Plenaria 13 (2012)

Apunte Español
Universidad Universidad Pompeu Fabra (UPF)
Grado Humanidades - 2º curso
Asignatura Arte de los sigles XVIII y XIX
Año del apunte 2012
Páginas 9
Fecha de subida 25/10/2014
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WHY HAVE THERE BEEN NO GREAT WOMEN ARTISTS? La conclusión de la autora de este escrito es que la pregunta no debe formularse en ese sentido. Las tres ideas sobre las que Linda Nochlin reflexiona son: a) El genio masculino es un ideal que se ha glorificado, el hecho de que lo masculino es genial y que la mujer no puede serlo si no quiere dejar de ser mujer. El genio, en el mundo occidental, esta masculinizado y que no se puede adaptar a lo femenino. En el siglo XIX esto fue una idea muy polémica. Los críticos que empezaron a comentar los cuadros de una de las primeras mujeres artistas reconocida, Rosa Bonheur, artista de paisajes y cuadros de animales. Vinieron a decir, los más modernos, que el genio no tenía sexo y por eso Rosa Bonheur era genial.
b) La segunda respuesta que da la autor es a las condiciones artísticas de las mujeres. No solo el ideal de belleza es masculino, la educación artística también está limitado a las mujeres. Efectivamente la enseñanza en las bellas artes, sobretodo en el desnudo, estaba vetado para las mujeres. Eso quiere decir que la pintura de historia, género más prestigiado en el mundo académico, no podía ser abastecido para las mujeres que no estaban formadas en ello, pero lo que no podían destacar. La presencia mayor de mujeres en el mundo del arte coincide con la ruptura de la jerarquía de los géneros de la academia.
c) En el siglo XIX hay una visión proteccionista y tolerante hacia la actividad artística femenina. Desde el siglo XVIII y de manera creciente en el XIX, hay una relación entre sensibilidad y feminidad, como si la sensibilidad estética fuera algo limitado a las mujeres, aunque después, en términos profesionales, hay limitaciones para las mujeres. Aun así, mujeres de alta sociedad y familiares de artistas, tienen una formación en el dibujo y en la música. Estas artistas han querido mostrar sus obras en los salones y el condicionante compresivo es que demuestran sensibilidad, acercamiento, el gusto femenino… pero no se valoran de la misma forma que los cuadros de artistas masculinos.
Las consecuencias de este escrito es un cambio de la forma de estudiar la historia de arte, defendiendo que no solo debemos centrarnos en la idea preconcebida masculina del genio.
Ella defiende que lo que hay que estudiar es otra cosa, donde están las mujeres, las circunstancias desfavorables que hubo y entenderlo, es un cambio de perspectiva en los estudios artísticos.
BERTHE MORISOT (1841 – 1985) Pertenece a una familia burguesa y se inició con Corot en el mundo artístico, a partir de los paisajes. Se formó en ese contexto pero entro en contacto con la familia de Manet, casándose con su hermano. Su estilo y su forma de pintar se formo al lado de su cuñado, Manet, que realmente fue su maestro. Los juicios sobre su obra están muy contaminados de la condición femenina de Morisot. El impresionismo lo que hace es acercarse con intimidad y sensibilidad al entorno. El entorno de Berthe Morisot puede parecer femenino, porque es el suyo, ligado a la sinceridad de su propia visión, es su punto de vista y es un punto de vista femenino. La experiencia visual, es la suya, única y distinta de cualquier otra, y también femenina.
La primera exposición impresionista de 1874 había un cuadro de B. Morisot, La cuna (1878).
Los críticos del momento estuvieron condicionados por prejuicios de su condición femenina. El escondite (c. 1874) es la otra obra que también se expuso. En ambos casos nos está hablando de dos temas relacionados con la maternidad, la relación entre la mare y su hijo. Lo podemos relacionar con la feminidad, pero son experiencias de su vida. Si nos fijamos en La cuna vemos que Morisot no fragmenta la pincelada, sino que tiene más que ver con el mundo de Manet. Podemos relacionar esta obra con la de Las vías del tren por el contraste del color. La obra de Morisot tiene una mayor transparencia en los planos, es más delicada, pero el tratamiento luminoso de los planos de color es muy similar.
