Resumen La tesis de las incivilidades o de las ventanas rotas (2014)

Apunte Español
Universidad Universidad Pompeu Fabra (UPF)
Grado Criminología y Políticas Públicas de Prevención - 1º curso
Asignatura Teorías criminológicas
Profesor .O.D.U.
Año del apunte 2014
Páginas 3
Fecha de subida 31/03/2015
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La tesis de las incivilidades o de las “ventanas rotas” Tesis de las incivilidades Serie de principios acerca del rol que juegan las faltas, los comportamientos incívicos y alborotadores, algunos actos delictivos y la falta de limpieza y mantenimiento de las instalaciones en las comunidades urbanas.
1. Orígenes y desarrollo En los años 70 los desordenes urbanos suscitaron preocupación por la seguridad de los ciudadanos.
Las primeras series de encuestas de victimización empezaban a producir resultados. Estas preguntaban acerca del miedo al delito, mostraban que el número de los que tenían miedo era muy superior al número de víctimas. Los que tenían más miedo al delito vivían en las ciudades.
Cuando estas categorías se desagregaron por género y por edad, los investigadores encontraron que las que tenían más miedo (mujeres ancianas) tenían menos posibilidades de ser victimizadas que los que tenían menos (jóvenes varones).
Las discusiones originarias en torno al desorden incluían tanto características físicas del barrio como rasgos de la vida en la calle. La lista de indicadores relevantes es bastante larga.
Algunos indicadores típicamente relevantes incluyen: casas abandonadas; locales vacíos, especialmente si estaban descuidados y/o llenos de basura; coches abandonados, quemados o desvalijados; tiendas con rejas; propiedades o jardines mantenidos de forma inadecuada; casas en condiciones muy degradadas; basura; y calles, aceras o farolas deterioradas. Más tarde, como consecuencia de la “invasión del crack” de mediados de los ochenta, se añadieron a la lista las jeringuillas usadas. La lista de indicadores relevantes referida a comportamientos incluye los grupos de adolescentes no vigilados, algunos precisando que además debían ser ruidosos o alborotadores; prostitución en la calle; beber en público o personas ebrias; venta o consumo de droga en público, que se añadió como consecuencia de la invasión del crack; vecinos peleándose o discutiendo en la calle; problemas con las personas sin hogar, como orinar en la calle, pedir limosna o su sola presencia, que se añadió en los ochenta como consecuencia del aumento del número de tales personas sin hogar.
En 1982 WILSON Y GEORGE KELLING formularon la hipótesis de las ventanas rotas. Ésta consiste en que los síntomas no reparados de deterioro físico, como la conocida ventana rota, animan a los adolescentes y preadolescentes a realizar actos molestos, y eso provoca una ola de actos delictivos.
Los autores sugirieron que la patrulla de policía a pie podía y debía jugar un rol en la interrupción de esta espiral de decadencia. Así, la policía puede insistir al propietario perezoso para que arregle su casa, a los adolescentes para que se muevan de las esquinas, empujar a los holgazanes fuera de los semáforos y conectar con otras instituciones locales para que limpien las papeleras o retiren un coche abandonado.
Wilson y Kelling se preocuparon de 2 cuestiones especialmente difíciles: del dónde y del quién.
¿En qué barrio o calles podía usarse esta estrategia? Ellos pensaron que estas iniciativas podían ser aplicadas de forma más eficaz en barrios en los que la decadencia ha iniciado o está a punto de empezar. Wilson y Kelling se habían concentrado en el nivel de la manzana, fundamentalmente en dinámicas de grupos pequeños.
La siguiente versión de esta teoría llego en 1990 con SKOGAN. Sugirió que estos procesos afectaban a vecindarios enteros en áreas urbanas. Dedicó una atención suplementaria a los procesos de declive urbano, sugiriendo que el desorden realiza una contribución independiente a la decadencia urbana. Especificó cuáles eran los indicadores relevantes del declive: por ejemplo, los comercios, menos motivados a instalarse en el barrio; los residentes estables, más dispuestos a irse; el precio de los pisos, que baja.
La última elaboración de la teoría llegó en 1996 con KELLING Y COLES. Estos defensan que en aquellos tiempos, dada la preocupación con la vulneración de los derechos civiles y el excesivo uso de fuerza policial, los tribunales se resistían a condenar con penas severas o multas las infracciones menores. En opinión de estos autores, a los tribunales les empezó a preocupar que la respuesta policial se debiera a otras preocupaciones antes que a mantener el orden.
2. ¿Por qué es tan atractiva? La tesis de la incivilidad sugirió algo que los policías podían hacer para reducir el delito y el miedo.
