Didáctica de la Lengua Castellana - Tema 1 (2015)

Apunte Español
Universidad Universidad de Málaga
Grado Educación Primaria - 2º curso
Asignatura Didáctica de la Lengua Castellana
Año del apunte 2015
Páginas 7
Fecha de subida 10/01/2015
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Apuntes proporcionados por la profesora María Isabel Plaza del Río.

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Tema 1: 1.1 El afecto y la ecolalia: El afecto es importante para el desarrollo intelectual del niño. Con el afecto se aprende a entrar en el circuito comunicativo y se aprende a interpretar el significado de las palabras, a estructurarlas en frases.
A los 3 meses el niño aprende a pronunciar los primeros sonidos vocálicos /a/ /e/ /i/ con una ligera aspiración al final como ejercicio bucal. Aprende también la ecolalia, esto es, emite sonidos vocálicos, los escucha y se asombra de lo que es capaz, dado que el niño ya escucha su eco y no sólo los sonidos producidos por terceros. A esto se le denomina ejercicios prelingüísticos (al igual que lo son los balbuceos). La ecolalia produce una sensación de placer al niño y por eso repite muchas veces el mismo sonido. De paso, aprende a controlar el flujo del aire.
Primero el bebé emite las vocales y luego las consonantes. La primera será la 'p', que irá combinando con todas las vocales, y la siguiente será la 'm'. Cuando los niños dicen 'pa pa' o 'ma ma' no es una señal de su inteligencia sino que están practicando, dado que aún no son capaces de atribuir un sentido a 'ma' ni a 'ma ma'. Las consonantes vibrantes múltiples (como la 'r') son las últimas en ser aprendidas.
1.2. El lenguaje y su importancia en el desarrollo infantil: El lenguaje es un sistema de códigos con ayuda de los cuales podemos comunicarnos. Es un elemento esencial en el desarrollo infantil y clave en el proceso de socialización, así como un instrumento fundamental en la transmisión de la historia de la humanidad y, por tanto, un medio insustituible en la evolución del pensamiento. Lo estudiaremos desde una doble dimensión: 1. Como un instrumento de representación de la realidad.
2. Como un instrumento de comunicación.
Como instrumento de representación, es un proceso individual mediante el cual el organismo humano estructura su conocimiento a partir del medio ambiente que le rodea, utilizando sustitutos o representaciones que pueden ser internas (imágenes mentales) o externas (palabras o signos lingüísticos).
La comunicación constituye un intercambio entre dos o más personas, y de ello se deriva su dimensión funcional (hablando y escuchando).
El lenguaje es ante todo comunicación de pensamiento. Es obvio que el lenguaje se desarrolla en un marco más amplio que el escolar, es más, se inicia en ámbitos no escolares, es decir, en el seno familiar. Justamente por su importancia la escuela debe abordarlo como uno de los contenidos esenciales y una de las materias básicas. En la escuela se habla la lengua castellana y se estudia el lenguaje, ambos aspectos generan el desarrollo lingüístico del hablante y ello le confiere un carácter diferente al de las demás materias.
Por otra parte, el conocimiento que tiene el niño del lenguaje es muy distinto del que tiene el adulto. Antes de los 7 años conocer la lengua equivale a adquirir los elementos básicos, esto es, asimilar el sistema fonológico, desarrollar el léxico o vocabulario y aprender las estructuras morfosintácticas fundamentales.
A partir de esta edad el sujeto ya ha adquirido los mecanismos básicos de su lengua y empieza a ser capaz de realizar una reflexión sobre esta y a enriquecer su propio uso.
Los planteamientos didácticos del lenguaje en la escuela deben tener en cuenta todas estas peculiaridades, deben tener presente el momento evolutivo del niño. Se evitarían muchos fracasos escolares, muchos esfuerzos y se ganaría mucho tiempo si se pusiera la voluntad en adaptar las programaciones didácticas a las secuencias naturales del desarrollo lingüístico infantil. El maestro debe conocer cuál es el desarrollo lingüístico de cada etapa, debe conocer también cuál es el desarrollo del ámbito sociocultural en el que se desenvuelve el niño fuera del aula. De esa forma planificar las tareas escolares correctamente, definir los objetivos y proponer las estrategias adecuadas al desarrollo del niño, teniendo siempre presentes sus circunstancias personales.
Partimos de la base de que el lenguaje es el instrumento de comunicación más importante creado por el hombre. Favorece la comunicación y participa activamente en el funcionamiento del pensamiento. Creado en el origen de los tiempos, es reconstruido de nuevo por cada niño. En efecto, cada niño tiene que aprender a reconocer los sonidos de su lengua y reproducirlos, tiene que aprender a combinarlos de forma que constituyan palabras y a organizar las palabras en frases según las reglas propias de cada lengua.