Otra obra importante es Lavanderas tendiendo la colada (1875). El tema de la ropa tendida, de las lavanderas, es un tema recurrente en toda la pintura no solo impresionista sino también la influida por este. Era relativamente común en las afueras de las ciudades, en descampados, que el oficio de las que se dedicaba a lavar la ropa y luego la devolvían. La ropa tendida en las ciudades es hoy en día un elemento antiestético. La idea de que es un oficio de clase pobre, que no formaba parte de algo exquisito, ni era cosmopolita, ya estaba presenten en el momento. Se tiene interés por un tema que no tiene connotación de belleza ni tampoco de un pensamiento de significado. También interesa la reivindicación de los márgenes de la ciudad.
El tema de las lavanderas no es un tema ni urbano ni rural, no solo por el tipo sino tampoco por el lugar, que esta entremedio de la ciudad y el campo. También hay un inicio de la importancia de lo marginal, la reivindicación de lo que esta fuera de lo esencial. En cuanto a pintura observamos la reducción a planos de color puros. La tensión de la ejecución está presente, aunque no es muy potente. La idea de colores puros dados unos al lado de otros que contrastan mutuamente sí que está muy presente, por ejemplo los blancos de la colada con el azul de la falda de la mujer. Hay una correspondencia cromática que parece casi musical. La idea es que los colores no tratan de reproducir una determinada realidad, sino que esos colores organizan la superficie del cuadro y crean una superficie harmónica.
El espejo (1876) es otra obra de B. Morisot que representa una mujer que se está colocando el vestido en su habitación y se está mirando al espejo. Ese tipo de temas de la mujer en la intimidad, ya practicado de Courbet, así como el uso del elemento del espejo son muy comunes en la obra artística. Aun así muestra elementos nuevos. El espejo es una forma de presentar una doble realidad igualmente bella, sin embargo en esta obra, la imagen de la figura y la que aparece reflejada son distintas. El espejo no duplica lo visto sino que más bien lo diluye. Es como si hubiese una imagen real a un lado y una imagen de ficción al otro lado. Se ha querido ver en este cuadro una reflexión de la coquetería y la de arreglarse de la mujer, el deseo de seducción que divide a la mujer en cuanto a individuo. El gesto de la mujer también es un elemento importante porque contrasta con el que encontrábamos en las obras masculinas. En estas se usaba el arreglo de la mujer y su gesto como un elemento de seducción, mientras que en este caso hay una tipo de pesadumbre, un gesto descuidado el del hombro descubierto. Es una visión de la coquetería femenina desde la misma coquetería.
MARY CASSATT Es una pintora norteamericana que pertenece una familia pudiente que le permite viajar por Europa, donde entro en contacto con Manet y con Degas. Tuvo relaciones de amistad con los impresionistas y expuso en cuatro exposiciones impresionistas. También se ha querido analizar sus obras poniendo énfasis en su condición femenina. En la obra de Cassatt hay una sinceridad de la óptica femenina, como en Autorretrato (1878).
El Retrato de Louisine Elder Havemeyer (1896) tiene algo en común con los otros retratos impresionistas, que es que no hay voluntad de alagar a la persona retratada. Havemeyer era una amiga de Cassatt, que era una sufragista que defendía el derecho a voto de la mujer. Estas fueron atacadas de quererse convertir en hombres al luchar por sus mismos derechos. Lo que más sorprende de esta obra es el gesto de seguridad del personaje. Hay dos elementos llamativos. El primero es el vestido que pictóricamente esta tratado de una forma muy sutil, con una técnica muy próxima al impresionismo con las pinceladas sueltas, con la combinación agradable de los colores… pero hay una especie de disociación entre el rostro y el traje. El traje no es un elemento que contribuya al atractivo de la figura. En el imaginario masculino, el traje femenino es un elemento ligado a la sensualidad femenina, y la mujer también usa la moda como elemento de atracción. Con el traje se acentuaban los elementos de atractivo de la mujer. En este caso, a pesar de que vemos un vestido ostentoso, no hay una utilización del traje como un elemento de potenciar el atractivo, sino que aparece un elemento independiente de la personalidad de mujer. El abanico es utilizado como una especie de bastón de mano, firmemente sujetado. La otra mano, que coge una parte del vestido, también remarca la condición activa del personaje.
Otra obra de Cassatt es El té de las cinco (c. 1880) parece que traduce directamente un ambiente femenino, pero Linda Nochlin, lo relaciona también con la propia experiencia de la pintora que pertenecía a la alta sociedad. Por tanto, era parte de su experiencia vital. Vemos intimidad y feminidad, pero también la naturalidad del que hecho de que lo ve de su propia óptica. La cafetera representada es la cafetera de la abuela de Cassatt, y es un motivo de reflexionar también plásticamente sobre el cuadro. Este utiliza los distintos elementos que aparecen, con mucha autonomía entre ellos. No hay una sumisión a un punto de vista único ni una ordenación del campo visual, sino que todos los elementos compiten entre si para destacar: el tapizado del sofá, los vestidos de las señoras, el papel de la pared o el elemento de la cafetera que aparece en el primer término. Esa ausencia de jerarquía y la presencia de autonomía abren camino a la pintura moderna.