A inicios y mediados de los 80, estrategias como patrullar a pie y una serie de estrategias denominadas policía comunitaria o policía orientada a la resolución de problemas tuvieron una gran popularidad. La tesis de la incivilidad suministró a los policías algo que detectar y sobre lo que intervenir cuando estaban patrullando a pie. También proporcionó a la policía comunitaria temas de discusión en los encuentros con la comunidad. Legitimó el dar respuesta a las preocupaciones de los residentes incluso cuando estas no fueran propiamente el delito, porque esas preocupaciones estaban conceptualmente unidas a delitos posteriores más graves, o a un declive general que, se presumía, sucedería si esos problemas no se controlaban.
A finales de los 80 y a principios de los 90 la era de la tolerancia cero emergía. La policía volvía a patrullar de forma agresiva el comportamiento desordenado en la calle y las pequeñas faltas.
Estas estrategias parecían tener éxito. En la ciudad de Nueva York el delito disminuía. Los arrestos de los que se colaban en el metro generalmente acabaron con la detención de muchas personas que estaban en busca y captura. Tanto los residentes como los visitantes se sintieron menos acosados en la calle.
3. Preocupaciones conceptuales ¿son acertadas las dinámicas previstas por la tesis? ¿las incivilidades juegan el rol que se les atribuye respecto de los bloques de casas o de los vecindarios? ¿Cuánto tiempo tardan estos procesos causales en ocasionar el “ciclo”, ya sea porque aumentan o disminuyen las incivilidades? En el caso de contextos urbanos, sabemos que siempre hay en juego una dialéctica entre los vecinos “habituales” y aquellos que son vistos como desviados, ya sean estos propietarios descuidados, arrendatarios alborotadores o adolescentes agresivos en las esquinas. Las mismas dinámicas, si bien con distinta intensidad, suceden también en las periferias urbanas.
Pero lo que no sabemos es el grado de vinculación temporal de estas variaciones de desorden físico y social con los cambios psicológicos, emocionales o conductuales.
El nivel de análisis apropiado, de acuerdo con la propia tesis de las incivilidades, son los bloques de casas y los vecindarios. Los estudios de ciudades enteras o de departamentos de policía en conjunto están teóricamente desenfocados.
La segunda preocupación es sociopolítica, y se centra en la construcción social del “desorden” y en la separación del orden Vs el desorden. Hay dos elementos. El primero es que el orden y el desorden depende de quién lo defina. El “significado” de orinar en público, por ejemplo, depende de dónde, de cuándo y de quién. Este punto ya fue reconocido inicialmente por Wilson y Kelling, quienes admitían estar preocupados porque en distintos vecindarios podían existir potencialmente diferentes criterios. La naturaleza contextualmente dependiente de las definiciones de desorden proviene también del componente interaccionista simbólico del comportamiento humano en contextos residenciales.
El otro elemento, relacionado con el anterior, es que este proceso de separación crea inadecuadamente un foso entre los ciudadanos convencionales y los infractores 4. Apoyo empírico Una cuestión central para la teoría es la hipótesis de que las incivilidades contribuyen de forma independiente a los cambios que se producen a lo largo del tiempo en una persona, en un bloque de casas o en un barrio.
Las personas –normalmente residentes– que perciben más desorden en su entorno inmediato son también las que manifiestan estar más preocupadas por su seguridad y tener menores vínculos locales. Un grupo de estudios apuntan los beneficios que tienen a corto plazo para la disminución del delito los programas de reducción de las incivilidades centrados en bloques de viviendas. Pero aún se desconoce si estos beneficios persisten a largo plazo. En el nivel de análisis por vecindarios, si se mide un largo periodo de tiempo encontramos que las incivilidades iniciales contribuyen a cambios posteriores en delitos graves y a algunos aspectos del declive del barrio. Pero las contribuciones no son ni tan considerables como se anticipaba, ni tan coherentes con los indicadores de las incivilidades como se esperaba. Los elementos esenciales del tejido urbano, como el estatus y la estabilidad, continúan siendo los factores que mejor permiten predecir el futuro del vecindario.
5. Implicaciones para la aplicación de la ley en el ámbito local La policía debería detener a su alcance un amplio abanico de estrategias que pueden mejorar la calidad de vida de los vecinos pero que no se dirigen de forma directa y reactiva al delito grave. Una lista parcial de las mismas incluye: patrullas a pie, patrullas en bicicleta, ir a las reuniones con los residentes o líderes de los comercios, resolución de problemas de forma proactiva siguiendo el modelo SARA(Scanning (identificar los lugares más conflictivos), Analysis (proceder a distribuir las patrullas), Response (elaborar los planes de prevención situacionales) y Assessment (evaluación de las intervenciones), trabajar con otras instituciones públicas para resolver las infracciones referentes a locales, coches abandonados, negocios desagradables o mediante la creación de mini-comisarías o centros de justicia municipales. El trabajo que se ha hecho hasta hoy sobre las tesis de las incivilidades sugiere que los políticos harían bien en usar todas las estrategias y tácticas de las que disponen, y no confiar sólo o de forma esencial en reducir las incivilidades para prevenir el delito, preservar los vecindarios o estabilizar los que se desmoronan.
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