Hablar un idioma no es solamente reconocer y reproducir un cierto número de palabras (alrededor de 10.000), sino también hay que conocer las reglas de sus combinaciones. Estas reglas, además de los sonidos y las palabras, deben ser descubiertas por cada niño. Se trata de un importante descubrimiento, pensemos que estas reglas no son directamente enseñadas en ningún momento. En este sentido es en el que se habla de la construcción del lenguaje por el niño, pero el desarrollo del lenguaje está igualmente ligado al aprendizaje comunicativo. Comunicar es reconocer la existencia de otros, es poner cosas en común e intercambiar y, en una etapa más avanzada, es también tomar en consideración el punto de vista del otro.
A lo largo del primer año aparecen las primeras palabras, al principio del segundo año siguen apareciendo palabras nuevas cada día que han sido precedidas por muchos millares de episodios comunicativos a través de gestos, mímica, sonrisas, pequeños gritos, balbuceos... que se producen entre el niño y su entorno.
Las raíces del lenguaje surgen de la relación del pequeño con sus padres. Normalmente, cuando esta relación no tiene lugar los trastornos suelen aparecer. Una vez adquirido el lenguaje, este viene a enriquecer y diversificar de una manera extraordinaria la comunicación entre las personas. El lenguaje como tal aparece durante el primer año, cuando el niño emite sus primeras palabras. El periodo comprendido entre los 12 y los 18 meses es importantísimo para el desarrollo del lenguaje infantil, pero ha sido este a su vez precedido de acontecimientos prelingüísticos que constituyen la base del desarrollo lingüístico posterior.
Lo podemos resumir en cinco apartados: a) El niño aprende del adulto los mecanismos básicos de la comunicación y la conversación a un nivel no verbal.
b) El niño pasa progresivamente de una forma global a comunicarse con el entorno mediante gritos, llantos, movimientos corporales y expresiones faciales. De ahí evoluciona a una forma mucho más especializada de comunicación consistente en el empleo de palabras.
c) Concierne esta etapa a los conocimientos que el pequeño acumula acerca de su entorno. El niño deduce que las personas de su entorno y los objetos están dotados de cierta estabilidad, los encuentra semejantes de un día a otro y tiene conciencia de que el universo está hecho de entidades relativamente permanentes.
Habitualmente, entre los 7 y los 12 meses está mentalmente dispuesto a interesarse por las etiquetas verbales tales como los nombres que los adultos asignan a las personas, objetos, animales o acontecimientos.
d) Hacia el final del primer año el niño es capaz de comprender un cierto número de palabras, mucho antes de ser capaz de pronunciarlas (por ejemplo: mamá o papá), sin embargo es necesario que estas palabras se pronuncien de forma clara en el contexto apropiado y sólo así serán comprendidas por el niño.
e) El balbuceo aparece espontáneamente en los primeros meses de vida, precedido del llanto y los gritos, y se irá transformando gradualmente en una actividad articulatoria controlada que va a permitir al niño, a partir del segundo año de vida, intentar reproducir o repetir las palabras que oye a su alrededor, y especialmente aquellas de las que ya tiene un principio de comprensión.
1.3. De la comunicación total a la palabra: El bebé, desde que nace, está bien equipado para entrar en el circuito comunicativo. Escucha los sonidos y los ruidos producidos a su alrededor y, principalmente, la voz humana (que es precisamente el sonido que más le gusta). Cuando la percibe gira la cabeza hacia la fuente sonora y entonces emite sonidos en los que están implicados la lengua y los labios. Para el desarrollo del lenguaje es necesaria la estructuración del entorno y la actitud interpretativa y acogedora del adulto. El bebé establece rápidamente puntos de referencia en sus rutinas cotidianas y empieza a comunicarse con el entorno, de manera que se dirige al adulto cuando ríe o llora porque quiere comunicarse con él, pues es su objetivo. Otras veces se comunica con el adulto cuando quiere obtener algo de este.
A partir del quinto mes, cada vez que el adulto habla en su presencia el bebé asocia lo que dice el adulto con el objeto o acontecimiento al que el adulto dirige la mirada, esto es, una forma de comunicación se destaca gradualmente sobre este telón de fondo que es la comunicación por medio de palabras. A partir de aquí el modo vocal toma la iniciativa en la comunicación ayudado por el gesto.
A partir del octavo mes da un nuevo paso adelante en el análisis de los mensajes sonoros (presta atención a la melodía de la voz y a los gestos) y se hace capaz de distinguir las buenas melodías de las no tan buenas.
