Tema 3 mercantil (2017)

Apunte Español
Universidad Universidad Autónoma de Madrid (UAM)
Grado Derecho - 3º curso
Asignatura Derecho Mercantil
Año del apunte 2017
Páginas 4
Fecha de subida 20/06/2017
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Tema 3: La representación. La contabilidad.
Salvo en el caso de un empresario individual que no tenga nadie quien le ayude, todas las empresas y empresarios suelen auxiliarse de personas en el desarrollo de la actividad empresarial. Esto es lo que vamos a ver en este tema, el poder de representación de estas personas. Antes de entrar a lidiar con ello, hay que hacer un recordatorio de la representación.
La representación está esencialmente, pero no exclusivamente, regulada en el CC. En el CC se habla del mandato, cosa distinta de la representación. La representación es la capacidad que tiene una persona de actuar frente a otra vinculando a otra, de tal manera que el vínculo jurídico se establece entre A y C cuando actúan B y C. La representación hace referencia a la relación que hay entre el representante y el tercero. La regulación de la representación se hace en referencia al mandato que es lo único que regula el CC, pero el mandato es solo una de las fuentes de la representación. También puede tener como fuente el contrato de servicios, el contrato de trabajo… En Derecho distinguimos varios tipos de representación: 1. Voluntaria: cuando una persona otorga representación a otro porque conviene a sus intereses, pero sin que esté obligado a ello porque el poderdante tiene capacidad legal suficiente para actuar en nombre propio.
2. Legal: tiene lugar cuando es la ley la que impone que una persona tenga representante porque tiene falta o limitación en su capacidad de obrar. Por ejemplo, los menores de edad o persona mayor de edad que ve restringida su capacidad por una decisión judicial.
Junto a estas dos figuras, se habla de representación orgánica. La representación orgánica hace referencia a que, dado que las sociedades mercantiles son una ficción, tienen que actuar necesariamente a través de sus órganos. A diferencia de la representación legal, aquí no está predeterminado quien es el representante, sino que es la propia sociedad la que a través de los mecanismos previstos por la ley, decide quienes integran esos órganos. Esto no significa que una sociedad solo pueda relacionarse en el tráfico a través de su órgano de administración, pero sí que será su máximo órgano de representación.
El CCo, con todas las limitaciones que puede tener un código de finales del siglo XIX, aborda la representación no del órgano de administración, sino la representación que se otorga a sujetos que trabajan para el empresario y que su peculiaridad viene establecida porque como regla general, aunque no se otorgue un poder de representación, por la posición que ocupan en la empresa, tienen conferido poder de representación sin que el empresario lo otorgue expresamente. Por lo tanto, el origen de su poder está basado en una presunción pues la ley presume que tiene el poder. Para quitar este poder es necesario un acto activo del empresario.
Por ejemplo, las dependientas de Zara tienen capacidad de vincular a Inditex, pero no han recibido un poder del Consejo General de Administración. Pero hay un segundo paso, no solo se presume el poder de representación, sino que la ley también presume el contenido de ese poder de representación. El empresario no ha de decir en que consiste su poder. Esto es una representación voluntaria en el origen pues es la empresa la que contrata, pero su contenido es legal ya que se basa en una presunción legal.
En términos muy generales, dentro de una empresa hay empleados y trabajadores que típicamente se relacionan con terceros. Por ejemplo, si entro a Zara y hay un chico colocando las camisetas y al preguntarle una talla me la saca, he de presumir que tiene poder para venderla. Pero hay otros trabajadores que típicamente no se relacionan con terceros. Por ejemplo, la persona que está diseñando las prendas, está persona no está típicamente relacionada con terceros. Solo se benefician de este poder de representación aquellos que típicamente se relacionan con terceros. Dentro de estos, la ley distingue tres categorías: 1. El factor: era el que se encuentra al frente de una factoría sin ser el empresario. Tiene su origen en la Revolución Industrial donde se creaba industrias o factorías. Al ser el factor el que estaba en frente de una fábrica se consideraba que era el alter ego del empresario, tanto es así que para ser factor se exige la misma capacidad que para ser empresario. Hoy, el factor es el que está en frente de un establecimiento fabril o industria. Por ejemplo, el director de una oficina de un banco es el factor. Actualmente, puede haber factores que coordine un establecimiento o diferentes oficinas. Por ejemplo, hay un director por oficina, pero también hay un director de zona. Encima de un factor puede haber otro factor y encima de este, otro factor distinto. Por ejemplo, un director general es un factor. El ámbito de poder es todas las operaciones típicas del establecimiento del cual está en frente o de las operaciones que le correspondan según las funciones que le correspondan en base al organigrama de la sociedad. Solo se puede hablar de factor cuando su poder es un poder general de las operaciones propias de ese establecimiento o esa zona de coordinación. Se permiten ciertas limitaciones, pero si son tan grandes o generales que entonces no se puede hablar de poder general, entonces no podemos decir que es un factor. Por ejemplo, si estoy al frente de una oficina de un banco, hay poder para abrir cuentas, conceder ciertas operaciones de crédito, abrir depósitos…si estoy limitada a que cuando el préstamo sea de 400.000 euros debe de presentarse a un comité de riesgos, esto es una limitación, pero sigue siendo un poder general y se es factor. Este poder se puede inscribir en el Registro Mercantil siempre que esté inscrito el empresario. También sus limitaciones pueden ser inscribibles y en tanto lo estén, son oponibles frente a terceros. Muchas veces los factores no están inscritos en el Registro Mercantil. Por ejemplo, el encargado de un restaurante. Cuando un factor no está inscrito, se habla de factor notorio. Esta figura está tomada de una obra de Curia pues no había inscripción como tal, sino que era el factor quien tenía poder tácito al margen del registro. Por ejemplo, el propietario de un restaurante nombra un encargo que va haciendo operaciones de hablar con los proveedores, organizar…y el propietario lo permite. Las limitaciones del poder notorio son inoponibles a terceros.
