Assaig 1 (2014)

Ejercicio Español
Universidad Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)
Grado Periodismo - 3º curso
Asignatura Periodisme cultural
Año del apunte 2014
Páginas 4
Fecha de subida 15/12/2014
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Miguel  Lois  Vidal  (1307613)   Grup  2        08/04/14              Assaig  1   Periodisme  Cultural         David  Vidal   Twitter: protagonismo a base de followers y crisis del lenguaje   Se acabó la comunicación verbal. Se acabó la racionalidad. Se acabaron los debates culturales (si partimos de la base que la cultura, antropológicamente hablando, nos sirve para entender la realidad). Twitter ha revolucionado el mundo. Ni la magia de la tele, ni la inmediatez de la radio ni la profundidad de la prensa han podido desbancar al cuarto medio de comunicación actual. Imagen, vídeo e información. Todo condensado en 3 líneas, en 140 caracteres.
Decía Herman Melville en “Bartleby el escribiente” que él no es uno de esos abogados que “solicitan de algún modo el aplauso del público”. La competencia en el mundo actual es feroz para precisamente conseguir eso, un aplauso, un reconocimiento, el “yo más que tú”. Twitter genera tráfico, informa y opina. Bueno, los usuarios. El objetivo de cada tweet es buscar el máximo de RT. Para entendernos, el máximo de gente que compartiría esa opinión, información o publicación. Cuánto más alto sea ese número de RT más éxito. Más popularidad. Más aplausos. Más reconocimiento.
El gran problema es qué personas reciben ese mérito. Entramos en el mundo de los “followers”. La obsesión de tener seguidores es enfermiza. Evidentemente, cuántos más tengas más “conocido” vas a ser. ¿Por qué utilizo el término conocido y no reputado? Analicemos el caso de Tomás Roncero, “periodista” conocido por las tertulias futboleras que penden de un hilo, el de la vergüenza ajena. Casi 400.000 seguidores en Twitter. Cada publicación, sea la estupidez más soberana del mundo, será recompensada con aplausos y RT. Sin embargo, su reputación no es precisamente positiva.
Hemos llegado a tal punto de big-headed (término inglés que se refiere a las personas de mentalidad cerrada) que hasta nosotros mismo, aunque nos riamos o critiquemos a estos personajes, les damos cancha. Twitter ha alcanzado tal nivel de popularidad que incluso referencias de la cultura han afirmado la sentencia más tenebrosa: “Los periodistas ya no son buenos por cómo escriben, sino por el número de followers que tengan en Twitter”.
Acortar las palabras, acortar el conocimiento Nietsczhe heredó la capacidad de enseñar de los Sofistas y aseguraba que la realidad no existe (y en el caso que existiera a cada persona se le representa de una manera distinta). Hemos entrado, con las nuevas tecnologías, en otra realidad, la “virtual”. Una realidad paralela a la de muchos seres humanos. Muchas corrientes de opinión, artículos e incluso bromas se ven solo en Twitter. Si no estás en la red, estás fuera, excluido.
Otro autor que hablaba del lenguaje era Schiller. Aseguraba que “no tenemos una lengua, somos hablados por una lengua”. Con Twitter se ha confirmado una afirmación antigua. Ya no hay una lengua (castellano, catalán, inglés…) hay un formato de mensaje. Cada palabra se mide minuciosamente. Ya no vale buscar el adjetivo idóneo y la palabra brillante. Hay que encontrar la palabra clave, la que salga en los buscadores, la que te vuelva a dar ese reconocimiento y aplausos.
Cada vez estamos más alejados de la mayéutica de Sócrates ("dar a luz". Es el conocimiento a través del cuestionamiento. Es una técnica que consiste en interrogar a una persona para hacer que llegue al conocimiento a través de sus propias conclusiones y no a través de un conocimiento aprendido y concepto pre conceptualizado). Esa es una de las crisis del lenguaje más graves. Leemos, escuchamos e interiorizamos. No nos preguntamos el por qué. No contrastamos. Y luego lo vomitamos ante cualquiera (lo que puede acarrear decir barbaridades).
Aprendemos y pensamos cómo nos adoctrinan, pero no somos capaces de entender la pluralidad de opiniones y crear una idea personal, exclusiva e intransferible.
La nueva ruta del periodismo El periodismo ha cambiado. Es un hecho. La crisis, las nuevas tecnologías o el ciclo de la vida son los causantes. Cada vez cuesta más saber de dónde proviene la información. El periodista ya no trabaja con la veracidad, sino con la verosimilitud. Es por eso que seguimos inmersos en la etapa que Steiner definió como “Postficción”. No hay evidencias, la información se manipula, los géneros del discurso se han agotado y cada vez se distingue menos la ficción de la realidad.
Ramón Trecet, en una entrevista en JotDown, aseguró que el periodismo en papel está muerto. Al ser preguntado por cuántos clavos quedan para enterrar al periodismo en papel, esto respondió uno de los mejores deportivos de finales del siglo XX: “ Salen noticias pseudocientíficas: 12.500 ¡en años desaparecerán los árboles del planeta!, ¡el papel en el periodismo acabará en 2019! Y todos empezamos a retuitear, pero siempre habrá un resquicio para el papel. Es un planteamiento generacional. Mi generación y la vuestra, que han conocido el papel a lo largo de sus años formativos, porque vosotros sois unos carcas [inconfundible sonrisa], seguiréis manejando papel. Mi nieta, con 6 años, ya tiene dos ordenadores y está en un colegio donde no usan libros.
¿Cuando cumpla 20 va a necesitar un periódico de papel?” El periodismo que ha nacido en Twitter podría semejarse al de la “literatura del no”.
Muchos autores consideraron que no vale la pena escribir. En este caso, más que no escribir, se busca acortar al máximo esa escritura (140 caracteres). Jacobson, en el primer tercio del siglo XX, aseguraba que el lenguaje “no quiere ser referencial, sino poético”. Ahora, en el primer tercio del siglo XXI, la poesía ha pasado a un segundo plano. Las frivolidades y banalidades superan a las excentricidades de los autores.
Tenemos lo que merecemos Las industrias culturales han fomentado una competitividad desleal, repugnante y delirante. Se prefiere la cantidad a la calidad. No interesa el servicio, sino el morbo y las ventas. Los números han sobrepasado al talento. ¿Qué harían hombres como Da Vinci, Sócrates o Pullitzer ante los Sálvame y compañía? Perderían.
La sociedad ha permitido esa banalización de la cultura. Todo vale. Cualquiera puede insultar, opinar y afirmar sin consecuencias, sin tapujos. La democracia se ha entendido (en parte) como una carta blanca.
El filósofo Ricardo Forster fue entrevistado en el diario “La Nación” y aseguró que el mundo abarca una crisis cultural sin precedentes en la historia reciente. Foster cree que los ciudadanos ya no se ven como ciudadanos y se ven como consumidores.
"A partir de esta crisis, seguramente, veremos replanteos de los imaginarios sociales y culturales y también nos repensaremos a nosotros como sociedad. Habrá que ver de qué manera podremos reconstruir un tejido que fue desestructurado, de qué manera podemos dar un combate en el territorio de lo cultural", sostuvo.
No parece haber marcha atrás. Igual que el vapor murió en beneficio de la electricidad y la gente pasó del campo a la ciudad el morbo ha ganado a la reflexión. La cantidad a la calidad. La soberbia al talento.
¿100.000 seguidores o 1.000 que te valoren? ...

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