Las buenas melodías anuncian acontecimientos agradables y las no tan buenas lo contrario, por eso es a través de la curva de la melodía o entonación como va comprendiendo el significado del lenguaje. La melodía es muy importante para el niño y lo seguirá siendo durante mucho tiempo. Se sirve de la entonación para hacerse entender y para que comprendamos si sus palabras se deben entender como una orden, una pregunta, una petición, un ruego, etcétera. Así, una sola palabra 'papá' pronunciada como una afirmación o pregunta quiere decir que está preguntando si ha llegado su papá. He aquí la economía del lenguaje.
El niño posee un inicio de comprensión de las características melódicas del lenguaje y sus progresos siguientes van a permitirle sobrepasar esta aproximación global en beneficio de una comprensión acertada de palabras que oye con frecuencia a su alrededor y que está en disposición de repetir.
1.4. Evolución del balbuceo: Las vocalizaciones producidas por el bebé durante los primeros meses consisten principalmente en llantos, gritos y diversos sonidos realizados por casualidad mientras el bebé, succiona y deglute o traga. Estas vocalizaciones están poco diferenciadas y son en su mayor parte de naturaleza indistinta y refleja. Se dan también en el niño sordo profundo de nacimiento que, por tanto, no puede oírse.
Desde el tercer mes, el adulto que lo cuida es capaz de distinguir en los llantos y en los gritos la razón que los determina (hambre, dolor, malestar). Llorar y gritar es importante para los niños pequeños porque el llanto les permite sentir el flujo de aire a través de sus gargantas, su boca y su nariz. Además, llorar con fuerza exige una coordinación de la respiración que prepara directamente para la producción de sonidos.
Descubre el niño los efectos que el cambio de posición de los órganos bucales y de la faringe tienen sobre los sonidos, especialmente en lo que concierne a altura e intensidad del sonido. Aprende a mover la lengua hacia delante, hacia arriba y hacia abajo. Entre el tercer y cuarto mes empieza a producir sonidos que se parecen a las vocales y a las consonantes: ha alcanzado la etapa del balbuceo.
Los sonidos vocálicos más o menos prolongados son los más numerosos al principio porque son los más fáciles de pronunciar, ya que las consonantes necesitan movimientos finos de lengua y labios. Luego aparecen los primeros sonidos que se parecen a las consonantes en unas raras combinaciones. A los siete u ocho meses empieza a combinar consonantes con vocales, obteniendo sílabas pero pronunciadas de forma muy imprecisa.
Aunque podemos reconocer algunos sonidos de nuestra lengua (la 'p', la 'b', la 'k', la 'g') el balbuceo del niño contiene también una serie de sonidos que no tienen nada que ver con la lengua que se habla a su alrededor.
Se ha constatado también que el niño produce sonidos a la vez que inspira aire por la boca, mientras que los sonidos en todas las lenguas del mundo se producen únicamente mediante las espiraciones. Se dice también que en esta etapa el niño es un políglota en potencia en el sentido de que es posible encontrar en su balbuceo cualquier tipo de sonido. En estos momentos no se siente afectado en absoluto por la lengua que se habla a su alrededor, la ignora completamente.
El balbuceo es para él una especie de gimnasia bucal que le permite explorar todas las posibilidades del aparato articulatorio. Al mismo tiempo se ejercita su oído en distinguir los distintos sonidos que produce, sin embargo el verdadero aprendizaje de los sonidos característicos de una lengua, es decir, vocales y consonantes y sus distintas combinaciones, no comienza hasta la producción de las primeras palabras. Hacia los siete u ocho meses y hasta el final del primer año el balbuceo gana en claridad y precisión y entonces son más fáciles de identificar las series de sonidos producidos. Las vocalizaciones son más cortas y más numerosas, el control de la respiración es mejor y se empiezan a escuchar las primeras repeticiones intencionadas. Esta es una nueva e importante etapa, el niño puede repetirse a sí mismo, esto quiere decir que el oído y los órganos de articulación trabajan conjuntamente. El niño produce sonidos, algunos le agradan particularmente y entonces intenta imitarlos o repetirlos, y generalmente triunfa. A este fenómeno lo llamamos ecolalia.
Otra actividad observada a esta edad es la de producir o realizar una especie de escalas articulatorias tipo 'pa, pe, pi, po, pu', en la que mantiene la consonante constante y cambia las vocales, o a la inversa: cambia las consonantes y mantiene la vocal. Hay que recordar, por último, que es el momento en que empieza a reproducir las entonaciones características de las conversaciones de los adultos. A partir de este momento la aparición de la primera palabra está muy cerca.