Paseo en barca (1893-94) recuerda los cuadros de Manet sobre los paseos en barca. Es curioso que frente a las imágenes de remeros que usan los pintores impresionistas. El punto de vista es el mismo, convirtiendo el espacio pictórico en un espacio plano. Destaca la reducción de los elementos decorativos a planos de color. Los colores de la barca van creando planos en la superficie y los colores se van distanciando de la realidad creando una especie de armonía propia. La iluminación del color es algo también característico del impresionismo, sin una luz externa de las obras anteriores.
La obra más reproducida es quizás Mujer de negro en la ópera (1880), está muy próxima a los temas impresionistas de la visión des del teatro. No hay una fragmentación de la pincelada pero si el uso impresionista de los colores. El gesto de mirar está relacionado con la curiosidad y la conciencia de estar en un mundo que el ser que mira quiere conocer. Si hacemos un repaso de cómo son las miradas, los que miran son hombres generalmente mientras que las mujeres están hechas para ser contempladas y son las que esquivan la mirada. Generalmente las mujeres en los palcos son floreros, que llaman la atención por sus joyas, vestidos y belleza. Realmente los que ejercen el papel activo son los hombres y ellas juegan con las miradas o los abanicos como forma de seducción. Destaca en la obra el hecho de que no aparecen hombres, y es una mujer que no está seduciendo sino observando de forma activa, aprendiendo del mundo. Es una actitud participativa, y esa actividad se subraya con los anteojos. Volvemos a ver el abanico sujeto fuertemente, enérgicamente, sin ser usado como parte del lenguaje de seducción. Además va vestida de negro, por lo que no utiliza ni los colores, ni el vestido como elemento de seducción, sino que es una mujer seria. Por otra parte, desde un punto de vista pictórico aparece la idea de la visión en picado de los impresionistas, que hace que el punto de vista este fuera del campo visual, y la plenitud de los elementos que están en ese plano visual. La pintura tradicional hubiese pintado en perspectiva los otros palcos, que hubiéramos visto en la lejanía, pero ahora pasa en primer término y usa la perspectiva a partir de los contrastes de color, entre los palcos luminosos dorados y los rojos de dentro los palcos. Hay una simplificación que va unida a la intensificación de los colores.
Estas dos imágenes también interesan especialmente: Leyendo Le Figaro (1880) y Lydia trabajando en el bordador (c. 1881). Respecto a la primera, la idea de leer, de la lectura aparece en la mujer pronto, es decir, la idea de leer era una actividad muy femenina. Era una especie de refugio, ligada a la feminidad, de conocer el mundo a través de las lecturas, incluso hay una literatura dirigida directamente a las mujeres. En el análisis de Nochlin hay un elemento muy interesante y este las mujeres que leen aparecen sin una actitud activa, pero la mujer de Leyendo Le Figaro (1880) nada tiene que ver, porque aparte de su actitud firme, está leyendo un periódico, con sus gafas, sin ser una chica frívola y ‘’tontita’’ que lee literatura romántica. No es una visión de propaganda feminista, sino que es su propia experiencia, desde una mirada femenina, mientras que las obras mujeres que leían era a partir de una mirada masculina. En la obra Lydia trabajando en el bordador vemos la idea de poseer el espacio, la de no sentirse florero situada en un lugar que no es el suyo, no domina el espacio, que es masculino, sino que aparece como elemento decorativo. Nochlin lo que ve en estas imágenes es que es un espacio femenino, donde las mujeres que están leyendo o bordando dominan ese espacio, que es suyo, y lo viven como tal. No hay un elemento de atractivo externo, sino que se gesta desde su propia naturaleza.