2. El dependiente: es el término que utiliza el CCo para referirse a empleados que tienen y que se ocupan frente a terceros de una determinada rama de operaciones. Por ejemplo, el que lleva la división de compras, este jefe es un dependiente. Su poder se puede inscribir en el Registro Mercantil, pero muchas veces no se hace.
3. El mancebo: es lo que la terminología coloquial llama dependiente. Un dependiente es la persona que tiene capacidad para vender al cliente y recibir el precio o para recibir el género. Sus poderes se pueden inscribir, pero no es lo normal. Su ámbito de poder es la realización de las actividades propias de su rango. La forma de limitar su poder tiene lugar mediante carteles, anuncios, indicaciones, etc. Por ejemplo, con un cartel que indique que solo se admite tarjetas de crédito cuando se compre un mínimo de 5 euros.
El poder especial es donde las facultades acotan cual es el poder. El poder general es aquel que abarca todas las facultades.
Existen dos técnicas de inscripción del poder: 1. Inscribimos un poder donde determinamos cuales son las figuras: por ejemplo, se dice que existen poder de tipo A que comprende tales facultades, de tipo B que compre otras facultades, y de tipo C que tiene estas otras facultades; se inscribe esto sin decir quien tiene el poder.
2. Inscribimos otorgando a una persona concreta el poder que se quiera dar. Por ejemplo, a Julio Pérez se le da el poder de tipo A, a Manuel García se le da el poder de tipo B y a Concha Martínez se le da el poder de tipo C.
La cancelación o extinción de la inscripción del poder mercantil debe ser comunicada al representante si ella es un factor o un dependiente y además de este inscrito, hay que proceder a la inscripción. La muerte del empresario no comporta la extinción de los poderes por el principio de conservación de la empresa. Los herederos pueden revocar el poder, aun no aceptando la herencia. El poder se extingue por muerte o falta de capacidad del representante, cosa que hay que hacer saber al Registro Mercantil de forma rápida (principios de invocabilidad y publicidad material). La enajenación de un establecimiento si que comporta la extinción de un poder de forma automática, pero frente a terceros habrá que inscribirlo.
El órgano de representación de una sociedad puede ser un administrador único, dos administradores solidarios, dos o más administradores mancomunados o puede haber un consejo de administración. En el caso del administrador único o de los dos administradores solidarios tienen poder de representación. Sin embargo, cada uno de los miembros mancomunados o el consejo de administración no tienen poder de representación, sino que ese poder queda referido a todos ellos conjuntamente. Muchas veces los integrantes del órgano de administración otorgan poder a uno de ellos. Es doctrina de la Dirección General de los Registros y Notariados que es compatible ser administrador y representante.
La representación voluntaria, una vez inscrita hace que por el principio de publicidad material, aquellas limitaciones que estén inscritas son oponibles a terceros. En cambio, dice la Ley de Sociedades de Capital que las limitaciones al poder de un administrador son inoponibles frente a terceros. Por tanto, estamos en una situación paradójica. ¿Qué prevalece? ¿La invocabilidad o la oponibilidad? Podemos decir que prevalece la ilimitabilidad de poderes frente a terceros del representante y del administrador. Aunque estén inscritas, no son oponibles, es como si no existieran. El poder de un administrador el limitable e inscribible, pero son inoponibles.
La contabilidad.
Una de las características que configura el Estatuto del Empresario es la obligación de llevanza de la contabilidad, pero no solo los empresarios han de llevarla, sino que todos los que están sujetos a impuestos han de llevarla.
La contabilidad es una actividad esencial para la correcta llevanza de los negocios. Es un elemento extraordinariamente importante en la actividad empresarial. Además, tiene una faceta externa pues permite por una parte, a la AAPP determinar y saber si hay algún problema, y permite a los terceros saber cómo va la sociedad.
La llevanza de la contabilidad requiere una serie de técnicas que se reflejan en una serie de libros y apuntes contables. El resultado final es lo que se llama cuentas anuales, la foto final de todas las operaciones. Las sociedades mercantiles están obligadas a depositar las cuentas anuales. En caso de no depositarse, la consecuencia es que se produce un cierre registral, es decir, hasta que no se presenten no podrá inscribir nada. Aparte de esto, no llevar ordenadamente la contabilidad puede tener consecuencias muy importantes. Por ejemplo, llevar una contabilidad B. en caso de que la empresa concurse, puede ser un concurso culpable. En caso de que haya series irregularidades contables o cuando siendo obligatorio la auditoría de las cuentas, no se hayan hecho, hace que se presuma el concurso es culpable.
El valor probatorio de las cuentas es el mismo que el de cualquier otro documento con la actual LEC. Lo que si dice la jurisprudencia es que la contabilidad prueba hechos, pero no presume las operaciones jurídicas que hay detrás.
Las cuentas anuales se depositan en el Registro. Los terceros solo pueden ver las cuentas anuales. La obligación es porque se considera de interés para todos que un sujeto pueda saber la situación económica del sujeto con el que va a contratar.
En ocasiones, en función de determinados parámetros, las cuentas anuales tienen que ser auditadas.
En conexión con el deber de llevanza de la contabilidad, existe el deber de conservación de los documentos. Todas las facturas, correspondencias, documentos… que den lugar a un asiento contable, deberán de conservarse durante 6 años desde que se práctica el asiento relacionad con ese contrato, factura… Es un plazo muy largo.
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