1.5. Comprensión y producción de palabras: Cada uno de los sonidos que componen las palabras y cada una de las palabras que constituyen el vocabulario de nuestra lengua y de todas las demás lenguas, está compuesta por unas secuencias de sonidos, es decir, una serie de sonidos producidos o pronunciados en un orden determinado que permiten remitirnos a un trozo de la realidad y a la idea que nosotros tenemos de esa realidad. Por ejemplo, la palabra 'camino' está formada por los siguientes sonidos: la consonante 'c', la vocal 'a', la consonante 'm', la vocal 'i', la consonante 'n' y la vocal 'o'.
El orden el que los sonidos se suceden es muy importante. Así, si cambiamos el orden, las palabras 'minoca', 'nomica' o 'canomi' no remiten en ningún momento al concepto 'franja de terreno que sirve para ir de un lugar a otro'. Por eso para comprender el sentido de una palabra es necesario reconocer la secuencia de sonidos sin confundirla con otra y comprender el nexo que existe entre esta secuencia de sonidos y la idea o concepto.
Para producir o pronunciar la primera palabra comprendiendo su significado hay que realizar este proceso en sentido inverso, es decir, partir de la idea o concepto 'franja de terreno que sirve para ir de un lugar a otro', y luego activar la secuencia de sonido 'camino' y pronunciarla.
A partir del momento en que el niño aprecia en las personas y objetos de su entorno una cierta estabilidad el proceso está ya preparado porque puede captar el enlace que existe entre secuencias de sonido pronunciadas a menudo en su presencia como 'mamá', 'papá', 'niño' o 'mesa' y los objetos en realidad. La comprensión que el niño tiene sobre estas primeras palabras es todavía muy simple, no se puede comparar con la que tiene el adulto, pero es cierto que a finales del primer año comprende muchísimas palabras, mucho antes de decirlas.
Lo único que falta es adiestrar sus órganos de articulación: laringe, faringe, velo del paladar, lengua y labios, sin olvidar la movilización de la bomba de aire que constituyen los pulmones y los músculos de la respiración, que ya había estado ejercitando durante el balbuceo.
1.6. Capacidad de simbolización: Toda la actividad lingüística está basada en la posibilidad de sustituir fenómenos de la realidad por sus símbolos verbales adecuados. El niño tiene que comprender la correlación que se establece entre una persona, animal o cosa determinada y el nombre con que se denomina.
En el desarrollo de esta capacidad simbólica consiste la maduración lingüística del niño. Sólo entonces realizará un esfuerzo para entrar a formar parte de la comunidad ligústica a la que pertenece.
El aprendizaje ligústico se desarrolla paralelamente al de muchas otras funciones psíquicas e intelectuales, pero considerando que estas otras funciones son muy importantes, la capacidad lingüística no lo es menos.
La mente infantil se va desarrollando en todos los aspectos. La diferencia fundamental entre las otras funciones y la adaptación verbal reside precisamente en que la verbal va acompañada de la capacidad simbólica.
En sus primeras etapas del desarrollo, el lenguaje infantil se encuentra vinculado al aquí y al ahora, no existen referencias del pasado (o bien muy pocas) y no existe ninguna referencia del futuro, pues no los comprende. Sí se apoya en el contexto inmediato de lo que dice, es decir las cosas que se hayan físicamente presentes.
Poco a poco las palabras se irán desvinculando del estímulo original y el niño será capaz de solicitar objetos que estén ausentes. Así, por ejemplo, un niño que decía 'leche' sólo si veía el biberón delante, más tarde dirá 'leche' mientras señala a la nevera, y más tarde pedirá leche mientras juega en el parque.
El niño progresa extendiendo sus primeras palabras a objetos que sólo guardan una semejanza parcial con el objeto original. Por ejemplo, a la edad de 18 meses emprende la modalidad simbólica como un juego.
Mediante este juego hace que un objeto represente a otro, del mismo modo que las palabras representan objetos; por ejemplo: un niño coge un dedal y hacer como que bebe de él, como si se tratara de un vaso.
La mayoría de las primeras conversaciones entre la madre, el padre y el niño, tiene lugar dentro del contexto familiar y se refieren a objetos muy conocidos.
Por todo esto se saca como conclusión que el papel de la imitación no es tan importante como en un principio de pensaba. Es cierto que al principio imitan estructuras fonológicas y frases enteras, esto hay que considerarlo como un ejercicio de ecolalia.
Por último, la lengua adulta es el modelo al que el niño pretende llegar, pero los aspectos más importantes de la lengua son los puramente lingüísticos y estos no son fruto de una actividad imitativa, sino de un proceso más complejo, ya que el pequeño aporta su propia personalidad en el proceso de aprendizaje, resultando en la mayoría de los caso que el niño llega a superar el modelo imitado.
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