El tema de la maternidad lo tratan tanto Morisot como Cassatt. Nochlin lo interpreta como una especie de alternativa moderna al heroísmo del hombre moderno. La idea de ser madre poseía a la naturaleza, a algo poético, y Nochlin vera estos cuadros como una reivindicación de la heroicidad de la maternidad, no de su vertiente poética, sino la actividad que supone, como el aseo, el peinado, el juego. Lo vemos en las obras Primera caricia (c. 1890), El baño (1892) o Madre e hijo (1908). Se pone de manifiesto otra idea muy impresionista, la de la intimidad y el contacto sensible. Lo vemos en la caricia, el contacto con el agua, el olor de la piel del niño, el contacto del pelo… el saborear de unas sensaciones que eran muy maternales en ese momento. No son sensaciones de una maternidad intelectualizada, sino sensible, percibida a través de los sentidos. No sería posible esa sensualidad en las imágenes en una visión masculina de la época.
EDGAR DEGAS (1834 – 1917) Reducir a palabras del placer visual de sus obras es muy difícil, es una sensibilidad que no se puede contar. El inicio de lo moderno en pintura esta desligado de esa capacidad narrativa. Un cuadro de David está mucho más ligado a una descripción narrativa.
UNA SITUACIÓN INDEPENDIENTE DEL IMPRESIONISMO: Degas es un pintor que forma parte del grupo impresionista, participando en las exposiciones de grupo, siendo sus temas propios del mundo impresionista, pero su técnica no es típicamente impresionista, sino que busca un sentido más decorativo de los colores, etc. Por ese motivo es un artista independiente. Se dice que es uno de los primeros artistas modernos. Hay tres elementos ¿QUÉ SIGNIFICA SER MODERNO? Se dice que es uno de los primeros artistas modernos. Hay tres elementos que lo muestra: SABER: El pintor antiguo es un pintor erudito, que conoce a sus maestros, pero el pintor moderno es aquel que se impregna de la poética, que tiene la sensibilidad de esa pintura transcendiendo de los temas. El saber moderno es el saber de la sensibilidad, aunque no tuvieran un conocimiento tan erudito e informativo, sino un saber más sensorial y emotivo, que escapa de lo mesurable.
OBSERVAR: Degas como buen pintor impresionista es un observador. Observador significa ver aquello que no ve todo el mundo, ver aquellas cosas que parece que no están pero están. No tiene que ver con el detallismo de la pintura anterior, sino con el ver cosas como el gesto aburrido, una luz determinada, una nota… cosas que pasan desapercibidas.
EXPERIMENTAR: La creación impresionista es una experiencia constante, no resulta del saber de una técnica aprendida que se aplica. Eso también destaca en Degas porque perdió gran parte de su visión, por lo que uso el pastel que es más táctil para elaborar sus obras. Se toman la creación como una experimentación constante, una formación como pintor buscando alternativas y fórmulas distintas durante toda la vida.
INFLUENCIA DE LA ESTAMPA JAPONESA: Todo el impresionismo está especialmente influido por la estampa japonesa. Concretamente en Degas esta influencia se orienta en tres direcciones. En primer lugar el sentido decorativo que se explica por la importancia que tiene la silueta para definir el espacio. En la estampa japonesa no hay profundidad sino lo cercano esta abajo y lo más lejano está arriba. Este sentido de la composición se observa en Bailarinas (1885), que se ve en la ordenación vertical del espacio.
La luminosidad resplandeciente de los planos de color. Da la impresión que la luz esta detrás de cada plano de color, como lo vemos en la obra Bailarinas en rosa (1884). Se usan colores que se intensifican entre ellos para dar ese sentido decorativo.
LA INFLUENCIA DE LA FOTOGRAFÍA es otro aspecto importante de Degas. Con la instantánea fotográfica desaparece el punto de vista central. Degas es el que más explora la idea del desencuadre, como vemos en la obra Señor y Sra. Manet (1886) donde la mujer aparece casi fuera del cuadro. Los temas de caballos, buscando siempre el momento de preparación o después de la carrera, sin ser un momento de tensión y sin elemento central al que fijar el punto de vista. El punto de fuga se encontrara fuera del campo, a partir del uso de la diagonal que genera también un efecto de absorción de la realidad, relacionado con la idea del picado y el contrapicado. Este uso de puntos de vista lo podemos ver en la obra La-La en el circo Fernando (1879). Otro elemento es la fragmentación visual, como vemos en El ballet (1872), que siguiendo el parámetro tradicional, vemos dos cuadros, como si fuesen dos realidades distintas. Nos está recordando que la visión pura es una visión ocular.
