundial. Destacan, entre otros, dos factores: por un lado, la implantación de un esquema de relaciones internacionales como el diseñado en 1944 en Breton Woods sobre la base de un sistema de tipos de cambio fijos pero ajustables, bajo la supervisión del Fondo Monetario Internacional; y por otro, la progresiva desaparición tanto de los controles de cambios como de los controles directos sobre el comercio exterior, y la sustitución de estos últimos por aranceles en progresiva reducción, debido al impulso liberalizador del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT).
Todo este largo periodo está dominado por la supremacía económica de Estados Unidos y de su moneda, el dólar, como gran medio de pago y de reserva internacional.
La estabilidad monetaria internacional, sobre la base de un dólar convertible en oro y de unos tipos de cambio fijos de las distintas monedas con respecto al dólar, desempeñó un papel fundamental en el progreso largo y generalizado de los años cincuenta y sesenta. El crecimiento del comercio y de los flujos de capital favoreció asimismo el de la renta mundial, en particular la de los países más avanzados, merced a la difusión e incorporación a sus procesos productivos del progreso técnico, indudable factor causal de los incrementos de la productividad y de la renta que están detrás de las mejoras en los niveles de vida en Europa.
Tampoco es posible ignorar el efecto que tuvo la creación de ciertas zonas regionales de libre comercio, entre las que sin duda destaca la Comunidad Europea surgida del Tratado de Roma de 1957, germen de un proceso de construcción continental que ha multiplicado las interdependencias económicas entre los países miembros.
Paralelamente, se acentuaron profundos cambios en la estructura del comercio mundial, hasta ocupar las manufacturas el porcentaje mayoritario (a la altura de 1973). Se tratan de transformaciones muy coherentes con las que se experimentan en el ámbito empresarial y tecnológico: por un lado la busca del gigantismo, con el fin de apurar las economías de escala que algunas tecnologías y métodos de producción procuraban en no pocas actividades; y por otro la cartelización de ciertos mercados, dominados por la presencia creciente de compañías de capital transnacional (primero norteamericano y luego, cada vez más, europeo y japonés).
A partir de 1971, cuando las autoridades norteamericanas no pueden mantener por más tiempo la convertibilidad de su moneda en oro, el sistema de tipos de cambio fijos pero ajustables da paso a otro de flotación de las monedas, en medio de una crisis económica que vuelve a inspirar tentaciones de introversión y de ventajismo nacional.
Las grandes etapas del S. XX: la era del capitalismo global.
- La era del capitalismo global (el último cuarto del siglo XX y los inicios del XXI): el sistema de Breton Woods quiebra definitivamente en 1973 con el estallido de una crisis que, originada inicialmente por las alzas en los precios del petróleo, pronto deviene en crisis industrial y económica generalizada a escala internacional; crisis que da pie a la reaparición de las políticas proteccionistas, con el único resultado de agravar y extender sus consecuencias.
El saldo de este último cuarto del siglo XX y comienzos del XXI ha sido muy coherente con el promedio secular, pero se ha distribuido de un modo desigual por las regiones (de nuevo concentrado en Europa occidental y meridional, además de en Norteamérica y Japón).
Destacó un crecimiento intenso de China, que ha conseguido desde entonces erigirse en un coloso exportador y que su renta per capital real crezca.
El último cuarto del siglo XX presenta un perfil oscilante, condicionado por el efecto de la elevación de los precios del petróleo (multiplicados primero por cuatro y luego por tres). La recesión subsiguiente supuso una sorpresiva combinación, para el saber de la época, de estancamiento y paro con inflación en los países industrializados, causando una crisis generalizada de demanda a escala mundial. Como consecuencia, los intercambios internacionales entre los países se contrajeron, arrastrados por la reducción de la demande interna y la incertidumbre acerca de la evolución económica mundial; una incertidumbre agravada en estos años por las dudas sobre la propia sostenibilidad de los ritmos de crecimiento, amenazados por los riesgos que comporta el agotamiento de los recursos y el deterioro ambiental asociados al uso extensivo de las fuentes de energía.
Este panorama indujo a políticas coordinadas por parte de los países industriales.
Las dos décadas finales del siglo XX fueron testigos de la recuperación, e incluso ampliación, de los ritmos reculares de crecimiento económico, bajo un mayor predominio y desarrollo de los mercados (en particular los financieros).
La crisis posterior de las hipotecas “subprime”, desatada a partir del verano de 2008, se gestó en cambio, en el corazón mismo del sistema, afectando rápida y gravemente a todos los países, comenzando esta vez por los más desarrollados.
Grandes transformaciones tecnológicas han impulsado esta tendencia hacia la liberalización y la mundialización de la economía, a la que ya no escapa ninguna región del planeta. Estos cambios han provocado también una mayor concentración de poder económico, con el fenómeno generalizado de las fusiones y adquisiciones de empresas.
Junto con este cambio de escenario empresarial, la globalización ha llevado al desarrollo de ambiciosos proyectos de cooperación regional.
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