El problema de ver y no ver también aparece en la obra de Degas, producido por las CONTRADICCIONES DE LA MIRADA. Como el énfasis en la pura visión conduce a la no visión, porque no hay un reconocimiento visual de aquello que se ve. Hay recursos que buscan el ver todo pero sin ver lo que realmente hay que ver. Aparece en temas en que la mirada esta tematizada, como el teatro, el café concierto, el museo, el ballet… donde hay que colocarse para ver. Así mismo, también lo vemos en el tema del mirón (que no está presente) sobre el desnudo femenino, donde la mirada también es lo esencial. En La orquesta de ópera (1870), El café concierto Ambassador (1876-77) o la obra En el Louvre, reflexiona sobre las personas, sobre la mirada como tema, la mirada como asunto. Es otra forma de ver el mundo y de representándolo en la obra, ahora se presenta el mismo tema de la mirada, y el espacio se representa de forma distinta, con puntos de fuga fuera del cuadro, etc.
Degas era un misógino, que como pintor vemos la subversión de los valores del cuerpo, y este se convierte en pintura. En una pintura que es pura visión, nosotros no vemos el cuerpo. Lo vemos en obras El barreño tanto del 1884 como la de 1886.
Aparece la idea de no acabar de ver aquello que se debería ver, sino que las mujeres aparecen con posiciones forzadas, donde solo se ve la espalda sin nada de los elementos sexuales.
Por otro lado, Degas se interesa por tipos degradados socialmente. Mientras que el impresionismo en general nos ofrece una imagen optimista y alegre de la vida, Degas será uno de los primeros autores que observara la degradación y la soledad de la vida urbana (no hay mayor soledad que aquella que se siente en un lugar con gente). Es una reflexión muy propia del mundo expresionista, pero Degas será uno de los primeros que reflexionará sobre ello. Es un ejemplo la obra La bebedora de ajenjo (1876), que es una obra construida, pero siendo una situación que ha visto. Desarrolla una utilización de las líneas, de la composición de las diagonales (con esos puntos de fuga que están fuera del cuadro) que se escapan del cuadro, intensifica el descontrol del espacio, en relación con la mente de los personajes que representa. Utiliza la composición para sugerir esa ausencia de control del espacio y el lugar.
En esa misma línea hay que interpretar los temas de Las planchadoras (1884). Él se fija en una determinada clase baja, en una actividad marginal, pero lo novedoso es que son imágenes del trabajo que no son épicas como en Courbet o en otras obras realistas donde el trabajador es un héroe, que su trabajo le atroja dignidad. La visión de Degas es una visión amarga, dura, agotadora que carece de cualquier épica. La propia tosquedad de la representación también va en relación al trabajo que están haciendo las figuras.
Degas pertenecía a una familia, la De Gas, (signo de una familia prestigiada, el ‘’De’’ antes del apellido), familiarizada con los temas del espectáculo, pero él se une su apellido con una voluntad de diferenciarse de esa clase social elevada. La opción por la bohemia, de no ejercer el papel de clase, también es un elemento propio del mundo moderno. El tema del espectáculo estará presente como vemos en las obras La orquesta de la ópera (1870) o Cantante con el guate (1876), pero vemos una mayor inmediatez pictórica y desprendimiento del tema fijándose en elementos puramente sensibles del espectáculo, no de la elegancia del lugar, de las personas que asisten, etc. siendo al mismo tema su mundo cuotidiano, un mundo que tiene interiorizado pero no lo utiliza con un sentido selectivo, de representación e identificación de con esta clase social.
La ausencia de tensión está presente en su obra, y también destaca la importancia de la luz artificial en la obra de Degas. El impresionismo se basa en la importancia de la luz del aire libre, la luz natural, explorando las posibilidades visuales de los colores y formas de la luz natural.
Pero la luz artificial era importantísima en ese momento y prácticamente la vida del ser humano estaba condicionada hasta entonces con la luz natural (que marcaba sus pautas de vida, etc.). El uso de luz de gas en las ciudades cambio parte de esta vida pero no había un uso que cambiaba tanto la vida como hoy en día. El invento de la luz eléctrica y la introducción de la bombilla. La luz artificial manipula y crea efectos distintos en los colores, y se usaba en los teatros a través de filtros de colores, habiendo una fascinación por el efecto cambiante desde la luz artificial, y Degas explora eso. No solo cambia los colores, sino también los espacios, y modifica la realidad de los objetos según como incide esta sobre ellos. Se observa en obras como Bailarina con el ramo de flores o En el café concierto (1875-77). Hay una conciencia de que distintas luces producen distintas sombras, cuestionando las sombras como un reflejo de la realidad, una realidad multiplicada a través de las sombras, que en la luz natural solo es una.
Es otra forma de ver y otro camino hacia las manifestaciones futuras.
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